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La mejor opción para EE.UU es acabar con la guerra comercial
Por Zhong Sheng

[09.04.2018]- Actualización  7:00 pm de Cuba

Beijing - EE.UU presionó el botón para iniciar una guerra comercial contra China de manera arrogante y perentoria, mientras que China de ninguna manera se someterá a tal movimiento irracional y arbitrario.

El país dio a conocer el miércoles una lista de productos valorados en 50.000 millones de dólares importados de Estados Unidos que estarán sujetos a aranceles más altos, que incluyen soja, automóviles, aviones y productos químicos.

La decisión, tomada por la Comisión de Aranceles Aduaneros del Consejo de Estado, implicó un posible arancel adicional del 25% sobre 106 artículos de productos en 14 categorías.

Fue una contramedida tomada después de que la administración de Estados Unidos anunciara una lista propuesta de productos sujetos a aranceles adicionales, que cubre exportaciones chinas por valor de 50.000 millones de dólares.

El arrogante Tío Sam, obviamente, ha subestimado los impactos negativos que la guerra comercial ejerce sobre sí mismo, y ahora es el momento de aprender de la realidad.

El programa de proteccionismo de Estados Unidos le ha traído resistencia en todo el mundo. Con el anuncio de la lista de aranceles propuesta de productos chinos basada en la llamada investigación de la Sección 301, Estados Unidos le está diciendo al mundo que está traicionando sus propias promesas y pisoteando las reglas del comercio internacional.

Al aprobar el Acuerdo de Marrakech en 1994, el entonces presidente de Estados Unidos, en un compromiso con el Congreso, prometió no utilizar la investigación de la Sección 301 para juzgar si un país extranjero viola las normas de la OMC.

El país una vez más se comprometió en 1998 a resolver disputas comerciales basadas en los procedimientos de la OMC después de que la UE presentara una queja ante la OMC por la investigación de la Sección 301.

Años más tarde, Estados Unidos se dio una bofetada al amenazar a China con sanciones comerciales unilaterales sin la aprobación del organismo de comercio mundial.

Estados Unidos nunca ha dejado de desacreditar a China echándole la culpa a este país y a otros socios comerciales por sus propios problemas, como los déficits comerciales y el aumento del desempleo. Lo que es más inexplicable es que la economía más grande del mundo siempre se etiqueta a sí misma como una "víctima" de la cooperación internacional.

Pero es bien sabido que la verdadera intención detrás de su desorden delirante es maximizar sus propios intereses encontrando excusas para las sanciones unilaterales.

Para ocultar sus motivos, creó algunas excusas infundadas para su provocación. Tal movimiento irrazonable de culpar a otros por sus asuntos internos indica que EE.UU ha ido más allá en el camino equivocado.

Por ejemplo, declaró que el aumento de la fabricación china ha perjudicado los intereses de EE.UU, pero los hechos demuestran que tal acusación no tiene consistencia en absoluto.

Los trabajos de fabricación en EEUU se han ido reduciendo durante 65 años consecutivos. El segmento contribuyó con un 8,5% a todos los empleos en EEUU en 2017, cayendo desde el 32% en 1953. La cifra ya había descendido al 12% cuando China se unió a la OMC en 2001.

La variación de los trabajos de manufactura es resultado de la gran influencia de las reformas tecnológicas y la creciente globalización de la cadena de suministro, señaló Stephen Roach, investigador principal de la Universidad de Yale, y añadió que Estados Unidos debería encontrar una cura para su propio desequilibrio económico y vitalidad decreciente que echarle la culpa a los demás.

Además, es una ridícula ilusión persecutoria que el Tío Sam atribuyese la innovación tecnológica de China a la "transferencia forzada de tecnología". La inversión extranjera en China se basa totalmente en actividades voluntarias basadas en el mercado, y China no tiene leyes que obliguen a las empresas extranjeras a transferir sus tecnologías a los socios chinos.

China está implementando sin vacilaciones una estrategia de desarrollo impulsada por la innovación. Su estrategia "Fabricado en China 2025", un plan para mejorar el sector manufacturero, ayudará a transformar el país de un gigante de la fabricación en una potencia de la fabricación.

Pero su mejora en las capacidades de innovación y fabricación no tiene como objetivo vencer o reemplazar a EE.UU, sino crear mejores vidas para su propia gente y traer más beneficios para el mundo.

Estados Unidos está tratando de frenar el progreso de las industrias de alta tecnología de China creando más barreras comerciales, pero ese enfoque desfavorable está condenado al fracaso, al tiempo que se convierte en un blanco omiso de los avances económicos y científicos.

Gigantes industriales como General Electric y Goldman Sachs, así como algunas empresas agrícolas han expresado su preocupación de que Estados Unidos pierda la oportunidad de oro de participar en el mercado más rentable y de más rápido crecimiento imponiendo aranceles adicionales y restricciones a la inversión.

Las industrias de la tecnología e inversión de EE.UU esperan que el gobierno de EE.UU les ayude, pero lo que haga el gobierno podría conducir a un daño irreversible en su cadena de suministro establecida después de décadas de esfuerzos.

Estados Unidos tiene que entender que ningún país puede ser el chivo expiatorio de su dolor de cabeza económico. Si EE.UU se inclina por librar una guerra comercial a costa de la pérdida de ambas partes, China tiene la capacidad y la determinación de luchar hasta el final.

China también ofrece su sinceridad si EE.UU quiere sentarse a hablar, pero todo debe basarse en una consulta igualitaria y de respeto mutuo.
China nunca se rendirá ante la irracionalidad de EE.UU en la guerra comercial, y la única forma de que EE.UU reduzca pérdidas es pisando bruscamente el freno.

(El Pueblo en Línea)

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