Los problemas económicos
y las prioridades, entre
la pobreza y el
endeudamiento, para la
nueva gestión en
Argentina
Por Julio Gambina
[16.12.2019]-
Actualización 9:00 am de Cuba
Argentina tiene desde el
10/12 pasado un nuevo
Gobierno por imperio de
la voluntad electoral
mayoritaria. En el
inicio de la gestión se
escucharon de Alberto
Fernández fuertes
críticas al gobierno
anterior de Mauricio
Macri, señalando una
perspectiva de rumbo
diferenciado de la
política económica, de
contenido “anti
neoliberal”, algo que
empieza a definirse en
las primeras horas de la
nueva administración.
Esto genera expectativas
esperanzadas en la
mayoría social afectada
por la política del
anterior gobierno y que
sustentaron las
motivaciones electorales
para el cambio de la
gestión. Al mismo
tiempo, el poder
económico presiona para
no perder posiciones,
privilegios, ni
ganancias o condiciones
para la acumulación de
capitales.
Las primeras
declaraciones de Martín
Guzmán como Ministro de
Economía, tratando de
interpretar el sentido
del voto mayoritario de
la sociedad, apuntan a
combatir la recesión y
las extendidas negativas
consecuencias sociales.
Indicó que “La tarea que
me encomienda el
Presidente es trabajar
para frenar la caída,
para tranquilizar a la
economía argentina y
sentar las bases de un
proceso de desarrollo
que sea sostenible y por
supuesto que sea con
inclusión social”[1]
Agrega en su primer
mensaje que “Está claro
que lo que venimos a
hacer es resolver lo que
es una muy profunda
crisis económica y
social. La situación hoy
es de extrema
fragilidad.” Respecto de
la deuda señala en ese
mensaje que “Para poder
pagar hay que tener
capacidad de pago y para
eso la economía se tiene
que recuperar. Queremos
tener una relación
constructiva con todos
los acreedores, con los
privados y con el FMI,
entendiendo que acá hay
un problema y que
tenemos que resolverlo
para que todos se
beneficien y para que
los acreedores puedan
cobrar”.
No hay duda, según estas
declaraciones, de una
correlación entre
crecimiento económico
con inclusión social
para poder atender en el
futuro el problema del
endeudamiento. La gran
incógnita es como se
resolverá la cuestión en
concreto. La presión
social por resolver lo
económico social tiene
una fuerza en contrario
para resolver las
aspiraciones de los
acreedores de la deuda.
Es una contradicción
irreconciliable e
incluso muy difícil para
afrontar una negociación
que favorezca el
objetivo de inclusión
social. ¿Es posible en
algún momento atender la
demanda de los
acreedores? El
interrogante no es
retórico y supone un
debate a fondo, incluso
si es posible solo
contenerse en una
prédica anti neoliberal.
Deuda y urgencias
En el mensaje
presidencial inaugural
se anunció que no habrá
presupuesto 2020 hasta
tanto no se resuelva la
renegociación del
endeudamiento público
con el FMI y los
acreedores privados.
Así, la deuda aparece
entonces como un gran
condicionante de la
nueva gestión de
gobierno. No es
sustentable la deuda
bajo las condiciones
actuales y, por ende,
nada puede calibrarse a
futuro hasta que no
quede claro a cuánto
ascenderán y desde
cuando los compromisos a
cancelar con los
acreedores externos.
También existe la
hipótesis que ni con
postergación de pagos y
años de gracias se pueda
solventar el
endeudamiento, en buena
parte calificado como
“deuda odiosa”, tanto
por el deudor que tomó
el préstamo a sabiendas
que jamás podría
cancelar, como que el
acreedor era también
consciente de la
situación de impago
futuro.
Resulta interesante
seguir al detalle el
problema de la deuda
pública. Hubo
vencimientos en divisas
y en pesos en la primera
semana de gestión, los
que se “honraron”,
estimándose que ocurrirá
lo mismo con los que
restan en el 2019 y
siguientes inmediatos
del 2020. Aludimos a
unos compromisos futuros
para el 2020 por unos
35.000 millones de
dólares más otro tanto
equivalente en pesos,
los que podrían
resolverse con emisión
de pesos, mal que les
pese a los monetaristas,
pero no ocurre así con
los vencimientos en
divisas. ¿Cuánto tiempo
puede sostenerse la
cancelación de
vencimientos, no solo
por agotamiento de
divisas, sino por la
presión social de
atender insatisfechas
demandas populares?
Una de las hipótesis que
se consideraba antes de
la asunción del
Presidente y del
Gabinete, apuntaba a la
posibilidad de la
suspensión de los pagos,
capital e intereses, por
un par de años, o más.
El tema era abonado con
declaraciones relativas
al “virtual default” de
la Argentina, asunto
considerado en un
documento presentado por
Martín Guzmán en el
ámbito de Naciones
Unidas en noviembre
pasado. Allí se sostenía
la dialéctica entre el
crecimiento económico y
la suspensión de los
pagos por la deuda, a
resolver en un rápido
acuerdo entre la
asunción presidencial en
diciembre y marzo
próximo, algo así como
una renegociación de
pagos en 90 días, bajo
el imaginario de
aceptación de un
diagnóstico de fracaso
del plan del FMI con el
gobierno de Macri. El
FMI y el socio
principal, EEUU, dicen
que favorecerán la
negociación, aun cuando
dudemos que la
burocracia del Fondo
aceptará su
incompetencia al otorgar
un préstamo impagable, e
intentará negociar desde
sus posiciones de poder.
Martín Guzmán actúa
ahora como Ministro de
Economía y los
antecedentes académicos
constituyen una
referencia y no
necesariamente se
compadecen con una
política estatal. Todo
indica que la deuda
seguirá cancelándose con
recursos fiscales o de
reservas
internacionales,
mientras se procesa la
negociación con los
acreedores privados y el
FMI. La hipótesis puede
apuntar que las demandas
internas pueden
resolverse con emisión,
aun cuando Guzmán
sostuvo que eso podría
afectar los equilibrios
macroeconómicos. No hay
posibilidad de seguir
pagando deuda en dólares
y satisfacer la enorme
demanda social
insatisfecha.
¿Habrá default con
suspensión unilateral o
aceptación de plazos
importantes de gracia
por los acreedores, aun
antes de renovar las
cancelaciones de la
deuda?
Claro que, sin perjuicio
del condicionante de la
deuda, la urgencia a
resolver deviene de los
problemas
socioeconómicos
generados por la
política económica de
estos años y que se
concentran en la
situación alimentaria y
de pobreza, de empleo,
de precios y de ingresos
de una parte
considerable de la
empobrecida sociedad
argentina. Por eso, el
trabajo al inicio de la
gestión se presenta en
dos direcciones. Una
apunta a resolver la
urgencia derivada de la
pobreza y la otra,
también imperiosa, de
renegociar los
vencimientos de la
deuda, que imaginamos en
sintonía con estudios
previos del Ministro y
declaraciones en el
mismo sentido del
Presidente Alberto
Fernández. ¿Podrán
atender ambas demandas?
La respuesta supone un
gran desafío desde la
política que el
oficialismo pueda
consensuar ante la
demanda social o de los
acreedores de la deuda
pública.
Presiones cruzadas
Las respuestas a las
primeras declaraciones
del oficialismo muestran
el juego y los intereses
de sectores
contrapuestos, todos
desde las expectativas
esperanzadas, que son
contradictorias.
Unos, desde el poder
pretenden y aprueban la
reactivación económica
pensando en fortalecer
la capacidad de obtener
ganancias y acumular
capital, por lo que
observan con atención
las señales en materia
fiscal, más precisamente
que no aumente la
presión fiscal sobre el
capital, la renta o las
ganancias, incluso abren
el paraguas de la
crítica ante el aumento
o reposición de
retenciones. En la
cuestión monetaria
sostienen el sentido
común impuesto de la
restricción a la emisión
como mecanismo
privilegiado de
contención
inflacionaria, omitiendo
sus responsabilidades en
el establecimiento de
los precios. Observan
con esperanza la
posibilidad del crédito
que actuará en la
activación del consumo y
el mercado interno,
especialmente un impacto
favorable en la
tendencia a la baja de
las tasas de interés.
Con mesura, o no tanto,
seguirán apostando con
presiones a las reformas
laborales y
previsionales contenidas
en el acuerdo con el
FMI, todo con el fin de
favorecer inversiones
externas e inserción del
capital local en el
orden capitalista
mundial.
Otros, la gran mayoría
afectada por las
antipopulares políticas
de la era Macri, tienen
expectativas por
inmediatas soluciones en
materia de alimentación,
satisfacción de derechos
postergados, empleo e
ingreso para resolver
con premura cuantiosos
problemas económico
sociales. La baja de los
precios y una tendencia
a la baja de la
inflación se inscribe en
este sentido. Existe una
gran demanda para que se
resuelva la condonación
de los intereses
derivados del gran
endeudamiento privado
por el encarecimiento de
las tarifas y las
elevadas tasas
confiscatorias de
préstamos o tarjetas. Es
un problema de familias
y de instituciones
sociales populares e
incluso innumerables
emprendimientos micro y
de pequeños y medianos
empresarios y
productores. La pobreza
cercana al 40%; la mitad
de la población
trabajadora con
problemas de empleo o
ingresos salariales
disminuidos, e incluso
jubiladas y jubilados,
no solo los de la mínima
que son mayoría, son
parte de una multitud
que espera respuestas
concretas antes de fin
de año, que bajen los
precios, más allá de
cualquier perspectiva de
mediano plazo que pueda
discutirse en un Consejo
Económico y Social.
Son intereses
contradictorios que
animan y potencian la
conflictividad social en
la disputa por el
ingreso y la riqueza,
más aún con una
inflación para el año
superior al 50%, que
expresa la lucha por la
apropiación de la
riqueza social. Son los
pocos con poder los que
pueden satisfacer sus
aspiraciones en un marco
de alta inflación. La
mayoría pierde ante los
límites para defender
sus derechos e ingresos.
Los jubilados y las
jubiladas pretenden
mejorar sus alicaídos
ingresos y el poder
económico pretende
des-indexar los ingresos
previsionales y achatar
aún más la pirámide de
esos ingresos
previsionales. Al mismo
tiempo interviene el
poder global,
presionando para un
alineamiento de la
Argentina con las
necesidades del gran
capital y sostener el
modelo productivo del
agro-negocio y la
potencialidad de la
energía sustentada en
hidrocarburos no
convencionales, caso del
yacimiento Vaca Muerta.
El pago de la deuda se
incluye entre estas
demandas del poder.
Necesidad de
transitar otro camino
Estos últimos aspectos
del modelo productivo y
de desarrollo interesan
porque son la fuente de
ingresos de divisas,
necesarios de acumular
en la lógica del poder
para la cancelación de
la deuda. El
interrogante de muchos
es si se puede salir del
condicionante de la
deuda, lo que supondría
acelerar los pasos de
una investigación vía
auditoría integral de la
misma, con participación
popular, no solo sobre
montos y vencimientos,
sino sobre responsables
y beneficiarios de cada
una de las operaciones
realizadas. Claro que
mientras se investiga,
los pagos deben
suspenderse, algo que
ahora aparece sujeto a
la renegociación.
La importancia de
suspender pagos apunta a
la liberación de fondos
para aplicar a modificar
sustancialmente el
modelo productivo y de
desarrollo, con otras
consideraciones sobre el
qué hacer en materia de
producción, con quienes
hacerlo y cómo
encararlo. No solo
relativo a la
producción, sino a la
distribución del
producto social del
trabajo. Es cierto que
ello requiere de
profundos cambios, que
el poder económico
resistirá, pero que son
imprescindibles para
discutir la
potencialidad de
superación de una
situación que se define
por la fragilidad de las
condiciones de vida de
la mayoría de la
sociedad.
Ello supone colocar las
prioridades por delante,
en un sentido
estratégico que define
la opción de la deuda o
la satisfacción de
derechos conculcados.
Cada vez que se paga la
deuda se restan recursos
aplicables a otros
destinos, no solo para
atender necesidades
insatisfechas, sino para
estimular nuevas formas
de organización de la
actividad económica, más
pensadas para resolver
problemas socio
económicos de la
cotidianeidad que la
lógica de la acumulación
de las ganancias que
explica el orden
capitalista.
Un nuevo gobierno asumió
en la Argentina, con
enormes perspectivas de
abandonar el camino que
define la ideología de
las políticas
neoliberales. El
interrogante es si se
puede ir a contramano
del neoliberalismo,
concepción hegemónica
del capitalismo
contemporáneo, sin
afectar al propio
régimen del capital.
Mientras resolvemos la
incógnita, las
iniciativas confrontadas
de los intereses en
pugna en el país pueden
ir resolviendo en el
camino quien prevalece
sobre quién. En
definitiva, es la
política en acción, en
pugna, en lucha de
clases, la que terminará
definiendo el rumbo de
la nueva gestión de
gobierno en la
Argentina.
Buenos Aires, 13 de
diciembre de 2019
El Blog de Julio C.
Gambina
[1] Ministerio de
Economía, en: https://www.argentina.gob.ar/noticias/martin-guzman-la-tarea-que-me-encomienda-el-presidente-es-trabajar-para-frenar-la-caida
(consultado el
13/12/2019)