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Cuba, Estados Unidos y la duda razonable
Por Heriberto Rosabal
Cuestionamientos e incertidumbres rodean el futuro de las relaciones bilaterales ante la próxima asunción presidencial del controvertido Donald Trump en el país norteño. Un experto cubano opina

[26.12.2016]- Actualización  7:30 pm de Cuba

Jorge Hernández Martínez, profesor e investigador titular del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU), y presidente de la Cátedra Nuestra América, de la Universidad de La Habana, aceptó el pedido de El Economista de Cuba de responder algunas preguntas -básicas a nuestro juicio- sobre el curso probable de las relaciones Cuba-EE.UU., reiniciadas hace dos años, después de más de medio siglo prácticamente sin vínculos.

A continuación, resumido, el intercambio:

¿Qué saldo deja la gestión del presidente Obama en el retomado vínculo Cuba-Estados Unidos, qué beneficio queda para cada país, y hasta dónde realmente ha cumplido la demanda de Cuba respecto al bloqueo?
Quizás el mayor saldo que deja la gestión de Obama para el proceso en curso, de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, sea de carácter simbólico. Lo principal es la decisión del gobierno de Estados Unidos de admitir el fracaso de las políticas aplicadas durante casi seis décadas, y de acudir a otros medios para tratar de alcanzar los fines que ha perseguido sin éxito.

No se trata de una acción que implique abandonar las viejas metas de dominación, sino que se cambian los métodos, lo cual no es irrelevante. Ese proceso representa la posibilidad de salir del prolongado estancamiento entre Cuba y Estados Unidos.

El bloqueo se mantiene y su persistencia como sistema de leyes, regulaciones y restricciones impide el progreso de las relaciones bilaterales. Si Estados Unidos tiene un real interés en el desarrollo del proceso, el bloqueo va contra la dinámica en curso. Se ha hecho más flexible su aplicación, pero no han variado sus componentes esenciales, prosigue la persecución internacional a operaciones cubanas en el terreno financiero. Cuba mantiene su reclamo por el cese del bloqueo. La ilegitimidad de éste se ha hecho cada vez más notoria, a partir de los resultados de su discusión en Naciones Unidas.

En cuanto a beneficios, el fundamental para Cuba es que se ha abierto una etapa que simboliza la victoria de sus principios. Cuba no ha variado su política firme, basada en el respeto a la soberanía, la independencia, la seguridad nacional, el ejercicio de su capacidad de autodeterminación y solidaridad internacional, la defensa de su integridad territorial. Se abren oportunidades que le permitirán avanzar en su proyecto de justicia social, desarrollo económico, con vocación martiana y marxista. También aparecen nuevos retos. Muchos se inquietan por los riesgos que supone la influencia ideológica y cultural, el auge de los negocios y el comercio.

Para Estados Unidos el proceso conlleva múltiples oportunidades, incluyendo la de mostrar al mundo su capacidad de influencia. Desde luego, en el plano de las inversiones, el comercio, la agroindustria, el turismo, obtendrán también dividendos, aun cuando Cuba no sea un gran mercado.

¿América Latina y el Caribe, Cuba, pudieran ser prioridad en la política exterior de unos Estados Unidos gobernados por Donald Trump?
Con la excepción de momentos en los que la escena latinoamericana ha sido considerada crítica para sus intereses nacionales, no ha sido una prioridad para la política estadounidense. Son muchos los problemas que enfrenta ese país en su proyección mundial, como los que conciernen a sus relaciones con China, Rusia, los conflictos en el Oriente Medio.

Las principales prioridades se dirigen a Europa, Asia y el Pacífico, Oriente Medio. Habría que distinguir entre prioridad e importancia. América Latina conforma una región de gran importancia geopolítica y geoeconómica.
Desde este punto de vista, no habría grandes diferencias en el tratamiento a la región, sean demócratas o republicanos los que lleven las riendas.

Hasta cierto punto, existen razones para pensar que con Hillary Clinton el enfoque hubiese podido ser hasta más negativo. Trump ha mostrado su obsesión con México y se ha referido a Cuba, pero está por verse si sus expresiones en la campaña electoral y su retórica inicial triunfalista se van a traducir en una línea consecuente. El discurso y el decurso de los hechos no coinciden en la política norteamericana. La integración latinoamericana seguiría siendo un proceso que Estados Unidos obstaculizaría. La unidad de la región es algo que cualquier administración trataría de debilitar.

En su campaña, Trump primero aceptó el acercamiento a Cuba, luego prometió revertir las decisiones de Obama que lo propiciaron, hasta que aquí “se restauren las libertades”. Algunos lo avizoran como el presidente que incluso pudiera acabar con el bloqueo y otros como todo lo contrario. ¿Cuál cree puede ser, en definitiva, su política hacia Cuba?

La contienda presidencial que tuvo lugar en Estados Unidos en 2016 estuvo marcada por la crisis cultural que define a la sociedad norteamericana durante los últimos treinta años. Las elecciones de 2008, que hicieron posible llegara a la Casa Blanca un hombre de piel negra, se explica en buena medida por ese telón de fondo. Eso se repite en 2016, donde afloraron figuras anti-sistema, como la de Bernie Sanders, entre los demócratas, y la de Donald Trump, entre los republicanos. Ese mismo entorno explica que una mujer -fenómeno sin precedentes, como el de Obama en 2008- fuera candidata a la presidencia.

Así habría que entender el auge de Trump, aun en contra del propio Partido Republicano y del choque que representaba su populismo, xenofobia, racismo, misoginia; es decir, a partir de ese mito con el que se quiere definir a Estados Unidos y con las percepciones de una sociedad en la que aparentemente existían condiciones para que fuera elegida una mujer como Presidente.

Y en ese mismo marco es que habría que comprender la conducta de Trump, con su estilo, que muchos calificaron de desvergonzado, desquiciado, extravagante. Si se atendiera a sus pronunciamientos -que han sido inestables y contradictorios-, podrían vaticinarse opciones contrapuestas, entre una continuidad matizada de la política de Obama y la ruptura con esta.

Hasta determinado momento, Trump se manifestaba con su afiliación libertaria, dispuesto a no entrometerse en las intenciones de empresarios de invertir en Cuba, de los ciudadanos en ir como turistas, de ciertos negocios en comerciar con la Isla. Pareciera que endureció su discurso para atraer a electores de la Florida. Una vez electo, ha dado pasos en una dirección de extrema derecha, al apoyarse en funcionarios de esa tendencia.

Una mayoría de estadounidenses respalda normalizar relaciones con Cuba y el fin del bloqueo. ¿Influiría eso en la política del próximo gobierno de EE.UU. hacia Cuba? ¿Qué otros factores pueden influir, tanto en sentido positivo, como negativo?

No es exacto afirmar que la mayoría de los estadounidenses comparten ese interés. El tema cubano es muy desconocido en Estados Unidos, país gigantesco dominado por los medios de comunicación, la cultura de la banalidad, el hedonismo, el consumismo. En ocasiones se piensa que Estados Unidos son Nueva York, California, Miami. La campaña de solidaridad para la liberación de Elián y los Cinco Héroes mostró cuán alejados estaban millones de ciudadanos allí de tales temas, y que con frecuencia, ni sabían dónde estaba situada geográficamente Cuba.

En los círculos que siguen el tema cubano, se advierte una tendencia creciente que favorece las relaciones con Cuba. Ejercen cierta influencia los sectores empresariales relacionados con determinadas esferas de la industria, comercio, turismo, que se verían beneficiados con los espacios o posibilidades de la inversión extranjera en Cuba; también sectores agrícolas, vinculados a la producción y venta de arroz, cereales, bebidas.

Una parte de la población está interesada en viajar como turistas.
Ese conjunto tendrá representación entre republicanos y demócratas. Cuba es un mercado natural para Estados Unidos, situado muy cerca de ese país. La comunidad cubana asentada allí es un sector con intereses específicos como el de los académicos y periodistas, de instituciones y medios sobresalientes, que desempeñan influencia, hacen recomendaciones al gobierno, y condicionan estados de opinión.

Las posiciones de la Revolución Cubana, lo exitoso que resulte el desarrollo de las acciones encaminadas a la actualización del socialismo cubano, serán factores relevantes, junto a las percepciones que se forjen en Estados Unidos, en el reacomodo de su política bilateral.
¿Puede realmente Donald Trump, como presidente, revertir todo lo acordado entre EE.UU y Cuba desde el 17 de diciembre de 2014 hasta hoy? ¿Qué implicaría eso, tanto para EE.UU. como para Cuba?

Las prerrogativas de que dispone un presidente en un país como Estados Unidos son enormes, dada la condición del sistema político, que es presidencialista. Las condiciones que hacen viable o no una decisión de esa naturaleza responden a muchos factores, como los intereses y límites consustanciales al sistema, que trascienden a un presidente, en tanto son expresiones del Estado, ese gobierno permanente, y están por encima de los de una administración dada, que no es más que un gobierno temporal o pasajero. Las consecuencias de una regresión histórica serían, desde luego, muy negativas para ambas partes, y bastante obvias. Para Estados Unidos habría, además, una afectación sensible de su imagen internacional. Lo que suceda responderá a otra interrogante. ¿Trump será el Jefe de Estado o sólo el Presidente en ese país?

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