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OBUSES PESADOS
China ya opera su mercado de petróleo como muestra de un creciente potencial económico
Por Nestor Nuñez
Los contratos de futuros se basan en que ambas partes puedan comprar o vender un activo por un precio fijo, en un lapso determinado.

[06.10.2018]- Actualización  5:00 pm de Cuba

República Popular China : Estado soberano situado en Asia Oriental. Tiene la sede de su gobierno en la capital, Pekín. Cuenta con una superficie de 9,6 millones de km².Tiene fronteras con catorce Estados soberanos. Su población es de 1.367,82 millones de habitantes.

Desde que China convirtió en 2009 a Hong Kong en el primer centro internacional de negociaciones de su moneda, ha habido una feroz competencia entre centros financieros globales, por ser la próxima ciudad que albergue un experimento en busca de transformar al yuan en un serio rival para la supremacía del dólar en las negociaciones globales.

En un contexto de agresión comercial norteamericana que Beijing no ha dejado de responder, el gigante asiático realizó hace unos días las primeras entregas de petróleo a cargo de la naciente Bolsa Internacional del Comercio Energético de Shanghai, que en marzo último suscribió contratos de futuros para este septiembre.

En efecto, la entidad china, que opera en yuanes y que por primera vez saca al dólar norteamericano de las operaciones mundiales relativas al crudo, acaba de suministrar a sus clientes 600 mil barriles de petróleo procedente del Oriente Medio.

Esta apertura indica que en lo adelante el mercado petrolero tiene otra alternativa frente a la larga dictadura del patrón monetario estadounidense en el terreno del comercio global de energéticos.
Según medios especializados, aunque la venta china de futuros petroleros empezó hace apenas seis meses, “su liquidez ha estado creciendo a un ritmo acelerado".

Así, para fines del último agosto, “el volumen de negociación en la bolsa de Shanghái superó los 11 millones de contratos (un contrato suma mil barriles), alcanzando los 5,39 billones de yuanes, es decir, un promedio de 14 mil 800 contratos por día”.

Ese desempeño sitúa a la Bolsa petrolera de Shanghai como la tercera del mundo detrás de la estadounidense NYMEX y la británica ICE, aunque para los expertos no sería raro que en poco de tiempo desplace como referentes universales a los precios de los crudos Brent, inglés, y WTI, norteamericano.

El asunto es que sus ventas en yuanes se facilitan mucho más para numerosos compradores que las ejecutadas en el billete verde, a la vez que son respaldadas por una economía en veloz crecimiento y expansión que, por demás, ahora puede utilizar sus mismos futuros en materia energética, lo que le brinda una importante seguridad añadida.

Como apuntan varios analistas, “el surgimiento del petroyuán se convierte así en un arma milagrosa que puede ayudar a Beijing a ganar la guerra comercial” a la que se ha entregado la administración de Donald Trump.

En efecto, con el pretexto de que China se ha convertido en una pretendida expoliadora de la economía estadounidense, y a tono con la prepotencia inherente a los “elegidos por la Providencia para reinar en el planeta”, el magnate inmobiliario devenido jefe de la Casa Blanca ya ha impuesto al gigante asiático aranceles comerciales por decenas de miles de millones de dólares, debidamente respondidos por las autoridades chinas con respecto a las importaciones desde la Unión.

Sin embargo, el escenario que la agresiva actuación norteamericana está creando no ha despertado las expectativas que tal vez Trump imaginó, y es que el enemigo tiene recursos muy fuertes para pasar al contraataque.

De hecho, el mercado interno norteamericano, y es algo que se palpa a simple vista, requiere de miles de importaciones chinas en todos los rubros imaginables, y el cierre de ese torrente se reflejará directa y negativamente en los niveles locales de consumo y en los bolsillos de la población.

Por otra parte, sectores importadores norteamericanos pierden operaciones con uno de los mercados más grandes del orbe, y con ello servicios básicos de la economía interna empiezan a mermar.

Ese resulta el criterio, por ejemplo, de las autoridades portuarias de los Estados Unidos, alarmadas porque ya en este momento "las tarifas totales impuestas y las medidas de represalia internacionales afectan al diez por ciento del total del comercio que pasa por los puertos norteamericanos", lo que totaliza descensos por unos 160 mil millones de dólares, con su carga adicional de falta de empleos.

Lo mismo sucede con la industria del transporte marítimo, temerosa igualmente por su futuro “en la medida en que las actividades de flete representan 4,6 billones de dólares al año, concentran 23 millones de empleos y generan 320 mil millones de dólares en impuestos”, todo en jaque gracias a la bravatas presidenciales.

(Tomado de CUBAHORA)

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