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La batalla corporativa
Por Jorge Gómez Barata

[07.04.2015]- Actualización 4:30 pm de Cuba

MONCADA

Un lector me advirtió: “Tal vez las próximas batallas cubanas no sean políticas sino corporativas…”

Las personas que en Cuba albergan temores de que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, la paulatina normalización, el progresivo desmantelamiento del bloqueo y el retorno del capital norteamericano a la Isla, reediten situaciones que existieron en el pasado, pueden estar pasando por alto dos datos: el estado cubano no es el mismo y las corporaciones tampoco.

El capital extranjero, principalmente estadounidense, se hizo presente en China hace unos treinta años y unos veinte en Vietnam y aunque se conocen episodios negativos, no abundan referencias de que firmas transnacionales o sus ejecutivos se hayan implicado en esfuerzos por cambiar el régimen social de esos países. No ocurrió así en la Rusia ex soviética.

La diferencia se debe a que el capital corporativo foráneo llegó a China y Vietnam como resultado de procesos planeados y administrados por las respectivas direcciones de esos países, que idearon fórmulas para contener sus peores instintos y ensamblarlo con los modelos económicos resultantes de sus respectivas reformas y con el orden social vigente.

En la ex Unión Soviética, donde se desperdiciaron las oportunidades para introducir de modo ordenado y en función de los objetivos del sistema socialista, las reformas pertinentes, el capital extranjero, en lugar de un elemento de la renovación, formó parte de la restauración capitalista que ocurrió en medio del desastroso frenesí generado por las reformas de Gorbachov y el gobierno de Yeltsin.

Al introducir el capital foráneo en un contexto caracterizado por el caos de gobernabilidad, en el ambiente de vacío y desconcierto creado por el tsunami político, que en un gigantesco acto de autofagia arrasó con las instituciones socialistas forjadas a lo largo de 70 años, principalmente con el partido comunista que por más de medio siglo ejerció el poder y fue ilegalizado de un plumazo.

En aquella implosión, el otrora todopoderoso estado soviético, víctima de un vacío jurídico y de una crisis de gobernabilidad, fue copado por mafias que casi lo anularon, haciéndolo perder el control del país que fue saqueado a mansalva, debilitando dramáticamente su presencia y relevancia internacional.

A falta de regulaciones económicas, financieras, laborales, ambientales, fiscales, de seguridad y otras, las corporaciones extranjeras, aprovecharon las circunstancias creadas para obtener prebendas e introducir prácticas que en ningún país occidental eran permitidas y no han sido toleradas por las autoridades chinas ni vietnamitas.

Aunque Cuba no está exenta de riesgos que pudieran derivarse del desconocimiento originado por 50 años de aislamiento y de la falta de relación en gran escala con entidades corporativas extranjeras en áreas productivas, económicas, comerciales, financieras, de seguros y otras y de la inexistencia de legislaciones apropiadas, la presencia de un estado bien instalado y de autoridades gubernamentales legítimas y políticamente solventes, ofrecen las garantías necesarias.

En Cuba y América Latina se han sobrepasado muchas de las condiciones históricas en las que las oligarquías locales entregaron los recursos nacionales a la voracidad de corporaciones extranjeras, sometiéndose ellas mismas a sus dictados y los procesos populares liderados por la izquierda, conviven con el capital extranjero.

Con una dirección política estable, instituciones que aun cuando deben ser perfeccionadas son pertinentes y un marco legislativo que es preciso construir, la sociedad cubana esta lista para asumir con los desafíos y disfrutar de las oportunidades de la etapa venidera. Nadie ha dicho que será, no obstante, bienvenido el reto. Allá nos vemos.

(Tomado del Boletin SIC)

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