La misión apasionante de
continuar inventando
nuestro propio modelo de
socialismo
Por Ariel Terrero
Cuba vivirá un momento
de gran expectación, el
24 de febrero cuando
someta a referendo la
nueva Constitución
[05.02.2019]-
Actualización 11:30 pm de Cuba
Cuba vivirá un momento
de gran expectación, el
24 de febrero cuando
someta a referendo la
nueva Constitución. Es
lógico, tras crearla
entre debates de la
nación en pleno,
sazonados con la pasión
polemista que identifica
a la cubanidad. Pero no
creo que la conquista de
votos sea el desafío más
espinoso que plantea la
Ley de leyes. Ni por
asomo. El rollo viene
después.
A la sociedad y a sus
instituciones les tocará
legislar e implementar
los cambios y ordenanzas
que asume con la nueva
Constitución. Que no son
pocos. Complejas metas
propone, para ampliar
las transformaciones del
modelo económico, social
y político del
socialismo cubano, y
profundizar el proceso
de Actualización…, que
no ha avanzado a la
velocidad que soñábamos
los cubanos cuando lo
iniciamos hace más de
una década.
El gran reto
corresponderá a la
actividad legislativa
consecuente, que
requiere ser mucho más
intensa que lo
conseguido hasta el
presente, para que del
tronco de la Carta Magna
partan las demás ramas
del sistema legal. Una
de esas ramas es la ley
de empresas, que no ha
visto la luz todavía
aunque estaba prometida
para el 2017. Es
fundamental para dar
solidez a un escenario
que apuesta a la
convivencia entre
actores económicos
múltiples, que empiezan
a descubrir el beneficio
de las alianzas entre
presuntos antagonistas
–en el turismo y las
agroindustrias hay
experiencias de éxito.
Varios capítulos apuntan
en la nueva Ley de leyes
a un reordenamiento de
estructuras de gobierno
y de administración
empresarial, que
favorecen una
descentralización más
radical de este país,
habituado durante
décadas a una rígida
verticalidad de las
organizaciones
económicas y de
gobierno. Quizá el
cambio más atrevido sea
el rediseño de las
estructuras
territoriales para
asignar mayor
protagonismo a las
administraciones
municipales y a la
gestión local del
desarrollo.
La Constitución
fundamenta también el
camino hacia una
economía con diversidad
de formas de propiedad.
La empresa estatal,
actor principal de la
economía socialista,
compartirá espacio legal
y legítimo con
cooperativas, formas
mixtas y entidades
privadas, entre otras.
El gran desafío no será
tanto la aceptación de
esa diversidad o librar
del aura maldita a
palabras como privado y
mercado. La idea de que
las formas no estatales
son también un eslabón
vital en la cadena de la
producción, los
servicios y el mercado
ha ganado consenso
social. Esa aspiración,
sin embargo, tropieza en
un entorno carente de
condiciones óptimas para
la convivencia de formas
de propiedad disímiles.
Más importante y difícil
que la entrada de
empresas privadas al
escenario puede ser el
otorgamiento de
autonomía a las empresas
estatales, que propone
el Artículo 26 de la
nueva Carta Magna.
Aunque las
organizaciones
empresariales del Estado
han avanzado por ese
camino, cargan todavía
con insuficiencias que,
unidas a deformaciones
financieras como la
dualidad monetaria y
cambiaria y otras
anomalías del comercio,
colocan a esas entidades
en desventaja frente a
las rivales no
estatales.
Con salarios mejores y
menos amarres
burocráticos y
financieros, las
cooperativas y las
empresas privadas salen
a la pista del mercado
en condiciones mejores
que las formas
estatales. A estas
quedan, en contraste,
ventajas para acceder a
tecnologías, a ofertas
mayoristas y a recursos
de mercados externos,
pero no logran
aprovecharlas en toda su
dimensión por la
confluencia de
limitaciones económicas,
interpretaciones torpes
de la planificación y la
sujeción a una moneda
cubana sobrevaluada en
la tasa de cambio
oficial, entre otras
trabas.
¿Hacia cual lado se
inclinaría en ese
contexto el cachumbambé
de las formas de
propiedad? Difícil
respuesta. El riesgo
puede inhibir decisiones
centrales y la
desventaja estatal
amenazaría entonces la
expansión no estatal,
sobre todo, para las
pequeñas y medianas
empresas privadas que
han entrado en la
economía cubana con
máscara de cooperativas
o de trabajadores por
cuenta propia.
La participación de los
trabajadores en la
planificación,
regulación, gestión y
control de la economía,
que simbólicamente se
incorporó con el debate
popular al proyecto
constitucional,
constituye una vieja
aspiración de la
sociedad y una clave
para garantizar la
descentralización eficaz
en empresas y unidades
presupuestadas del
Estado.
Méritos sociales no le
han faltado al
socialismo en los países
donde levantó banderas.
También méritos
económicos, por más que
suelen desconocérsele
estos de manera
absoluta. Pero
igualmente ha acumulado
errores y frustraciones
caros. Sin embargo, si
uno mira lo que ha
ocurrido y lo que ocurre
en la totalidad de
países del mundo, donde
la riqueza es privilegio
de pocos y anzuelo para
muchos, el capitalismo
no es la alternativa.
Cuba tiene un desafío
después del 24 de
febrero: dar los pasos
para implementar los
cambios dibujados en la
Constitución y construir
un modelo económico y
político en que justicia
social y prosperidad
económica sean
condiciones
estrechamente conectadas
entre sí. Es la misión
apasionante de continuar
inventando nuestro
propio modelo de
socialismo.
(Granma)