China contra viento y marea
Por Hedelberto López Blanch
[08.12.2015]-
Actualización 6:00 pm de Cuba
Hace casi cuatro años, cuando en
diciembre de 2011 visité la
República Popular China, varios
analistas, economistas y medios
de comunicación occidentales
insistían en que la crisis
capitalista mundial afectaría el
desempeño de esa nación
asiática. En esa ocasión pude
comprobar que las previsiones
estaban equivocadas.
Cierto que si en 2011 el
Producto Interno Bruto (PIB)
creció hasta 9,4 %, al cierre de
2015 la cifra será de 7 %. Entre
los expertos que preveían ese
resultado, esta Zhu Ping, vice
jefe de Departamento de Asuntos
Exteriores del diario Economic
Daily, con quien conversé aquel
año en Beijing.
Zhu Ping explicó que el abrupto
desarrollo del país se debió a
la apertura iniciada en 1978 y
la base fundamental fue abrirse
al exterior y aprender las
experiencias de los países más
desarrollados lo que posibilitó
ahorrar tiempo para avanzar en
la industrialización y las
innovaciones con tecnologías
propias en todos los sectores.
Un ejemplo de lo que explicaba
el interlocutor era que por las
diversas ciudades se observaban
trenes y numerosos autos
confeccionados con tecnologías
netamente nacionales lo que
también se ha extendido a la
aeronáutica, las
telecomunicaciones de punta y la
rama militar.
Zhu me señaló que se contaba con
recursos humanos nacionales de
excelencia en las diferentes
esferas (universitarios y
técnicos superiores) que en 2015
serían 156 millones de personas,
y así se continuaría
perfeccionando y asimilando
nuevas tecnologías para ampliar
la demanda interna de sus
habitantes.
Se incorporarían capitales a
empresas de punta,
manufactureras y de la
agricultura para alcanzar una
economía eficiente, flexible y
con soporte fijo. Es decir,
aumentar la capacidad
adquisitiva de la población era
lo fundamental.
A pesar de los inconvenientes de
la crisis económica capitalista,
ya a finales de 2014, el fondo
Monetario Internacional (FMI)
declaraba que la economía de
China había desplazado a la de
Estados Unidos y ocupaba el
primer lugar a nivel global, con
un PIB de 16,46 % (17,6 billones
de dólares) contra un 16,27 %
norteamericano (17,4 billones de
dólares).
La cifra levemente superior se
vuelve relevante ya que de
acuerdo al FMI para el 2019 la
economía de Beijing será un 20 %
mayor que la de Washington, es
decir, el PIB del primero será
de 26,9 billones y el del
segundo de 22,1 billones de
dólares.
Cuando ahora muchos se preocupan
por la reducción del PIB de
China, ya la dirección del país
la tenía prevista para mejorar
las condiciones de vida de su
población.
Las declaraciones de la
directora gerente del Fondo,
Christine Lagarde durante una
asamblea del organismo efectuada
a principios de octubre en Lima,
fueron muy significativas y
realista cuando manifestó: “el
frenazo del gigante asiático es
un episodio pasajero y
manejable, pequeños baches en el
camino hacia una economía más
orientada al consumo”.
Recientes declaraciones del
economista de la Comisión
nacional de Desarrollo y Reforma
(CNDR), Du Feilun confirman los
análisis anteriormente expuestos
al decir que el 6,9 % logrado en
el tercer trimestre es
congruente con el objetivo de
crecimiento de China previsto
para todo el año que será de 7
%.
Feilum se basa en que
importantes indicadores
económicos, incluido los de
empleo y de precios, muestran
tendencias positivas de
estabilidad. En los primeros
nueve meses del año se crearon
10,66 millones de puestos de
trabajo en áreas urbanas que
sobrepasan la meta del gobierno
para todo 2015 que es de 10
millones.
Otro índice favorable es que el
consumo subió con fuerza ante el
crecimiento de los ingresos
residenciales a un ritmo más
rápido que el PIB.
Para Xiao Xiao, integrante de la
Comisión nacional de Desarrollo
y Reforma, los datos son lógicos
y estables pues la economía
nacional se encuentra en el
proceso de cambiar los antiguos
motores del crecimiento por
otros nuevos, con un fuerte
ímpetu de incremento en los
servicios, el consumo y los
sectores de alta tecnología, en
vez las exportaciones e
inversiones.
En los nueve meses transcurridos
el valor añadido de los
servicios representó el 51,4 %
del PIB, 2,3 puntos porcentuales
por encima al del mismo periodo
de 2014.
De enero a septiembre, la
producción industrial subió un
6,2 % interanual y la inversión
en activos fijos se elevó un
10,3 %. La inversión en bienes
raíces ascendió un 2,6 %,
mientras que las ventas
minoristas de bienes de consumo
se incrementaron 10,5 %.
La industria de alta tecnología
remontó un 10,4 % y el gobierno
está ampliando la inversión en
infraestructuras, incluidas vías
de ferrocarril, aeropuertos y
tuberías.
Como se observa, pese a los
malos augurios, la economía
China tiene mucha fuerza y será
la de mayor crecimiento entre
todos los países
industrializados.
Tomado de Rebelión