¿Qué alternativas
implementar ante
problemas de la economía
cubana?
Por Dianet Doimeadios
Guerrero, Lissett
Izquierdo Ferrer,
Edilberto Carmona
Tamayo, Deny Extremera
San Martín
[10.06.2019]-
Actualización 11:30 pm de Cuba
La economía cubana
protagoniza nuevamente
El podcast de Cubadebate.
En esta oportunidad,
conversamos con el
Doctor José Luis
Rodríguez y el
periodista Ariel Terrero
sobre las alternativas
que podrían
implementarse para
solucionar problemas
urgentes del sistema de
producción, distribución
y consumo de bienes y
servicios, así como para
mejorar nuestra
situación financiera.
— El presidente Miguel
Díaz-Canel anunció en la
reunión extraordinaria
de la Asamblea Nacional
que la actualización del
plan de la economía para
las situaciones más
complejas exige la
acción más inmediata.
José Luis, usted fue
ministro de Economía y
Planificación de Cuba
desde 1994 hasta 2008,
cuando seguramente ese
plan estaba activado.
¿Qué medidas podemos
esperar?
José Luis Rodríguez:
Vuelvo sobre la idea de
que no estamos en una
situación similar a la
del Periodo especial,
cuando las decisiones
que tomamos fueron de
sobrevivencia. Había que
resistir, y eso suponía
reducciones muy
drásticas del consumo de
alimentos, del
transporte y la
electricidad. Esa no es
la situación que tenemos
hoy; el país tiene
reservas que puede
utilizar en este
instante. Partiendo de
eso, ciertamente, hay
una serie de problemas
urgentes que hay que
atender.
— ¿Cuál es el problema
más urgente que tenemos?
José Luis Rodríguez: Yo
diría que es la búsqueda
de la necesaria liquidez
que requiere el país
para su funcionamiento;
incluso, para financiar
gradualmente su
desarrollo. Todo lo que
se puede hacer en ese
sentido, en parte, está
recogido en las seis
directivas fundamentales
del Plan 2019, cuando se
habla de diversificar
las exportaciones, de
sustituir importaciones,
de ampliar los servicios
que exportamos…
Pero hay que ir a nuevas
tácticas para cumplir
con el objetivo de
impedir que una
situación nos sofoque
desde el punto de vista
del financiamiento
externo. Hay que
garantizar dos cosas
inicialmente: la
alimentación de la
población y la energía
del país. Nosotros hemos
pasado por crisis
energéticas muy graves.
Recordemos la del año
1994 con los apagones de
“8 por 8”, y también la
de 2004. La primera fue
por falta de combustible
y la segunda por crisis
en las instalaciones de
generación; se cayó la
generación en unas
cuantas termoeléctricas
y eso provocó una crisis
importante. El país tomó
medidas extraordinarias
en aquel momento; por
ejemplo, los grupos de
generación
descentralizada de
electricidad, los grupos
de emergencia, las
plantas pico, etc.
Es decir, hay un
conjunto de medidas para
situaciones extremas que
el país tendría que
adoptar si se generan
las situaciones que lo
ameriten. Pero nosotros
tenemos que avanzar más
dentro de lo que hoy
funciona, como es el
caso de la inversión
extranjera. El país no
tiene capacidad
suficiente de ahorro y
depende de la inversión
extranjera, no
absolutamente para todo,
pero sí para una serie
de sectores claves; por
ejemplo, la generación
de fuentes renovables de
energía, el turismo…
Sectores que va a ser
muy difícil desarrollar
con recursos propios si
no tienen una fuerte
entrada de inversión
extranjera. Para ello,
tenemos que tener
presente que la
experiencia de la
inversión extranjera en
los últimos años no va a
los ritmos de
crecimiento que se
requieren.
No se puede perder de
vista que el principal
obstáculo para la
inversión extranjera ha
sido el bloqueo
estadounidense, porque
la persona que viene a
invertir en Cuba lo
primero que se encuentra
es que el calificador de
riesgo que le aplican a
Cuba es de alto riesgo.
Tiene que venir
consciente de eso, ¿por
qué?, porque tiene que
enfrentarse a los
estadounidenses. Aun
así, hay gente dispuesta
a invertir en Cuba. Lo
ha demostrado la vida,
lo demostró el Periodo
especial con situaciones
peores, y se está
demostrando en el
presente.
Pero, lógicamente, ese
capitalista que viene a
invertir en Cuba corre
un riesgo mayor y pide
que se le retribuya. En
otras palabras: el
riesgo se paga en la
economía. Si usted hace
una inversión a riesgo,
usted aspira a que la
retribución cubra el
riesgo. Usted no puede
negociar la inversión
extranjera de la misma
forma en que se negocia
en Costa Rica, en
Jamaica o en otros
países que no están
bloqueados.
Uno de los elementos
claves en la forma de
negociar la inversión
extranjera es reconocer
el riesgo del
inversionista que viene.
Es necesario. Si uno
analiza la experiencia
de los años noventa con
la Sherritt, con
Tabacalera, con Etecsa,
aprecia que se fue muy
hábil para reconocer el
riesgo de aquel que
venía a invertir a Cuba,
y se le retribuyó de una
u otra manera. Así
progresaron las
inversiones extranjeras,
sobre todo a partir de
1994.
Entonces, esa
experiencia existe.
Tenemos que aplicarla, y
más en estos momentos,
poniendo por delante que
ahora también tenemos la
amenaza de la Ley Helms-Burton
y su Título III, cuando
los Estados Unidos
comienzan a implementar
las reclamaciones por el
uso de propiedades
expropiadas para Cuba.
Cuba tiene que
desarrollar una política
proactiva teniendo en
cuenta el riesgo de
quien viene a invertir,
para evitar que ese
inversionista se retire.
Y para eso hay una serie
de medidas elementales;
por ejemplo, no podemos
tener deudas con los
inversionistas. Nosotros
tenemos, por una serie
de circunstancias,
utilidades retenidas que
no hemos podido pagar y
eso tiene que
resolverse. Hay una
cantidad de dinero que
quedó debiéndose del año
pasado.
No podemos seguir con
una deuda con la gente
que está invirtiendo o
que está comerciando con
nosotros. Esas son las
decisiones de carácter
urgente que tienen que
tomarse antes de
proponer cualquier otra
medida en ese sentido.
Una vez que se resuelvan
esos problemas, entonces
hay que ir a una
política de concesiones,
hasta donde sea
indispensable, para
evitar que se produzca
un aislamiento de Cuba
en el ámbito
internacional. Por lo
tanto, este campo es muy
importante para el
financiamiento del
desarrollo nuestro, que
está asociado —aunque no
es exactamente lo mismo—
con el financiamiento
corriente, o sea, con
los créditos para
comprar alimentos,
combustible, etc.
Hay que tratar, por
todos los medios, de
cumplir a tiempo con
todas esas cuestiones. Y
si hay que frenar un
poco el gasto de
inversión, habrá que
hacerlo con recursos
propios, porque es
indispensable que no se
nos produzca una
situación de mayor
tensión en los
suministros corrientes,
donde no solo están los
alimentos sino todas las
materias primas. Por
ejemplo, el país no
puede renunciar a la
producción de
medicamentos ni crear
una situación de escasez
mayor a la que ya existe
por no tener el
financiamiento
indispensable para
comprar la materia
prima, pues afectaría
nuestro consumo interno,
lo cual es grave, y
también las
exportaciones.
Es decir, hay que
revisar todas estas
decisiones, ver todos
los puntos rojos y
operar para salvar todas
las urgencias que pueden
crearnos un conflicto a
corto plazo. Hay que ver
cómo se maneja este
fenómeno de la Ley Helms-Burton.
Hay que seguir el tema
muy de cerca. Habrá que
tomar medidas no solo
para contrarrestar, sino
para ir a la ofensiva
contra la Helms-Burton,
como se hizo en los años
noventa. Cuba se mostró
favorable a una
negociación desde los
años sesenta. Cuando se
hicieron los procesos de
nacionalización se fue a
negociar las
compensaciones; fueron
los norteamericanos los
que se negaron a esta
posibilidad.
Cuando se restablecieron
las relaciones
diplomáticas, en 2014,
volvió a abrirse esta
área y empezaron a
aparecer una serie de
alternativas, porque han
pasado ya muchos años y
hay gente que recuperó
el dinero que perdió en
las nacionalizaciones.
Hay que estudiar quiénes
son y ver qué se está
demandando, y qué otra
medida podemos adoptar
para neutralizar.
—Ariel, según su
experiencia, ¿qué medida
urge implementar a corto
plazo?
Ariel Terrero: Hay una
medida que para mí es
fundamental en el corto,
mediano y largo plazo,
que es acelerar la
reforma empresarial. La
empresa, de cualquier
tipo, es la célula
fundamental de la
economía. El óptimo
funcionamiento de las
empresas es lo que va a
garantizar que la
economía funcione bien
en un entorno
financiero-monetario que
favorezca el desarrollo.
Se han dado algunos
pasos, pero todavía con
demasiada cautela, para
propiciar que las
empresas tengan una
política salarial más
flexible. Aún queda
mucho por hacer para que
tengan más autonomía y
posibilidades para
garantizar la
participación de los
trabajadores en la
planificación. Todavía
se va muy lento y con
mucho miedo, a veces,
ese es el sentimiento
que deja.
Separar las funciones
estatales de las
empresariales fue
positivo; sin embargo,
se buscó como una
alternativa las famosas
Organizaciones
Superiores de Dirección
Empresarial (OSDE), y lo
que ha demostrado esta
primera experiencia es
que todavía las empresas
están amarradas por
dichas estructuras al
tomar una decisión.
Entonces, que existan
grandes corporaciones
—que sería el
equivalente de las OSDE—
es positivo, pero eso no
puede impedir que las
Unidades Empresariales
de Base (UEB) tengan más
capacidad para tomar
decisiones, para tener
personalidad jurídica,
para poder operar en el
mercado exterior.
O sea, que exista otra
manera de entender la
economía, y que las
empresas sean capaces de
“extender las alas”
tanto en un mercado
externo como interno,
incorporar nueva
tecnología, acordar una
inversión. Eso podría
propiciar, incluso, que
los inversionistas
extranjeros tengan un
escenario más favorable
a la hora de venir a
buscar dónde hacer la
inversión. El Ministerio
de Comercio Exterior se
ha preocupado por
propiciar esto, pero hay
que reconocer que no ha
funcionado del todo
bien, y es fundamental,
porque estamos hablando
de las empresas
estatales, que son las
que soportan el peso de
la economía. Pero estoy
pensando también en las
cooperativas, que son
una forma empresarial,
que poco a poco han ido
siendo reconocidas como
tal, tanto dentro como
fuera de la agricultura,
aunque tengo mis dudas
de que sean la forma
ideal de la economía
cubana. Pero si están
presentes, bienvenidas
sean. También las
pequeñas y medianas
empresas privadas —el
tamaño no es lo que me
preocupa—, que ya están
funcionando bajo la
apariencia de
trabajadores por cuenta
propia o de cooperativas
—y en realidad son
empresas privadas— están
ahí y pueden jugar un
papel importante en la
economía.
Pero en general, todos
estos pasos que se
vienen dando, y que se
han dilatado mucho en el
tiempo, estaban
previstos para 2017.
Algunas medidas se han
ido posponiendo en torno
a la reforma
empresarial. Y la
economía cubana lo
necesita con urgencia,
creo que hace falta más
audacia para implementar
determinados cambios
para las empresas: si no
funcionan bien por
exceso, entonces los voy
reduciendo, porque a la
inversa, ir abriendo la
puerta poco a poco, no
funciona de manera
adecuada.
Estas medidas podrían
contribuir mucho a la
solución de algunos de
los problemas que hemos
mencionado. Por ejemplo,
el de la agricultura,
que requiere
inversiones. No es
casual que cada vez que
estamos en una coyuntura
económica importante, se
defina la producción de
alimentos como un
problema estratégico, de
soberanía. Es importante
que fortalezcamos la
agricultura sin visiones
extremas.
Y por último, esa
maldita dualidad
monetaria y cambiaria
que nos urge resolver.
Unificación monetaria,
¿solución a los
problemas de la
economía?
— ¿Estamos en un momento
oportuno para la
unificación monetaria y
cambiaria?
José Luis Rodríguez: Es
necesario eliminar la
dualidad monetaria y
cambiaria. La
circulación de dos
monedas se admitió en
1993 debido a que en ese
momento el peso cubano
se había depreciado
notablemente en relación
con el dólar americano.
En 1990, en la economía
informal, se cambiaban
siete pesos por un
dólar; en 1994 ya eran
150 pesos por un dólar.
La economía estaba muy
desequilibrada y había
que volver a garantizar
la función del dinero,
para lo cual existían
dos caminos. Uno era
cambiar todas las
monedas, una medida muy
traumática porque es
coger los billetes y
decir que ya no valen,
todo empieza desde cero.
Esto se propuso y se
discutió en el
Parlamento en mayo de
1994. La otra vía era
hacer un proceso gradual
de transición, que fuera
menos traumático,
segregando los sectores
que tenían condiciones
para reproducirse porque
generaban divisas, y los
que dependían de otros.
Se produciría una
especie de transición
entre unos y otros, de
manera que se llegara a
un punto en el que se
volviera a normalizar la
situación.
Entre 1993 y 1994,
cuando se sacaron las
cuentas de cuánto
implicaba una
devaluación, el trauma
iba a ser de tal
naturaleza que la
economía no lo podía
resistir. Sin devaluar,
el 69% de las empresas
ya no era rentable en
ese momento.
— ¿Qué ocurre cuando se
devalúa?
En este caso, la moneda
nacional pierde valor
frente a otra moneda. En
esos años —y todavía se
mantiene hoy— la tasa de
cambio para las
operaciones en la
actividad económica era
de 1×1. En ese momento,
reconocer el valor real
que tenía un peso cubano
implicaba que hubiera
que cambiar 10 o 15
pesos por un dólar
americano. Eso provocaba
que por cada dólar que
entrara a la economía el
costo fuese de 10 o 15
pesos, lo cual elevaba
el costo notablemente y,
por tanto, aquellas
empresas que ya eran
irrentables no quedarían
en pie. La decisión que
se tomó no fue irse por
este camino, sino ir a
una solución gradual,
conscientes de que en el
tiempo esa situación
tenía que ser superada.
Una parte de las
empresas operaría en
divisa y la otra en
moneda nacional. La
población tendría, a su
vez, una parte de
ingresos y gastos en
divisas y otra en moneda
nacional.
Para poder hacer esa
devaluación —el inicio
de la solución del
problema— hay que partir
de una premisa: en el
caso de Cuba, el
Comandante en Jefe Fidel
Castro, y luego el
General de Ejército Raúl
Castro, siempre
plantearon que nadie
sería ni será afectado,
en lo fundamental.
Por lo tanto, y
volviendo a la
explicación anterior,
cuando se tiene que
elevar el costo producto
de la devaluación, ese
impacto no puede pasar a
los precios finales,
porque de lo contrario a
la población no le
alcanzaría el dinero
para nada. Si se pasa
trabajo sin devaluación,
imagínense multiplicar
por 10 los costos de los
productos. La solución
consiste en poner un
“colchón” para evitar
que esto ocurra, es
decir, subsidiar los
precios que se elevan
producto del incremento
de los costos. Cuando se
sacaron las cuentas de
lo que esto representaba
estábamos hablando de
miles y miles de
millones.
A lo largo de los años
se han estado buscando
alternativas para ver
cómo se logra esa
cantidad de dinero o
elevar los ingresos,
tanto de las empresas
como de la población,
para evitar que las
golpeen precios más
altos. Esa es la fórmula
que no se ha encontrado.
Para eso la economía
tiene que tener una
cierta nivelación y
estabilidad. Después de
2003 parecía que íbamos
a entrar por este
camino, cuando se
anunciaron los referidos
pasos; en 2015 pareció
que era posible. Pero
con crecimientos del 1%
y con déficit creciente
en la balanza de pagos
prácticamente es
imposible, porque no hay
de dónde sacar el
dinero.
Considero que hoy no hay
condiciones a corto
plazo para llevar a cabo
ese proceso. Puede ser
el año próximo o el
siguiente. Incluso, los
análisis internacionales
exponen que en la
actualidad Cuba no
puede, por su situación
económica, eliminar la
dualidad monetaria y
cambiaria. Tendrá que
ser entre 2021 y 2022,
que se conjugue
finalmente todo lo
descrito. Porque hay dos
tasas de cambio, que es
el otro problema: una
para las empresas y otra
para la población, en
Cadeca (1×25).
En las empresas hay una
devaluación y en el
sector de la población
se requiere revaluar ese
peso, es decir, llevar
la tasa hasta 15, por
ejemplo. Cuando se haga
esto, se estaría
rebajando el precio,
similar a lo que ocurrió
en 2005. En ese año se
planteó por la máxima
dirección del país
buscar qué se podía
hacer para elevar el
poder de compra de las
personas. Se propuso
pasar la tasa de aquel
momento (26-27) a la
actual (24-25). Ese
simple movimiento de dos
pesos le costó al país
cientos de millones de
dólares. Porque la
gente, cuando percibe
que su moneda tiene
mayor poder de compra,
la convierte
inmediatamente en bienes
materiales, y si las
tiendas no están
abastecidas se crea un
rollo mayor.
Eso pasó otra vez en
2016, cuando se
rebajaron los precios de
determinados productos
en las TRD, como el
pollo. Antes de la
rebaja, se vendían 30
toneladas diarias, y
luego el consumo se
incrementó a 120
toneladas. Por eso, el
proceso implica reunir
dinero para llenar las
tiendas.
Vean todas las
complejidades que tiene
este proceso. Por eso
digo que tenemos que
seguir trabajando hasta
que se creen las mejores
condiciones para el
ajuste monetario gigante
que tiene que hacer el
país.
Ariel Terrero: A veces
me pregunto si será
posible solucionar la
dualidad monetaria sin
que haya determinado
costo social, quizás
haya que buscar otras
maneras de decidir cómo
dar el paso, aunque no
estén creadas todas las
condiciones. El propio
General de Ejército Raúl
Castro ha reconocido la
necesidad de resolver la
dualidad monetaria y
cambiaria para poder
resolver otros problemas
del país, en los
precios, los salarios,
las jubilaciones, las
inversiones, una serie
de dificultades cuya
solución depende de la
eliminación de la
dualidad monetaria y
cambiaria.
Yo sí creo que la
solución de los
problemas de la economía
pasa, primero, por la
unificación monetaria y
cambiaria. Si esperamos
a tener todas las
condiciones creadas para
dar el paso, nunca va a
llegar. Será inevitable
que tengamos algún
costo, porque de hecho
ya hoy lo estamos
teniendo, precisamente
por la demora en la
solución de ese
problema.
—Ariel hablaba de la
necesidad de liberar las
fuerzas productivas,
¿este escenario requiere
fortalecer más el sector
estatal y no estatal?
José Luis Rodríguez: Sí,
indudablemente. Pero hay
que tomar decisiones en
ese sentido. Yo no
coincido mucho con Ariel
en que eliminar la
dualidad monetaria sea
lo primero que haya que
consumar, porque si
fuera así desde 2013
estuviéramos sin hacer
nada, porque se dijo que
había que realizarla y
no se ha podido.
Hay que tener mucho
cuidado, porque hay
medidas que se pueden
adoptar y son
reversibles, con
determinados costos,
pero no son impagables.
Ahora, si nosotros damos
un paso en falso en la
dualidad monetaria, eso
no tiene regreso.
Experiencias en ese
sentido hay, las de
Vietnam en 1986, los
chinos cómo lo hicieron…
Ambos tuvieron muy malas
experiencias,
precisamente, por no
medir bien a la hora de
dar el paso, porque no
es reversible y las
consecuencias se
disparan. Si usted no
tiene preparadas
alternativas, el
problema se dispara.
Hay fórmulas para
compensar. Lo último que
se ha dicho en este
sentido es que la
dualidad monetaria va a
venir acompañada de una
reforma salarial.
¡Correcto! Pero no es
solo una reforma
salarial, porque tenemos
en el país 1 600 000
jubilados, y las
pensiones no se pueden
quedar iguales.
—Entretanto, ¿qué se
puede hacer?
José Luis Rodríguez: Si
no se puede dar la gran
solución, ¿por qué no se
pueden indexar las
pensiones?: si aumentan
los precios, que
aumenten las pensiones,
modestamente. Los
precios no están
disparados a tal
magnitud que vayan a
disparar la situación.
Están las alternativas
de fondos de pensiones
que no estamos
explotando. No tiene que
cargar el Estado con el
ciento por ciento de los
fondos de pensiones, se
pueden emplear fórmulas
que otros países han
utilizado, que pueden
ser fondos de pensión
privados o cooperativos.
— ¿Qué son los fondos de
pensión cooperativos?
José Luis Rodríguez: Hay
cooperativas que
subvencionan las
pensiones que las
personas reciben del
Estado con un monto
adicional, sobre la base
de una contribución que
hicieron previamente.
Los fondos de pensiones
son importantes en los
países capitalistas y no
todos son estatales. Hay
que explorar todas esas
vías, lo que sí no puede
decirse es que se va a
hacer la unificación
monetaria y que va a
seguir la situación de
los fondos de pensiones
como está, igual que la
de los salarios.
Con unificación
monetaria o sin ella,
soy del criterio que si
hoy no se aumenta la
retribución salarial de
sectores que están muy
erosionados, como la
educación o la ciencia,
vamos a perder la masa
crítica, y si se pierde
no se repone en dos
días. Cuando se va un
doctor o un profesor
titular, estos no se
reponen en dos días.
Vimos en un episodio de
la serie de televisión
ConCiencia cómo el
científico terminó de
parqueador. Y que las
razones son
eminentemente económicas
no es una exageración.
Hay notables casos,
personas con un tremendo
nivel de preparación que
se han ido a ganar un
salario mayor en otra
profesión que no tiene
nada que ver con su
preparación.
Entonces, no podemos
perder la masa crítica
porque, compañeros,
cuando se va, no
retorna. Tengo
experiencia en ese
sentido; en los años
noventa no pocas
personas quedaron
disponibles y luego no
se logró su retorno,
porque no solo era un
problema de dinero, sino
de tratamiento personal.
Hay que estudiar todas
las posibles soluciones
y tener preparadas las
alternativas.
Es verdad que todo
cambio tiene un costo.
Toda esta reforma
económica tiene ventajas
que en muchos casos no
se materializan a corto
sino a largo plazo, pero
a corto plazo tienen
costos. Un gran costo es
el pago de la deuda;
consecuencia más costosa
que esa no ha existido
en estos años, y eso fue
parte de los
Lineamientos del 2011.
Todavía hoy estamos en
ese proceso, pero eso no
se explicó de esa
manera. Aparece que
todos estos crecimientos
no se materializan;
claro, si hemos estado
pagando miles de
millones de dólares de
deuda.
Y aquí me quiero referir
a la secuencia lógica
del despegue. Si usted
no liquida cuentas con
aquellos a los que debe,
y con la gente que está
potencialmente como
inversionista en Cuba,
nadie va a venir a
invertir ni nadie nos va
a prestar un quilo. Esa
es una condición básica
para que haya inversión
extranjera, y sin
inversión extranjera no
aumenta la
productividad, y si no
aumenta la productividad
no puedes subir los
salarios. Esa es la
secuencia, no tiene otro
camino.
¡Ah!, pero hay que tomar
las decisiones adecuadas
para que en el punto
crítico se opere en el
momento indispensable.
Se ha estado explicando
aquí todos los problemas
que hay con la ciencia,
con la estimulación de
los trabajadores de la
ciencia. La ciencia es
una esfera típica de
capital de riesgo; no se
puede seguir pensando en
financiar un centro de
investigación y al año
siguiente exigirle un
descubrimiento. De esta
manera no ha funcionado
la biotecnología cubana,
el sector más exitoso
del país. Por ejemplo,
para llegar a la cura de
la enfermedad del pie
diabético se necesitaron
10 años, y no se le
podía decir al
investigador principal
que en un mes debía
formular la cura. Lo
cierto es que todavía se
sigue considerando como
un gasto y no como una
inversión.
—Volviendo a la
pregunta, ¿cree que en
este escenario sea
imprescindible potenciar
más la participación del
sector no estatal; por
ejemplo, las
cooperativas no
agropecuarias?
José Luis Rodríguez: Sí.
Hay una participación
que está a la vista,
cuya operación tiene
complejidades, pero que
puede dar grandes
réditos. Se trata de las
remesas, las cuales se
estiman entre 2 500 y 3
000 millones de dólares
cada año. El 50% de ese
monto es capital de
trabajo, para el
desarrollo de negocios
como restaurantes y
casas de renta; porque,
¿de dónde saca el dinero
este sector si no suele
pedir créditos al banco?
Hay experiencias
internacionales de
creación de fondos
mixtos de inversión en
los cuales participa
tanto el que manda y
recibe la remesa, como
el Estado. ¿De cuánto de
esos millones que entran
a Cuba pudiera
beneficiarse el Estado?
Incluso, puede ser
durante un tiempo.
Claro, esto requiere un
mercado financiero que
hoy no existe; en los
lineamientos está
previsto que se cree.
Hay una serie de cosas
que están apuntadas,
vías posibles de
solución que tenemos que
pensar. Aunque no son
soluciones simples. No
es implementarlas y ya,
se resolvió el problema;
hay que diseñar
instituciones,
mecanismos.
—Una última pregunta, en
la Asamblea Nacional del
Poder Popular se
definieron seis sectores
estratégicos para el
desarrollo de la
economía. ¿En ellos se
concentrarán las
inversiones? ¿Qué
opinan?
Ariel Terrero: Me parece
prudente haber definido
seis sectores
estratégicos, que forman
parte de los 11
identificados en el plan
de desarrollo a largo
plazo, pues permitirá
concentrar los dineros
en áreas claves, en
momentos de limitaciones
en el capital destinado
a las inversiones debido
a la actual situación
económica.
El turismo, por ejemplo,
ha demostrado desde los
años noventa capacidad
de desarrollo y un
fuerte potencial.
También está el sector
de la biotecnología, de
alto desarrollo y con un
lugar importante en las
exportaciones.
Hay una diferencia
sustancial con respecto
a los años noventa. Hoy
Cuba produce,
aproximadamente, casi la
mitad del petróleo que
consume, entre petróleo
y gas acompañante.
En los años noventa,
prácticamente todo el
petróleo era importado.
En la actualidad se
busca desarrollar las
fuentes renovables de
energía y creo que es
una alternativa muy
interesante y que
también tendría virtudes
desde el punto de vista
ambiental. Esa es otra
actividad que hay que
mantener.
O sea, se trata de
concentrarse en sectores
que pueden aportar, en
el corto plazo, una
fortaleza determinada a
la economía cubana.
Además, son sectores
donde estaba prevista
una capacidad de
infraestructura que
generan de forma directa
exportaciones o
sustituyen
importaciones.
Conversamos con
José Luis Rodríguez:
Académico cubano. Doctor
en Ciencias Económicas.
Asesor del Centro de
Investigaciones de la
Economía Mundial.
Ministro de Economía y
Planificación de Cuba
(1994-2008). Fue
vicepresidente del
Consejo de Ministros.
Ariel Terrero:
Periodista cubano,
especialista en asuntos
económicos. Director del
Instituto Internacional
de Periodismo José
Martí. Galardonado con
el Premio Nacional de
Periodismo Juan
Gualberto Gómez.
Vicepresidente de la
Unión de Periodistas de
Cuba.