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Fidel en infinitas dimensiones
Por Leidys María Labrador
Hoy cumple 92 años. Cumple, sí, en presente, porque de otro modo
obviaríamos su probada inmortalidad y negaríamos su constante
presencia, desde esa dimensión maravillosa llamada corazón del pueblo,
donde volvió a nacer, de manera espontánea

[13.08.2018]- Actualización  6:00 pm de Cuba

Hoy cumple 92 años. Cumple, sí, en presente, porque de otro modo
obviaríamos su probada inmortalidad y negaríamos su constante
presencia, desde esa dimensión maravillosa llamada corazón del pueblo,
donde volvió a nacer, de manera espontánea.

Una existencia como la suya debe ser celebrada, aún más allá de las
barreras corpóreas. Fidel dejó, en cada lugar a donde lo condujeron
sus certeros pasos, las más profundas huellas de esperanza y
humanismo, no porque aspirara con sus actos a reconocimiento alguno,
sino porque todo su ser devino unidad incorruptible entre pensamiento,
discurso y hechos.

Su existencia pudiera ser escrita a través de las palabras de quienes
lo conocieron y admiraron dentro y fuera de Cuba. Cada uno de los que
tuvieron el privilegio de tenerlo cerca, de compartir al menos un
instante con él, fueron iluminados para siempre por la inmensidad de
su pensamiento, por su espíritu incansable, por su profunda fe en la
posibilidad de un mundo mejor.

Penetrando en el sentir de sus compañeros de lucha, de sus amigos más
entrañables, de los continuadores de su ejemplo o de aquellos a
quienes inspiró su auténtica figura, solo hay un resultado final,
orgullo incalculable de saberlo cubano pero, al mismo tiempo, vemos un
Fidel en las más diversas dimensiones, en esas que lo hicieron
universal.

LA IMAGEN DEL FUTURO

Logró condensar en su persona cualidades que lo llevaron a ocupar, en
un momento histórico diferente, el mismo lugar del Apóstol, como líder
natural de la Revolución, y no por propio nombramiento, sino porque
quienes lo secundaron en sus anhelos de independencia vieron en él la
imagen del futuro. Una de las más hermosas pruebas de ello la dio Abel
Santamaría, cuando después de conocerlo escribió a su hermana:
«Yeyé, conocí al hombre que va a cambiar los destinos de Cuba. Es
Martí en persona».

Y qué razón tenía el joven revolucionario, su temprana percepción
cobró cuerpo después con el curso de la historia, y la nobleza,
capacidad de dirección, mentalidad estratégica y respeto infinito a
sus correligionarios, fueron cualidades cada vez más notorias en el
hombre proa del Movimiento 26 de Julio.

Así lo sintieron quienes lo acompañaron de corazón en la Sierra y en
los tiempos sin precedentes que vinieron después, como su hermano
argentino, el Che, quien aseveró con toda convicción:

« (…) si no­sotros estamos hoy aquí y la Revolución Cubana está aquí,
es sencillamente porque Fidel entró primero en el Moncada, porque bajó
primero del Granma, porque estuvo primero en la Sierra, porque fue a
Playa Girón en un tanque, porque cuando había una inundación fue allá
y hubo hasta pelea porque no lo dejaban entrar (…), porque tiene como
nadie en Cuba, la cualidad de tener todas las autoridades morales
posibles para pedir cualquier sacrificio en nombre de la Revolución».
Ese mismo hermano que al partir de Cuba, dejó plasmado en su carta de
despedida el más profundo de los afectos hacia Fidel:

« (…) si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último
pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy
las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo, al que trataré de ser
fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos (…)».

No hay un solo testimonio de esos otros grandes hombres que también
integraron la Generación del Centenario, que estuvieron codo a codo
junto al más avezado de los discípulos martianos, que no tenga para él
las más sentidas palabras de respeto y admiración. El entrañable autor
de La Lupe, el Comandante Juan

Almeida, vivió orgulloso de haberlo seguido, porque:
«Cuando Fidel nos trataba no miraba color, y eso emocionaba a uno (…)
Para mí Fidel es el hombre más grande de este siglo. Yo no he conocido
de una persona ni he leído de una persona, las cosas que he sentido y
que he visto de Fidel, por lo que ha hecho por la humanidad».
(Conversando con el Comandante Juan Almeida Bosque, de Estela Bravo).
Otro de los buenos, de los jóvenes que decidieron cambiar para siempre
el futuro de la Patria, el Comandante Ramiro Valdés, ha dicho que:
«Fidel, en pocas palabras, es la verdad de nuestra época. Sin
chovinismo, es el más grande estadista mundial del siglo pasado y de
este; es el más extraordinario y universal de los patriotas cubanos de
todos los tiempos». (Opinión escrita especialmente para el libro
Absuelto por la historia, de Luis Báez).

Inspiración para América

Nadie duda que existiera siempre en el Comandante en Jefe una especial
sensibilidad por la realidad de los pueblos de América y del mundo.
Ello implicó que se convirtiera también en fuente inspiradora de
nuevos procesos progresistas, esencialmente en nuestra región, y que
palabras como «amigo», «maestro», «profeta», fueran utilizadas muchas
veces para referirse a su figura. Algunos de los más grandes líderes
latinoamericanos han dado fe de ello:

«Él sobrecumplió su misión en esta tierra, la sobrecumplió más allá de
las expectativas más grandes que pudiera haber. Pocas vidas han sido
tan completas, tan luminosas. Se va invicto, eso es mejor, como dicen
ustedes, no se va, se queda invicto entre nosotros, absuelto,
¡absolutamente absuelto por la historia grande de la Patria!».
(Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de
Venezuela).

«Fidel ha sido un verdadero padre de los excluidos, de los marginados,
de los discriminados, de los más pobres del mundo. Fidel nos enseña
que el único camino de nuestros pueblos es la unidad y la integración.
Fidel es un verdadero constructor de la paz con justicia social». (Evo
Morales, presidente de Bolivia).

Y cómo olvidar el sentir de quienes, a pesar de su ausencia física,
hoy lo acompañan en la inmortalidad, como Hugo Chávez Frías, quien
descubrió en el líder cubano a un ser excepcional, cuyo ejemplo se
propuso seguir.

«Fidel es un gran detector de problemas, como un matemático, un
Pitágoras. Un Pitágoras social, él es un gran matemático social, para
solucionar los problemas de los pueblos. De tantas, tantas cosas que
admiro de Fidel, de esos 80 años de inmensidad esa es una de las que
más admiro, y trato de imitar. Fidel puede ser como un padre, un padre
más allá de las dimensiones humanas, más allá de los formatos, y yo
pudiera pensar que él me ve a mí como a un hijo».

Muchas veces denunció el eterno joven rebelde los ataques contra la
democracia de los pueblos, la injerencia del imperio en los asuntos de
otras naciones pero, sobre todo, el financiamiento a golpes de estado
que hicieron profundas heridas en el corazón de Latinoamérica.

Tristemente, un preclaro presidente fue víctima de uno de esos
terribles actos, un amigo entrañable de Fidel, Salvador Allende,
quien, durante la visita del líder de la Revolución a Chile en 1971,
dejó para la historia sus sentimientos hacia esta Isla y el inmenso
hombre que se convirtió para el mundo en símbolo de resistencia y
patriotismo.

«Cuba es una nación vinculada a la historia de América Latina, Fidel
Castro representa a una auténtica revolución y queremos intensificar
los tradicionales lazos amistosos que siempre han existido entre
nuestros países».

TESORO DE LA PATRIA

Es innegable el papel que jugó el Comandante en Jefe para la
dignificación de derechos como el acceso a la cultura y la educación.
En la construcción de esas premisas revolucionarias, estuvo muy cerca
de los artistas e intelectuales, quienes han defendido también su
propia definición de tan excelsa personalidad.

«Fidel es el tesoro de nuestra patria, es el punto coagulante del
proceso revolucionario. Sin Fidel, la Revolución habría existido pero
no sabemos cuándo, ni cómo sería esa Revolución. La Revolución aceleró
sus pasos, llegó a nuestro país tempranamente, más pronto que en
ningún otro país de la América Latina, más cercana que en ningún país
africano, con más rapidez que en muchos países de la Europa, porque
estaba Fidel, la conciencia vigilante de nuestro pueblo, el vigía que
miraba lejos, que vio en la menor de las posibilidades con Lenin, la
perspectiva revolucionaria a realizar y la realizó con energía, con
decisión, con entera dedicación». (Carlos Rafael Rodríguez, 90
Razones).

«Fidel es ante todo un revolucionario, un hombre que rechaza todo
dogma, un hombre que reinterpreta continuamente la realidad y cree en
las capacidades del hombre, el internacionalismo, en la vocación
redentora de todo revolucionario, eso es lo que lo aproxima y acerca a
los mejores valores». (Eusebio Leal, tomado de Cubadebate).

«Fidel es un hombre que merece respeto por la transformación que ha
sido capaz de concebir y llevar a cabo. Es una persona que le ha
entregado a nuestro país cada segundo de su existencia. Es un extraño
presidente que no tiene ni un solo dólar en banco extranjero alguno».
(Silvio Rodríguez, tomado del libro Absuelto por la Historia).

«Él no es local. Él es parte de la historia. No solo de nuestra
historia, sino de la historia de la humanidad. Pienso que es tan
grande que se convierte en una partecita, en una cosa sencilla. Si
sintiera lo grande que es, lo mataría el peso». (Alicia Alonso, tomado
del libro Absuelto por la historia).

En la historia y la leyenda

Qué decir de aquellos que tuvieron la oportunidad de entrevistarlo, de
escuchar de su propia boca las anécdotas inconmensurables de su
formación como revolucionario. Los que, como Ignacio Ramonet, pudieron
compartir cien horas con Fidel y descubrirlo:

«(…) íntimo, casi tímido, bien educado y muy caballeroso, que presta
interés a cada interlocutor y habla con sencillez, sin afectación. (…)
Nunca le oí una orden. Pero ejerce una autoridad absoluta en su
entorno. Por su aplastante personalidad.

« Pocos hombres han conocido la gloria de entrar vivos en la historia
y en la leyenda. Fidel es uno de ellos».

Otra arista muy especial de su vida fue su respeto hacia las mujeres,
a quienes tuvo siempre en un lugar privilegiado de los ideales de
equidad y justicia social que promulgó. Reconoció que sin el concurso
femenino la consolidación del proceso revolucionario sería imposible.

Vilma Espín, compañera de lucha no solo antes, sino después del
triunfo, y presidenta inolvidable de la Federación de Mujeres Cubanas,
supo definir lo que para las nacidas en esta Isla significaba el
Comandante.

«Queremos mucho a Fidel y él quiere y estima en todo su valor a las
mujeres, confía en nosotras, nos impulsa a ascender a lugares cimeros
en la vida de nuestro país, a conquistar la gran reivindicación
histórica de la igualdad entre los hombres y mujeres; nos alienta a
buscar vías y formas para lograr la identidad entre la teoría y la
práctica social, entre la igualdad que proclaman nuestras leyes y
principios revolucionarios y la realidad cotidiana, y contribuye con
las convicciones de sus ideas, a que toda nuestra sociedad vaya
comprendiendo gradualmente la necesidad de librar la batalla por el
pleno ejercicio de la igualdad de la mujer». (Tomado del libro
Absuelto por la historia).

UN HOMBRE DE ILUSIONES INSACIABLES

Cualquiera podría pensar que solo el constante batallar iniciado en el
Moncada dotó a Fidel de la imperecedera e incorruptible amistad de
grandes seres humanos. Sin embargo, su propio peregrinar por este
mundo le propició el encuentro con personas elevadas que desde los más
diversos ámbitos sociales, le admiraron y compartieron con él
entrañables sentimientos de afecto. Uno de esos grandes amigos fue,
sin duda, Gabriel García Márquez, cuya definición del líder cubano es
tan excepcional, como la prosa que lo ha convertido en uno de los
escritores más reconocidos de todos los tiempos.

« (…) un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con
una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales
tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal».
Ese genio de la arquitectura que fue Oscar Niemeyer, en diálogo con
Luis Báez afirmó:

«Tengo una gran admiración por Fidel. Me solidarizo con él en esta
lucha, que él supo comenzar y, seguramente, terminará victoriosa. Por
las tardes recibo a los amigos para conversar y a veces hablamos de
filosofía. Pero cuando ellos se refieren a Platón, yo estoy pensando
en Fidel Castro».

O el humilde tricampeón olímpico, Teófilo Stevenson, para quien Fidel
reservó siempre un cariño especial que fue recíproco en el estelar
boxeador:

«Me ofrecieron millones de dólares para que saltara al
profesionalismo, pero no cambiaría mi trocito de Cuba ni a Fidel por
todo el oro del mundo».

Durante los últimos días el mundo ha rendido homenaje a otro
infaltable en la historia de las luchas emancipadoras de la humanidad,
el símbolo del enfrentamiento al apartheid en el continente africano,
Nelson Mandela. Otro hermano de la Revolución Cubana, otro compañero
de Fidel en esa lucha que rompe las fronteras de un país para
concentrarse en el bien mayor, el de toda la humanidad. Mandela
también habló del eterno asaltante de la historia:

«Estuvimos en prisión casi 30 años, y ese tiempo nos pareció
extraordinariamente corto porque sabíamos que contábamos con buenos
amigos en casi todas las partes del mundo, y uno de esos amigos que ha
sido muy convincente y cuya voz ha sido muy clara, ha sido el
compañero Fidel Castro. Nunca hemos dudado de que en él y en Cuba
tenemos un amigo en el que podemos confiar».

Infinitas son las interpretaciones que desde el amor, el respeto y la
admiración versan acerca de una vida única, e indispensable para
entender la historia de Cuba y del mundo como lo fue la de Fidel.
Desde las más grandes personalidades hasta el más humilde de los seres
humanos que crea «en el mejoramiento humano y en la utilidad de la
virtud», de seguro también cree en él.

A 92 años de su natalicio, es un orgullo revisitar cada momento en que
nos demostró, con el ejemplo personal primero, que no hay nada
imposible cuando un pueblo unido e incansable se lo propone. Antes con
su presencia física, ahora con la presencia intangible pero más real
que nunca de sus ideas, nos toca seguir interpretando los retos del
hoy y el mañana.

Su legado está a salvo con nosotros. En este y en cada uno de sus
cumpleaños por venir, primará el pensamiento de continuidad, que fue
siempre el único premio al que aspiró.

« (…) pensemos en Fidel, en sus ideas, en su imponente, fecundo e
imprescindible legado, como una manera de alimentar ese genuino
sentimiento de perpetuar por siempre su presencia entre nosotros.
«Que cada fibra de nuestra estirpe revolucionaria vibre cuando
proclamamos: ¡Yo soy Fidel!». (Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente
de la República de Cuba).

(Granma)

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