Evasión
fiscal, un delito de ricos a
costa de los pobres
Por
Jérôme
Duval
[08.09.2016]-
Actualización 11:00 pm de Cuba
En los
países en vías de
desarrollo, al menos 250.000
millones de euros de
ingresos fiscales
desaparecen cada año en los
paraísos fiscales, es decir,
seis veces el importe anual
necesario para luchar y
vencer el hambre hasta 2025.
Cerca de
800 millones de personas
pasan hambre en el mundo,
principalmente en los países
llamados “en desarrollo”. No
obstante, en estos países,
al menos 250.000 millones de
euros de ingresos fiscales
desaparecen cada año en los
paraísos fiscales, o sea,
seis veces el importe anual
necesario para luchar y
vencer el hambre hasta 2025.
“Se ha calculado que entre
el 85% y el 90% de esa
riqueza pertenece a menos de
10 millones de personas
—apenas el 0,014% de la
población mundial—, y una
tercera parte como mínimo
pertenece a las 100.000
familias más ricas del
mundo, cada una de las
cuales posee un patrimonio
neto de 30 millones de
dólares como mínimo”, según
el Estudio final sobre los
flujos financieros ilícitos
de la ONU.
Son
entonces los más adinerados
los que se aprovechan de la
reducción de ingresos
fiscales por fraude, lo que
perpetúa y empeora las
desigualdades. Parece lógico
que los más ricos, que se
aprovechan de los beneficios
de sus empresas, tendrían
que contribuir con una
redistribución a favor de
los más pobres a través del
impuesto sobre los
beneficios de estas
empresas. Sin embargo, la
plusvalía generada por la
explotación de la fuerza
laboral se evapora en
territorios paradisíacos
para la oligarquía que
gobierna y legisla.
Se trata
de un robo organizado a gran
escala –ilegítimo y no
conforme a cualquier idea de
desarrollo humano– de una
riqueza que pertenece a
aquellos y aquellas que la
han creado con su trabajo, y
que debería financiar los
servicios públicos. De
hecho, el impuesto sobre los
beneficios, así no
redistribuido para el bien
común porque escapa al
fisco, permite al
capitalista optimizar la
plusvalía obtenida del
trabajo intentando,
ilegalmente o no, privatizar
su totalidad.
El fraude
obstaculiza el desarrollo
El fraude
y la evasión fiscal, que son
practicados por las
multinacionales ayudadas por
grandes sociedades de
auditoría, sobre todo (los
famosos big four: Deloitte
Touche Tohmatsu, Ernst &
Young, KPMG y Price
Waterhouse Coopers), son una
verdadera calamidad que
entorpece el avance de un
desarrollo real para las
poblaciones empobrecidas por
estas políticas.
Esta
hemorragia de capitales
impide la construcción de
hospitales y el empleo de
médicos con salarios dignos;
el equipamiento de escuelas
a la altura del reto
acompañado de una
contratación de profesores
para reducir el número de
alumnos por clase; la
implantación de redes de
suministro de agua potable,
etc. Para el periodo
2008-2012, Global Financial
Integrity estima que en 31
países en desarrollo las
salidas de fondos ilícitos
fueron superiores a los
gastos públicos de salud, y
que en 35 países en
desarrollo fueron superiores
a los gastos públicos de
enseñanza.
En su
informe Illicit Financial
Flows from Developing
Countries: 2004-2013, la
misma organización constata
que los países calificados
de “en desarrollo” y las
economías emergentes
perdieron 7,8 billones de
dólares en los flujos
financieros ilícitos desde
2004 hasta 2013, con salidas
ilícitas cada vez más
importantes, aumentando una
media de un 6,5% al año,
casi dos veces más rápido
que el PIB mundial.
CRECIMIENTO DE LAS
DESIGUALDADES
Tantas
necesidades evidentes y, sin
embargo, indispensables para
el avance de un verdadero
desarrollo se abandonan en
favor de una clase
oligárquica que no para de
enriquecerse. El Programa de
las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) ha
indicado que el 8% de la
población mundial más rica
recibe la mitad de la
totalidad de los ingresos,
mientras que la otra mitad
se reparte entre el 92%
restante. La riqueza
concentrada en manos del 1%
más rico ha ascendido al 48%
de la riqueza mundial en
2014 frente al 44% en 2010.
Durante los últimos 20 años,
las desigualdades de los
ingresos han aumentado en
los países en desarrollo.
El fraude
fiscal merece un poco de
seriedad, y sobre todo una
justicia que sancione a los
culpables. En ello va el
desarrollo de países
empobrecidos por el “sistema
deuda”. En su informe, el
experto independiente sobre
la deuda de la ONU, Juan
Pablo Bohoslavsky, insiste
en la necesidad de combatir
los flujos financieros
considerados ilícitos, que
“contribuyen a la
acumulación de una deuda
insostenible, porque la
falta de ingresos públicos
puede forzar a los gobiernos
a acudir a los préstamos
exteriores”.
En vez de
endeudarse para hacer frente
a esta hemorragia de
capitales que constituye el
fraude fiscal, dichos flujos
ilícitos privan a los
Estados de recursos que
podrían financiar
actividades indispensables
para la eliminación de la
pobreza y para la
consecución de derechos
económicos, sociales,
culturales, civiles y
políticos.
Al
término de este informe, una
resolución sobre la evasión
fiscal y la necesidad de
devolver los activos
malversados a los países
calificados de “en
desarrollo” fue adoptada a
nivel del Consejo de los
Derechos Humanos de la ONU.
El 24 de marzo de
2016,ningún Estado europeo
votó a favor. Bélgica,
Francia, Alemania, Países
Bajos, Suiza, Reino Unido,
Portugal, Albania,
Eslovenia, Letonia, Georgia,
la República de Corea, la
Ex-República yugoslava de
Macedonia, México y Panamá
se abstuvieron.
Artículo
publicado en francés en
Politis.fr. Traducido del
francés por Sylia Amrarene y
revisado por Fátima Martín.
Jérôme
Duval, miembro del Comité
para la Abolición de las
Deudas Ilegítimas (CADTM)*
Fuente:
https://www.diagonalperiodico.net/global/31292-evasion-fiscal-delito-ricos-costa-pobres.HTML