Otro Grito de Baire por
Cuba
Por Narciso Amador
Fernández Ramírez
El 24 de febrero
millones de cubanos
votaremos por la nueva
Constitución de la
República, en un Sí por
una Patria libre,
soberana e
independiente...
[21.02.2019]-
Actualización 5:30 pm de Cuba
José Martí, de quien
acabamos de conmemorar
el aniversario 166 de su
natalicio, en un trabajo
publicado en Patria, el
1ro. de abril de 1893,
escribió: “El cubano es
independiente, moderado
y altivo. Es su dueño y
no quiere dueños. Quien
pretenda ensillarlo,
será sacudido”.
En esa simbólica frase
está recogido el decurso
de nuestra Nación. La
bella y rica historia de
un pueblo que ha luchado
por su independencia y
soberanía por más de 150
años y que ahora
sintetiza sus anhelos y
esperanzas en la nueva
Constitución de la
República, la que será
sometida a referendo
popular el venidero 24
de febrero.
La Constitución es la
voz del pueblo, y esa
voz altiva proclama en
su Ley de Leyes el
derecho a la dignidad
plena del hombre y a una
libertad ganada con
mucha sangre y
sacrificios que no puede
ser olvidada y mucho
menos mancillada.
No fue en balde la
amplia y democrática
discusión del proyecto
constitucional, pues la
sabiduría de los
millones de
constituyentes en que se
convirtió el pueblo
cubano dejó aún más
diáfano y preciso el
rumbo trazado desde el
1ro. de enero de 1959 y
que el 16 de abril de
1961 fuera refrendado
con los fusiles en alto
al proclamar el rumbo
socialista de la
Revolución Cubana.
El propio Preámbulo —al
exponer las motivaciones
que anteceden a los 229
artículos del nuevo
texto constitucional—,
sintetiza los ideales
patrióticos y de
justicia social que nos
han llevado hasta aquí y
aquellos que nos deben
conducir a un futuro de
prosperidad y bienestar
cada vez mayor. Sin
hacer concesiones de
principios, ni ceder
ante chantajes y
presiones de cualquier
tipo.
No por gusto nos
identificamos con el
concepto de Revolución,
expresado por el
Comandante en Jefe Fidel
Castro, el 1ro. de mayo
del año 2000, y también
declaramos
explícitamente la
voluntad de que nuestra
ley de leyes esté
presidida por el anhelo,
al fin logrado, del
Apóstol José Martí, de
que “la ley primera de
nuestra República sea el
culto de los cubanos a
la dignidad plena del
hombre”.
Corren tiempos difíciles
para las ideas más
nobles y altruistas de
los pueblos. La nueva
Constitución pone
nuestros principios de
soberanía e
independencia tan alto
como las palmas para que
en tal contexto de caos
no exista confusión de
índole alguna, ni
evidencias de temor ante
amenazas e intentos de
chantaje de terceros.
“Cuba es un Estado
socialista de derecho y
justicia social,
democrático,
independiente y
soberano”, reza de
manera textual el
Artículo 1, al tiempo
que enfatiza en nuestra
condición de “república
unitaria e indivisible,
fundada en el trabajo,
la dignidad, el
humanismo y la ética de
sus ciudadanos (…)”.
Más explícita no puede
ser esta afiliación de
principios. Declaración
que nos hace más fuertes
e invencibles ante los
enemigos internos y
externos, pues, no solo
dejamos bien claro lo
que somos y hacia dónde
vamos, sino, además, nos
enorgullecemos de
proclamarlo de manera
abierta y consciente
ante el mundo.
Una verdad desde el
fondo de una cueva,
puede más que un
ejército, nos enseñó el
Maestro Martí. Al tiempo
que otro apotegma suyo
deja claro que las
trincheras de ideas
valían más que las de
piedras. La nueva
Constitución es ambas
cosas a la vez. No solo
refleja el hoy de la
Cuba Socialista,
soberana e independiente
que somos, sino modela
la Cuba del futuro, que
es lo más importante.
Por eso, acudir de
manera masiva a las
urnas el domingo 24 de
febrero y dar el Sí en
el Referendo
Constitucional rebasa el
mero derecho al voto del
que disfrutamos todos
los cubanos. Se trata de
salvar mediante ese acto
cívico el proyecto
unitario y soberano de
Nación por el que han
luchado y muerto tantas
generaciones de cubanos
que nos han antecedido.
Hacer valedera la nueva
Constitución será darle
voz al país. Ratificar
en las urnas el valor
supremo de la dignidad
humana y así garantizar
el goce irrenunciable,
imprescriptible,
indivisible, universal e
interdependiente de los
derechos humanos, en
correspondencia con los
principios de
progresividad, igualdad
y no discriminación.
Este 24 de febrero de
2019 será otro Grito de
Baire. De nuevo, los
cubanos saldremos, como
aquel domingo de 1895, a
luchar por nuestros
derechos. Pero esta vez
no será con el machete
en la mano, sino con un
arma más poderosa: la de
la razón y la verdad, y
de esa manera validar en
las urnas el Sí por
Cuba.
(Cubahora)