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La visión del
búho de Minerva
Por Noam Chomsky - La Jornada
[03.10.2014]-
Actualización
5:00 pm de Cuba
No es agradable contemplar los pensamientos
que deben de pasar por la mente del búho de
Minerva cuando, al caer la noche, ella
emprende la tarea de interpretar la era de
la civilización humana, que ahora tal vez se
acerque a su nada glorioso final.
La era comenzó hace casi 10 mil años en la
Media Luna Fértil, que se extendía desde las
tierras entre el Tigris y el Éufrates a
través de Fenicia hacia la costa oriental
del Mediterráneo, y de allí al valle del
Nilo, a Grecia y más allá. Lo que ocurre en
esa región ofrece dolorosas lecciones sobre
las profundidades a las que la especie es
capaz de descender.
La tierra entre el Tigris y el Éufrates ha
sido escenario de indecibles horrores en
años recientes. La agresión de George W.
Bush-Tony Blair en 2003, que muchos iraquíes
compararon con las invasiones mongolas del
siglo XIII, fue un golpe letal más. Destruyó
mucho de lo que sobrevivió a las sanciones
de la ONU impulsadas por William Clinton
contra Irak, condenadas por genocidas por
los distinguidos diplomáticos Denis Halliday
y Hans von Sponeck, quienes las
administraban antes de renunciar en señal de
protesta. Los devastadores informes de
Halliday y Von Sponeck recibieron el
tratamiento que se suele dar a los hechos
indeseables.
Una consecuencia terrible de esa invasión se
muestra en la guía visual a la crisis en
Irak y Siria del New York Times: el cambio
radical de los vecindarios en que convivían
diversas religiones, en 2003, a los actuales
enclaves sectarios, atrapados en un odio
profundo. Los conflictos incendiados por la
invasión se han extendido y ahora reducen
toda la región a escombros.
Gran parte de la zona del Tigris y el
Éufrates está en manos del Isil y su
autoproclamado Estado Islámico, sombría
caricatura de la forma extremista del Islam
radical que tiene asiento en Arabia Saudita.
Patrick Cockburn, corresponsal de The
Independent en Medio Oriente y uno de los
analistas mejor informados sobre el Isil, lo
describe como una horrible organización, en
muchos sentidos fascista, muy sectaria, que
mata a todo el que no cree en su particular
versión rigurosa del Islam.
Cockburn destaca también la contradicción en
la reacción occidental al surgimiento del
Isil: esfuerzos por cortar su avance en
Irak, junto con otros para socavar al
principal opositor del grupo en Siria, el
régimen brutal de Bashar Assad. Entre tanto,
una importante barrera a la propagación de
la plaga del Isil en Líbano es Hezbolá,
odiado enemigo de Estados Unidos y su aliado
Israel. Y para complicar más la situación,
Estados Unidos e Irán tienen ahora en común
una justificada preocupación por el ascenso
del Estado Islámico, como otros en esta
región tan conflictiva.
Egipto se ha hundido en uno de sus tiempos
más oscuros bajo una dictadura militar que
continúa recibiendo apoyo de Washington. Su
destino no fue escrito en las estrellas:
durante siglos rutas alternativas han sido
bastante viables, pero no con poca
frecuencia una pesada mano imperial ha
bloqueado el camino.
Luego de los renovados horrores de las
semanas pasadas, debe ser innecesario
comentar sobre lo que emana de Jerusalén,
considerada un centro moral en la historia
remota.
Hace 80 años, Martin Heidegger ensalzó a la
Alemania nazi por aportar la mejor esperanza
de rescatar la gloriosa civilización de los
griegos de manos de los bárbaros de Oriente
y Occidente. Hoy los banqueros alemanes
aplastan a Grecia bajo un régimen económico
diseñado para mantener la riqueza y el poder
que poseen.
El probable fin de la era de la civilización
se atisba en el borrador de un nuevo informe
del Panel Intergubernamental sobre Cambio
Climático (PICC), el observatorio,
conservador en general, de lo que ocurre en
el mundo físico.
El informe concluye que incrementar las
emisiones de gases de efecto invernadero
conlleva el riesgo de impactos graves,
generalizados e irreversibles para las
personas y los ecosistemas en las próximas
décadas. El planeta se acerca a la
temperatura en la que la pérdida de la vasta
capa de hielo sobre Groenlandia será
incontenible. Eso, junto con el
derretimiento del hielo del Antártico,
podría elevar los niveles del mar hasta
inundar ciudades importantes y planicies
costeras.
La era de la civilización coincide de cerca
con la edad geológica del holoceno, que
comenzó hace unos 11 mil años. El periodo
anterior, pleistoceno, duró 2.5 millones de
años. Ahora, científicos sugieren que una
nueva era empezó hace 250 años, llamada
antropoceno, en la cual la actividad humana
ha tenido un impacto dramático en el mundo
físico. El ritmo de cambio de las edades
geológicas es difícil de pasar por alto.
Un índice del impacto humano es la extinción
de especies, que ahora se estima del mismo
ritmo que hace 65 millones de años, cuando
un asteroide golpeó la Tierra, lo cual se
presume que fue la causa del fin de la era
de los dinosaurios, que abrió el camino a la
proliferación de mamíferos pequeños y, a la
larga, de los humanos modernos. Hoy los
humanos somos el asteroide que condena a
gran parte de la vida a la extinción.
El informe del PICC reafirma que la vasta
mayoría de reservas conocidas de
combustibles deben quedar en el suelo para
evitar riesgos intolerables a las
generaciones futuras. Entre tanto, los
principales consorcios energéticos no
ocultan su objetivo de explotar esas
reservas y descubrir otras.
Un día antes de presentar un resumen de las
conclusiones del panel, el New York Times
reportó que grandes existencias de granos en
el medio oeste de Estados Unidos se pudren
porque los ferrocarriles están ocupados
transportando los productos del boom
petrolero de Dakota del Norte a los puertos
de embarque hacia Asia y Europa.
Una de las consecuencias más temidas del
calentamiento global antropogénico es el
derretimiento de las regiones de hielo
permanente. Un estudio en la revista Science
advierte que incluso temperaturas
ligeramente más elevadas (menos de las
previstas para los próximos años) podrían
comenzar a derretir la capa de hielo, con
posibles consecuencias fatales para el clima
global.
Arundhati Roy sugiere que la metáfora más
apropiada para la insania de nuestros
tiempos es el glaciar Siachen, donde
soldados indios y paquistaníes se han matado
en el campo de batalla de más altitud en el
mundo. El glaciar se está derritiendo y
revela miles de proyectiles de artillería
usados y tambos de combustible vacíos,
hachas para hielo, botas viejas, tiendas y
muchos otros desperdicios que miles de
combatientes humanos generan en conflictos
sin sentido. Y mientras los glaciares se
derriten, India y Pakistán enfrentan un
desastre indescriptible.
Triste especie. Pobre búho.
Noam Chomsky es profesor emérito de
lingüística y filosofía en el Instituto
Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge.
Su libro más reciente es Power Systems:
Conversations on Global Democratic Uprisings
and the New Challenges to U.S. Empire.
Interviews with David Barsamian.
Distributed by The New York Times Syndicate
Fuente:
http://www.jornada.unam.mx/2014/09/13/mundo/022a1mun
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