Cuando cobre mi nuevo
salario
Por Ariel Terrero
[20.07.2019]-
Actualización 5:30 pm de Cuba
El runrún y sentimiento
de retorno al Período
Especial en Cuba se
esfumó de golpe cuando
el gobierno anunció el
incremento del salario
del sector
presupuestado. Lógico.
La medida, que de tan
largamente esperada
todavía suena increíble
para el oído común, es
la jugada más osada de
las autoridades en
materia de política
salarial y financiera en
mucho tiempo. De tan
audaz, preocupa.
Inevitablemente,
anticipa reformas más
profundas en la
economía, si aspira a
ser sostenible.
Aunque insuficiente para
las necesidades
acumuladas en el pueblo
desde la década del 90,
el salto supera por
amplio margen la
decisión de elevar el
salario mínimo de 100 a
225 pesos en el año
2005. También el
crecimiento conseguido
gradualmente desde 2014
en el ingreso medio de
los trabajadores de las
empresas estatales.
Cuando la nueva medida
entre en vigor al cierre
de julio, el salario
mínimo casi se duplicará
en Cuba -de 225 a 400
pesos-, y el salario
medio de los
trabajadores del sector
presupuestado aumentará
en más de 400 pesos: de
los 643 pesos en que se
mantenía desde 2017
hasta 1067 pesos.
Sectores que no inciden
directamente en la
economía pero son
fundamentales para el
desarrollo recibirán el
beneficio: educación,
cultura, prensa,
administración pública,
justicia, servicios
comunales, salud. Aunque
algunas especialidades
–los médicos, por
ejemplo- percibieron los
primeros aumentos hace
unos años, el personal
de sectores
fundamentales se
contrajo ahuyentado por
salarios sin ningún
atractivo. La pérdida de
profesores golpea
actualmente a las
mejores universidades.
¿Puede un país
desarrollarse sin una
academia que multiplique
el conocimiento en la
sociedad y en los
núcleos duros de
producción y servicios?
¿Puede la economía
avanzar sin estructuras
jurídicas y de gobierno
fuertes que garanticen
el timón de la sociedad?
¿Cómo hacerlo en una
coyuntura que apuesta a
una descentralización
que otorgaría mayor
autonomía y protagonismo
económico a los
municipios?
Casi un millón y medio
de trabajadores, todo el
sector presupuestado,
recibirán el beneficio.
Y más de 1.2 millones de
personas acogidas a la
seguridad social
cobrarán igualmente
pensiones mayores. La
primera medida implica
la erogación anual de
7.050 millones de pesos
y la segunda, otros 700
millones.
Las dudas quizás debiera
planteármelas después
que reciba y celebre mi
primer salario de cuatro
dígitos. ¿Soportará la
economía cubana una
inyección de cientos de
millones de pesos en el
circulante cada mes?
Medidas semejantes
despiertan de inmediato
el temor a la inflación.
Si los precios suben, se
evaporaría de inmediato
el beneficio del salario
real.
La medida, arriesgada en
cualquier contexto,
llega en un año, además,
de presiones y enredos
acrecentados, de acuerdo
con informes analizados
en la reciente sesión de
la Asamblea Nacional del
Poder Popular. Entre
tantos datos uno
preocupa: el Ministerio
de Turismo prevé que el
arribo de visitantes
caiga un 10 por ciento
en 2019 en comparación
con el año previo,
debido a las presiones
incrementadas contra
Cuba por el gobierno de
Donald Trump.
Fallos a inicios de 2019
en la oferta minorista
de alimentos y otros
bienes y en la
importación de
combustible, agravados
por trabas mayores del
bloqueo económico de
Estados Unidos a Cuba,
habían revivido el
fantasma del Período
Especial en los primeros
meses. Con tales
antecedentes son
previsibles ahora
tensiones en el comercio
minorista para asumir la
fuerte inyección de
circulante que se
avecina.
El gobierno, sin
embargo, escogió un
momento oportuno para
aplicarla: en medio del
verano, cuando se
disparan en Cuba las
fiestas, el consumo de
bebidas y alimentos. Las
ofertas de playas y
otras alternativas de
recreación vacacional
pueden absorber parte
grande de la liquidez.
La gente gozará y las
cadenas de tiendas
tendrán un respiro
momentáneo sobre otras
ofertas del consumo
cotidiano. Solo cabe
esperar que los
organismos y empresas
vinculadas con ese
comercio tengan
preparados los almacenes
para asumir la ola de
consumidores que llegará
a las playas… y a las
tiendas.
En las primeras
declaraciones y análisis
públicos, las máximas
autoridades reconocieron
el riesgo de inflación,
y comentaron políticas
para enfrentarlo. “Ante
un incremento salarial
existe un alza de la
capacidad adquisitiva y,
por tanto de la demanda.
Si eso no se respalda
con una mayor oferta
puede provocar un efecto
inflacionario, o un
aumento del
desabastecimiento”, dijo
el ministro de Economía
y Planificación,
Alejandro Gil Fernández
en la televisión cubana.
Para mantener estable la
embarcación, el gobierno
cuenta con la
posibilidad de control
de precios sobre la
oferta estatal y el ojo
censor que mantendrá,
con apoyo popular, sobre
los revendedores, la
oferta privada y otros
indicadores de la
inflación.
La amenaza, sin embargo,
no solo cabe esperarla
desde las tablillas de
precios. La economía
arrastra también otros
desequilibrios
monetarios y el déficit
presupuestario, por
ejemplo, permanece
dentro de una olla de
presión desde hace años.
Los riesgos son
múltiples. Aunque para
controlarlos, el
ministro de Economía no
descarta la aplicación
de medidas
administrativas, como un
reajuste de presupuestos
en todas las entidades y
organismos, parece más
inclinado por
instrumentos financieros
afines a la ampliación y
diversificación de la
oferta.
Áreas como el turismo y
las telecomunicaciones
anticipan las primeras
tentaciones para los
consumidores que
contarán tres veces –y
algunos todavía no lo
creerán- el salario que
cobren en los primeros
días de agosto. Pero
también debieran dirigir
los radares en este
verano y en próximos
meses hacia otros
espacios de la red
minorista vinculados con
viejas necesidades. Los
materiales de
construcción para
reparar y pintar
viviendas, otros
productos y servicios
para el hogar y los
clásicos alimentos de
cada día son ámbitos
ideales para absorber
estos primeros
incrementos salariales.
¿Y después, qué?
El desafío real vendrá
meses después porque no
se trata de un regalo
por ocasión única, sino
de una inyección de
miles de millones de
pesos programada
permanentemente mes tras
mes, año tras año. ¿Lo
soportará una economía
con tendencia rutinaria
a la irregularidad en el
suministro de tarimas y
vidrieras de mercados?
Bajo las reglas en que
ha funcionado durante
décadas la economía
cubana veo poco
sostenible esta jugada.
Pero tampoco creo que el
gobierno no haya
calculado cuidadosamente
el movimiento. Entonces,
tengo que suponer que se
trata apenas de una
operación que anticipa
otras transformaciones
más osadas, e igual de
esperadas, en el corto
plazo.
De hecho, algo anunció
el propio Presidente,
Miguel Díaz-Canel, en
Pinar del Río, en una de
las primeras
intervenciones para
explicar exhaustivamente
la decisión de ponerle
un suero a los salarios
del sector
presupuestado, pero este
primer asunto absorbió
la atención del gran
público y nubló otras
medidas que comentó el
mandatario cubano.
La sostenibilidad
principal de la mejoría
salarial del sector
presupuestado depende de
la fortaleza que posea
la columna vertebral de
cualquier economía: el
sector empresarial. Para
contrariedad de los
trabajadores de empresas
esta vez las campanas
sonaron lejos de la
ventanilla donde cobran
su salario, pero el
beneficio, que
pronosticó también Díaz-Canel,
debe llegar hasta ellos
por una razón: no es
lógico que el salario
medio del sector
presupuestado, que
asciende ahora a 1067
pesos, supere por amplio
margen al salario medio
del sector empresarial,
que había cerrado el
2018 en 871 pesos.
La primera señal es la
decisión simultánea del
gobierno de elevar en
las empresas el límite
máximo de pago mensual a
estos trabajadores. “La
empresa que sea
eficiente, que tenga
utilidades y pueda
repartir utilidades, no
se va a tener que
limitar a tres salarios,
puede pagar hasta cinco
salarios medios en
utilidades”, comentó
Díaz-Canel.
A la par, otras medidas
anunciadas, 22, apuntan
a fortalecer a las
empresas estatales y
pueden propiciarles
mayores montos de
utilidades.
Me recuerdan fórmulas
que le dieron muy buenos
réditos a la economía
cubana en los 90 pero
que años después el país
lanzó por una ventana
por ser el sofá donde
detectó mal manejo de
fondos estatales. La
recuperación de
instituciones
financieras, como
FINATUR, puede imprimir
mayor dinamismo a la
actividad crediticia y
al financiamiento en
divisas de proyectos de
inversión y desarrollo
en las empresas, sin
tener que aguardar por
asignaciones de la Caja
Central u otros
mecanismos de la rígida
centralización vertical.
Otras disposiciones
crearan oportunidades
para que las empresas
retengan total o
parcialmente los
ingresos que logren por
el sobrecumplimiento de
exportaciones
planificadas, para
invertirlos en su
desarrollo, sin depender
de voluntades
superiores.
El gobierno apuesta, en
palabras de Díaz-Canel,
por “ir estableciendo
mecanismos económicos
financieros que vayan
sustituyendo, poco a
poco, el exceso de
mecanismos
administrativos que
nosotros tenemos para
conducir la economía”.
La novedad real sobre
los años 90 será si las
puertas de FINATUR y las
instituciones
financieras anunciadas
se abren para ofrecer
capital de trabajo o
inversión también a las
cooperativas y empresas
privadas con presencia
en la economía cubana.
Por lo pronto, en el
paquete de medidas
anticipado se insiste en
eliminar restricciones a
las relaciones entre
entidades estatales y
formas de gestión no
estatal, a fin de lograr
mejores encadenamientos
productivos dentro de la
economía. Y hasta se le
han prometido
oportunidades a las
formas no estatales para
exportar y retener los
beneficios de esas
ventas, aunque quedan
sujetas a hacerlo a
través de empresas
estatales dedicadas a la
exportación, que no
suelen ser bien vistas
ni siquiera por las
empresas estatales de
producción amarradas a
igual intermediación.
Las medidas comentadas
por el Presidente
cubano, que abarcan
otras actividades
conflictivas vinculadas
con el abastecimiento
del mercado interno y el
comercio minorista,
ponen la mirilla también
en objetivos de alta
complejidad, nudo
gordiano donde se ha
trabado la
transformación del
modelo económico
emprendida hace diez
años: la reforma de
precios, la unificación
monetaria y cambiaria y
la eliminación de
subsidios. Y junto con
ello, una reforma
salarial real, que
todavía no ha llegado;
las autoridades aclaran
una y otra vez que la
movida presente solo es
un alza de salarios. La
reforma debiera
reordenar
definitivamente el
sistema de pago de los
trabajadores en las
empresas y otras
entidades, y
reivindicaría el valor
del trabajo en el
socialismo cubano.
Sobre la mesa pública,
el gobierno cubano no
solo puso un sobre más
abultado con el salario
mensual de los
trabajadores del sector
presupuestado. También
colocaron una carpeta de
medidas igual de
voluminosa. ¿Cuánto
tiempo les tomará
aplicarlas? Me arriesgo
a creer que veremos
pasos concretos en poco
tiempo.
Cuando a inicios de
agosto reciba mi nuevo
salario, iré a
celebrarlo con unos
amigos y unas cervezas,
convencido de que el
programa de
transformaciones de la
economía cubana está a
las puertas de una nueva
etapa. De lo contrario,
el actual incremento
salarial correría el
riesgo de desinflarse.
El año 2020 puede
reservar otras noticias
igual de esperadas desde
hace mucho tiempo.
(Cubadebate)