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Revisando estadísticas recientes de la economía cubana
Por José Luis Rodríguez
Las medidas de política económica que se vienen aplicando atraviesan una coyuntura compleja, pero eso no resta validez al programa trazado, que se espera enfrente una perspectiva mejor el próximo año.

[13.10.2014]- Actualización 6:00 pm de Cuba

Recientemente se completó la publicación de importantes capítulos del Anuario Estadístico de Cuba 2013, incluyendo los que se refieren a las cuentas nacionales y al sector externo, cuyo análisis posibilita tener una perspectiva más clara de los factores que están afectando el crecimiento del país y que se extienden al 2014.

Una rápida revisión de las cuentas nacionales permite apreciar que luego de una expansión de 3% del PIB durante 2012, el pasado año el crecimiento global se redujo a 2,7%, con una evolución favorable en el caso de la agricultura, que crece 4,7%, la pesca (6%) y el azúcar (7,7%).

Sin embargo, la minería decrece 2,3% y se reducen los ritmos de incremento de la industria manufacturera a 1,9%, la construcción (8%), transporte y comunicaciones (3,2%), comercio (3,7%), hoteles y restaurantes (2,3%) y salud y asistencia social (1,8%).

El decrecimiento observado en la minería probablemente esté asociado al cierre de la planta de níquel de Nicaro, que ya venía presentando una marcada ineficiencia luego de casi 70 años de trabajo.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta que se requiere un crecimiento de 1,5% de las importaciones para un incremento de 1% en el PIB nacional, lo que somete a una fuerte dependencia externa el proceso de crecimiento.

Si a esto se añade que las importaciones de bienes intermedios son solo alrededor del 29% del total y que el 60% de las compras externas solo cubren el combustible y los alimentos, es factible suponer que la escasez de insumos y bienes de capital está frenando fuertemente el crecimiento. (1)

Esta situación ha impactado desfavorablemente en la industria, el transporte, las comunicaciones y el comercio, cuyo desempeño explica el 41,5% del PIB.

Adicionalmente, la salud y la asistencia social –que computan el 17,3% del PIB– tuvieron un crecimiento mínimo. En tal sentido, llama a la reflexión la significativa reducción de los gastos de asistencia social, que disminuyeron 60% en los últimos cinco años, con una contracción de 66,7% en los núcleos protegidos.

Otros agregados de las cuentas nacionales muestran que se redujo 2,8% la captación de impuestos netos sobre la producción y las importaciones, mientras que la formación bruta de capital creció 9,2%, pero sigue siendo solo el 10,8% del PIB y representa un 24,2% menos que lo alcanzado en 2008.

La contracción de recursos financieros externos incide muy directamente en los niveles de actividad logrados en 2013, en una economía cuya tasa de apertura llegó al 47,9%.

En efecto, la disponibilidad de recursos a partir de las operaciones de comercio exterior muestra una reducción de 781 millones de pesos en la balanza comercial de bienes y servicios, lo que representa una caída de 20,7% en relación al año 2012.

En esta evolución incide una reducción de 5,7% en el valor de la exportación de bienes, en tanto crecen 6,5% las importaciones, lo que provoca un incremento de 15,5% en el déficit del comercio de bienes.

En el caso de la exportación de servicios, los resultados del turismo internacional durante 2013 muestran un magro crecimiento en el número de visitantes, de 0,5%, con un ingreso bruto de 2 627 millones de dólares.

La efectividad de las operaciones se ha visto afectada por un descenso en la tasa de ocupación de las capacidades que fue de 54,1% en 2013, cifra inferior al 60,1% alcanzado cinco años atrás.

En consecuencia con los resultados anteriormente expuestos, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se estima pasó del 0,4% al 1,4% del PIB.

Otros resultados de interés que se muestran en el Anuario se refieren al empleo no estatal, que ya alcanza el 26,3% del total de ocupados en el país, frente al 16,2% en 2010 y al 6% en 1989, lo que cual expresa la profunda transformación en las relaciones de producción que se viene registrando en los últimos años.

No obstante, algunos estimados calculan un impacto menor en cuanto al valor agregado de este segmento del empleo, que se estimaba en 6% del PIB 25 años atrás y actualmente computa sobre el 12%.

Entre los indicadores de alto impacto social se encuentran los salarios. En este caso, el salario medio mensual de 2013 alcanza 471 pesos, lo que representa un incremento de 13,5% en relación con 2008, con un nivel máximo de 582 pesos en el sector de la construcción y un mínimo de 391 pesos en el comercio y la hotelería.

Por otra parte, al calcular el índice de precios al consumidor en ese mismo período, el mismo muestra un incremento de 3,8%, pero si se toma en cuenta el de los hogares, el incremento es de 17,9%, lo que expresaría un deterioro del poder de compra mucho mayor en términos aproximados del salario real.

No obstante, un análisis más preciso de este indicador debe incluir otros ingresos de la población –los salarios solo representan alrededor del 46% del total de ingresos–, ya que no se incluyen en estas cifras pagos de sistemas de estimulación en CUC, que no se computan como salarios, así como otras prestaciones en especie y en efectivo.

Tomando en cuenta esta tendencia a la contracción de los ingresos externos y su impacto en la actividad económica en 2013, la misma prefiguraba un 2014 muy tenso, con una meta de crecimiento de 2,2% que ya a estas alturas no es posible alcanzar.

En efecto, el crecimiento logrado durante el primer semestre de este año llegó solo a 0,6%, con una contracción de 1,8% en las inversiones y un incremento por debajo de lo previsto en la producción de azúcar (88% del plan) y del número de turistas (de un crecimiento planificado del 10,4% se obtiene hasta agosto 3,7%), todo lo cual está reflejando una fuerte tensión financiera externa que provocará un incremento potencial de solo 1,4% en el PIB.

Las medidas de política económica que se vienen aplicando atraviesan así una coyuntura compleja, pero eso no resta validez al programa trazado, que se espera enfrente una perspectiva mejor el próximo año.

1 Ver Nancy Quiñones: “El déficit externo de Cuba en 1990-2009: un análisis desde la sostenibilidad”, en Economía y Desarrollo No. 2, julio-diciembre de 2013.

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