GPS Geoeconómico
Por Alfredo Serrano Mancilla
[16.12.2016]-
Actualización 7:00 pm de Cuba
Bolivia acuerda la venta de
gas con Brasil y Argentina
para el próximo año al mismo
tiempo que prioriza su
relación económica con Perú.
Ecuador acaba de firmar un
acuerdo comercial con la
Unión Europea. Venezuela
suscribe contratos
importantes con empresas
canadienses y alemanas para
explotar el arco minero.
Nicaragua continúa con su
financiación del Fondo
Monetario Internacional a
pesar de su relación
estratégica con China por la
construcción del canal. Cuba
tiene excelente relaciones
económicas con Francia y
España. La Argentina de
Macri se aferra al swap con
China para superar la
restricción externa.
Los empresarios paraguayos
cercanos a Cartes se
desviven para entrar en el
mercado interno venezolano.
Temer apuesta por consolidar
la relación de Brasil con
Rusia. México está más
atento a lo que pueda pasar
con el Norte que las
relaciones con cualquier
país latinoamericano. Por su
parte, Colombia sabe que su
relación económica con sus
vecinos, Ecuador y
Venezuela, es tan o más
importante que la que pueda
tener con los países de la
Alianza del Pacífico.
Frente a tales
contradicciones, cualquier
análisis geoeconómico
convencional afirmaría que
los países latinoamericanos
se han vuelto locos. Pero
no. Estamos ante un momento
de clivaje en el
comportamiento de las
relaciones económicas en la
esfera internacional. Frente
a la sostenida contracción
de la economía mundial, cada
quién busca salvarse como
pueda.
Estamos ante un momento de
clivaje en el comportamiento
de las relaciones económicas
en la esfera internacional
La anatomía geoeconómica ha
cambiado en el mundo, y en
consecuencia también lo ha
hecho en América latina.
Existe a día de hoy un
patrón de relacionamiento
económico que trasciende los
bloques y alianzas políticas
del siglo XXI. Es importante
pertenecer al ALBA-TCP, pero
mucho más fundamental es la
relación de intercambio
comercial con cualquier otro
país que ayude a captar
divisas ante un escenario de
caída de los precios de los
commodities. Este fenómeno
no es únicamente
característico del bloque de
países de cambio, sino que
también ocurre algo similar
en los países de signo
político neoconservador. Por
ejemplo, la Alianza del
Pacífico presume de una foto
conjunta de presidentes,
pero lo que hay de verdad es
que cada quién avanza por su
cuenta con absoluta
descoordinación con el
resto. Otro buen ejemplo
reciente es lo que ha venido
ocurriendo con la Comunidad
Andina de Naciones. Hace
unos años, iniciaron la
negociación bloque a bloque
con la Unión Europea, pero
progresivamente se fueron
desmantelando hasta el punto
que cada cual tomó su
camino.
En esta nueva época, cada
país ha emprendido una
dinámica propia de inserción
individual-nacional en el
mundo. Nadie se sale del
bloque de integración al que
pertenece, pero la prioridad
está en buscarse la vida lo
mejor que se pueda en el
mapa económico mundial. Vale
pactar con Dios y con el
Diablo. La diferencia está
en que unos venden su
soberanía mientras otros no.
Emerge así un nuevo
paradigma de relaciones
internacionales en el que se
diluyen las fronteras
tradicionales de las
alianzas políticas, y donde
se impone otra geoeconomía
de época. La CELAC y Unasur,
el ALBA-TCP y Petrocaribe,
la Alianza del Pacífico,
todos estos continuarán
siendo importantes espacios
de convivencia política, que
no desaparecerán, pero que
comienzan a quedar
subordinados a intereses
económicos de cada país con
otros socios. Se viene una
vieja-nueva forma
individualista y autónoma de
relacionarse económicamente
en el mundo.
Estamos entrando en una
nueva era de creciente
darwinismo geoeconómico que
no debe leerse en clave de
retroceso. Es parte de la
metamorfosis que se da
siempre que existe un
proceso de quiebre-reacomodo
del modelo capitalista
global. Se reconcentran las
transnacionales; se producen
intensos procesos de
fusiones y absorciones; se
resitúan las grandes
potencias en tablero
mundial; se acelera la
guerra de monedas; se
disputa cada gran inversión;
aparecen nuevas
instituciones financieras.
En consecuencia, el orden
económico global muta y se
transforma. Y frente a ello,
cada país resetea su propio
GPS recalculando nuevas
rutas geoeconómicas.
Tomado de RT