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¿Quién es Fidel?
Por Ania Terrero
La única manera de mantener a Fidel y sus principios vivos en la Cuba que vendrá es entenderlo a plenitud y seguir su ejemplo. El riesgo más grande es, en definitiva, colocarlo en un pedestal

[25.11.2017]- Actualización  9:30 pm de Cuba

La pregunta ha estado latente desde el principio y en todo el camino hasta aquí: desde que empezó este suplemento y en cada una de sus páginas, desde que la muchacha de la portada se sentó frente a la computadora, desde que nueve estudiantes de Periodismo se reunieron en un aula de la Facultad de Comunicación para llenar la pizarra de ideas dispersas mientras se cuestionaban, una y otra vez, qué historias contar.

Porque en realidad la muchacha no existe. O existe de muchos modos. Ella es la suma de todos nosotros, los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y del Instituto Superior de Diseño que pensamos, diseñamos y redactamos este suplemento especial de principio a fin. Ella es también el símbolo de una generación.

Nuestra generación no conoció a Fidel de cerca. Lo vimos en algunos de sus últimos actos públicos y aprendimos quién era leyendo, escuchando, en la escuela, por nuestros padres. Fidel se nos volvió, sobre todo, un mito: un héroe de discursos sublimes, hazañas inmensas y logros irrepetibles.

El 25 de noviembre de 2016, cerca de las 11 de la noche, Fidel Castro, el hombre, murió. Y corrimos el riesgo de quedarnos solo con el héroe. Porque al niño enamorado de la naturaleza, al joven deportista, al estudiante universitario, al hombre pícaro con respuestas sutiles, al barbudo soñador, al buen lector, al que creía en la justicia social como punto de partida de cualquier proyecto, no lo conocíamos con profundidad.

Muchos repetimos convencidos la consigna que salió de entre la gente: Yo soy Fidel. En medio de aquel silencio raro en el que se sumió la Isla confirmamos que, a pesar de no haberlo conocido bien, Fidel había dejado marcas en nosotros. Probablemente no fuimos hasta aquellos días conscientes de cuánto lo habíamos aprehendido. Y en aquel momento fue suficiente.

Un año después no basta con repetir la frase. Entender todo lo que implica identificarse con Fidel y decirse igual a él es un paso decisivo en la construcción de los roles de esta generación. Hay que seguir viviendo, sí, pero sobre todo hay que aprender a seguir viviendo.

Cuba está ahora ante su mayor desafío. La actualización de nuestro modelo económico y social junto con el paulatino proceso de cambios nos ponen una vez más frente al reto de transformar muchas cosas para que la esencia siga siendo la misma. Nosotros, los jóvenes, siempre seremos protagonistas.

La única manera de mantener a Fidel y sus principios vivos en la Cuba que vendrá es entenderlo a plenitud y seguir su ejemplo. El riesgo más grande es, en definitiva, colocarlo en un pedestal.

Con esa idea como punto de partida empezó este suplemento. Intentamos todo el tiempo, en cada trabajo, con cada perspectiva, poner el mito a contraluz, contar las historias del hombre, entender realmente quién era.

En algún momento comprendimos que 12 páginas no serían suficientes para mostrar tantas facetas, tantas historias, tantos rasgos. Hace falta mucho más espacio y tiempo para contarlo, pero fue un buen comienzo.

Nuestra Isla tiene muchas cosas por construir, pero habrá una certeza implícita en cada noviembre: Fidel definió la historia de Cuba. De cada joven que lo conozca, lo entienda y lo haga suyo, depende que sea parte del presente y del futuro.

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