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La política económica en Cuba: Valorando lo alcanzado y los retos a enfrentar (I)
Por José Luis Rodríguez

[02.08.2018]- Actualización  4:00 pm de Cuba

La sesión constitutiva de la Asamblea Nacional celebrada el pasado 19 de abril fue expresión de la continuidad de la obra revolucionaria, pero también constituyó un momento de reflexión, sobre los resultados de la aplicación de la política económica en Cuba entre el 2011 y la actualidad.
En efecto, el discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro fue un balance de los resultados de la política económica aplicada durante los siete últimos años, al expresar: “A pesar de lo ejecutado, que no es poco ni mucho menos, pensábamos que a estas alturas —cuando aprobamos o tomamos las primeras decisiones en el 6to.
Congreso del Partido, y en las reuniones posteriores de ese tipo— habríamos avanzado más, que ya tuviéramos, si no resueltos todos los problemas, bien organizado todo, bien planificado y en proceso de ejecución, con diferentes grados de desarrollo.” Más adelante precisaría: “Nunca nos hicimos ilusiones de que sería un camino corto y fácil. Sabíamos que iniciábamos un proceso de enorme complejidad, por su alcance, que abarcaba a todos los elementos de la sociedad, lo que requería vencer el obstáculo colosal de una mentalidad cimentada en décadas de paternalismo e igualitarismo, con secuelas significativas en el funcionamiento de la economía nacional.”

“A ello se sumó el ánimo de avanzar más rápido que la capacidad de hacer las cosas bien, lo que dejó espacio a la improvisación e ingenuidades, a causa de una insuficiente integralidad, incompleta valoración de los costos y beneficios y visión restringida sobre los riesgos asociados a la aplicación de varias medidas que, además, no tuvieron la conducción, control y seguimientos requeridos, lo cual determinó demoras y pasividad en la corrección oportuna de las desviaciones presentadas.”

Este medular discurso debe servir para reflexionar sobre lo logrado, pero sobre todo para meditar sobre lo que nos falta por hacer y los errores cometidos, partiendo –como revolucionarios- de la visión de que se trata de un vaso medio lleno y no un vaso medio vacío.

Lo primero que pudiera destacarse es que no se logró avanzar lo suficiente en la creación de las bases para el desarrollo del país –eje central de la estrategia económica implícita en los Lineamientos del 2011- lo cual pudo constatarse cuando en el 2016 se informó que se cumplió el 21% de los lineamientos previstos, quedando un 77% de ellos en proceso y un 2% en los que no se pudo iniciar el avance.

Desde otro punto de vista, para tener una idea de las dificultades basta revisar las soluciones a corto plazo previstas en los Lineamientos del 2011, donde se aspiraba lograr –simultáneamente- respuestas positivas para un mejor equilibrio de la balanza de pagos, eliminar obstáculos al crecimiento de la productividad del trabajo y avanzar en la creación de la infraestructura indispensable para el desarrollo.

El aspecto en el que se alcanzaron los mejores resultados fue precisamente en el proceso de saneamiento de la balanza de pagos mediante procesos de renegociación y pago de la deuda externa , requisito indispensable para obtener financiamiento externo e inversión extranjera directa. Sin embargo, en diversas ocasiones se partió del supuesto de que –una vez normalizada la situación con los acreedores- se recibirían nuevos créditos en una proporción similar a lo pagado, cosa que no sucedió. Por otra parte, la normalización de la deuda externa del país tuvo un elevado costo, ya que su servicio durante el período 2009-2017 alcanzó una cifra estimada cercana a los 23 000 millones de dólares , lo cual limitó objetivamente la posibilidad de elevar el monto de las inversiones o el consumo con recursos propios.

Al partir de un conjunto de premisas que resultaban de difícil cumplimiento, resulta evidente que primó una visión excesivamente favorable sobre las posibilidades objetivas para alcanzar rápidamente transformaciones estructurales en la economía nacional, estableciéndose –entre otros propósitos- metas de crecimiento muy elevadas. Al respecto cabe recordar que se fijó en el 2011 que la economía debía crecer un 4,4% promedio anual hasta el 2016, tasa solamente alcanzada o superada bajo condiciones excepcionales, como cuando se contaba con la colaboración del Campo Socialista a inicios de los años 80, o cuando se logró una relación de intercambio muy positiva con Venezuela, entre el 2004 y el 2008, unido a precios muy favorables para nuestro comercio exterior.

En realidad la economía logró un crecimiento de 2,3% entre el 2009 y el 2016, donde incidieron –además de los errores señalados por el presidente Raúl Castro- otro conjunto de factores que escapan en cualquier circunstancia a las técnicas de pronóstico más sofisticadas.
Baste en tal sentido mencionar el impacto de los huracanes de alta intensidad que azotaron en ese período al territorio nacional, donde destaca el nefasto record implantado por el huracán Irma en el 2017, con pérdidas calculadas en una cifra algo superior a los 13 000 millones de dólares, lo que repercutirá durante varios años en el desarrollo económico del país.

Tampoco puede pasarse por alto el recrudecimiento del bloqueo económico del gobierno norteamericano, luego de una efímera expectativa de que se lograría su desaparición bajo la administración de Barack Obama. En efecto, ya desde inicios del pasado año el gobierno de Donald Trump se encargó de borrar esa expectativa, elevando el costo de más de 55 años hostilidad continuada a 130 179 millones de dólares hasta el 2017.

Por otro lado, el balance de esta etapa no puede tampoco excluir la existencia de un grupo de errores e imprecisiones, que llevaron a los planteamientos expresados por Raúl en abril. (Continuará)

(Cubadebate)

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