¿Es posible
des-dolarizar?
Por Julio Gambina
[26.08.2019]-
Actualización 11:00
am de Cuba
Acaba de realizarse el
12° Encuentro de
Economistas de Bolivia
en las ciudades de La
Paz y de El Alto.
Un cónclave con 8.000
inscriptos donde
expusieron oradores
locales y de diferentes
países, junto a
representantes de
organismos
internacionales, como la
CAF o la CEPAL.
Las intervenciones
destacaron el momento de
desaceleración de la
economía mundial, aun
cuando comparativamente
el país anfitrión ofrece
datos económicos y
sociales para
considerar, incluso,
encabezando los puestos
del crecimiento regional
en los últimos años.
Bolivia resulta un caso
para considerar,
especialmente por
reivindicar una política
económica, que en
esencia avanza a
contramarcha de las
recomendaciones de la
receta liberalizadora de
la corriente principal
del pensamiento
económico, con
resultados
sorprendentes.
Entre los aspectos
destacados, en una
presentación del
Presidente del Banco
Central de Bolivia, el
Licenciado Pablo Ramos
Sánchez, de amplísima
trayectoria académica,
señala la
“bolivianización” del
sistema financiero del
país, con una
modificación de las
variables de opción de
los usuarios entre la
moneda local y la divisa
estadounidense.
Antes de la asunción del
Gobierno de Evo Morales
la cartera de créditos
en pesos era apenas del
5% y en 2019 del 99%.
Por su parte, el ahorro
en moneda local era del
10% y en el presente un
87%.
La cotización hacia el
2005 superaba a los 8
pesos y en la actualidad
está por debajo de los
7, en un claro proceso
de apreciación de la
moneda local.
El endeudamiento en
divisas era del 51,7%
del PBI en 2005 y se
reduce al presente al
24,6%.
Lo que resulta evidente
es la des-dolarización
de la economía, cuando
hace apenas una década
la lógica referencia de
los principales precios
de la economía remitían
al dólar, sean las
tarifas de servicios
públicos como el mercado
inmobiliario o
automotor.
Es un tema de especial
interés para aquellas
economías, caso de la
Argentina, de creciente
referencia de los
precios al dólar.
La principal
preocupación en
Argentina y otros países
de la región pasa por la
evolución del tipo de
cambio y las decisiones
de política nacional que
se toman en Washington y
que impactan en
economías dolarizadas,
dependientes de la
situación y disposición
en el país hegemónico
del sistema mundial.
La soberanía
Resulta esencial la
recuperación de la
capacidad soberana del
manejo de la política
económica y muy
especialmente de la
definición relativa a la
apropiación estatal y
destino de la renta
generada por el trabajo
social.
La principal riqueza
boliviana está en los
hidrocarburos y la
apropiación estatal de
la renta de los
hidrocarburos desde el
2006 explica lo
determinante de la
fuente de acumulación
económica.
El sector estatal
desarrollado en estos
años en la economía de
Bolivia constituye el
principal motor de la
dinámica de crecimiento
y expansión con atención
en la mejora de los
indicadores económicos y
sociales. Dicho en un
marco de ampliación de
las diferentes esferas
de la “economía plural”
según define la
Constitución del 2009,
que junto al Estado
despliega el sector
privado, cooperativo y
comunitario.
Lo que ocurre es una
expansión de la
inversión pública y por
ende de la privada (en
menor medida) y del
consumo extendido, tanto
público como privado,
con una expansión de las
relaciones comerciales y
económicas
internacionales. El
resultado es el
crecimiento económico
continuado más allá de
las dificultades de la
economía mundial y muy
especialmente de la
región.
Entre los principales
logros se encuentran los
indicadores sociales de
calidad de vida, más
allá de insuficiencias
en el modelo productivo
y de desarrollo,
asociado a los límites y
a la dependencia
económica y tecnológica
del país. Bolivia es un
país que se define en
transición hacia una
nueva sociedad y Estado
plurinacional del Vivir
Bien.
Desde el punto de
partida del
empobrecimiento, un
37,7% de extrema pobreza
en 2006, se llega al
15,2% del 2018; y para
la pobreza moderada se
pasó del 59,9% al 34,6%.
Resulta aún elevada la
pobreza, pero marca una
tendencia declinante
bajo el marco de las
definiciones de política
económica en estos años
de Gobierno del
Movimiento al
Socialismo, MAS.
Siendo uno de los países
más empobrecidos del
mundo, se reconoce en el
presente una fuerte
distribución del
ingreso, mejorando el
índice de GINI, del
60,2% en 2005 al 43,6%
del 2018.
La reducción de la
pobreza y la mejora en
la distribución del
ingreso es un logro
producto de
transferencias
realizadas a la mitad de
la población, denotando
un uso social de la
renta apropiada por el
Estado.
Por lo que la economía
resuelve por un lado la
acumulación y la
distribución progresiva
del ingreso. Un logro
derivado de las
decisiones soberanas en
materia económica.
¿Cuánto más se
aprovecharía este rumbo
a contramano de la
hegemonía mundial si los
países vecinos se
comprometieran en el
mismo sentido? Lo que se
ve es el cerco
conservador y de derecha
de Argentina, Brasil,
Chile, Paraguay, y Perú.
Recuperar soberanía en
el manejo de la política
económica resulta
estratégico, más en un
tiempo con tendencias a
la desaceleración y de
reestructuración de las
reglas de la
“normalidad” en la
dominación capitalista
mundial.
Desacople
Las experiencias de
cambio político operadas
en la primera década del
Siglo XXI en la región
auguraban una agenda de
transformaciones
económicas, con
propuestas muy
interesantes en materia
de integración
productiva en alimentos,
energía y finanzas,
promoviendo una mayor
relación comercial al
interior de la región
latinoamericana y
caribeña, suspendida por
la ofensiva conservadora
de los últimos años, muy
especialmente en
Argentina y Brasil, que
suman su estrategia a
las de Chile, Colombia,
Paraguay y Perú.
Con la situación de
desaceleración de la
economía mundial
provocada por la guerra
comercial entre EEUU y
China, que escala en el
ámbito mundial, lo mejor
para los países
dependientes sería el
desacople de esa
dinámica, buscando
recuperar coordinación y
convergencias de
políticas económicas
soberanas en una
perspectiva de
integración alternativa.
Aún sin modificar las
relaciones capitalistas
de producción, suponen
un primer paso para
pensar en la transición
contra el orden del
capital.
El ejemplo de Bolivia,
con política económica a
contramano de la
ortodoxia y la hegemonía
de la corriente
principal
liberalizadora, otorga
validez y actualidad a
una concepción de
desacople para transitar
un rumbo de cambio
económico, modificando
la ecuación de
beneficiarios y
perjudicados.
Claro que el poder
económico mundial y el
actuante en cada país
intentará por todos los
medios impedir ese
camino de transición. Es
el costo necesario para
resolver con
independencia las
necesidades
insatisfechas de la
mayoría de la población
en nuestros países.
Buenos Aires, 26 de
agosto de 2019
El Blog de Julio C.
Gambina