Ante la COP 21, parís 2015
REDH
“La solución no puede ser
impedir el desarrollo a los que
más lo necesitan. Lo real es que
todo lo que contribuya hoy al
subdesarrollo y la pobreza
constituye una violación
flagrante de la ecología. (…) Si
se quiere salvar a la humanidad
de esa autodestrucción, hay que
distribuir mejor las riquezas y
tecnologías disponibles en el
planeta. Menos lujo y menos
despilfarro en unos pocos países
para que haya menos pobreza y
menos hambre en gran parte de la
Tierra. (…) Cesen los egoísmos,
cesen los hegemonismos, cesen la
insensibilidad, la
irresponsabilidad y el engaño.”
Fidel Castro, Río de Janeiro,
1992.
[23.11.2015]-
Actualización 11:30 pm de Cuba
Han pasado tres años desde que
se realizara en junio 2012, la
Cumbre de los Pueblos paralela a
la de Naciones Unidas conocida
como Rio+20. En aquel momento la
Red En defensa de la humanidad
hizo un llamado a los
movimientos sociales, a líderes
sociales en general, gobiernos,
y a todas las personas de buena
voluntad a movilizarse en contra
del modelo suicida que se ha
impuesto al mundo, y que nos
deja como única alternativa la
extinción de la especie humana.
Hoy, a las puertas de la COP 21,
París 2015, donde se espera la
firma de un nuevo acuerdo
climático, no existen motivos
para estar satisfechos, pues
nada nos induce a pensar que
habrá consenso en adoptar las
verdaderas soluciones que
reclama la gravedad del momento.
Cabe retomar la consigna
abrazada en Copenhague: No
cambiemos el clima ¡Cambiemos el
sistema! Si no enfrentamos las
verdaderas causas de la
catástrofe, no podremos
evitarla.
En la Conferencia Mundial de los
Pueblos sobre Cambio Climático y
Defensa de la Vida, celebrada en
Tiquipaya, Bolivia, del 10 al 12
de octubre de este año, los allí
presentes adoptaron la decisión
de retomar por su vigencia, y
así quedó recogido en la
Declaración Final, el mensaje
que la Red En defensa de
humanidad hiciera en junio de
2012 a la Cumbre de Río+20 y
exigir, por todos los medios a
nuestro alcance, ante el sistema
de organismos internacionales de
las Naciones Unidas:
Refutar la pretensión de las
nuevas tesis planteadas en torno
a la “economía verde”. Rechazar
este concepto y cualquier otra
forma de explotación por parte
del poder transnacional y exigir
un abordaje multisectorial y
multidimensional del
enfrentamiento a la crisis.
Condenar la privatización de los
recursos naturales y toda forma
de mercantilización de la
naturaleza. Reconocer y valorar
la concepción integral de la
vida de las culturas originarias
y de los principios de
solidaridad, igualdad,
complementariedad y reciprocidad
en que se basan alternativas
como el Buen Vivir y otras, para
la relación armónica con la
naturaleza y la supervivencia de
la especie humana.
Reconocer la urgencia de colocar
la defensa de los derechos de
nuestra especie y de la
naturaleza como eje central de
las negociaciones e instrumentos
normativos internacionales en
detrimento de los derechos del
capital. Desde esa perspectiva,
reconocer la necesidad de un
tribunal penal sobre el
ambiente.
Que se condenen las guerras, las
políticas imperiales y la
carrera armamentista como las
mayores agresiones al medio
ambiente y a la preservación de
la especie humana, tanto por sus
consecuencias directas como por
los gastos incalculables que
provocan. Estos recursos bien
podrían utilizarse para
solventar los principales retos
sociales y medioambientales que
enfrenta la humanidad. Que se
denuncie el carácter suicida de
los arsenales nucleares y se
demande su eliminación y
prohibición absoluta.
Que las autoridades públicas
asuman como obligación principal
aplicar un enfoque basado en los
derechos de sustentabilidad,
bienestar y progreso de la
sociedad, y se reivindique la
responsabilidad inexcusable de
los gobiernos de proporcionar
servicios esenciales para la
vida a la totalidad de los
ciudadanos. Que cambien
radicalmente los indicadores de
desarrollo y progreso para que
tengan en cuenta los costos
ambientales, la equidad social y
el desarrollo humano.
Que se reconozca como
imprescindible la transformación
de los patrones de producción,
consumo y distribución del
ingreso. La búsqueda de
acumulación creciente de
ganancias y la orientación de la
producción en función de la
demanda solvente y no de la
necesidad social, propia del
sistema capitalista, no puede,
ni podrá nunca, generar
igualdad, eliminar la pobreza,
ni garantizar un desarrollo
armónico con la conservación del
medio ambiente. La urgencia real
de migrar hacia tecnologías no
contaminantes no puede reducir
los análisis a aspectos
meramente tecnológicos.
Que el principio de
responsabilidades comunes pero
diferenciadas, reconocido en la
Declaración de Río, se traduzca
en reales mecanismos de
financiación, flexibilidades y
políticas de acceso a la
tecnología y el conocimiento
para los países más necesitados
y en obligaciones ineludibles
para los países
industrializados.
Denunciar el cínico “discurso
limpio” de las potencias del
Norte que intentan hoy inculpar
a los países del Sur mientras
ocultan su responsabilidad
histórica y presente en el
atraso de las tecnologías de
esos países y en la deformación
de sus economías y favorecen las
operaciones “sucias” de las
transnacionales en el Sur. Las
marcas y patentes “verdes” deben
ser denunciadas como un renovado
y peligroso mecanismo de
reafirmación de la dominación
hacia todos los países
tecnológicamente dependientes.
Que la Cumbre se pronuncie por
la imprescindible evaluación
precautoria de las tecnologías
según sus impactos sociales y
ambientales. Debe gestarse con
urgencia una Convención mundial
para el control de tecnologías
nuevas y emergentes, basada en
el principio de precaución y la
evaluación participativa.
Denunciar la llamada
obsolescencia programada y que
se favorezcan las tecnologías
que atiendan a la máxima vida
útil de los productos,
beneficien la estandarización,
la reparación, el reciclaje y un
mínimo de desechos, de manera
que se satisfagan las
necesidades humanas con el menor
costo ambiental.
Condenar el control del comercio
mundial por las transnacionales
y el papel de la Organización
Mundial del Comercio (OMC) en la
imposición de acuerdos que
legitiman la desigualdad y la
exclusión e impiden el ejercicio
de políticas públicas soberanas.
Promover acciones concretas para
lograr un intercambio comercial
más justo, y en armonía con los
requerimientos medioambientales.
Acordar medidas concretas para
frenar la volatilidad de los
precios de los alimentos y la
especulación en los mercados de
productos básicos, como medio
indispensable para combatir el
hambre y la pobreza.
Denunciar la compra masiva de
tierras en países del Sur por
parte de potencias extranjeras y
multinacionales para explotar
sus recursos naturales o
dedicarlos a proyectos que
comprometen el medio ambiente o
el equilibrio de sus
ecosistemas.
Promover un convenio marco para
la responsabilidad ambiental y
social de las empresas y
legislaciones nacionales que
condenen prácticas nocivas y
abusivas de las mismas, teniendo
en cuenta el carácter
transnacional de sus operaciones
Promover acciones de control
sobre la publicidad comercial,
la incitación al consumo
desmedido y la creación de
falsas necesidades, sobre todo
los dirigidos a la infancia y la
juventud, y establecer en cambio
políticas de impulso a la
publicidad de bien público, que
constituya fuente de información
y prácticas sustentables.
Que se realice un firme
pronunciamiento en favor de
orientar la educación y la
ciencia en beneficio del
desarrollo humano y no en
función del mercado, basada en
una nueva ética del consumo que,
sin sacrificar lo esencial de
las satisfacciones materiales,
rechace los productos fruto de
prácticas ecológicamente
agresivas o del trabajo esclavo
y de otras formas de
explotación.
Promover la revisión y
modificación del sistema de
propiedad intelectual vigente, a
la luz de las negociaciones
medioambientales, la agenda de
lucha contra el cambio climático
y los derechos humanos, de modo
que pueda facilitarse la
transferencia de tecnologías y
conocimientos prácticos
ambientalmente sanos, o el
acceso a ellos.
Exigir a la Organización Mundial
de la Propiedad Intelectual (OMPI)
como organización del sistema de
Naciones Unidas, que enfrente la
urgente necesidad de un cambio
de paradigma en torno a la
investigación científica
internacional y el conocimiento,
de manera que, dejando a un lado
los mecanismos de mercado,
fomente la necesaria
colaboración, la investigación
coordinada y la difusión y
aplicación de sus resultados a
gran escala. Que se implementen
por esta organización los
mecanismos necesarios para
propiciar en el menor tiempo
posible una transición
energética efectiva y las
medidas de mitigación del cambio
climático.
Que se promueva una reevaluación
integral del sistema de
gobernanza ambiental existente,
que ha demostrado ser incapaz de
frenar la catástrofe ecológica,
y se sienten las bases de uno
nuevo, inclusivo, auténticamente
democrático y participativo, que
se dirija a las causas profundas
de la crisis, y sea capaz de
promover soluciones reales a
estos problemas para las
actuales y futuras generaciones.
Generar un nuevo Contrato Social
en nuestros países y a escala
internacional.
Red En Defensa de la
Humanidad-Cuba / La Habana, 12
de noviembre de 2015
http://www.alainet.org/es/articulo/173655
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