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La seguridad alimentaria en la Cuba actual (III)
Por José Luis Rodríguez

[26.06.2014]- Actualización 2:30 pm de Cuba

La necesidad de una reorientación de la actividad económica del país condujo a la revisión de la política agraria. En ese sentido, de las 313 directrices contenidas en los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados en 2011, un total de 37 se dedicaron a la política agroindustrial.

De entre esos aspectos se destaca la entrega de tierras improductivas en usufructo, proceso que se anticipó en 2008 mediante la aprobación del Decreto Ley Nº 259, que posteriormente fue modificado por el Nº 300 del 2012 , con el objetivo de poner en explotación bajo un régimen de usufructo gratuito un volumen de tierras improductivas que llegó en una primera aproximación al 18,6% del área agrícola.

Desde entonces se ha reportado la entrega de alrededor de 1,5 millones de hectáreas en parcelas que pueden llegar hasta 65 hectáreas, y que han beneficiado a unas 140 mil familias en el país.

El impacto inmediato de la medida, que se ha acompañado de una favorable política de crédito y fiscal, ha sido propiciar el asentamiento de nuevos productores en las zonas rurales con el objetivo de impulsar prioritariamente la producción de alimentos, aunque todavía no se observan incrementos significativos asociados a esta medida, tomando en cuenta la necesidad de un mayor volumen de inversiones y de los aseguramientos que se requieren para ello.

Los resultados de las políticas aplicadas a partir de 1993-1994 se han reflejado en cierta recuperación y crecimiento de un grupo de productos, si comparamos cifras de 2013 con las existentes en 1989.

Así, creció nueve veces la producción de maíz; 9,2 la de frijoles; casi cuatro veces la de hortalizas; 25,4% el arroz y 5,3% los huevos. De otra parte, descendieron 79,8% los cítricos, muy afectados por plagas, 62,1% la papa, y 38,1% la leche de vaca, entre los rubros de mayor importancia, todos ellos afectados por falta de insumos básicos de importación.

También se logra un crecimiento en los rendimientos de producciones más concentradas y beneficiadas con mejoras tecnológicas importantes. De este modo, crece tres veces el de la cosecha de maíz, 2,2 veces en los frijoles, 34,6% en la papa y 10,3% en los huevos. Por otro lado, cae 35,8% el de la producción de leche de vaca y 3,4% el arroz.

El impacto final de todas las medidas adoptadas en el consumo de alimentos indica –según los últimos datos disponibles- que el consumo calórico diario por persona alcanzó 3,256 kilocalorías y 86,6 gramos de proteínas, lo que representa un crecimiento de 14,4 y 13,2%, respectivamente, en comparación con 1989.

Sin embargo, el componente autosostenible de esa alimentación no varió favorablemente, ya que en términos de calorías descendió del 54% de componentes importados en 1986 al 50% en 2007, mientras que en las proteínas se incrementó del 61 al 82%, lo que se explica por el descenso de la producción nacional de proteína animal, especialmente de leche y sus derivados.

La importación de alimentos se ha incrementado 2,4 veces entre los años 2000 y 2012, con una fuerte incidencia del auge de los precios en el mercado internacional, ya que no hay aumentos significativos de volumen.

Esta tendencia se mantiene en el actual año, con crecimientos muy notables en los precios de los frijoles, chícharos, soya, pollo y leche en polvo, lo que apunta a una factura mayor a la de 2013 en nuestras compras externas de alimentos.

El acceso de la población a los alimentos a precios subsidiados mediante entrega a través del sistema de racionamiento, consumo social y autoconsumo se ha mantenido, aunque muestra una tendencia al descenso en la cobertura del 77,3% del insumo calórico en 1989 al 60% en 2010, mientras que en relación con el consumo mínimo se pasó del 99,2 al 88,1%. No obstante, en ambos casos se ha mantenido la garantía de los requerimientos nutricionales básicos para los menores de siete años por estas vías.

También las tensiones que persisten de desequilibrios generados durante el Período especial muestran una proporción creciente del gasto en alimentos en los hogares, que pasó del 49% del total a finales de los años 80, a un estimado de entre 59 y74% en 2011, según datos de Anicia García y Betsy Anaya (1).

Las cifras actuales reflejan una política dirigida a focalizar más la asistencia social en la población más vulnerable, reduciendo el subsidio generalizado a productos típicos del racionamiento y el consumo social indiferenciados, lo que –hasta tanto no se incrementen los salarios en el sector estatal- genera fricciones que deberán ser atendidas puntualmente.

En general, las potencialidades de incremento de las producciones agropecuarias como base para garantizar la alimentación de la población muestran un conjunto de factores positivos entre los que cabe destacar el nivel alcanzado por las investigaciones científicas en ese campo, el grado de calificación de la fuerza de trabajo, la positiva experiencia acumulada por el sector cooperativo y los campesinos, las medidas que se han adoptado para liberalizar el sector y la apertura prioritaria del mismo a la inversión extranjera.

No obstante, el desarrollo agropecuario deberá enfrentar un conjunto de importantes limitaciones, tales como la baja calidad de los suelos, con el 67% considerados pobres o muy pobres; el fuerte impacto de factores climáticos negativos, cuya incidencia ha aumentado en los últimos 15 años; la baja población rural y los bajos niveles de productividad prevalecientes, muy inferiores al promedio nacional.

En síntesis, cabe esperar una evolución favorable de este sector tomando en cuenta los cambios en curso en el entorno macroeconómico y las medidas específicas que se vienen adoptando en el país, lo cual se espera estabilice su crecimiento por encima del 5% anual en los próximos años.

*El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM).

1 “Gastos básicos de una familia cubana urbana en 2011. Situación de las familias Estado-dependientes”, CEEC, 2013

La seguridad alimentaria en la Cuba actual (II)  Por José Luis Rodríguez
La seguridad alimentaria en la Cuba actual (I)  Por José Luis Rodríguez

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