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El petróleo en el encaje económico de Indonesia
Por Hugo Rius *

[27.06.2015]- Actualización 7:40 pm de Cuba

Hanoi.- Sin el impacto que causó su salida de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) hace seis años, Indonesia acaba de anunciar su regreso en los próximos meses después de recibir el visto bueno de la entidad.

Esta vuelta atrás, o tal vez adelante, cuanto menos sorprende, si en 2009 una fuerte caída de la producción nacional de crudo hasta alcanzar solo 854 mil barriles diarios, prácticamente lo convertía en importador neto.

Con ese nivel, muy lejos de décadas previas de descubrimientos y abundantes pozos surtidores, Indonesia se quedaba a la mitad del millón 300 mil barriles que se exigía para ingresar y permanecer en el influyente bloque de la economía mundial.

De la OPEP forman parte Argelia, Angola, Nigeria, Emiratos Árabes Unidos, Libia, Qatar, Iraq, Irán, Kuwait, Arabia Saudita, Venezuela y Ecuador.

Lo primero que ahora llama la atención es la aparente facilidad con que esta nación del Sudeste Asiático consigue estar de vuelta al grupo pese a su baja cota de producción y en tan poco tiempo si la gestión en este sentido fue emprendida por el actual gobierno, de apenas siete meses.

El ministro de Energía, Sudirman Said, explicó que contando con la aprobación del presidente Joko Widodo en mayo pasado, se solicitó la reintegración al bloque con el propósito de tender un puente de conexión entre los países consumidores y exportadores de hidrocarburos.

Por lo pronto la rápida aceptación por la OPEP parece mostrar de nuevo un debilitamiento de su decisivo empuje de otros tiempos, sumada a la incapacidad reciente para lidiar de conjunto frente a la caída de los precios del crudo en el mercado mundial.

Desde la perspectiva del nuevo gobierno indonesio se puede interpretar como el interés en mantener un pie en la Organización, mientras se procura incentivar inversiones en el deprimido sector, al mismo tiempo que se acentúa un discurso a favor de potenciar las fuentes energéticas renovables.

En política petrolera lo más destacado de los últimos meses fue la decisión de Widodo de reducir la pesada carta presupuestaria de los subsidios al precio de los combustibles de consumidores, sin causar revuelos, pese a tratarse de un asunto sensible e intocable con el que anteriores administraciones nunca se atrevieron.

Entendidos en la materia apuntan que el mandatario se vio favorecido por la coyuntura de devaluación mundial del crudo y pudo gravar el expendio de gasolina y gasóleo con un 30 y 35 por ciento más, respectivamente, de modo que ahora cuesta el litro 0,69 y 0,61 dólares.

Pero también advierten de una eventual recuperación de los precios mundiales, después de algunas señales recientes y hasta que lleguen a dispararse de nuevo para trastocar los propósitos gubernamentales.

Al aplicar la medida el mandatario indonesio sostuvo que el país debe asumir un gasto mayor en el desarrollo de infraestructuras, educación y atención sanitaria, sectores que, dijo, "por desgracia han sufrido restricciones presupuestarias debido al gasto en el subsidios a los combustibles". Según el titular de Finanzas, Bambang Brodjonegoro, permitió un ahorro para las partidas del Estado en 2015 equivalentes a unos ocho mil millones de euros.

La acción ha sido acogida favorablemente por los inversionistas y expertos a nivel mundial, como un paso hacia la estabilización de la principal economía del Sudeste Asiático y la introducción de reformas muy necesarias.

Los planificadores de políticas indicaron que el subsidio se moverá en lo adelante del consumo a la producción (en la industria) y a la cobertura de energía más específica (a los hogares).

Para el gobierno el verdadero desafío puede estar en encontrar formas más sostenibles y asequibles de suministrar energía a 250 millones de ciudadanos dispersos por todo el vasto archipiélago, al tiempo que proteger el ambiente y cumplir los compromisos de mitigación del cambio climático.

La política energética nacional trazada tiene como objetivo aumentar el uso de energía de los recursos renovables, incluyendo la geotérmica e hidroeléctrica a gran escala, al 23 por ciento del consumo total de energía para 2025 y limitar la participación del petróleo a un 25 por ciento.

En lo inmediato cobra la mayor importancia hacia donde se destinarán los fondos liberados del programa de subsidios y tomar decisiones ante una larga lista de necesidades de desarrollo apremiantes en infraestructuras y mejoramiento de las condiciones sociales en un país con altas tasas de pobreza y desempleo.

Hace poco se dio a conocer oficialmente los 10 primeros proyectos de desarrollo infraestructural a comenzar a implementar en el año que corre, que incluyen una refinería de petróleo, plantas de generación energética, potabilizadoras de agua, redes de tendidos eléctricos, vías férreas y revitalización de aeropuertos en tres apartadas islas.

En una sesión del gabinete restringido para identificar estos planes, Widodo insistió en acelerarlo, simplificando sus procedimientos para satisfacer las expectativas de la población, y dispuso la supervisión directa por tres ministros y chequeos de su marcha cada dos meses.

Al citar en esa reunión el ejemplo del desarrollo del sistema de tránsito de Yakarta que se tomó 26 años, tácitamente puso el dedo en la llaga del burocratismo y su potencial vínculo con la corrupción, como factores entorpecedores, según sugirieron medios locales.

El popular gobernante ha prometido hacer que la economía de su país crezca de su actual cinco por ciento al siete por ciento en tres años, pese a la caída de los precios de los recursos naturales y las exportaciones, que podrán disminuir aún más si China prolonga la etapa de ralentización.

Expertos consideran que para ello tendrá precisamente que adoptar medidas para impulsar el desarrollo de las infraestructuras junto con mejorar la competitividad del sector manufacturero para compensar los precios más reducidos de los recursos naturales, que representan el 59 por ciento de las exportaciones nacionales.

De ahí la importancia de recuperar gastos del presupuesto en subsidios a los combustibles, y la conveniencia que ve en ingresar de nuevo en la OPEP porque todavía no se sabe cuánto tiempo el petróleo seguirá obrando como un factótum movedizo.

*Corresponsal de Prensa Latina en Vietnam.

Tomado de PL

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