La verdadera “ayuda” de
Trump al sector privado:
Cinco historias de
cubanos
Por Oscar Figueredo
Reinaldo, María del
Carmen Ramón, Lissett
Izquierdo Ferrer,
Edilberto Carmona
Tamayo, Lisandra Romeo
Matos, Abel Padrón
Padilla
[05.12.2019]-
Actualización 10:30
am de Cuba
Mayo de 2017. Un nuevo
negocio abre en la calle
San Lázaro, en La
Habana. “Rooms for rent”,
avisa un cartel en la
casa número 1210.
Corrían tiempos de
“vacas gordas” para los
emprendimientos
conectados con la
industria turística y
Adriana Orejuela lo
aprovecha. Justo como
vaticinó, el boom de
visitantes
estadounidenses toca su
puerta. Pero esta “racha
tremenda” duraría poco.
“Casi un 60% de los
visitantes que recibía
era de los Estados
Unidos y hoy,
lastimosamente,
representan solo el 5%”,
cuenta esta colombiana
radicada en Cuba, cuyo
alojamiento, cercano a
la Universidad de La
Habana, atrajo a jóvenes
que venían a la “isla
prohibida” amparados en
la licencia para viajes
académicos.
Desde que Donald Trump
llegó a la Casa Blanca
se ha movido en sentido
inverso a su predecesor,
quien apostó por el
sector privado como
estrategia para
continuar con la
histórica política de su
país contra Cuba. Una
avalancha de sanciones
contra la mayor de las
Antillas acompañan los
dos años y 11 meses del
mandato del actual
presidente.
“Ellos (la nueva
administración de
Estados Unidos) dicen
que todas estas medidas
afectan a los que
gobiernan la nación,
pero realmente afectan
al cuentapropista”,
asegura Adriana.
Para la propietaria de
“San Lázaro 1210” uno de
los mayores daños ha
sido la incertidumbre
que generan las
políticas de Trump. Más
allá de medidas como la
prohibición de los
viajes de cruceros y de
todos los vuelos a Cuba
—con excepción de La
Habana—, “se sigue
vendiendo la idea de que
visitar la Isla es un
riesgo”.
Este efecto desalentador
emergió, por ejemplo,
cuando el tornado en
enero de 2019. “Me
cancelaron muchas
reservaciones porque (en
las redes sociales y
medios de comunicación)
mostraban a La Habana
como un caos, aunque
aquí (en el Vedado) no
pasó nada. Ahora mismo
hay una campaña feroz
contra el turismo, pues
con la coyuntura le
dicen a la gente cosas
que no son, se
magnifican los problemas
y eso al final afecta al
que tiene su pequeño
negocio”.
“Para el turismo
—argumenta— la
tranquilidad es muy
importante. Por eso se
promueve que el destino
es peligroso, que hay
ataques sónicos. Incluso
he tenido clientes
norteamericanos que me
han escrito para
preguntarme qué
necesitan traer a Cuba;
les han dicho que aquí
no hay ni taxis en el
aeropuerto. Me preguntan
hasta por las rutas de
guagua y yo solo me
río”.
Sentada en el comedor de
la casa que desde hace
más de dos años le
proporciona su sustento
económico, Adriana busca
semejanzas con épocas
pasadas. “Tal pareciera
que los tiempos que se
viven hoy con Trump son
un deja vú. Aunque a
veces me pongo a pensar
que ni él mismo sabe lo
que está haciendo. Es
increíble como en Miami
viven miles de cubanos
que no quieren esto para
el país, pero los que
tienen el poder son los
que votan”.
— Y los visitantes
estadounidenses, ¿cómo
son?
— Desde mi experiencia
te puedo asegurar que
son los mejores
huéspedes que se pueden
tener. Ellos disfrutan
mucho Cuba y dejan
grandes propinas. Les
encanta La Habana.
Son muy prácticos y los
que vienen a Cuba lo
hacen porque saben que
lo pasarán bien. Todo
les parece rico y lindo.
Tú le pones un plato de
tostones con aguacate o
frituras de malanga y
les encanta.
***
El último crucero de una
compañía de Estados
Unidos, el “Empress of
the seas”, partió de La
Habana el miércoles 5 de
junio de 2019,
culminando con el alza
de esta actividad en
Cuba, que llevó a
cientos de miles de
estadounidenses a la
Isla.
Y el descenso en el
número de clientes no se
hizo esperar. Números
rojos aparecieron en las
cuentas de los que
alquilan coches
antiguos, los cocheros,
artesanos, los que
trabajan en restaurantes
y hasta de los que
venden agua de coco.
Los “Almacenes de San
José” eran una parada
recurrente en el
itinerario de los
cruceristas. Casi una
“plaza desierta” es
ahora. “La feria se pasa
el día prácticamente
vacía, porque los
cruceros le daban vida
turística”, dice Raciel
Llorente Domínguez, uno
de los artesanos que
ofrece sus creaciones en
esa enorme nave junto al
puerto.
“La disminución de
visitantes a nuestro
país nos ha afectado
grandemente”, lamenta el
joven emprendedor,
mientras precisa cifras.
“Mis ventas han bajado
en más de un 70%”.
Por ejemplo, puntualiza,
en estos meses a pesar
de que en años atrás ya
había finalizado la
temporada de cruceros,
comenzaba la temporada
alta. “Pero ni en la
alta se ve el turismo.
Con esta disminución
nuestra mercancía demora
meses en venderse y las
ganancias son mínimas”.
Otro sector que sufrió
afectaciones por la
prohibición de la
entrada de cruceros a
Cuba fue el de los
taxistas agrupados bajo
el sello Gran Car.
Choferes de los famosos
autos clásicos marca
Ford, Chevrolets,
Cadillac, Buick,
Oldsmobile, que circulan
por La Habana e
impresionan a más de un
visitante.
Si usted pasa cualquier
día por los alrededores
del Parque Central podrá
encontrar a muchos de
ellos, entre cocheros y
ómnibus, intentando
“captar” una carrera.
“Después de las últimas
medidas de Trump contra
Cuba todo está mucho más
difícil, porque ha
decrecido el turismo. A
veces los choferes
pasamos largas horas sin
lograr hacer ni un solo
recorrido, y eso nos
afecta económicamente”,
cuenta Mario Verdecia,
por más de 30 años
detrás del timón de un
Ford del 57.
Son pocos los turistas y
muchísimos los autos
dispuestos a brindar
servicios de tour por la
ciudad de La Habana,
según pudo comprobar
Cubadebate en un
recorrido por esta zona.
Para Raudel Rodríguez,
la prohibición de
entrada de cruceros a
Cuba fue una medida que
los golpeó sobremanera.
“Los cruceros ayudaban
mucho. Ahora están solo
los turistas que vienen
a los hoteles y a las
casas de renta. Escasean
los clientes. Hay días
que sales y tienes
suerte, pero hay otros
en que puedes pasar 4
horas sin conseguir un
cliente”, asegura.
Similar es la
experiencia de Danilo
Pérez, quien agrega que,
con los cruceros, no
llegó a existir para
ellos una temporada
baja. “Ahora estamos
supuestamente en
temporada alta, pero
está siendo baja. Hay
días malos, otros
regulares”.
La poca clientela
también mantiene
preocupado a Ismael
Pérez Pérez, de la
cooperativa “El
Carruaje”, perteneciente
a la Oficina del
Historiador de La
Habana. “A raíz de las
medidas hemos tenido que
esforzarnos para poder
cumplir con nuestros
indicadores económicos y
pagar los impuestos. La
disminución ha sido muy
fuerte”.
Y la situación se
complejiza ante “la
enorme competencia”
existente, generada por
el boom del turismo en
Cuba. “Antes no había
los llamados autos
clásicos, ni coco taxis
ni el micro de doble
piso. Ahora, con la
baja, la distribución
entre todos esos actores
es más difícil”.
“Creo que Trump se
equivoca si piensa que
sus medidas afectan al
Gobierno cubano, porque
en realidad afectan al
pueblo en general. La
entrada de un crucero
era tremendo negocio
para nosotros, porque el
visitante viene por poco
tiempo y quiere hacer
muchas cosas, y nosotros
lo trasladamos”.
Este cooperativista de
20 años de experiencia
nunca pensó que las
amenazas de Trump se
convirtieran en
realidad. “Lo veía más
como un comentario. Pero
me asombró lo rápido que
lo cumplió. Ha ahogado
el turismo”.
Mientras su colega echa
a andar el carruaje
hacia el Parque Central,
Ismael vuelve al pasado,
añorando aquellos
recorridos con los
cruceristas. “Le
mostrábamos la parte más
antigua de la ciudad y
le contábamos sobre la
historia, la cultura y
tradiciones”.
— ¿Cómo ven los
estadounidenses a la
Habana colonial?
— Trabajar con los
americanos es muy bueno.
Son gente que les
encanta Cuba. Vienen con
una realidad
distorsionada del país.
Ellos mismos reclaman
que se vuelvan a
establecer los cruceros
hacia Cuba y he
escuchado que múltiples
compañías cayeron en
bancarrota por la medida
de Trump, ya que tenían
vendidas las capacidades
hacia nuestro país.
Estoy seguro que ellos
quieren volver, les
encanta Cuba, nuestra
gente, la comida.
***
Todos los vientos a su
favor tuvo el Puerto de
Casilda, cercano a
Trinidad, tras el arribo
de cruceros a sus aguas.
Y justo hacia los
negocios privados iría,
sin dudas, este
desembarco de turistas.
Porque en la tercera
villa de Cuba es
mayoritaria la oferta no
estatal en cuanto a
casas de renta,
restaurantes y
cafeterías, al igual que
ocurre en Viñales (Pinar
del Río) y Baracoa
(Guantánamo).
“Muy provechoso” fue el
emergente escenario para
“La nueva era”, primer
restaurante que abrió
sus puertas en Trinidad
luego del nuevo impulso
al trabajo por cuenta
propia en el país, en
septiembre de 2010.
Su jefe, Reinaldo Vivas
Zerquera, evoca con
nostalgia aquellos
tiempos: “La nueva era
recibía un número
considerable de
cruceristas, al tener
capacidad para alrededor
de 200 personas. Los
cruceros se convirtieron
en una gran posibilidad
para el territorio. Los
turistas comían en
restaurantes, compraban
artesanías”.
“Fue la etapa más
próspera para mi
negocio”, que se
revirtió bruscamente con
las medidas de Trump.
“Nos hemos visto
afectados, sobre todo en
la atención al cliente.
Son medidas económicas
muy drásticas”.
— Los clientes que por
estos días llegan a La
nueva era, ¿qué dicen?
— “Los clientes se
sienten cohibidos.
Muchos vienen pensando
en la situación
económica del país. Lo
cierto es que han venido
por sus deseos de
visitar Cuba, pero
teniendo en su mente las
cosas dañinas que dicen
sobre nuestro país”.