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La economía internacional y el pensamiento económico de Fidel Castro
Por José Luis Rodríguez
Trabajo publicado el 5 de diciembre de 2016 en Cubadebate a pocos días de la desaparición física de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro que evoca las ideas en el pensamiento más revolucionario y creativo en múltiples esferas del saber

[25.11.2019]- Actualización 8:30 am de Cuba

I
En esta hora de dolor y recuento resulta incuestionable el enorme impacto de las ideas de nuestro Comandante en Jefe en el pensamiento más revolucionario y creativo en múltiples esferas del saber.
Será preciso un estudio más profundo de su pensamiento para lograr aquilatar cuanto y como logró adelantarse a su tiempo este líder extraordinario, cuyo legado hoy forma parte del patrimonio de la humanidad.

No obstante, podemos hoy anticipar que una de las esferas donde resultó muy notable su conocimiento práctico para la solución a numerosos problemas de la vida política y social de los pueblos, fue la de la economía internacional.

Fidel no fue profesionalmente un economista y su análisis de los problemas económicos y sociales presentes en las relaciones internacionales no emergió de un estudio puramente académico de las complejas realidades del mundo actual, aunque hay constancia de sus estudios autodidactas sobre estos temas. En verdad fue la asimilación de conceptos funcionales a la política más revolucionaria, derivados del estudio de la historia y de la experiencia práctica en el caso de Cuba, lo que condujo a la formulación de conceptos que constituyen un aporte teórico singular en el ámbito de las relaciones económicas internacionales.

Las bases para esos análisis encontraron una matriz en la combinación del marxismo con el pensamiento de José Martí y lograron una expresión concreta en múltiples aspectos, tanto en la estrategia de desarrollo, como en la política económica aplicada en Cuba, así como en la promoción de una política –en muchos aspectos original- para el enfrentamiento al imperialismo y la salida del subdesarrollo en el Tercer Mundo.

Entre los múltiples elementos que han conformado las ideas de Fidel Castro sobre las relaciones económicas internacionales reviste especial importancia su visión del desarrollo como una constante a lo largo de los años.

Como se conoce, el análisis de los problemas del desarrollo ganó importancia después de la segunda guerra mundial, cuando emerge un nuevo equilibrio sociopolítico en el mundo con la descomposición del sistema colonial, el surgimiento de la comunidad socialista en Europa y el inicio en Asia de la construcción socialista en China, Corea y Vietnam.
Las discusiones académicas sobre las vías para acceder al desarrollo en los países pobres se dirigieron inicialmente hacia teorías que trataron de igualar las condiciones originarias de surgimiento del capitalismo con la situación del Tercer Mundo, para fundamentar la idea de que era posible lograr el desarrollo de los pueblos más atrasados en los marcos del sistema capitalista. Esta tesis se contraponía al enfoque que concebía el subdesarrollo precisamente como una consecuencia del desarrollo capitalista de los países colonizadores.

Una de las tesis de los apologistas del capital fue la identificación del proceso de desarrollo básicamente como un fenómeno de crecimiento, en cuya cuantificación cifraban el logro de las transformaciones esenciales para desarrollarse. Múltiples ensayos se publicaron a partir de los años 50 basados en una visión de este tipo.

Para otros autores de trabajos publicados en esa época, -que resultaban minoritarios, incluso en el ámbito de la teoría marxista- quedaba clara la diferencia entre crecimiento económico como condición necesaria pero no suficiente del desarrollo. Pero no resultaba explícita aún la necesidad del avance social para alcanzar el desarrollo y este como un proceso incompatible con la dominación capitalista.

Ajeno a estos debates académicos, pero poseedor ya entonces de una cultura marxista en ciernes, Fidel Castro plantearía en 1953 en el juicio por el asalto al cuartel Moncada una visión integradora del desarrollo de componentes económicos y sociales al expresar “El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política.”[1]

Años más tarde se expresaría: “En el Programa del Moncada, que con toda claridad expusimos ante el tribunal que nos juzgó, estaba el germen de todo el desarrollo ulterior de la Revolución. Su lectura cuidadosa evidencia que nos apartábamos ya por completo de la concepción capitalista del desarrollo económico y social.”[2] Por otro lado, también se precisaría su idea sobre el desarrollo al plantearse en 1981 “El desarrollo no solo es económico, sino también social. Puede haber un crecimiento económico, deformado o dependiente, que no sirva a este objetivo ni conduzca a los fines esperados. Una política económica y social acertada debe tener como centro y preocupación al hombre.”[3]
Una vez cumplido el Programa del Moncada en octubre de 1960 y creadas las bases de la propiedad social, se planteo la necesidad de elaborar una estrategia de desarrollo para el país donde el peso de la industrialización como política central para ello había comenzado a ganar fuerza desde 1959.

Ya en La Historia me Absolverá Fidel Castro había colocado la industrialización como un tema fundamental. También en el propio año 1959, al asumir el cargo de Primer Ministro, había destacado entre los propósitos del gobierno la inversión de 2 000 millones de pesos para el desarrollo industrial[4] y en su intervención en la Reunión de los 21 celebrada en Buenos Aires en mayo de ese año, se había referido al debate sobre la industrialización, unido a las fuentes de la inversión para desarrollarla y la conveniencia de la integración económica en América Latina.[5]

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