Circuito
turístico-cultural,
encadenamiento
productivo y autonomía
municipal
Por Victor Fowler
Calzada
[01.08.2019]-
Actualización 10:30
am de Cuba
La fecha en la que
escribo este texto (3 de
julio de 2019) es tan
relevante como el lugar
desde donde lo hago, el
pequeño pueblo de
Cojímar, situado a unos
8 kilómetros de la
ciudad de la Habana,
entre el Reparto “Camilo
Cienfuegos”, al que los
habaneros llamamos
Habana del Este, y
Alamar. Aclaro que este
texto va a ser más bien
raro, pues en él –como
si se tratase de una
película de temática
fantástica- estaré
hablando de cosas que no
existen como si fueran
reales.
La primera de ellas fue
la fiesta con la que los
habitantes del lugar
recordaron el desembarco
de las tropas inglesas
que, al mando de Lord
Albermale, entraron a
tierra cubana el día 7
junio de 1762. Decenas
de miles de habaneros
vinieron de todas partes
para estar en esta
fiesta que, anualmente,
comienza en Cojímar y
abarca desde aquí hasta
el Morro, la Cabaña y
Guanabacoa. En la
ocasión es escenificado
el desembarco, así como
la resistencia de los
cubanos.
Aprovechando la fecha,
todos los años se
celebra un encuentro
internacional de
historiadores que
debaten los más
disímiles aspectos de la
presencia inglesa en el
Nuevo Mundo. Miles de
turistas del mundo
entero están presentes
en la fecha. Como gesto
de amistad, tiene lugar
una semana de cine
inglés y hay escenarios
en los que tocan músicos
de ese país. Lo que fue
un suceso de conquista
es analizado, pero
también transformado en
espacio para el diálogo
y encuentro cultural. El
museo de la localidad
enseña las interesantes
colecciones de objetos
de la época, son
ofrecidas conferencias
para estudiantes de la
zona y nuevos materiales
históricos son
exhibidos.
La segunda fantasía
tiene lugar el 21 de
julio y se trata esta
vez de la celebración
del nacimiento del
célebre escritor
estadounidense Ernest
Hemingway, uno de los
más importantes
narradores del siglo XX
y gran amigo del pueblo
cubano, en especial, de
los pescadores de
Cojímar. Fue observando
y compartiendo con estas
personas humildes que
Hemingway acumuló datos,
motivos e inspiración
para escribir El viejo y
el mar, la más famosa de
sus novelas; uno de
estos pescadores,
Gregorio, fue durante
años el patrón del
“Pilar”, el yate del
escritor, y sirvió como
modelo para “El Viejo”,
el personaje principal
de la novela. La obra se
desarrolla en el mar y
en el pequeño pueblo de
Cojímar que, aunque no
llamado por su nombre en
el texto, es reconocible
por el restaurante donde
el escritor acostumbraba
a comer: La Terraza.
Toda esta enorme carga
referencial es
aprovechada por las
autoridades culturales y
de la administración que
anualmente organizan un
encuentro internacional
sobre la obra del
escritor. La casa de
Gregorio ha sido
reconstruida y está
abierta a visitantes, el
museo de la localidad
tiene una hermosa sala
dedicada a Hemingway y
otras al oficio de
pescador. Alrededor de
“La Terraza” se venden
los libros de Hemingway,
los que han escrito
sobre él autores cubanos
y, en general,
literatura que recrea el
estilo de vida de las
comunidades de
pescadores cubanos. Es
un sitio favorito de
turistas que desean
pescar en aguas cercanas
al litoral o que
simplemente gustan de
pasar una noche pescando
en el muro del malecón
cojimero. Hay varias
tiendas de memorabilia
relacionada con
Hemingway y su mundo,
así como también con la
estancia de los ingleses
en Cuba.
Además de todo lo
anterior, la enigmática
mención que José Martí
hace de Cojímar en su
medular ensayo Nuestra
América es motivo de una
Jornada Martiana que,
con convocatoria
internacional, inunda el
pequeño pueblo con
delegados de todo el
continente: “Se ponen en
pie los pueblos, y se
saludan. “¿Cómo somos?”
se preguntan; y unos a
otros se van diciendo
cómo son. Cuando aparece
en Cojímar un problema,
no van a buscar la
solución a Danzig.”
Resulta que es aquí, en
este mismo párrafo y
asociado al pequeño
poblado de pescadores,
donde se encuentra una
de las más repetidas
máximas de Martí: “Crear
es la palabra de pase de
esta generación.”
Para que no haya
sobresaltos, recuérdese
que esto es una
fantasía, un ejercicio,
un juego. Entonces,
puesto que nada de lo
que he escrito hasta
aquí sucede, ¿puedo
seguir enlazando
escenarios?
II
Esta vez no hay nada de
fantasía, sino que me
encuentro impartiendo
clases a un grupo de
estudiantes procedentes
de universidades
estadounidenses. Parte
de la oferta cultural
que reciben son varios
recorridos por lugares
de interés de la ciudad
de La Habana; de estos
lugares, destaco tres:
el ya mencionado Cojímar,
la vecina Habana del
Este (ejemplo de una de
las primeras ejecuciones
de urbanismo del período
de la Revolución) y la
también vecina Alamar
(ejemplo del urbanismo y
del modelo de
construcción extendido
en los ‘70 cubanos, así
como del recordado
estilo de las
micro-brigadas). Si todo
pedazo de geografía
tiene una historia en el
tiempo, en el caso de
las tres localidades
citadas, lo que allí, ha
sucedido es enteramente
trascendental dentro del
relato épico de la
construcción nacional.
Si para un grupo de
estudiantes el recorrido
tiene un sentido
histórico, social y
cultural; si es posible
distribuirlo de manera
que las partes se
integran dentro de una
narrativa que explica
nuestro pasado como
nación, nuestro devenir
hasta el presente y
quiénes somos; si es
posible repetir los
recorridos una y otra
vez (hasta hacer de
ellos un circuito), ¿por
qué no da origen a la
oferta turística de
alguna institución
estatal? ¿Qué es turismo
y qué se enseña cuando
se hace turismo? ¿Qué se
muestra a extranjeros y
nacionales? ¿Cómo y para
qué se organizan
circuitos y espacios?
¿Cómo hacerlos
productivos y
sustentables? ¿Qué papel
tienen aquí la invención
y la imaginación?
III
Un circuito
turístico-cultural es
una estructura
productiva que se
organiza alrededor de un
lugar con potencial
histórico y cultural
suficiente como para
rendir beneficios
económicos desde el
punto de vista
turístico. Para
comprender el uso de la
palabra “estructura”,
aquí hay que agregar el
concepto de “sistema”,
porque un circuito
turístico-cultural no es
una sumatoria caótica de
elementos y acciones,
sino una unidad
orgánica, cuidosamente
pensada en los elementos
que la integran, las
fuerzas que moviliza y
los efectos que tiene su
existencia y desarrollo.
Desarrollar un circuito
turístico-cultural
equivale a estudiar un
territorio, conocer en
profundidad sus
características
poblacionales,
físico-ambientales, así
como la historia y la
cultura del lugar, sus
vías de comunicación, la
oferta de las industrias
locales y de los
servicios. Es un acto
intelectual, un hecho de
pensamiento.
En un espacio de este
tipo el núcleo de la
significación
histórico-cultural, lo
que concentra el
especial valor del
sitio, demanda de la
colaboración de
numerosos actores
locales para realizarse;
desde la venta de libros
hasta la de discos o
textiles impresos, de la
presentación de comida
típica del territorio a
la organización de un
congreso, un concierto o
un concurso
internacional acerca de
aquello que constituye
el valor del lugar. Los
diseñadores de espacios
como estos saben que
trabajan con la memoria,
la identidad nacional,
el orgullo local, el
sentido del proyecto
político del país,
elementos que obligan a
moverse con cuidado
extremo para no herir o
dañar, además de no
falsear ni mercantilizar
la historia-cultura de
los territorios.
¿Qué es todo cuanto se
puede hacer u ofertar
cuando se organiza,
alrededor de uno de
estos espacios, un
encadenamiento de
entidades productivas
que generen beneficio
económico? Además de la
belleza del mítico
Fenway Park, el stadium
de pelota de la ciudad
de Boston, si algo me
llamó la atención del
sitio fueron los
alrededores desbordantes
de tiendas de
memorabilia, implementos
deportivos, cafeterías,
pequeños restaurantes,
librerías, vendedores y,
en general, todo un
hervidero de ofertas que
existen allí gracias al
juego de pelota, pero
que no son parásitas de
él, sino que lo
homenajean y lo
potencian.
IV
Encadenar significa
unificar potencialidades
y fuerzas empresariales
que operan de manera
aislada para que ahora
alcancen un estadio
superior; en ocasiones,
significa ir más lejos y
entonces crear lo que no
existe o despertar
fuerzas dormidas y
empujarlas a una nueva
dirección. Dicho de otro
modo, encadenar es
calcular el paso de la
parte al conjunto, de lo
separado al sistema;
significa tejer lazos
que van siendo cada vez
más integrales e
irremplazables, vigilar
continuamente los
procesos y corregir
errores, investigar sin
descanso los mejores
ejemplos de sistemas de
turismo-cultura para
entender la lógica
profunda de su
funcionamiento y aplicar
lo que, para nosotros,
vaya a significar
crecimiento; conocer las
necesidades del turista,
extranjero o nacional,
adelantarlas y –lo más
difícil- crearlas.
Cuando se piensa en una
sociedad, la palabra
sistema implica el
entramado e interacción
dialéctica entre
eslabones superiores e
inferiores; interacción
con otros sistemas;
necesidad de renovación
permanente; control
sobre los límites del
sistema. Hoy, cuando la
sociedad cubana ha
entrado en un período de
transformaciones
profundas; cuando
aumentan las
prerrogativas de los
eslabones inferiores de
dirección gracias al
incremento de la
autonomía municipal;
cuando hay un llamado
para acrecentar las
exportaciones y aumentar
la captación de
capitales, es
imprescindible pensar de
otra forma e imaginar lo
posible de otra forma.
Hay que dar un salto
intelectual. Hay que
estudiar más que nunca y
conocer la historia, las
tradiciones y la
producción cultural de
los territorios. Hay que
ir más allá de lo que se
ve y de lo evidente para
develar todo lo que aún
no somos capaces de
sentir, pero que ante
nuestros ojos se
encuentra en estado
latente. También hay que
conocer al otro, al
turista posible
(nacional o extranjero)
más que nunca. Tomar
todo eso, razonar,
soñar, calcular y hacer
esa magia que es la
combinación de turismo y
cultura en función del
desarrollo.
Eso sí, con par de
avisos a tener en
cuenta: deseamos
desesperadamente dar un
salto, pero, como enseña
un sabroso guaguancó,
tiene que ser “con
mesura y cadencia”.
Suena contradictorio, lo
sé, pero justo por eso
es que los equilibrios
dialécticos son tan, tan
difíciles (e
interesantes). De esta
manera, todo esto que al
inicio del texto escribí
como fantasía va a poder
ser realidad y estoy
seguro de que más
también, mucho más.
(Cubadebate)