Encadenamientos
productivos: ¿de qué
estamos hablando?
(partes I, II y III)
Por Pedro Rioseco
Los encadenamientos
productivos incluyen a
un conjunto de actores
económicos asociados en
la cadena de valor de un
producto, que
interactúan entre sí
para obtener beneficios
en conjunto y aumentar
sus niveles de
competitividad
[28.10.2019]-
Actualización 9:00
am de Cuba
Alguna vez se ha
preguntado cuántos
materiales diversos
intervienen en la
confección de cualquier
artículo que se hace en
una instalación
productiva, cuyo
objetivo se conoce
simplemente por el
resultado final que le
da nombre como «fábrica
de muebles».
Pensemos un poco. Si se
trata, por seguir este
ejemplo, de hacer camas
para las instalaciones
turísticas, estamos
hablando de madera,
herramientas para
cortarla y darle forma,
tornillos, pegamento,
lijas, barniz o pintura,
nasobucos, overoles, y
muchos otros insumos
más.
Incluso, pueden
intervenir cooperativas
contratadas o empresas
grandes, medianas o
pequeñas, cuyas
producciones formen
parte o estén incluidas
en el plan económico de
otra entidad mayor que
tenga financiamiento
para comprarlas.
Esos insumos o
«eslabones» son los que
constituyen la cadena de
valor, pues todos
intervienen en el costo
de producción y, junto
con la mano de obra y la
transportación, aportan
su parte a la hora de
fijar el precio de ese
producto para el
mercado, en este caso,
las instalaciones
hoteleras para el
turismo.
Cualquiera de esos
elementos que falten,
demoren su entrega, o
carezcan de la calidad
adecuada, ponen en
peligro el producto
final y, por ende, a
toda la cadena
productiva de muebles y
resulta prioridad
enlazar a todos los que
producen los insumos
mencionados.
Eso es a lo que se llama
«encadenamiento
productivo», y cobra
especial importancia si
algunos de los elementos
que intervienen en el
producto final son
importados, su
producción es
deficitaria en el país,
o la calidad del
componente nacional no
es la adecuada.
Se trata entonces de
evaluar cómo la entidad
receptora, en este caso
el turismo, puede
contribuir a potenciar
con financiamiento a
otras que intervienen en
su «cadena», lograr
sustituir importaciones
y avanzar en la total
soberanía nacional de
cada uno de los
procesos.
Ello incluye identificar
y promover la creación
de nuevos sectores o
ramas de producción
sobre la base de una
combinación eficiente
entre las fortalezas del
país y la evolución de
la economía mundial.
Los encadenamientos
productivos incluyen a
un conjunto de actores
económicos asociados en
la cadena de valor de un
producto, que
interactúan entre sí
para obtener beneficios
en conjunto y aumentar
sus niveles de
competitividad.
Esta relación de insumos
y productos finales,
donde existe además un
compromiso que va más
allá de una transacción
de compra o venta,
supone la
especialización de las
entidades productivas
que intervienen en
diferentes fases del
proceso de producción o
servicio, para alcanzar
mayor eficiencia en el
resultado final.
Así establece este
objetivo el Plan
Nacional de Desarrollo
Económico y Social hasta
2030, cuando llama a
desarrollar actividades
productivas, comerciales
y de servicios con baja
dotación de capital,
basadas en pequeñas y
medianas empresas que
tributan a
encadenamientos
productivos eficientes
con empresas principales
y al desarrollo local.
Para ser un país
económicamente
independiente, soberano,
próspero y sostenible,
se requiere priorizar
los encadenamientos
productivos en la
industria alimentaria,
la producción de
alimentos, la
construcción, servicios
sociales y personales,
de reparación y
mantenimiento.
También, en las ofertas
al turismo, producciones
artesanales, transporte,
comunicaciones y
servicios comunitarios,
entre otras actividades
que favorecerían la
competitividad y
contribuirían a reducir
costos fijos y al
beneficio de la
población, según las
características de cada
territorio.
Encadenamientos
productivos: necesidad
para el desarrollo (II
parte)
El Plan Nacional de
Desarrollo Económico y
Social hasta 2030
prioriza la creación de
encadenamientos
productivos, lo cual
apunta a consolidar una
soberanía económica
estratégica y a
disminuir la erogación
de divisas al país.
Todos entendemos la
importancia de sustituir
importaciones, pero
siempre se plantean
limitaciones de
cualquier tipo para
justificar el continuar
dependiendo de insumos
del exterior en nuestras
ofertas de producciones
nacionales.
Precisamente para
resolver ese nudo
gordiano es que el Plan
Nacional de Desarrollo
Económico y Social hasta
2030 prioriza la
creación de
encadenamientos
productivos, lo cual
apunta a consolidar una
soberanía económica
estratégica y a
disminuir la erogación
de divisas al país.
Más allá de ese
considerable ahorro,
está el objetivo de
avanzar en la conquista
de la total soberanía en
producciones de ramas
claves para el
desarrollo de la Isla,
para lo cual es preciso
contribuir mediante el
financiamiento de
entidades receptoras al
crecimiento y eficiencia
de sus suministradores
nacionales.
Lo anterior supone la
especialización de
entidades productivas en
diferentes fases del
proceso de una
producción o servicio
determinado, para
alcanzar una mayor
eficiencia en el
resultado final e
influir en la cadena de
valor para disminuir
costos y elevar el nivel
de competitividad.
La cadena de valor
comprende el conjunto de
diversas actividades
requeridas hasta llegar
a un producto o servicio
desde su concepción
hasta la entrega al
consumidor final, y en
cada etapa denominada
«eslabón» se produce una
transformación, donde se
agrega valor.
En este proceso
intervienen también la
entidad aseguradora y la
encargada de la
transportación del
recurso importado del
puerto hasta la empresa
productora nacional, que
en ocasiones es propio o
contratado, y el que
distribuye el producto
al cliente final con el
consiguiente gasto, que
influye en el precio.
Alcanzar un alto grado
de autosuficiencia
nacional en los insumos
productivos contribuye
también al incremento de
las exportaciones, y
brinda una mayor
seguridad frente a las
fluctuaciones del
mercado mundial y las
guerras de aranceles
entre las potencias.
La transformación
productiva en que está
empeñado nuestro país,
como componente de una
estrategia
socioeconómica más
amplia, debe impactar de
manera significativa en
el desarrollo económico
y social a largo plazo y
para lograrlo se
necesita el
encadenamiento
productivo.
Igualmente se requiere
concentrar el esfuerzo
fundamental en
actividades con mayor
intensidad en el uso del
conocimiento y de
tecnologías de avanzada,
y realizar las
transformaciones y
ajustes necesarios al
interior de cada sector,
en especial de aquellos
considerados como
estratégicos.
Modificar el modelo
económico de
especialización y
participación en la
economía internacional
exige una profunda y
sistemática
transformación y
modernización
tecnológica de la planta
productiva,
prioritariamente en el
sector exportador,
basada en el desarrollo
y la aplicación de la
ciencia, la tecnología,
la innovación y el
incremento de la
eficacia, eficiencia y
competitividad.
Ese objetivo no podrá
lograrse si no
impulsamos los
encadenamientos
productivos en el
territorio nacional, a
partir de nuevas bases
tecnológicas, zonas
especiales de
desarrollo, patrones de
utilización de los
factores productivos y
modelos gerenciales y de
organización de la
producción, aprovechando
las ventajas
comparativas de cada
territorio.
Resulta obvio entonces,
la importancia económica
de asegurar, mediante
los encadenamientos, el
suministro nacional de
todos los componentes
empleados por las
principales industrias y
entidades del país sin
depender para ello, o
dependiendo cada vez
menos, del mercado
internacional.
¿Cómo se determina
una cadena productiva?
(parte III)
Una vez que conocemos la
importancia del
encadenamiento
productivo, la pregunta
de rigor es: ¿cómo
determinamos los
eslabones de la cadena
que une a un importante
productor de bienes o
servicios con sus
suministradores?
El sistema económico
cubano contempla cada
año la realización en
mayo de una Feria de
Negocios en Expocuba,
que reúne a actores de
la economía nacional
para que promuevan
ofertas, conozcan su
mercado, exploren nuevas
oportunidades e
identifiquen otras
potencialidades dentro y
fuera del país.
Entre sus objetivos está
facilitar la elaboración
del Plan de la Economía
para el próximo año,
lapso en el que deben
quedar asegurados los
programas de desarrollo
fundamentales. El
propósito es reducir la
dependencia importadora
de bienes finales y
acompañar el dinamismo
del turismo, la
inversión extranjera y
el comercio,
favoreciendo la
consolidación de los
encadenamientos
productivos hacia el
interior de la economía.
A partir de las
negociaciones, en la
Feria de Negocios
corresponde decidir a
las Organizaciones
Superiores de Dirección
Empresarial (OSDE) si
otorgan financiamiento y
en qué cantidad a las
entidades proveedoras
cubanas.
En el caso de las
importaciones se utiliza
el esquema de formato
cerrado, que autoriza a
entidades productoras y
comercializadoras
cubanas a disponer de un
porciento de sus
utilidades en mlc para
resolver necesidades de
insumos en sus flujos
productivos.
Una vez firmados los
contratos corresponde la
firma con entidades, que
intervienen en
transportación,
distribución mayorista y
minorista, etc., en
cadenas de tiendas.
Todo esto junto es la
llamada «cadena», cuyos
eslabones externos
constituyen objetivos a
estudiar para una
progresiva sustitución
de importaciones, con el
apoyo de financiamientos
y el auxilio de la
ciencia y la tecnología
para la modernización e
incremento de la
capacidad de los
productores nacionales.
Se trata de hacer
competitivos nuestros
productos nacionales,
con el mayor número de
insumos elaborados en
nuestro patio, de
aumentar el control de
los contratos y de
disminuir hasta un nivel
similar al del resto del
mundo los impagos.
Tomado de
Granma