Chile. Hay que abrir el
análisis de los acuerdos
comerciales
Por Hugo Fazio / Resumen
Latinoamericano
[26.08.2019]-
Actualización 11:00
am de Cuba
Hay que abrir el
análisis de los acuerdos
comerciales. El Tratado
Integrado y Progresista
de Asociación
Transpacífico, como se
denominó el concordado
entre los once países
participantes del
acuerdo suscrito en
febrero de 2016 y que
nunca Barack Obama dio
el paso de someterlo a
ratificación en el
Congreso estadounidense
por la convicción de que
sería rechazado, merece
analizarse en un
contexto más amplio. Se
dejaron fuera del nuevo
texto veinte
disposiciones del
proyecto promovido ante
todo por Estados Unidos,
destacando las referidas
a propiedad intelectual.
Ello responde -según
declaro Felipe Lopendía,
jefe del equipo
negociador chileno- a
que ese capítulo fue
claramente el más
difícil, el más
controversial durante el
proceso de negociación
original” (22/02/12).
Sin embargo fue suscrito
por los restantes
países, incluido Chile.
Sin duda, de no haber
sido estos puntos
retirados habría sido el
TPP11 aún más
criticable.
El nuevo texto ha sido
defendido oficialmente
por los beneficios que
proporciona en el sector
exportador. Ello es
propio de cualquier
acuerdo de libre
comercio. Si se reducen
trabas necesariamente
las exportaciones deben
crecer. Proporcionándose
cifras, igual que en los
tratados anteriores, de
las ganancias
producidas. Pero el
comercio exterior tiene
dos direcciones: se
obtienen ventajas y al
mismo tiempo se entregan
beneficios, que también
necesitan dimensionarse
y no se hace. El arancel
promedio que tienen las
adquisiciones efectuadas
en el exterior es
inferior al 1%. Por lo
tanto, la apertura
comercial al ingreso de
productos desde el
exterior es
extraordinariamente
amplia.
Esta apertura no se
redujo solo a lo
comercial sino que es
absoluta en el
movimiento de capitales
tanto a los con fines
productivos como a los
que llegan en busca de
utilidades en el mercado
de capitales y que
tienen muchas veces
propósitos abiertamente
especulativos. Estos
procesos conducen a que
el país sea tan
dependiente de fenómenos
que se viven en el
exterior, incidiendo
poderosamente en la
evolución del ciclo
económico interno. Por
lo demás ello lo
ratifican elocuentemente
hechos recientes. Esta
lógica conduce a que en
particular indicadores
macroeconómicos claves
queden entregados
exclusivamente a los
movimientos del mercado
como acontece con el
tipo de cambio. El
premio Nobel de Economía
Paul Krugman ha señalado
refiriéndose a la cuenta
corriente de la balanza
de pago que “el objetivo
externo es más una
imposición desde el
exterior que una
elección del propios
país”. Ya que ellos
resuelven si entran o
salen.
En el TPP11 se reafirma
un atentado en contra de
la soberanía nacional al
concederle a la
inversión extranjera
garantías, como ha
denunciado
explícitamente el
economista chileno de la
Universidad de Cambridge,
Gabriel Palma, al
concederles garantías
contra cualquier
interferencia “que pueda
afectar las expectativas
inequívocas y racionales
del retorno de la
inversión”. El argumento
inadmisible dado para
justificar este atentado
es que ya se había
entregado en tratados
anteriores. ¿Si un
acuerdo lesiona la
soberanía nacional ello
es un aval para que se
siga haciendo? Sin duda
que no.
La valoración del TPP
original constantemente
por el Ejecutivo es
efectuada realizando
comparaciones con el
Tratado de Libre
Comercio entre Chile y
EEUU en el sentido de no
realizar nuevas
concesiones en relación
a este documento. Pero
dejó de lado
precisamente la
consolidación de
garantías a la inversión
extranjera que fueron
incorporándose en
acuerdos de libre
comercio posteriores al
TLC con EEUU y que en el
TPP se refrendaron. Su
gravedad queda en
evidencia en la cada vez
más reiterada amenaza de
inversionistas
extranjeros de recurrir
a organismos
internacionales al
considerar que una
resolución del país les
perjudica, demandando no
solo reparaciones por
las ganancias efectuadas
sino también por las
rentabilidades que
tenían programadas
obtener a futuro. Por lo
demás, el TLC Chile –
EEUU no fue precisamente
un acuerdo en que estuvo
presente el interés
nacional.
En la evolución de la
economía mundial se
produjo un viraje muy
brusco en la década de
los ochenta del siglo
pasado. “La agenda
neoliberal de las
últimas cuatro décadas
puede haber sido bueno
para el 1% de la cúspide
de la pirámide, pero no
lo fue para el resto. A
ambos lados del
Atlántico –escribió
Joseph Stiglitz mientras
se elaboraba el TPP
original- los ciudadanos
culpan a los acuerdos
comerciales,
señalándolos como uno de
las fuentes de su
malestar. Los tratados
comerciales de hoy en
día se negocian en
secreto, en estos
tratados los intereses
corporativos están muy
bien representados, pero
los trabajadores y los
ciudadanos de a pie
están completamente
excluidos” (18/07/16).
Así sucedió con el
proceso de negociación
del TPP.
A nivel global, en
grandes zonas del mundo,
incluido nuestro país,
se impusieron políticas
de amplia apertura de la
economía en gran medida
impulsadas por EEUU:
colocando la apertura,
así como reducir los
déficits fiscales y las
tasas de inflación como
objetivos prioritarios.
“(…) con el capitalismo
que tenemos desde los
ochenta, incluyendo la
crisis de 1982 de Chile
–ha declarado el
economista coreano de la
Universidad de Cambridge,
Ha Joon Chang, que
visita en estos días el
país- el mundo ha vivido
muchas crisis
financieras, mientras
que la desigualdad se ha
incrementado en la
mayoría de los países,
la gente suele pensar
que el neoliberalismo ha
logrado un crecimiento
más rápido pero eso no
es verdad. (…) el mundo
estaba creciendo
alrededor de 2,7% en la
década de los sesenta y
setenta, y desde los
ochenta ha crecido
1,4%”.
Entre los factores que
destaca Ha Joon Chang
para lograr pasar a
etapas superiores en un
país como Chile está el
papel del Estado. “No
puedes desarrollar tu
economía –subrayó- con
una pequeño rol del
gobierno. Si un país
como Chile quiere
alcanzar los estándares
de ingresos de los
países desarrollados, el
Estado tiene que tener
un rol importante”. Lo
otro, agregó, tiene que
ser con nuestro tema
central, “son las
dificultades prácticas
para la firma de muchos
tratados de libre
comercio, marco en el
que resalta difícil
procurar nuevas
industrias” (17/08/19).
Temas como los
analizados adquieren una
dimensión mayor en
momentos de la economía
mundial como el que
estamos viviendo y que
exigen respuestas
activas de parte del
país, particularmente
fiscales, dado que las
políticas expansivas del
Banco Central muestran
constantemente que sus
políticas anticíclicas
tienen un efecto
limitado. Basta
solamente detenernos en
el efecto real de las
bajas tasas de interés
de política monetaria
mantenidas desde hace
años y los efectos
reales que han tenido en
los niveles de actividad
económica.
¿No habría que prestar
atención, por ejemplo, a
las cifras negativas
registradas en el
comercio exterior? En el
primer semestre, las
exportaciones se
redujeron tanto a China
como a EEUU en 11% con
relación a los mismos
meses de 2018. A la
Unión Europea lo
hicieron en 13%. Incluso
cayeron las colocaciones
al conjunto de los
países con que se tienen
acuerdos comerciales
durante enero-junio en
6,9%.
Obviamente aumentaron en
aquellos países donde se
relocalizaron empresas
chinas para exportar
desde ese país a EEUU.
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