La Ruta de la Seda y La
Habana
Por Luis A. Montero
Cabrera
[13.10.2019]-
Actualización 11:30 pm de Cuba
La globalización de la
que tanto se ha escrito
comenzó en realidad hace
unos 60 000 años, cuando
parece que algunas
tribus de homo sapiens
se desplazaron
sistemáticamente al
norte de su África
originaria. Puede que
hayan usado balsas por
el Nilo, o se hayan
desplazado por tierra a
través del istmo de
Suez, o se hayan lanzado
a las corrientes del
estrecho de Gibraltar.
Cuando la especie
surgió, el clima de lo
que hoy llamamos Eurasia
era muy fríamente
inhóspito para nuestros
abuelos. Hubo que
esperar muchas decenas
de miles de años para
que resultaran una
alternativa atractiva
para aquellos seres que
eran probablemente tan
inteligentes como
nosotros hoy en día,
pero estaban mucho menos
informados de cómo hacer
las cosas. Llegaron
incluso a poblar primero
Australia que Europa, a
pesar de la lejanía y
las evidentes barreras
marítimas que eso
representó.
Durante esos milenios en
los que fuimos
asimilando nuevos
asentamientos y
maximizando nuestras
potencialidades de
obtener o producir lo
que necesitábamos para
sobrevivir fue creciendo
también la cantidad de
información propia y
ajena que cada humano
almacenaba y usaba. El
comercio, como forma
desarrollada de esa
supervivencia, hizo que
se intercambiaran bienes
para satisfacción de las
partes. Los viajes
permitieron que ciertas
mercancías exóticas para
un grupo humano le
fueran accesibles,
aunque vinieran de
lugares remotos. Se
podían obtener bien por
intercambio directo o
también a partir de un
invento revolucionario:
el dinero, que es la
mercancía universal.
Con esta carta de
crédito, un comerciante
no tenía que cargar con
voluminosos bienes para
cambiarlos por lo que
necesitaba en donde
fuera. Lo que sirviera
de dinero era casi
siempre más fácil de
transportar. Si se
certificaba su validez
podía cambiarse por
cualquier recurso en
cualquier parte. El oro
y otros minerales
escasos y de interés por
todos resultaron idóneos
para que un comerciante
veneciano pudiera
adquirir bienes en una
feria pekinesa. Y
también para traerlos de
vuelta a su origen
adriático con el fin de
venderlos de nuevo,
sacando la mayor
ganancia posible del
servicio de su gestión y
transporte de vuelta.
Durante muchos siglos,
la seda de China se
cambió por oro y otras
mercaderías monetizables.
El procesamiento y
producción de este
exquisito tejido, de
origen proteico y
producido por capullos
de polillas, solo era
bien conocido allá. Sin
embargo, era ambicionado
por las personas más
solventes de Europa. Así
surgió un factor de
globalización comercial
y financiera que
determinó la vida de
muchos, incluyendo la
mayoría de los ancestros
de los que hoy habitamos
Cuba. La expedición de
Colón tenía como
motivación última, al
menos aparentemente,
competir con la ruta y
el cinturón de la seda
que unía el oriente
chino con el occidente
europeo.
Como los humanos somos
muy ingeniosos e
innovadores, a la vez
que temerarios, una vez
establecidos los
asentamientos europeos
en América, se comenzó a
ampliar aquél cinturón
terrestre y las rutas
marinas que se habían
comenzado siglos antes
en Eurasia y África.
Ahora se trataba de usar
la esfericidad del
planeta y arribar a las
mercancías asiáticas por
el occidente. Durante
casi tres siglos
funcionó entonces un
largo camino para las
mercancías europeas
occidentales a Asia y
las asiáticas de vuelta.
Implicaba muchos azares
y aun así resultaba
sostenible.
La llamada “Flota de
Indias” movilizó una
formidable armada de
galeones que enlazaban
periódicamente primero
Sevilla, usando la
navegabilidad del
Guadalquivir para esos
buques, y después Cádiz
para remontarse a través
de un inmenso Atlántico
hacia el Caribe. Su
operación en nuestro
Mediterráneo americano
era compleja. Cuando
venían lo hacían
fundamentalmente a
Cartagena, hoy en
Colombia, o Portobelo
que estaba al norte de
Panamá, en el Caribe.
El regreso a la
península tenía una
escala larga de
avituallamiento y
agregación inevitables
nada menos que en La
Habana. Nuestra posición
geográfica privilegiaba
que la Corriente del
Golfo ayudará a los
buques en su retorno
europeo. También, la
excelente condición de
seguridad multifacética
de la bahía se prestaba
de maravillas para la
logística, la
construcción y el
mantenimiento de los
buques que estaban
sometidos a tan riesgosa
travesía de regreso.
Habrá que divulgar los
numerosos estudios que
deben existir, o
hacerlos, acerca de lo
que esta aventura de la
historia comercial del
mundo significó como una
de las razones de
nuestra idiosincrasia
nacional, de nuestra
hermosa diversidad, y de
nuestra cultura
multidimensional.
Para completar la nueva
ruta de la seda de los
siglos XVI al XVIII, la
aventura atlántica
complementaba a otra
desde Asia. La llamada
“Flota del Pacífico” iba
y venía a Manila en las
islas que hoy se llaman
Filipinas, hasta
Acapulco, en la entonces
Nueva España después de
atravesar ese inmenso
océano. Sus mercaderías
se transportaban
entonces por tierra, a
través de Puebla, para
llegar a Veracruz en el
Golfo de México y de ahí
a La Habana, para ser
reembarcadas en la Flota
de Indias. Por supuesto
que también funcionaba
en dirección contraria
para mercancías europeas
destinadas al extremo
oriental de Asia.
La República Popular
China es hoy la gran
propulsora de un
proyecto global del
“Cinturón y la Ruta de
la Seda” que cubre
inversiones y desarrollo
en los países
involucrados en estas
globalizadoras aventuras
del primer y segundo
milenio de nuestra era.
El lugar histórico que
debe tener Cuba en ella,
y nuestra Habana de
cinco siglos, es tan
determinante como el de
Estambul en Europa.
Una reflexión actual
acerca de estos orígenes
también nos lleva a
muchas conclusiones
lógicas que, aunque
evidentes, a veces se
olvidan. Si algún
privilegio tenemos de la
naturaleza es nuestra
situación geográfica con
relación a las cadenas
de comercio y transporte
mundial de personas y
mercancías. Los
panameños gozan de algo
similar y lo usan a
fondo. Es cierto que
nuestros intentos están
claramente sesgados por
el bloqueo al que se nos
ha sometido desde hace
décadas por querer ser
libres.
Pero, ¿hemos usado
realmente todas nuestras
posibilidades dando
facilidades máximas para
que el ingenio y la
iniciativa de los
cubanos aprovechemos
esta ventaja en bien de
nuestro orden social,
que es justo por
definición? ¿Qué está
ocurriendo de forma
espontánea ahora mismo
en nuestro país con el
importante comercio
informal que florece y
del que toda la sociedad
cubana solo se beneficia
marginalmente y unos
pocos notablemente?
¿Resulta la excelente
iniciativa del puerto
libre del Mariel lo
suficientemente
atractiva para lo que
fue concebida?
¿Manipulan nuestros
bancos todos los
valiosos flujos
financieros que
presumiblemente circulan
por nuestro país en los
bolsillos de las
personas? ¿Están las
inversiones y
regulaciones portuarias
y aeroportuarias de
nuestra Patria y sus
proyecciones futuras a
escala con esta
oportunidad de ser llave
del Golfo y centro
distribuidor natural de
personas, mercancías y
finanzas de este mundo
global en esta región
del mundo?
La cultura y el
conocimiento de la
historia completa, la
que no siempre alcanza
sus justas conclusiones
en los libros de
educación básica, pueden
ayudarnos a promover
alianzas, a competir y a
triunfar en el objetivo
de construir una
sociedad verdaderamente
más justa, libre y
democrática como tiene
que ser el socialismo
que nos decía Fidel.
(Cubadebate)