¿Por qué crece el PIB y
mi economía no se entera?
Por José Armando
Fernández Salazar
[28.03.2019]-
Actualización 7:30 pm de Cuba
En 2018 el Producto
Interno Bruto (PIB) de
Cuba fue estimado con un
crecimiento del 1,2 por
ciento, lo cual, si bien
trajo la buena nueva de
que la economía nacional
no se contrajo, igual no
fue capaz de crecer lo
suficiente para promover
el desarrollo de la
estructura económica
nacional, un objetivo
cumplible si los ritmos
sobrepasan el siete por
ciento anual, de acuerdo
con expertos.
No obstante, cuando la
noticia es presentada
por los medios,
inmediatamente asalta la
pregunta: ¿dónde está
ese crecimiento del PIB
en mi economía familiar?
Se trata de un
cuestionamiento lógico,
aunque es como pedirle
peras al olmo, porque
este índice no fue
concebido para medir la
microeconomía, sino para
contabilizar la
producción de los bienes
y los servicios de un
país en un cierto
periodo. Fue creado por
el economista Simon
Kuznets durante la Gran
Depresión de Estados
Unidos en la década de
1930, y luego de la
Segunda Guerra Mundial
alcanzó gran popularidad.
Muchos especialistas lo
enarbolaron como el
indicador ideal para
medir el bienestar de
los países; sin embargo,
su propio creador lo
cuestionó porque se
convirtió en una medida
de la actividad
económica en la que
cabía todo lo que
interesaba a la
producción, incluyendo
lo bueno y lo malo.
Actualmente las métricas
del PIB han sido
ampliamente superadas
sobre todo porque lo que
más valoran los seres
humanos son servicios y
productos intangibles y
la insistencia en la
producción y el
consumismo nos ha
llevado a situaciones
como que en 2018 la
Humanidad gastó el
equivalente 1,7 veces la
cantidad de recursos
naturales de la Tierra
que se podían reponer en
un año.
El tráfico de drogas, la
prostitución, el
incremento de olas de
crímenes o de la
contaminación ambiental,
son elementos nocivos a
cualquier sociedad, pero
que al contabilizarse en
el PIB denotan una
economía en ascenso.
En el otro extremo
aparecen servicios y
prestaciones intangibles
que impactan
directamente en la
calidad de vida de las
personas no así en la
expansión del PIB. Al
respecto, el líder
revolucionario Fidel
Castro señaló durante un
discurso al clausurar la
“Conferencia Mundial
Diálogo de
Civilizaciones. América
Latina en el siglo XXI:
Universalidad y
Originalidad”, en el
Palacio de las
Convenciones, el 30 de
marzo de 2005:
“En nuestro país no hay
publicidad comercial,
no, por eso todo lo que
produce la televisión
aporta cero PIB, los
servicios de educación,
de salud de Cuba y de
recreación tienen casi
cero PIB, porque son
gratuitos, no se cuentan;
de esa forma una
tonelada de cemento
puede valer más que una
vida. Alguien puede
salvar una vida, porque
a lo mejor un médico le
hizo que latiera de
nuevo el corazón y dio
tiempo a que llegara a
un hospital, eso vale
menos que una tonelada
de cemento, porque eso
no aportó nada al PIB”.
En ese sentido, en 2010
la Comisión
Internacional sobre la
Medición del Desempeño
Económico y el Progreso
Social publicó el
informe Medir nuestras
vidas: las limitaciones
del PIB como indicador
de progreso, en el cual
señaló que este
indicador circunscribe
el bienestar al éxito
material e introduce
distorsiones en las
políticas
gubernamentales para
elevar la calidad de
vida de las personas.
Otro estudio presentado
en el VI Foro Mundial de
la Organización para la
Cooperación y el
Desarrollo Económicos (OCDE)
sobre Estadística,
Conocimiento y Políticas,
evidenció la relación
opuesta entre
crecimiento del PIB y
desigualdad y falta de
sostenibilidad,
evidenciando que en
naciones con grandes
crecimientos sostenidos
se aprecia un incremento
del daño al medio
ambiente y la aparición
de brechas de riqueza y
trampas de desigualdad.
Varias organizaciones
internacionales y
territorios han
intentado consolidar
otras formas de medir el
éxito de una economía
con el ánimo de proponer
políticas orientadas a
incrementar realmente el
bienestar de las
sociedades sobre la base
de la sostenibilidad y
la equidad social.
Por ejemplo, en 2018 el
Banco Mundial lanzó el
indicador conocido como
Índice de Capital Humano
que clasifica a los
países de acuerdo con
cuánto invierten en sus
juventudes. Para su
métrica de 157 países,
la institución estudió
la cantidad y calidad de
la educación que se
ofrece a los niños, así
como la tasa de
mortalidad entre los
menores de cinco años,
entre otras variables.
La OCDE en 2013 lanzó su
Índice para una Vida
Mejor, formado por una
variedad de métricas que
reflejan mejor aquello
que constituye y
promueve el bienestar
como, por ejemplo, la
salud, educación, acceso
y calidad del empleo,
seguridad, satisfacción,
balance vida-trabajo e
ingresos, entre otros.
Otro indicador
alternativo lo
constituye el Índice del
Desarrollo Humano, que
surgió en 1990 a
instancias de un informe
elaborado por el
Programa de las Naciones
Unidas para el
Desarrollo, en el cual
se incluyen parámetros
como la esperanza de
vida al nacer, años
promedio de escolaridad
y años esperados de
escolarización e ingreso
familiar disponible o
consumo per cápita.
Mientras economistas,
científicos sociales y
estadísticos buscan una
manera de evaluar de
manera más real el
efecto de la
macroeconomía, en el
bienestar y la calidad
de vida de la población,
todo apunta a que es un
error circunscribirlo al
éxito material o el
incremento del consumo
individual.
Esa realidad se
materializa en Cuba bajo
el enfoque de un Estado
cuyo presupuesto, en más
de un 50 por ciento, se
destina a los servicios
sociales, que son
gratuitos y universales.
La reparación de
hospitales y la
introducción de nuevas
tecnologías, la
rehabilitación de
escuelas y la asistencia
social, e incluso los
subsidios de servicios y
productos, son
prestaciones que no solo
se mantienen, sino que
cada año reciben un
incremento para que
mejore su calidad.
Esto se desvirtúa si los
dineros invertidos se
van por el caño de la
mala calidad o la
corrupción.
Si se aspira a evaluar o
medir el bienestar y la
calidad de vida
necesariamente hay que
salir de los marcos
estrechos del
crecimiento económico
personal y buscar en la
sociedad la mejoría de
los servicios, un mayor
acceso a las
oportunidades y
garantías para la
sostenibilidad de
nuestros derechos y su
continua ampliación.
(Tomado de
ACN)