“La corrupción fue tan grande en
Sudamérica que se desacreditaron
a sí mismos y desperdiciaron
grandes oportunidades”
Por Jorge Fontevecchia
Noam Chomsky hace un balance de
la política del continente
americano y su relación con
China
[23.11.2015]-
Actualización 11:30 pm de Cuba
—En en pasado elogió lo que
vino sucediendo en la política
de Sudamérica: mayor integración
regional y mayor emancipación de
los Estados Unidos. ¿Cuál es su
balance actual sobre Chávez,
Kirchner y Lula?
—Es una historia mixta. Lo que
ha ocurrido en América Latina
en, aproximadamente, los últimos
quince años es de una
importancia histórica real. Es
la primera vez en 500 años,
desde los conquistadores, que
América Latina se ha liberado en
gran parte de la dominación
imperial, que en los últimos
cien años, más o menos, eso
significa Estados Unidos. La
sociedad tradicional
latinoamericana estaba gobernada
por una elite pequeña, en su
mayoría blanca, orientada hacia
el poder imperial, o lo que
fuera que Estados Unidos
representara recientemente, con
muy poco sentido de
responsabilidad hacia el país en
sí: sociedades potencialmente
muy ricas con pobreza y
desigualdad extraordinarias. Y
los países mismos estaban
separados el uno del otro. Eso
es lo que cambió. En este
momento, la influencia de
Estados Unidos ha disminuido
significativamente. Los países
son mucho más independientes, se
están moviendo hacia algún grado
de integración, como la
formación de Unasur (Unión de
Naciones Suramericanas), que, de
hecho, excluye a los Estados
Unidos y Canadá. Estas no son
organizaciones débiles,
necesariamente. Pueden
funcionar, y a veces lo hacen, y
muchos de los países, incluidos
los que usted ha mencionado, por
lo menos han comenzado a
enfrentarse a los terribles
problemas internos de la
concentración radical de la
riqueza y la pobreza
extraordinaria que conviven en
países con recursos
considerables. En muchos
aspectos, parecía que América
Latina era más prometedora que
Asia Oriental en desarrollo
social y económico, pero ha sido
todo lo contrario. Y parte de la
razón de que sea así es,
simplemente, el comportamiento
de las elites gobernantes. Así
es que las importaciones en
América Latina son,
tradicionalmente, bienes de lujo
para los ricos, mientras que en
Asia Oriental han sido de bienes
de capital, en gran parte
controlados por el gobierno
importador, y utilizados para la
transferencia y el desarrollo de
tecnología. Las sociedades de
Asia Oriental no son agradables,
ésa es otra historia, pero en
términos de desarrollo económico
eso es lo que ha sucedido: ha
comenzado a cambiar. Volviendo a
su pregunta, creo que un montón
de grandes oportunidades, en
gran medida, se han
desperdiciado en formas muy
desagradables. En Brasil, el
país más importante de América
Latina, cuando el PT llegó al
poder tenía verdaderas
oportunidades de conseguir
logros –un gran apoyo popular,
buenos programas, un liderazgo
impresionante–, y algunas de las
políticas fueron exitosas, pero
la magnitud de la corrupción era
tan grande que el partido se
desacreditó a sí mismo y ha,
esencialmente, sacrificado esas
oportunidades. Espero que puedan
resucitar algo de él, pero no
está muy claro qué. Y algo
similar sucedió en Venezuela,
donde hubo propuestas
significativas, esfuerzos,
iniciativas, pero en un sistema
que estaba un poco desbalanceado
desde el principio no se puede.
Hubo varios cambios instituidos
desde arriba, bastante poco
relacionados con la iniciativa
popular, con algo de
participación, pero no: venían
desde arriba principalmente. Es
poco probable que eso funcione.
Hubo muchos fracasos en el
camino después, pero en este
momento, de nuevo, la tremenda
corrupción y la incompetencia
del país nunca lograron
liberarse de la dependencia casi
total de una exportación única,
el petróleo. En el caso de
Brasil, y de la Argentina
también, las economías han
dependido demasiado de las
exportaciones de productos
primarios gracias al crecimiento
de China, lo que significa, por
supuesto, la importación de
manufacturas chinas baratas, que
están socavando el sector
productivo. Esto no es un modelo
de desarrollo exitoso. Es una
especie de historia mixta, de
una gran cantidad de logros,
mucha promesa, y mucho de
fracaso también. Para aprovechar
la promesa, espero que sea la
base para seguir adelante.
Bolivia y Ecuador son dos países
que han tenido relativo éxito,
pero también abundantes
problemas.
—Algunos politólogos
sudamericanos piensan que el
populismo es una etapa necesaria
para pasar a un sistema
democrático más elaborado. ¿Cuál
es su opinión sobre lo que en
Sudamérica se llama populismo y
en otras partes del mundo
bonapartismo o cesarismo?
—América Latina ha estado
plagada de una especie de
bonapartismo. Aventurar una
generalización al respecto sería
muy extraño. Las estadísticas
muestran que Corea del Sur es,
en muchos aspectos, la economía
más exitosa de los últimos
cincuenta años. Si nos
remontamos a, digamos, la década
de 1950, Corea del Sur estaba a
la par con algunos de los países
africanos más pobres;
literalmente, era más pobre que
Ghana. Y ahora Corea del Sur es
una gran potencia industrial,
una de las principales, y motor
económico, y es un pequeño país
en condiciones externas severas
y con muy pocos recursos; los
recursos, en su mayoría, están
en el norte. Eso es un logro muy
notable que fue iniciado por una
dictadura dura y brutal apoyada
por los Estados Unidos. En la
década de 1980 se produjo un
levantamiento democrático
valiente muy impresionante, que
derrocó a la dictadura y
estableció un tipo de formas
democráticas que están, de
nuevo, bajo el ataque de lo que
queda. En América Latina, creo
que el modelo de Chávez ha sido
destructivo. América del Sur
necesita movimientos populares
masivos que tomen la iniciativa
para llevar a cabo un extenso
cambio social. Y, en alguna
medida, eso ha sido cierto. Por
ejemplo, ha habido un verdadero
renacimiento de los movimientos
indígenas en América del Sur,
muy importantes en muchos
países. En Bolivia, donde son
mayoría, lograron incluso tomar
el control político al elegir a
su líder entre sus propias
filas. En Brasil, las luchas
obreras contra la dictadura y
otras luchas fueron la base para
el logro político del Partido de
los Trabajadores en la última
presidencia, que tuvo éxito en
varios aspectos, pero sucumbió a
la corrupción y a una burbuja
económica dudosa de algún tipo.
La historia no da respuestas a
lo que es el modelo adecuado de
desarrollo, pero un logro real,
duradero, tendrá que basarse en
movimientos populares
organizados que tomen la
responsabilidad del control
total de la política, la
información y la implementación.
Y la medida en que los países lo
logran varía. Tomemos los
Estados Unidos, el país más
poderoso y más rico de la
historia y, en cierto modo, un
líder en la democracia, pero muy
lejos de haber alcanzado una
democracia funcional.
—Parte de la emancipación
ideológica sudamericana de la
última década pudo financiarse
por el exponencial aumento del
precio de las materias primas,
impulsado por la demanda de
China. Es decir, Sudamérica pudo
tomar distancia de los Estados
Unidos gracias a China. Ahora
que la economía china se
desacelera, ¿Sudamérica deberá
volver a desarrollar vínculos
fuertes con los Estados Unidos?
—No hay ningún problema en
desarrollar vínculos económicos
con los Estados Unidos, siempre
y cuando no conduzcan a la
subordinación, a un control
ejercido por multinacionales
estadounidenses. El problema en
América del Sur es la falta de
programas internos de desarrollo
constructivo, como se hizo en
Corea del Sur y Taiwán. Países
pobres, pero con Estados
poderosos. Por desgracia,
durante mucho tiempo con
dictaduras, pero que se
convirtieron en mucho más
democráticas, y con un programa
de desarrollo que fue diseñado
para el desarrollo de las
posibilidades internas, para el
desarrollo social y económico.
Entonces, el desarrollo de
sociedades tecnológicas
calificadas por transferencia de
tecnología, por inversión y
otros dispositivos dirigidos
sustancialmente por el Estado ha
sido exitoso. El principal
modelo económico seguido por
América Latina en los últimos
años ha sido de exportación de
productos primarios a China,
que, por supuesto, tiene una
serie de deficiencias. Por un
lado, como usted ha mencionado,
está sujeto a cualquier cambio
que ocurra en la economía china.
Pero también significa el envío
de productos primarios y recibir
a cambio producción barata que
socava las posibilidades de
desarrollo de una economía
industrial nacional, y ésa es la
economía agrícola. Eso es un
desarrollo muy dudoso, débil de
hecho.
—¿Cuál es su opinión general
sobre la evolución de la
economía y el sistema político
en China?
—Se ha producido,
indiscutiblemente, un desarrollo
económico sustancial, que ha
levantado a un gran número de
personas de la pobreza, un logro
importante, aunque con un costo
ecológico y humano significativo
y con muchos problemas por
delante, y muy graves, entre
otros el sistema político
autoritario.
—En la Argentina se ve a Paul
Singer y a otros grupos de
presión financiera como una
nueva forma de intervención
violenta en los asuntos de
Sudamérica. ¿Estos sentimientos
son un reflejo de la paranoia de
ex colonias o un reflejo
verdadero de la realidad?
—Desafortunadamente, lo que
usted dice es correcto. Lo que
están haciendo los fondos de
inversión es absolutamente
impactante. Y que estén
recibiendo apoyo legal en los
Estados Unidos y en los
tribunales es realmente
vergonzoso. Lo que debería estar
sucediendo es una presión
popular organizada en los
Estados Unidos para poner fin a
este tipo de desastre, robo y
tortura de países vulnerables.
Estos fondos tienen poca razón
de ser; en primer lugar, poca
justificación. Pero lo que están
haciendo ahora en el caso de la
Argentina es, realmente, una
verdadera vergüenza. La
Argentina debe ser apoyada en
sus esfuerzos a nivel
internacional y en los Estados
Unidos para hacer retroceder
este tipo de neocolonialismo.
—En un reportaje, usted mencionó
que las políticas de Lula eran
similares a las del presidente
de Brasil João Goulart en los
60, que escandalizaron por
entonces a Estados Unidos y
motivaron un golpe militar en su
contra. ¿Hay hoy, en la
devaluación de casi el 50% de la
moneda brasileña frente al
dólar, otra forma de golpe soft
a la discípula de Lula, Dilma
Rousseff?
—Es un paralelo bastante
sorprendente. El gobierno de
Goulart no fue radical, en
ningún sentido; era ligeramente
socialdemócrata. Por supuesto,
el principio de la década de
1960 no se compara con el
principio de la década de 2000,
por lo que las políticas no eran
idénticas a las de Lula, pero
eran algo similares. A
principios de los años 60, el
gobierno de Kennedy preparó un
golpe de Estado, llevado a cabo
inmediatamente después del
asesinato de Kennedy, que
instauró el primer estado de
seguridad nacional importante,
una especie de estado de
seguridad nacional neonazi, en
América Latina, que fue entonces
una plaga que se extendió por
todo el continente. El de la
Argentina fue uno de los peores.
Todo eso fue un reflejo del
poder de los Estados Unidos
sobre América Latina. Cuando
apareció Lula con políticas no
muy diferentes, a Estados Unidos
no le gustaron, por supuesto,
pero no estaba en condiciones de
llevar a cabo un golpe militar.
Esa es una indicación de la
clase de cambio que está
teniendo lugar en los últimos
quince años. Si se toma este
período, desde el año 2000 ha
habido tres golpes militares en
América Latina. Uno en Venezuela
en 2002, apoyado fuertemente por
los Estados Unidos, pero que fue
derrocado rápidamente por la
reacción popular. El segundo fue
en 2004 en Haití, instigado por
los Estados Unidos y Francia,
los torturadores tradicionales
de Haití. Y ése tuvo éxito, pero
Haití es un estado muy débil. El
tercero fue en Honduras, de
nuevo, un Estado muy débil. El
ejército derrocó al gobierno
electo, ligeramente reformista.
La mayor parte del hemisferio se
opuso enérgicamente, pero el
gobierno de Obama prácticamente
apoyó y legitimó las elecciones
bajo el régimen militar. Y
Honduras se ha convertido,
simplemente, en un desastre
total. De hecho, es ahora la
principal fuente de personas que
huyen a Estados Unidos. Así que
no es que el período de golpes
de Estado militares ha terminado
completamente, pero es muy
diferente que en los años 60 y
70, o las horribles guerras de
las que participó Estados Unidos
en América Central en los años
80. No quiere decir que los
Estados Unidos y los principales
actores económicos dentro de
ellos, las corporaciones
multinacionales, estén
abandonando sus esfuerzos por
mantener un grado de control,
pero pueden hacer mucho menos. Y
eso es un logro.
—¿Cuál es su opinión sobre la
visita del papa Francisco a
Estados Unidos y de su
intervención para crear diálogo
con Cuba?
—Es un acontecimiento muy
interesante. En muchos sentidos,
si no un ciento por ciento, las
iniciativas que ha asumido son
bastante impresionantes y
prometedoras. En el caso de
Cuba, también. Pero, ¿por qué el
gobierno de Obama comenzó a
moverse hacia la normalización
de las relaciones con Cuba?
Aquí, en los Estados Unidos, se
lo describe como un esfuerzo
noble y heroico de ayudar a Cuba
a escapar de su aislamiento y
unirse a la comunidad
internacional, y avanzar hacia
la democracia y la libertad. La
verdad es que es casi
exactamente lo contrario. Fueron
los Estados Unidos los que
estaban aislados, cada vez más.
A nivel internacional, Estados
Unidos ha estado aislado durante
décadas. Sólo hay que mirar los
votos anuales de la Asamblea
General de las Naciones Unidas
sobre el embargo de Estados
Unidos: una oposición
prácticamente unánime. Durante
la última, Estados Unidos ni
siquiera pudo conseguir que las
islas del Pacífico se sumaran.
El único país que se unió a
Estados Unidos fue Israel, que,
más o menos, tiene que hacerlo,
y el propio Israel viola el
embargo. Pero lo más
significativo es América Latina.
En la conferencia de Cartagena,
creo que en 2012, Estados Unidos
y Canadá estaban completamente
aislados, principalmente en el
tema de dejar entrar a Cuba al
hemisferio. Y estaba bastante
claro que en la próxima
conferencia de Panamá, este año,
si Estados Unidos no hubiera
estado dispuesto a aceptar la
demanda unánime del hemisferio
de readmitir a Cuba, el propio
Estados Unidos habría sido
excluido. Y, en esas
condiciones, Obama tomó estos
pequeños pasos que hasta ahora
se han emprendido. Me alegra que
lo hiciera, pero debemos
entender las razones, que están
bastante alejadas de alcanzar
los fines que deben ser
alcanzados. Me refiero, en
primer lugar, al Congreso, que
aún mantiene el control del
embargo, y a que existen todavía
fuertes restricciones a los
viajes de académicos cubanos a
Estados Unidos, lo que es una
vergüenza, y a otras
restricciones que deben ser
eliminadas. Pero es el comienzo
de un hecho que debía suceder. Y
eso es importante. Vale la pena
sólo pensando en la historia.
Casi de inmediato, cuando Castro
tomó el poder, en cuestión de
meses, Estados Unidos fue a la
guerra contra Cuba. Los planes
eran bombardear Cuba a finales
de 1959. En marzo de 1960, el
gobierno de Eisenhower
formalmente decidió derrocar al
gobierno. Y, cuando llegó
Kennedy, se intensificó el plan.
En primer lugar, la invasión de
Bahía de Cochinos, y luego de su
fracaso Kennedy inició una gran
guerra terrorista contra Cuba.
No era un asunto insignificante.
De hecho, ése fue uno de los
principales factores de la
llamada crisis de los misiles
cubanos, que casi llevó a una
guerra nuclear terminal. La
guerra terrorista continuó
después de la crisis. Mientras
tanto, el embargo se estableció
y tuvo un costo enorme para
Cuba. Entonces, Estados Unidos
está, básicamente, peleando una
guerra bastante salvaje contra
Cuba desde su liberación, en
1959. Eso está en declive ahora,
sustancialmente como
consecuencia de la creciente
independencia de América Latina,
que se ha negado a tolerarlo.
Esos también son pasos hacia
adelante muy importantes. Y
muchos problemas aún permanecen,
pero no debemos pasar por alto
los logros que se han alcanzado
gracias a los esfuerzos de
independencia de América Latina
durante los últimos quince años,
aproximadamente.
—¿Que el papa Francisco sea el
primer papa no europeo y,
especialmente, que sea
latinoamericano, le confiere una
subjetividad que puede ser
disruptiva?
—Podría ser, pero recuerde que
el principal cambio en la
Iglesia, en realidad, el cambio
dramático, fue instituido por
Juan XXIII con el Concilio
Vaticano II y, básicamente, la
reintroducción de los Evangelios
en la Iglesia Católica. Hans
Küng, un gran historiador del
cristianismo (N. de la R.:
teólogo suizo, consultor del
Papa durante el concilio), dice
que, según el Concilio Vaticano
II, el Papa regresó la Iglesia a
lo que era antes de convertirse
en la Iglesia de los
Perseguidores bajo el emperador
Constantino, en el siglo IV.
Reintrodujo los Evangelios, las
opciones preferenciales para los
pobres. La Iglesia
latinoamericana y la Conferencia
Episcopal se comprometieron
seriamente con eso. Sacerdotes,
monjas, laicos fueron a las
comunidades pobres en el campo;
las comunidades de base
organizadas tenían personas
intentando pensar en el
contenido pacifista radical de
los Evangelios y se movieron
hacia la toma del control de sus
propias vidas, de alguna manera.
Eso desató una gran guerra por
parte de Estados Unidos y las
elites latinoamericanas contra
la Iglesia para tratar de
destruir esta herejía, la
herejía del regreso del
cristianismo a sus raíces, y ése
es un factor importante detrás
de las terribles atrocidades que
tuvieron lugar en América Latina
en los años 60, 70 y 80, que
culminaron finalmente en el
asesinato de seis importantes
sacerdotes jesuitas
intelectuales latinoamericanos
en El Salvador en noviembre de
1989. Y esto no es sólo mi
opinión. Si usted mira la famosa
Escuela de las Américas, que
cambió su nombre (N. de la R.:
actualmente se llama Instituto
de Cooperación para la Seguridad
Hemisférica), que ha entrenado
asesinos latinoamericanos
durante muchos años, uno de los
aspectos que publicitan
abiertamente es que el ejército
de Estados Unidos ayudó a
destruir la Teología de la
Liberación. Pero el papa Juan
XXIII no era latinoamericano.
Instauró este cambio enorme, y
creo que el papa Francisco
empieza a llevarlo adelante. Y
si ése es el caso, será de gran
importancia. Podría ser que sus
orígenes latinoamericanos
jueguen un papel en eso, no
sería sorprendente. Pero creo
que es un hecho que debe ser
observado con gran interés.
Tiene promesa, se puede llevar
adelante, creo que va a
requerir, como siempre, la
reacción del público, que es de
apoyo positivo y constructivo.
—En Europa vemos el surgimiento
de partidos que denuncian el
statu quo, como Podemos en
España, Syriza en Grecia,
asesorados por movimientos
populistas latinoamericanos.
¿Usted diría que Sudamérica está
generando de alguna forma
vanguardia política?
—América Latina tiene un papel
importante en la creación del
fondo para estos partidos.
América Latina fue uno de los
partidarios de los dogmas
neoliberales más rigurosos y,
como usted sabe, sufrió
enormemente por eso. Y América
Latina ha liderado, más o menos,
la resistencia al Consenso de
Washington y al sistema de
globalización neoliberal. Y creo
que eso ayudó a inspirar a los
movimientos en otros países:
Grecia, España, y los Estados
Unidos y Gran Bretaña también.
Por ejemplo, el éxito bastante
notable de la campaña de Bernie
Sanders y el llegar a la opinión
pública en Estados Unidos, y
otras cosas que suceden en otros
países son reacciones del
público a una verdadera guerra
de clases que se ha estado
librando durante la última
generación bajo la bandera
neoliberal para tratar de hacer
retroceder el desarrollo
progresivo de los últimos años.
Ahora hay una reacción, y
América Latina, en muchos
sentidos, estuvo a la cabeza.
—Ya se refirió al miedo de los
blancos norteamericanos a
convertirse en una minoría
dentro de su propio país, como
si este proceso de mezcla racial
y étnica les “robara su país”.
Siendo que los latinos van
camino a superar a los negros en
cantidad total de población,
¿podría surgir una nueva ola de
racismo contra los latinos de
forma similar a la que existió
contra los negros? ¿Y estaría
Donald Trump a la vanguardia?
—Es un problema serio en Estados
Unidos que, está de más decirlo,
tiene una historia racista
bastante horrible, y no sólo por
las repugnantes atrocidades. La
esclavitud es uno de los peores
crímenes de la era moderna que,
por cierto, no terminó realmente
con el fin de la esclavitud. Si
nos fijamos en los últimos 400
años desde que los primeros
esclavos africanos fueron
traídos aquí, hay tal vez dos o
tres décadas en las que los
afroamericanos tuvieron una
posibilidad razonable de entrar
en la sociedad en general. Es
una historia horrible, pero, más
allá de eso, Estados Unidos
recibió inmigrantes europeos por
un largo período. El país se
basa en la eliminación y el
exterminio de la población
indígena, otro grave crimen, que
abrió el país para la
colonización. Querían traer
colonos. Eso duró hasta,
aproximadamente, un siglo atrás,
cuando otros fueron excluidos.
Pero hasta 1924 se aceptaron
europeos. En 1924 se sancionó la
primera ley importante de
inmigración, dirigida
prácticamente contra los
italianos y los judíos, que eran
del sur y este de Europa. No
querían a ninguno más de ellos
aquí. Esa es una de las razones
por las que los judíos no
pudieron escapar de Alemania.
Antes de que ocurriera el
Holocausto, no podían venir a
Estados Unidos, y eso fue
verdad, incluso después de la
Segunda Guerra Mundial. Este
tipo de miedo innato a los
extranjeros está profundamente
arraigado, hay mucho de
mitología en él. Tenemos que
remontarnos a, digamos, el
tiempo de la Conquista del
Oeste, por ejemplo, con la
tradición de lo que se llamó
anglosajonismo, que todos somos
de alguna manera anglosajones.
Por supuesto, es un disparate
terrible, como la mayor parte de
lo relacionado con el racismo,
pero como fenómeno cultural era
muy real. Y eso ahora juega un
papel significativo en sectores
importantes de la población
blanca que están, por un lado,
sufriendo bajo las políticas
neoliberales. Vale la pena
recordar que, para la mayoría de
la población en Estados Unidos,
los salarios reales se han
estancado o disminuido en los
últimos treinta años, desde que
comenzó el asalto neoliberal.
Los salarios reales de hoy de
los trabajadores varones, la
población blanca de clase
obrera, están cerca de lo que
eran en los años 60. No están
sufriendo al mismo nivel que en
Africa Central, pero, en
términos de riqueza y poder y
opciones de la sociedad, están
siendo reprimidos severamente, y
esto los hace sentir muy
amargados y enojados. Y sin un
movimiento liberal que realmente
funcione ni otros movimientos
progresistas, mucho de esto se
vuelve muy reaccionario, como
sucedió en otros lugares. Una
parte de ellos se vuelve hacia
el ultranacionalismo. “Nos están
sacando nuestro país”. Esto se
ve, principalmente, en la base
del Partido Republicano. Es por
eso que digo que Donald Trump es
realmente un payaso; obtiene un
enorme apoyo cuando habla de
conseguir que México construya
un muro para evitar que los
violadores y criminales invadan
nuestro país. Demasiado absurdo,
pero parece que, de todas
formas, eso se discute. Alcanza
resonancia en las personas que
realmente temen que algo malo
nos esté sucediendo, y siempre
es fácil echarles la culpa a los
de afuera. Es una realidad que,
dentro de un par de décadas, los
cambios demográficos que están
ocurriendo probablemente dejen
una minoría blanca frente a los
asiáticos, latinos. Y no hay
nada de malo en eso, excepto
que, para quienes se sienten
atacados en otros aspectos, esto
se convierte en una potencial
fuente de sentimiento
nacionalista extremadamente
peligroso. Algo similar está
sucediendo en Europa con la
huida de los refugiados de Siria
y del norte de Africa. Es un
fenómeno bastante sorprendente
que países como el Líbano,
Jordania o Turquía estén
recibiendo un gran número de
refugiados, pero Europa, una
sociedad rica, se lamenta por el
hecho de que podría recibir una
pequeña fracción de lo que está
llegando a estos países pobres.
Y Estados Unidos, que es un país
muy rico comparativamente, con
áreas despobladas enormes, no
está recibiendo a casi nadie, y
tiene un historial terrible en
cuanto a las personas que huyen
desde América Central y México.
—Usted opinó que Obama era
conservador y que el Partido
Demócrata se ha convertido en el
Partido Republicano moderado. La
exacerbación extremista de
derecha del Tea Party continúa
empujando a EE.UU. hacia la
derecha y ahora Trump encarna el
sentimiento popularmente. ¿Por
qué?
—El sistema político se ha ido
desplazando hacia la derecha por
una generación, como las
políticas neoliberales se fueron
implementando, perjudicando
enormemente a la sociedad y una
gran mayoría de la población
como en otros lugares.
—En su libro “Los guardianes
de la libertad” usted escribió
que “el propósito social de los
medios es inculcar y defender el
orden del día económico, social
y político de los grupos
privilegiados que dominan el
Estado y la sociedad […]
definiendo los temas que son
relevantes para el poder
establecido, no permitiendo al
público ejercer un control
significativo sobre el proceso
político, [con] selección de
temas, distribución de
intereses, articulación de
cuestiones, filtrado de
información, énfasis y tono, así
como manteniendo el debate
dentro de los límites de las
premisas aceptables”. Esto lo
escribió en 1988, ¿qué cambió en
este último cuarto de siglo?
—Con Edward Herman, mi coautor,
publicamos una segunda edición
en 2002, con una nueva
introducción, en la que hablamos
de algunas de estas cosas. Ha
cambiado un poco desde entonces,
pero no tanto. El surgimiento de
internet, básicamente, un logro
tecnológico desarrollado por el
Estado, junto con las
computadoras, que están
disponibles para todos. Ofrece
muchísimas oportunidades, pero,
como la mayoría de la
tecnología, ofrece oportunidades
para la liberación y también por
la coerción y el control. Está
disponible para ambos, y la
pregunta es cómo se utilizará.
Internet permite que las
personas tengan acceso a
información de muchas fuentes
diferentes que de otro modo no
estarían disponibles para ellos,
a opiniones, a participar en
debates y demás. Ofrece esas
oportunidades, pero tienen que
ser utilizadas. También ofrece
oportunidades para que las
personas gasten su tiempo en
pornografía y en los sitios web
que refuerzan sus prejuicios.
Ofrece oportunidades para el
gobierno, sobre todo el de los
Estados Unidos, pero a otros
también, para hacerse con el
control extremo sobre las
acciones de la gente, sobre
dónde están, qué están haciendo,
con quién están hablando, qué
están diciéndoles a otras
personas, lo que puede
convertirse en una técnica
extremadamente peligrosa de
dominación. Internet permite
todas estas cosas. No creo que
haya cambiado las conclusiones
de nuestro libro. Creo que la
idea base sigue siendo la misma.
Hay oportunidades disponibles, y
la pregunta es cómo se van a
utilizar. Sabemos muy bien cómo
los sistemas de poderes van a
utilizarse. No sólo el gobierno.
También las grandes empresas,
como Google, Amazon y otros
están realizando esfuerzos muy
avanzados de vigilancia y
esfuerzos para influir en las
preferencias, opciones, el
comportamiento. Esa es la manera
en que, por supuesto, va a ser
usado. La población puede usarlo
como una oportunidad para la
liberación, para la extensión de
la democracia, para la lucha
contra los sistemas opresivos y,
en cierta medida, eso está
pasando, pero cómo usamos las
oportunidades disponibles para
nosotros está realmente en manos
de la gente de estos países.
Podrían haber dicho lo mismo
sobre la prensa escrita, y sobre
las bibliotecas, los periódicos
y otros medios. Y ahora podemos
decirlo sobre internet. No creo
que cambie nada fundamental en
términos de la relación de
poder, sólo la disponibilidad de
la tecnología que da
oportunidades para llevar
adelante acciones en los
momentos de movilización
popular, de la educación, lo que
puede provocar un cambio
sustancial.
—Usted sostenía en los 80 que
“la propaganda es a la
democracia como la violencia a
la dictadura”, ¿esto se
intensificó aún más hoy en día?
—Me parece que sucede lo mismo.
—En su artículo de 2012
“Consentimiento sin
consentimiento” usted desarrolla
la información de la opinión
pública que implicaría el
consentimiento de los
gobernados. ¿Cómo podría
explicar esta actitud pasiva de
la audiencia si la mente como
estructura biológica está
preparada para elaborar?
—Como dijo John Milton, “la
mente es un lugar extraño”. Los
seres humanos tienen muchas
propiedades complejas. No sé si
estoy de acuerdo acerca de la
“actitud pasiva”. La gente puede
aceptar por muchas razones, como
carecer de alternativas
percibidas. Esta es la tarea de
los activistas y organizadores
para curar este mal.
—En su libro “Reflexiones sobre
el lenguaje” usted afirmo que
“los seres humanos están
igualmente dotados para aprender
cualquier lengua”. ¿A qué
atribuye la afirmación de que
hay lenguas mejor predispuestas
para determinadas
subjetividades, como el italiano
para lírica, el alemán para las
ciencias sociales, el francés
para el amor?
—Diderot una vez predijo que el
francés sería el idioma de la
ciencia, mientras que el alemán
y el inglés serían los de la
literatura. Otras propuestas
similares tienen el mismo mérito
es decir, ninguno.
—¿Usted cree que el idioma
chino en el siglo XXII sería
como el inglés de hoy en día?
—Si se refiere a que puede ser
una lengua internacional, eso es
concebible.
Fuente:
http://www.perfil.com/internacional/La-corrupcion-fue-tan-grande-en-Sudamerica-que-se-desacreditaron-a-si-mismos-y-desperdiciaron-grandes-oportunidades-20151025-0008.html
|
|