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Valoraciones externas sobre la inversión extranjera en Cuba (I y II)
Por José Luis Rodríguez

[12.10.2015]- Actualización 11:00 pm de Cuba

Una de las transformaciones de mayor trascendencia en la política económica de Cuba en años recientes ha sido la revalorización de la inversión extranjera directa (IED) como factor de impulso al desarrollo económico del país.

Si bien la presencia del capital extranjero en Cuba se inició a finales de los años 80 en el sector del turismo, no fue hasta el Período especial cuando se aprueba la reforma constitucional de 1992 y una ley específica en 1995 que ordenaría esta forma de financiamiento externo.

No obstante, la presencia del capital foráneo se concibió durante todos esos años como un elemento complementario para la recuperación económica del país, por lo que la inversión extranjera más significativa se concentró en un número limitado de sectores y el volumen de recursos comprometidos se estima que solo llegó a entre 4 200 y 5 000 millones de dólares.

Con la aprobación en abril de 2011 de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, la inversión extranjera directa continuó siendo valorada como complemento del esfuerzo inversionista nacional. Sin embargo, ya la IED había sido determinante en la expansión de actividades como la extracción de petróleo, la producción de níquel, la gestión del turismo internacional y el desarrollo de las telecomunicaciones.

El impulso a la IED con un mayor alcance se materializaría a partir de septiembre de 2013 con la apertura de la Zona Especial de Desarrollo en Mariel, a la que seguiría la aprobación de una nueva Ley de Inversión Extranjera por la Asamblea Nacional en marzo de 2014 y la presentación de una Cartera de Oportunidad de Negocios en noviembre de ese mismo año, que incluiría 246 proyectos por más de 8 700 millones de dólares.

Estas decisiones colocarían la captación de capital extranjero bajo una nueva óptica, especialmente cuando se dio a conocer que el país requiere entre 2 000 y 2 500 millones de dólares anuales de inversión externa para estabilizar una tasa de acumulación de entre 20 y 25%, con el objetivo de alcanzar ritmos de crecimiento económico superiores al 5%.

Ese enfoque y la necesidad de acelerar los cambios a introducir se entienden mejor si se toma en cuenta que la tasa de formación bruta de capital bajó de 10,9 a 7,6% en los últimos cinco años, al tiempo que se hacía inaplazable liquidar una deuda externa vencida en el 27% de su valor total, según estimados internacionales.

Es por ello que, como un elemento clave para el avance del proceso inversionista, se ha venido trabajando intensamente por mejorar la posición financiera externa del país, particularmente en lo referido al pago de la deuda externa. En este sentido, se han reducido los préstamos vencidos y se han logrado renegociar adeudos importantes, anteriormente con China y Japón y más recientemente con Rusia y México, al tiempo que se han iniciado las conversaciones con los acreedores del Club de París en medio de favorables perspectivas.

De no menor importancia ha sido el proceso iniciado para la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y su influjo en la creación de un ambiente favorable para las relaciones económicas externas, aun cuando no se ha modificado el bloqueo contra nuestro país.

Pudiera decirse -además- que existen potencialidades aún no aprovechadas en términos de otras fuentes financieras externas, como pueden ser el desarrollo de nuevas modalidades de inversión en cartera, el crecimiento de la cooperación internacional (especialmente con la Unión Europea) y una captación institucionalizada más eficiente de las remesas que ingresan al país como capital del sector privado y cooperativo.

Este favorable panorama no debe conducir a la idea de que la expansión de la inversión extranjera en Cuba sea un proceso explosivo y de corto plazo, y en ello concurren un conjunto de elementos que resulta conveniente analizar.

Lo primero que interesa destacar es que la apertura a la inversión extranjera en Cuba no transcurre como parte de un proceso de privatización de la propiedad estatal, ni de apertura incondicional a las leyes del mercado capitalista. Se trata de un proyecto dirigido a crear mejores condiciones para el desarrollo de una economía socialista, en la que continuarán siendo determinantes la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción y la planificación.

Desde luego, un proceso de esa naturaleza transcurrirá necesariamente en medio de inevitables contradicciones y deberá enfrentar importantes obstáculos para cumplir sus objetivos. Probablemente sea la diferencia entre los objetivos y los medios para alcanzarlos donde se aprecien ya algunas contradicciones entre aquellos que reclaman una reforma de mercado muy similar a la llevada a cabo en los países ex socialistas europeos y la actualización del modelo económico socialista, donde habrá necesariamente un reconocimiento a la acción del mercado, pero bajo control social tal y como lo conciben los dirigentes cubanos.

(Continuará)
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II
Un aspecto esencial que condiciona la presencia de capital extranjero en Cuba es la existencia de ventajas comparativas en relación con el mercado de otros países.

Desde el punto de vista de los recursos naturales, el país cuenta con un potencial minero para alcanzar producciones superiores a las 100 000 toneladas de níquel anualmente, con reservas del mineral que se ubican en el quinto lugar mundial. También se estima una riqueza petrolera off shore cuyo potencial va de 5 000 a 9 000 millones de barriles, según estimados norteamericanos, y hasta unos 22 000 millones según fuentes cubanas, en la zona económica exclusiva que cubre 112 000 kilómetros cuadrados.

De igual modo, existe un elevado potencial para el desarrollo del turismo. Según datos del Dr. Miguel Figueras, entre 1990 y el pasado año visitaron el país 40 millones de turistas que reportaron ingresos brutos por 41 000 millones de dólares, rebasándose los tres millones de visitantes en 2014. Adicionalmente al turismo de sol y playa, se abre un potencial significativo para desarrollar actividades extra hoteleras que impulsen el turismo cultural, de salud, de naturaleza y de eventos, entre otras variantes aún no explotadas, de manera que se estima que es posible superar los cinco millones de turistas anuales en los próximos años.

Por otra parte, las ventajas comparativas adquiridas resultan aun más significativas que las ventajas naturales. En tal sentido debe resaltarse la tasa de escolaridad media de 12,8 grados en los trabajadores, que en un 19% tienen nivel universitario; una población que presenta una tasa de mortalidad infantil de 4,2 por 1 000 nacidos vivos, y una esperanza de vida de 78,45 años.

A lo anterior puede añadirse la estabilidad política y la seguridad del país, donde el índice de homicidios por cada 100 000 habitantes es de solo 4,3. En el índice de percepción de la corrupción, Cuba ocupaba en 2014 el lugar 63 entre los países con menores indicadores en un total de 174.

Tomando en cuenta el potencial sucintamente expuesto y a partir de una revaluación de la inversión extranjera en la estrategia de desarrollo del país, se han comenzado a obtener algunos resultados por parte de los inversionistas extranjeros.

En el caso de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM), se han concretado ya siete inversiones correspondientes a dos entidades de Bélgica, dos de México, una de España y dos empresas operadoras cubanas de la zona (Terminal de Contenedores de Mariel y Empresa de Servicios Logísticos de Mariel).

La orientación de estas inversiones hasta el presente involucra a empresas de pequeña dimensión ocupadas en la logística (transporte, mantenimiento y reparación de vehículos); alimentación (procesamiento de productos cárnicos y producción de jugos y dispensadores); química (fábrica de pinturas) y automatización (fábrica de paneles eléctricos y sensores de temperatura). Las inversiones acordadas, con un rápido potencial de recuperación del capital, apuntan a la sustitución de importaciones y se vinculan a la expansión previsible de sectores como el turismo.

En cuanto a nuevas ofertas de inversión, se ha informado que existen otros 25 proyectos documentados y que unas 400 entidades han mostrado interés en la ZEDM, que, en su expansión futura, presenta un potencial para la generación de unos 70 000 empleos. No obstante, la experiencia internacional indica que las zonas de desarrollo tardan al menos cinco años en alcanzar su madurez, período que puede resultar superior en el caso de Cuba de mantenerse sin cambios el bloqueo económico de Estados Unidos.

Por ahora, los actores externos que más avanzan en la gestión de nuevas inversiones en Cuba son México y España.

En el caso de México, una vez renegociada la deuda externa vencida con el país se produjo la visita en mayo de 2014 de una delegación de 68 hombres de negocios que identificaron 50 posibles proyectos, de los cuales se han aprobado dos y se avanza en 19.

Por su parte, el gobierno español dispuso en julio de 2015, a través de la Compañía Española de Financiamiento al Desarrollo (COFIDES), una línea de crédito de 40 millones de euros con vistas a proyectos de empresas españolas en Cuba, disponible hasta 2017, plazo que puede ampliarse. Al respecto se ha señalado la existencia de un potencial de 400 millones de euros en nuevas inversiones.

Entre los sectores que se encuentran entre las prioridades de los inversionistas foráneos se destaca el turismo, que captó alrededor del 16% de la inversión extranjera en los últimos años, con 26 empresas mixtas que cubren unas 5 000 habitaciones y contratos de administración de 18 cadenas internacionales en 69 hoteles, que abarcan 35 892 habitaciones. Por el número de habitaciones, el capital foráneo participa en la gestión del 66% de las habitaciones disponibles en el sector estatal. Adicionalmente, a inicios del 2015 se registraban 18 742 habitaciones del sector privado para arrendar al turismo.

Partiendo de la situación actual, debemos examinar las perspectivas inmediatas de la inversión extranjera y la posición expresada en diferentes estudios de otros países al respecto.


(Continuará)

* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial.
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