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COMERCIALIZACIÓN AGRÍCOLA
Tres patas disparejas

Por Caridad Carrobello
Aunque sin negar avances en el sector agropecuario, la tríada productor-vendedor-consumidor sigue siendo elemento inconexo en las provincias de Artemisa, Mayabeque y La Habana

[30.09.2014]- Actualización 10:00 pm de Cuba

“Todos los caminos conducen a Roma”, asegura un viejo proverbio. Pero para el vendedor de una cooperativa no agropecuaria radicada en un local arrendado en el reparto Poey, Arroyo Naranjo, el dicho se ajusta de una manera diferente a la capital: “Todos los caminos del comercio agrícola llevan a El Trigal”, dice.

Afirma que el origen de los altos precios de las ofertas en este mercado de barrio está en la cooperativa de abasto: “Los guajiros que venden allí son unos ‘careros’…”.

Es un hecho que tanto las cooperativas no agropecuarias, los puntos de ventas, los trabajadores por cuenta propia bajo la figura de vendedor minorista (carretilleros), como las cooperativas agrícolas que arriendan espacios en la capital para ofertar sus mercancías, e incluso los pocos mercados agropecuarios estatales existentes, en buena medida dependen de El Trigal.

Lo deja sentado Carlos Rafael Sablón, presidente de esa primera cooperativa de abasto aprobada, cuando enumera a los anteriores compradores entre los más asiduos al lugar.

Pero ¿cuál es el margen de ganancia que sacan a las mercancías tanto los productores que allí concurren como los compradores mayoristas? Una pesquisa de BOHEMIA realizada durante este verano obtuvo resultados elocuentes.

Uno para ti, dos para mí…

La capitalina Digna Meriño, comercializadora en el punto de venta de la calle 118, en Marianao, se queja: “Los campesinos están acabando. Todo lo traen carísimo: la cebolla, a 17 pesos la libra”, dice mientras levanta una raquítica ristra de esos bulbos. Y como si ella fuese una víctima obligada a convertir en lo mismo a sus clientes, agrega: “entonces, cuando yo la pongo a 28 pesos la gente me quiere matar”.

Esta criolla bien cujeada en las lides de la calle considera que los 11 pesos de margen comercial impuestos a dicho producto no son una ganancia desmedida. “De algún lugar tengo que sacar el dinero para pagar la licencia, arriendo del local, los tributos y las multas que me ponen los inspectores”.

En el otro lado de la polémica se ubican los abastecedores de productos del agro que arriban a El Trigal en la madrugada. Proceden de casi todas las provincias del país, a excepción de Granma y Las Tunas. La larga cola de camiones que se forma en espera de la apertura indica que resulta atractiva la opción del mercado concentrador.

Osnai Hernández Sosa, pequeño agricultor en el municipio de Unión de Reyes, Matanzas, argumenta que la ventaja de venir a La Habana es que hay más población y mejores ventas.

Al preguntarle quién se queda con la tajada más grande, si ellos o quienes allí compran para vender, de inmediato responde: “Un saco con cien libras de frijoles negros lo ofertamos a 800 pesos; la caja de mangos grandes con cerca de 30 unidades, a cien pesos. Así estamos poniendo a cada libra del frijol un precio promedio de ocho pesos y 3.50 pesos a cada mango.

“Pero cada libra de granos salida de aquí es vendida en cualquier mercado a 14 pesos y a ocho la fruta; quiere decir que le están sacando de ganancia seis y cuatro pesos y medio, respectivamente”.

Expone Osnai que el transporte que le trajo hasta el mercado concentrador es alquilado por un día: “Lo pagamos a mil 500 pesos y al chofer le dimos 250; si rebajamos los precios vamos a perder”.

“Somos nosotros quienes trabajamos todos los días bajo el sol; pero los tarimeros quieren coger los mangos bajitos y ganar más que los campesinos”, afirma Omar Milián, de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Camilo Cienfuegos, de Güira de Melena.

“El plátano macho lo traemos a 1.50 pesos la unidad, y los vendedores minoristas lo ponen a 2.50; la habichuela la ofertamos a tres pesos, pero luego en los barrios están a cinco; cebollinos, zanahorias y remolachas los dejamos a seis pesos el mazo, pero afuera te los encuentras a 10 y mucho más. Y luego dicen que somos nosotros los culpables, cuando la realidad es que el margen comercial de ellos está por las nubes, y nada se lo prohíbe.

“Los agricultores estamos entre la espada y la pared, porque el combustible que dan es mínimo, el resto debemos comprarlo; el abono ahora sube a cien y hasta 200 pesos. Cuando aumentan los insumos, el costo de producción es mayor; así no pueden bajar los precios de nuestras ofertas”.

Sobre el incremento del pago de los insumos agrícolas y la incidencia que ello puede tener en el costo de producción y en los precios de las cosechas, Tomás Rafael Rodríguez López, director general del Grupo Empresarial Forestal de Artemisa, analiza: “La medida estatal de venderlos sin subsidios comenzó en mayo de este año, pero antes ¿por qué los agricultores ponían los mismos precios altos a sus producciones? Es una justificación sin sentido”.

De aquí y de allá

El experimento de comercialización en las tres provincias occidentales –Artemisa, Mayabeque y La Habana- genera criterios a favor y en contra; sin embargo, es innegable que ahora las cosechas de esos territorios no están echándose a perder a la orilla de los surcos.

Lunes y viernes arriban a El Trigal entre 110 y 115 camiones. Cada uno carga alrededor de tres o cuatro toneladas como promedio, de ahí que mensualmente se comercialicen aquí unas cinco mil toneladas de productos (al año son 60 mil como promedio), plantea Carlos Rafael Sablón.

“El principal logro es que ahora en las tres provincias no hay un solo campesino que se pueda quejar de que el Estado no le recoge las mercancías, porque tiene la libertad de traerlas a este lugar”, subraya Sablón.

“Realmente, nosotros lo que hacemos es alquilar el espacio para que concurrentes y compradores establezcan su relación, no influimos en las tarifas que ponen a las mercancías. Aunque aquí nada es barato –reconoce-, se están viendo en el mercado mayorista variaciones de precios en un mismo producto, y también fluctúan entre la mañana y la tarde”.

En Artemisa el ingeniero Tomás Rafael añade un juicio de mucho valor: “Hemos aumentado la producción en lo que va de año, pero las cooperativas no agropecuarias no han jugado su papel. Se han convertido en centros de oferta y demanda donde los precios se monopolizan. Aquí, aunque el surco esté cerca, ponen el plátano vianda a tres pesos.

“En el caso de las cooperativas agrícolas que tienen mercados arrendados, habían muchas expectativas de que influyeran en los precios. Pero no estaban diversificadas sus producciones y acabaron yendo a comprar a El Trigal.

“Soy del criterio de que las ganancias no hay que buscarlas con la comercialización, sino con el incremento de las producciones, altos rendimientos y calidad de las cosechas. Para que los productores puedan lograrlo, hay que quitar ciertas ataduras”, añade Tomás Rafael. “Por ejemplo, la Empresa Provincial de Mercados Agropecuarios en la capital en el mes de julio debía a los agricultores 70 millones de pesos”.

La pata más corta

Según analistas de la economía cubana, sobre los elevados importes de los alimentos influyen muchos factores internos. Entre otros elementos, relacionan: la subida internacional de la cotización de las mercancías importadas; la doble circulación monetaria, que traslada al consumidor las tarifas vinculadas con la tasa de cambio; la alta segmentación de los mercados comercializadores; y que las tiendas en CUC imponen una referencia de precios.

Muchos expertos han estado de acuerdo en que hasta tanto crezca la producción agropecuaria no habrá un descenso apreciable de los precios en los mercados de este tipo.

Lo cierto es que se avanza, aunque lentamente. A un millón 930 mil 700 toneladas ascendió la cosecha de viandas y hortalizas en el primer semestre de 2014 -según un informe de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI)-, acercándose esta cifra a la de igual período de 2007. Sobresale el programa nacional de producción de granos, como el arroz, el frijol y el maíz, así como de otros renglones, gracias a las políticas estatales para su desarrollo.

El volumen productivo semestral refleja una mejoría. No obstante, sigue siendo demasiado bajo para cubrir la demanda, y para el cierre del año no se pueden asegurar saltos apreciables, pues nuestra agricultura a cielo abierto es dependiente de factores climáticos, como huracanes y sequías.

Pero a pesar de estas razones, a la hora del almuerzo o la comida, al artemiseño Andrés Herrera no hay explicaciones que le convenzan. Mientras trata de escoger lo más barato en la Feria Comercial de su provincia, comenta: “Con mi chequera de jubilado me resulta imposible acotejarme a los precios”.

Por su parte, Ana Luisa González, también de Artemisa, destaca que existe mayor variedad y calidad de ofertas en esta feria y en las placitas. Y de igual modo, en el mercado capitalino de 17 y K, el profesor universitario Pedro Lázaro López también sostiene que aquí hay de todo, y bueno.

El ama de casa y el catedrático igual coinciden en que ni los productores ni los comercializadores piensan en el bolsillo del consumidor, solo en su ganancia. Y a esta tercera pata de la mesa “la cuenta no le da” frente a las tarimas.

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