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La Revolución de Octubre y los primeros pasos de la economía socialista en la URSS (I)
Por José Luis Rodríguez

[06.11.2017]- Actualización  9:30 pm de Cuba

En los días en que se celebra el centenario del triunfo de la Revolución de Octubre, es necesario y útil volver la mirada a los primeros años del socialismo en el poder para aquilatar el valor de Lenin y sus compañeros que se lanzaron a la creación de un nuevo régimen social más justo. En este empeño se carecería en muchos aspectos de las bases económicas indispensables para la sociedad socialista, en cuya creación se apreciarían también notables avances, pero enfrentando limitaciones y errores, que incidirían de igual modo en la historia posterior de la URSS.

En aquellos cruciales momentos no escapó a la comprensión del líder bolchevique la enorme importancia de la transformación del hombre para –con una visión revolucionaria muy audaz- proclamar como las ideas justas podían ser también un factor que impulsara el avance económico y social. Ante el criterio dogmático de que Rusia no había alcanzado un nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas que hiciera posible el socialismo, Lenin argumentó “Si para implantar el socialismo se exige un determinado nivel cultural (aunque nadie puede decir cual es este determinado “nivel cultural”, ya que es diferente en cada uno de los países de Europa Occidental), por qué, entonces, no podemos comenzar primero por la conquista, por vía revolucionaria, de las premisas para este determinado nivel, y luego, ya a base del poder obrero y campesino y del régimen soviético, ponernos en marcha para alcanzar a los demás pueblos?”[1]

El enorme valor de esas ideas fue también percibido por el Che que decía en 1964 al debatir sobre la construcción del socialismo en Cuba “…cuando el atraso es muy grande, la correcta acción marxista debe ser atemperar lo más posible el espíritu de la nueva época, tendiente a la supresión de la explotación del hombre por el hombre, con las situaciones concretas del país; y así lo hizo Lenin en Rusia recién liberada del zarismo y se aplicó como norma en la Unión Soviética.

“Nosotros sostenemos que toda esa argumentación, absolutamente válida y extraordinaria por su perspicacia en aquel momento, es aplicable a situaciones concretas en determinados momentos históricos.”[2]
De este modo, una inédita coyuntura se enfrentaría por vez primera con el triunfo de la Revolución de Octubre en noviembre de 1917 en uno de los países más atrasados el mundo capitalista, lo que fue seguido de una cruenta guerra civil, que –si bien fue ganada por las fuerzas del Ejército Rojo a inicios de 1921- dejaría un país arruinado como escenario de partida para comenzar las transformaciones económicas indispensables, propias de la transición al socialismo.

Haciendo un análisis realista de la situación en la que se encontraba Rusia y sin perder de vista la necesidad de sobrevivir, manteniendo como objetivo estratégico el socialismo, Lenin proclamó en marzo de 1921 la necesidad de un retroceso táctico en el avance al socialismo, al reconocer el bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y aceptar la necesidad de reconstruir primero la economía nacional, abriendo un espacio a las relaciones mercantiles y a un cierto grado del desarrollo capitalista, hasta recuperar un nivel mínimo de crecimiento que permitiera retomar el avance de la Revolución.

La Nueva Política Económica (NEP) que se implantó entonces supuso riesgos y concesiones que no fueron fácilmente acogidas en el propio seno del Partido Bolchevique, donde diferentes facciones evaluaron como inaceptables las medidas propuestas por Lenin. Un factor adicional que complicaría aún más la situación, es que la política del comunismo de guerra -implementada durante la guerra civil-, parecía a los ojos de muchos, como la más revolucionaria al avanzar hacia una distribución igualitaria de los bienes y concentrar la acumulación en función de los intereses del gobierno soviético de forma casi completamente absoluta.
Al referirse a la política del comunismo de guerra, Lenin señalaría en 1921: “El comunismo de guerra nos fue impuesto por la guerra y la ruina. No era, ni podía ser, una política que correspondiera a las tareas económicas del proletariado. Fue una medida provisional.”[3]

Desafortunadamente la enfermedad del líder bolchevique le impidió ya en 1922 y hasta su muerte en enero de 1924, participar a fondo en las discusiones que se suscitaron. El tema mostró ser muy complejo y polémico y el debate en torno a la NEP se ha extendido hasta el presente.[4]

A pesar de las dificultades, la aplicación de la NEP permitió al país de los soviets recuperar los niveles de actividad económica anteriores a la guerra hacia 1926. Sin embargo, esa recuperación se produjo sin que ocurriera un cambio en la estructura económica del país que le permitiera emprender un verdadero proceso de desarrollo.

En efecto, el valor de la producción industrial en 1926 había crecido 5,5 veces en relación con 1921 y resultaba 8,1 % superior al nivel de 1913; la cosecha de cereales se duplicó, alcanzando el 96 % del volumen de pre guerra y el salario medio de los obreros pasó de 10,15 rublos mensuales en 1920-1921 a 28,57 en 1925-1926, para un incremento del 280 %.

Por otro lado, se había creado una economía mixta con una agricultura abrumadoramente privada, un comercio y una pequeña industria también privatizados, que además de hacer más compleja la planificación, introducía un cambio en la composición de las clases sociales que amenazaba el proyecto socialista desde todo punto de vista.

La situación sociopolítica se hizo más compleja, ya que globalmente el sector privado generó 54,1 % de la renta nacional en 1925-1926; su peso en la industria llegó al 89,7 % en 1924 y representaba un 77,7 % dos años más tarde, al tiempo que su incidencia en la producción en 1926 era del 39 %; el comercio minorista privado llegó al 78 % del total en 1922-1923 y se mantenía en 42,5 % en 1926; y los campesinos privados cubrían 98,3 % de la superficie agrícola sembrada en 1927. Por su parte la composición clasista de la sociedad rusa en 1926 era de 61,1 % de campesinos medios y pobres, 35,6 % obreros y 3,3 % kulaks o campesinos acomodados y ricos.[5]

Como puede apreciarse, entre 1921 y 1926-1927 no se había avanzado en la socialización de la producción agropecuaria mediante la creación de cooperativas que permitieran acercar más al pequeño productor privado a los intereses sociales. Esta situación mostraba la desatención al alerta expuesto por Lenin en 1923 en su trabajo “Sobre la cooperación”, acerca de la importancia que este proceso tenía para dar una solución política a la contradicción de intereses que inevitablemente se produciría entre el campo y la ciudad y entre el desarrollo de la agricultura y el desarrollo industrial.[6]

A lo largo de estos años se llevaría a cabo un intenso debate político y económico sobre el camino a seguir en la estrategia de desarrollo económico una vez rebasada la NEP. Igualmente, en la medida en que se estabilizaba la economía soviética de entonces, resultaba un tema polémico qué interpretación dar a las relaciones monetario mercantiles en la construcción del socialismo.

No existían discrepancias en torno a que sería un proceso de industrialización lo que permitiría a la URSS remontar el subdesarrollo. Sin embargo, la escasa disponibilidad de capital para inversiones había obligado a trabajar más en la restauración de las capacidades existentes que en el impulso hacia la creación de nuevas industrias.

Así, lo que pasó a debatirse intensamente a partir de 1923-1924 fue el modo de emprender el proceso de industrialización y esta discusión envolvería la determinación sobre las relaciones entre la industria y la agricultura, entre la ciudad y el campo y, como aspecto central desde el punto de vista político, el carácter de las relaciones entre los obreros y los campesinos.

En pocas palabras, lo que estaba en discusión era como llevar adelante la transición entre el capitalismo y el socialismo.

A pesar de las dificultades, la flexibilidad que supuso la aplicación de la NEP permitió al país de los soviets sobrevivir y recuperar los niveles de actividad económica anteriores a la guerra hacia 1926. Sin embargo, esa recuperación se produjo todavía sin que ocurriera un cambio en la estructura socioeconómica del país que le permitiera emprender un verdadero proceso de desarrollo.

(Continuará)
Notas:
[1] V.I. Lenin “Nuestra Revolución” Obras Escogidas en tres tomos, Tomo III, p. 818. Editorial Progreso, Moscú

[2] Ver Ernesto Che Guevara “La planificación socialista, su significado” en El Gran Debate sobre la economía en Cuba 1963-1964, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004, p. 141.

[3] V. I. Lenin “Sobre el impuesto en especie” Obras Escogidas en tres tomos, Tomo III, Editorial Progreso, Moscú, p. 639.

[4] El Che también reconocería esta política como necesaria y específica de las condiciones de la URSS en aquellos momentos, pero advirtió sobre la tendencia a considerarla como una regularidad del socialismo para todos los países. “Como se ve la situación económica y política de la Unión Soviética hacía necesario el repliegue de que hablara Lenin. Por lo que se puede caracterizar esta política como una táctica estrechamente ligada a la situación histórica del país, y, por tanto, no se le debe dar validez universal a todas sus afirmaciones.” Ernesto Che Guevara “Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento” Op. Cit. p. 68

[5] Salvo otra indicación específica, los datos económicos de esta etapa provienen de Alec Nove “Economic History of USSR 1917-1991” Penguin Books, London, 1992 Chapters 3 & 4.

[6] V. I. Lenin señalaba en enero de 1923 que “Al pasar a la NEP fuimos demasiado lejos, no con respecto a darle mucho espacio al principio de la industria y el comercio libres, sino que al pasar a la NEP fuimos lejos en tanto que hicimos caso omiso de la cooperación, porque ahora no valoramos la cooperación, porque ya empezamos a olvidar la enorme importancia de la cooperación…” “Sobre la cooperación”, La última lucha de Lenin. Discursos y escritos (1922-1923)” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2011, p. 245.

(Cubadebate)

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