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Desafíos a los gobiernos progresistas
Por Frei Betto

[28.11.2014]- Actualización 8:25 pm de Cuba

¿Cómo tratan los gobiernos progresistas de América Latina a los segmentos de población beneficiados por las políticas sociales?

Es innegable que el nivel de exclusión y miseria causado por el neoliberalismo exige medidas urgentes que no se reduzcan al mero asistencialismo. Tal asistencialismo se restringe al acceso a beneficios personales (bono financiero, escuela, servicio médico, crédito fácil, exoneración de productos básicos, etc.), sin que se dé una complementación con procesos pedagógicos de formación y organización políticas.

De ese modo se crean reductos electorales, sin adhesión a un proyecto político alternativo al capitalismo. Se dan beneficios sin suscitar esperanza. Se promueve el acceso al consumo sin propiciar el surgimiento de nuevos protagonistas sociales y políticos. Y lo que es más grave: sin percibir que, en la entraña del actual sistema consumista, cuyas mercancías reciclables están impregnadas de fetiche que valoran al consumidor y no al ciudadano, el capitalismo posneoliberal introduce “valores” –como la competitividad y la mercantilización de todos los aspectos de la vida y de la naturaleza-, reforzando el individualismo y el conservadurismo.

Nuestros gobiernos progresistas, en sus múltiples contradicciones, critican al capitalismo financiero y, al mismo tiempo, promueven la bancarización de los segmentos más pobres, a través de tarjetas de acceso al beneficio monetario, a pensiones y salarios, y de la facilidad de crédito, a pesar de la dificultad para hacerse con los réditos y de eliminar las deudas.

El peligro es fortalecer, en el imaginario social, la idea de que el capitalismo es perenne (“Se terminó la historia”, proclamó Francis Fukuyama), y de que sin él no puede darse ningún proceso verdaderamente democrático y civilizatorio. Lo que significa demonizar y excluir, aunque sea por la fuerza, a todos los que no aceptan esa “obviedad”, tratados entonces de terroristas, enemigos de la democracia, subversivos o fundamentalistas.

Esa lógica se ve reforzada cuando, en las campañas electorales, los candidatos de izquierda llaman la atención por su confianza en el mercado, la atracción de inversiones extranjeras, la garantía de que los empresarios y banqueros tendrán mayores ganancias.

Durante un siglo la lógica de la izquierda latinoamericana nunca se encontró a gusto con la idea de superar el capitalismo por etapas. Éste es un dato nuevo, que exige mucho análisis para implementar políticas que impidan que los actuales procesos democráticos populares sean revertidos por el gran capital y por sus representantes políticos de derecha.

Este desafío no puede depender sólo de los gobiernos. Se extiende a los movimientos sociales y a los partidos progresistas que, cuanto antes, necesitan actuar como ”intelectuales orgánicos”, socializando el debate sobre avances y contradicciones, dificultades y propuestas, de manera que se alargue cada vez más el imaginario centrado en la liberación del pueblo y en la conquista de un modelo de sociedad poscapitalista, verdaderamente emancipatorio.

Frei Betto es escritor, autor de “Calendario del poder”, entre otros libros.

www.freibetto.org/ > twitter:@freibetto

Traducción de J.L.Burguet

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