La banca
y su mano invisible
Por Alfredo Serrano
[08.09.2016]-
Actualización 11:00 pm de Cuba
Lo logró.
Frente a la tormenta
económica que afecta a los
países latinoamericanos, se
habla de precios,
estructuras de costes,
salarios, relaciones
comerciales y productivas,
tipo de cambio, y sin
embargo, pocos hablan del
papel del sistema financiero
en la economía real. La
banca es el gran actor
invisible en el debate sobre
la estabilidad
macroeconómica. Siempre
ausente en las exigencias
del FMI. Jamás aparece en
ninguna receta neoliberal.
Lo del ajuste y sacrificio,
no va con ella. Así da gusto
vivir.
En 2015,
Bolivia ocupó el segundo
lugar en crecimiento
económico de América Latina.
Hace
décadas que la banca se
sumerge en las profundidades
cada vez que viene una gran
tormenta económica. Se
esconde para evitar asumir
responsabilidad alguna. Tira
la piedra y esconde la mano.
El sector financiero,
altamente protagónico en el
modo de acumulación, resulta
ser el gran escapista en la
nueva época económica en
América latina.
La
hegemonía neoliberal se
impuso incluso en aquellos
países que reman a
contracorriente. La banca
nunca aparece en la foto
cada vez que se habla de
política económica. Parece
existir una suerte de veda
para preguntarse por ciertos
asuntos claves de la
política financiera. Y no me
estoy refiriendo a temas de
justicia ni democratización
financiera. No. La
preocupación es por su
ineficacia. Pero ni en ese
sentido se puede cuestionar
nada acerca del sector
financiero.
Nadie
puede discutir sobre el uso
del dinero de la banca.
Dinero, por cierto, que
procede en gran medida del
ahorro de la ciudadanía.
Queda prohibido cuestionar
la creciente burbuja
crediticia dirigida al
consumo a tasas de interés
altísimas. Los créditos al
consumo, en la región,
llegaron a crecer cerca de
20% anual durante la última
década. Imposible abrir la
boca sobre este tema. Ni
tampoco sobre el mal uso de
las carteras productivas; ni
del exceso de exigencias en
garantías que ahuyentan a
los pequeños y medianos
productores; ni de las
condiciones de
retornabilidad en plazos e
interés. También está vedado
debatir sobre el spread
bancario, esto es, el
diferencial entre tasa de
interés activa (préstamos) y
pasiva (depósitos). No se
puede poner el ojo tampoco
en el excesivo encaje legal
que inmovilizan ingentes
cantidades de dinero que
dejan de ser utilizados a
favor de la economía real.
Mucho menos revisar qué
sucede en las elevadísimas
reservas excedentarias
líquidas bancarias,
utilizadas con gran opacidad
en operaciones de corto
plazo con alta rentabilidad.
Y que a nadie se le ocurra
interrogar sobre la creación
de dinero de la banca
mediante simples ajustes
contables. Por ejemplo: el
90% del dinero mundial, es
creado por 28 bancos; solo
el 10% es responsabilidad de
los bancos centrales. No hay
forma de saber qué ocurre al
interior de esa caja negra
llamada sector bancario.
Tiene licencia para operar.
A pesar
que el sector bancario es
una pieza fundamental en el
metabolismo de cualquier
economía, pasa inadvertido
cada vez que se abre un
debate sobre la política
económica. El miedo y la
amenaza son sus principales
argumentos para que nadie le
pida explicaciones. Siempre
amedrentan con la corrida
bancaria. Es habitual
también escuchar entre sus
defensores que la buena
salud financiera asegura
estabilidad macroeconómica.
Eso es cierto, pero siempre
y cuando no sea a costa de
la mala salud de la
ciudadanía o de la economía
real.
Nadie
duda a estas alturas que la
banca es el gran ganador en
este siglo XXI en América
latina. Decía un ex director
para América Latina del
Fondo Monetario
Internacional (FMI), Claudio
Loser, sobre el sector
bancario, que “la ganancia,
debo decir, es un poco
sorprendente". Por ejemplo,
en Brasil, en plena recesión
económica, los beneficios
conjuntos de los cuatro
bancos principales
aumentaron en un 46% en el
primer semestre de 2015; en
México, se incrementaron las
ganancias casi un 14%; y en
Venezuela, las utilidades de
la banca en el primer
semestre del 2016 creció en
un 57%. Dicho en forma
clara: es como si la banca
fuese por un carril
diferente al resto de la
economía. Siempre cómoda en
su salón VIP.
¿Eso es
positivo? No. En absoluto.
La banca debería obtener su
ganancia mediante una
intermediación eficaz entre
ahorradores y prestatarios
para reactivar la economía
real. Los bancos recogen
dinero de los agentes
económicos (familias,
empresas y Estado) y lo
prestan de nuevo a los
mismos agentes. Esa es su
verdadera función. Y no
otra. Todos los recursos
disponibles deberían estar
en funcionamiento en aras de
una mayor inversión
productiva. Estamos ante la
necesidad de una nueva
política financiera que
impida que el dinero sea
usado en modo especulativo y
ocioso. La banca ha de remar
a favor de la generación de
nuevas riquezas. No queremos
una banca creadora de
burbujas, ni de capital
ficticio. La banca se ha
especializado en futuros y
derivados, que multiplican
en 126 veces el dinero
actual en circulación. Esta
banca es ineficiente para la
economía real con base
productiva.
O
cambiamos al sector bancario
con una nueva política
financiera. O nos cambian
ellos a nosotros, y nos
condenan a una economía sin
economía real. Y además,
injusta.
Blog Alfredo Serrano
Tomado de
telesur