La inversión extranjera
directa, un reto para
América Latina
Por Ivette Fernández
Sosa
[30.01.2019]-
Actualización 7:00 pm de Cuba
América Latina y el
Caribe enfrenta varios
retos para su desarrollo
económico entre los que
resalta la disminución
sostenida que, durante
los últimos años,
muestran los índices de
inversión extranjera
directa (IED).
De acuerdo con un
reporte reciente de la
Conferencia de las
Naciones Unidas sobre
Comercio y Desarrollo (Unctad
por sus siglas en inglés),
los flujos de inversión
de capital en América
Latina y el Caribe
fueron de un cuatro por
ciento menos durante el
año pasado frente a los
datos de 2017.
En un contexto de lenta
recuperación económica
en la región, se
invirtieron cerca 149
mil millones de dólares
por concepto de IED,
revela la investigación.
Para América del Sur,
añade el reporte, el
indicador disminuyó en
un seis por ciento
debido a los menores
flujos hacia Brasil y
Colombia.
En el caso del gigante
suramericano, principal
receptor de la región,
los flujos de IED
disminuyeron en un 12
por ciento y se situaron
en 59 mil millones de
dólares mientras que la
caída en Colombia fue
del 21 por ciento y
situó el monto total de
capital en 11 mil
millones.
No obstante estas caídas,
otros países de la
región como Chile y Perú
se vieron favorecidos
por incrementos de un 31
y un 23 por ciento,
respectivamente.
En comparación con 2017,
los flujos aumentaron en
un tres por ciento en
2018 en América Central.
México recibió 32 mil
millones de dólares, un
nivel similar al del año
anterior, Panamá aumentó
a casi seis mil millones
y en Costa Rica, una
actividad económica más
lenta durante la segunda
mitad del año,
contribuyó a la
disminución de las
entradas en un 22 por
ciento.
Según abundó el análisis,
en el Caribe, excluyendo
a los sectores
financieros
extraterritoriales, los
flujos disminuyeron en
un 24 por ciento debido
a la caída de su mayor
receptor, República
Dominicana.
La tendencia presente en
Latinoamérica y el
Caribe está en
consonancia con la
reducción de la IED a
nivel global que suma ya
caídas por tres años
consecutivos.
La IED mundial se redujo
19 por ciento en el 2018
para llegar a un
estimado de 1, 2
billones de dólares
mientras que, un año
antes, la reducción fue
de un 23 por ciento al
pasar de 1, 87 billones
en 2016 a 1, 43 billones
en 2017, estimó la
Unctad.
Como quedó establecido
por el estudio, en el
conjunto de los países
desarrollados el declive
fue del 40 por ciento.
"La tendencia subyacente
de la IED ha mostrado un
crecimiento anémico
desde la crisis
financiera mundial y ha
tenido una trayectoria
descendente desde el
2013", estimó el
director de la División
de Inversiones de la
UNCTAD, James Zhan.
El funcionario consideró
asimismo que los
factores detrás de esta
tendencia negativa, como
la menor rentabilidad de
la inversión extranjera
y los cambios en las
cadenas de valor
globales, no cambiarán
en el futuro cercano.
Así, las alertas
realizadas hace pocos
meses por la Comisión
Económica para América
Latina y el Caribe (Celac)
acerca de unas
condiciones financieras
más ajustadas para la
región se hacen patentes.
El informe de 2018 de
esa entidad sobre IED en
América Latina y el
Caribe, alertó
oportunamente que las
corrientes de capital
cayeron por tercer año
consecutivo en 2017 y se
quedaron en 161 mil 673
millones de dólares, un
3,6 por ciento menos que
el año anterior, y un 20
por ciento por debajo de
lo recibido en 2011.
La caída de la IED desde
2011 hasta ahora se ha
concentrado casi
exclusivamente en el
sector de los recursos
naturales, donde los
flujos de inversión
disminuyeron 63 por
ciento, mientras en el
sector de servicios
cayeron 11 por ciento y
en manufacturas
aumentaron levemente,
estableció el reporte.
De acuerdo con la Cepal,
este fenómeno se debió a
los menores precios de
los productos básicos de
exportación, que
redujeron
significativamente las
inversiones en las
industrias extractivas.
A propósito del tema, la
secretaria ejecutiva de
la Cepal, Alicia Bárcena,
determinó que sacar el
máximo provecho de la
IED no se trata solo de
crear las condiciones
para que lleguen
capitales extranjeros,
sino para que las
inversiones se vuelvan
fuentes generadoras de
derrames tecnológicos y
productivos, de empleo,
y para que se orienten
hacia un crecimiento
económico sostenido,
inclusivo y sostenible.
(RHC/Fuente:PL)