Nuestro pueblo tiene
suficiente prédica
martiana que lo anime y
lo inspire
Por Fidel Castro Ruz
Cayeron muchos en la
lucha, otros tuvieron
que afrontar, más de una
vez, el amargo sabor de
la adversidad. ¡Qué
lejos estuvieron los que
tal vez se alzaron en
armas con la idea de
que, transcurrida la
guerra, siempre dura y
siempre amarga, algún
día podrían ver
realizados, en la patria
libre, los postulados
que dieron fuerza a los
brazos de nuestros
primeros mambises! (…)
[28.01.2020]-
Actualización 9:00
am de Cuba
Nuestro pensamiento se
remonta a aquel día,
afortunado para nuestra
patria, del año 1853 en
que nació el apóstol
Martí. (…) Toda la vida
de aquel hombre
extraordinario que cayó
en Dos Ríos después de
dedicar su pensamiento y
su energía, casi desde
niño, a la causa de la
libertad de su patria;
toda una vida, no solo
de aquella generación,
sino de varias
generaciones; (…) porque
la importancia de
aquella fecha es que de
nuestro pueblo surgió
aquel hombre que habría
algún día de señalar con
claridad meridiana el
camino a seguir. Junto
con él lucharon los
cubanos de su generación
y las generaciones que
vinieron después (…).
Cayeron muchos en la
lucha, otros tuvieron
que afrontar, más de una
vez, el amargo sabor de
la adversidad. ¡Qué
lejos estuvieron los que
tal vez se alzaron en
armas con la idea de
que, transcurrida la
guerra, siempre dura y
siempre amarga, algún
día podrían ver
realizados, en la patria
libre, los postulados
que dieron fuerza a los
brazos de nuestros
primeros mambises! (…)
¡Cuántos bajaron a las
tumbas y cuántos vieron
transcurrir los años en
impaciente espera, y
cuántos incluso tal vez
perdieron sus ilusiones
en el camino! ¡Cuántos
perdieron sus
esperanzas, porque hay
que pensar y meditar que
un pueblo que luchó con
tesón inigualado, tuvo
que vivir en cada uno de
sus hijos buenos la
amargura de no ver
convertidos en realidad
aquellos sueños y
sumando el dolor de cada
uno de ellos, ha sido el
dolor de millones de
seres humanos durante un
siglo! (…) Y esta
generación, que es la
Generación del
Centenario del Apóstol,
porque fue en el Año del
Centenario donde se
inició la lucha, que
después de varios años
habría de concluir en
esta oportunidad que
tiene hoy, esta
Generación del
Centenario puede decir
al fin, que tiene en sus
manos los destinos de la
patria que no tuvieron
las generaciones
anteriores, porque
fuerzas más poderosas
que la suma de todos los
heroísmos y sacrificios
de nuestro pueblo
impidieron a las pasadas
generaciones esa
oportunidad.
Por primera vez es el
pueblo dueño de sus
destinos, y lo que
hagamos ahora de
nosotros depende; el
triunfo definitivo de
nosotros depende, porque
en nosotros está la
fuerza para llevarla
adelante o la debilidad
que la haga fracasar. En
nosotros ha de estar la
virtud que permita
llevar felizmente
adelante el propósito
que nos hemos impuesto o
estarían los vicios que
nos hicieran fracasar;
en nosotros ha de estar
el valor que permita el
triunfo definitivo o la
cobardía que haga
posible el fracaso
definitivo. En nosotros
pues, en esta generación
que ha sido afortunada
en la oportunidad, está
también la tremenda
responsabilidad, porque
de las filas del pueblo
salen los conductores,
de las filas del pueblo
salen los héroes, de las
filas del pueblo salen
los valientes, de las
filas del pueblo surgen
las fuerzas que puedan
permitir el triunfo de
un pueblo, como de las
filas surgen también
–infortunadamente– los
traidores o los
desertores, y surgen los
de poca fe, y surgen los
cobardes. Que nosotros
hoy sí podemos decir de
una vez que en nuestras
manos está nuestro
destino; y de nuestro
pueblo, solo de nuestro
pueblo, dependerá que la
oportunidad sea una
oportunidad para el
triunfo definitivo. (…)
¿Por qué tenemos fe?
¿Por qué tenemos
confianza? Tenemos
confianza porque los
cubanos buenos son
abrumadora mayoría sobre
los cubanos malos;
porque los valientes,
los cubanos valientes, y
los cubanos virtuosos,
los cubanos generosos,
los cubanos entusiastas,
son, constituyen,
abrumadora mayoría sobre
los cubanos egoístas o
cobardes, o
sietemesinos, como
llamaba Martí a los
hombres que no tenían fe
en su pueblo. Por eso,
porque contamos con un
pueblo semejante, en que
hay una proporción de
virtud tan
extraordinariamente
mayoritaria, es por lo
que creo que esta
generación aprovechará
la oportunidad que le
brinda el destino de la
nación para culminar en
la victoria definitiva.
Y es que la virtud ha
crecido en nuestro
pueblo, porque si
estudiáramos el pasado,
nos encontraríamos que
los hombres que
encendieron la chispa de
la libertad, los hombres
que encendieron la llama
del patriotismo, eran
entonces una exigua
minoría; los pioneros de
nuestra patria fueron
minoría y durante un
tiempo considerable los
hombres verdaderamente
patriotas fueron
minoría. Y gracias al
ejemplo bueno, y a pesar
del ejemplo malo;
gracias a que el
pensamiento y la luz a
la larga se imponen;
gracias a que la verdad
siempre, más tarde o más
temprano, la verdad que
se escribe con sangre de
pueblo, triunfa. (…)
Y estos contrastes son,
los que en momentos como
este, nos hacen meditar
y pensar en todo lo que
ha costado ese anhelo de
que fuese algún día
nuestro pueblo dueño
absoluto de nuestro
destino y tuviese en sus
manos la gran
oportunidad; y como esa
oportunidad hay que
saberla utilizar, como
esa oportunidad hay que
defenderla, es por eso
que tenemos que sembrar
dignidad en nuestro
pueblo, es por eso que
tenemos que hacer
realidad aquel apotegma
martiano que él quería
que fuese «la ley
primera de la república:
el culto a la dignidad
plena del hombre». (…)
Y ese debe ser el
propósito fundamental en
un acto como este:
fomentar lo que más
necesita un pueblo
pequeño, lo único que
salva a los pueblos
pequeños: la dignidad. Y
por eso, lo que nosotros
tenemos que prometerle a
nuestro Apóstol, lo que
nosotros tenemos que
jurar ante el recuerdo y
ante la estatua de
Martí, es ser un pueblo
digno. (…)
Fomentemos, pues, la
virtud, fomentemos la
dignidad, reverenciemos
cada vez más a nuestros
fundadores, recordemos
cada vez más a nuestro
Apóstol, más cada año y
no por un motivo solo de
gratitud, sino por ser
necesidad, porque los
necesitamos, porque
necesitamos que con
nosotros libren las
batallas que estamos
librando; recordémoslo y
venerémoslo cada vez más
y con más fervor. (…)
Y así, marcharemos
adelante, reafirmando
nuestra soberanía,
haciendo leyes justas,
dándoles tierra a los
campesinos, escuelas a
los niños, hospitales a
los enfermos, trabajo a
los desempleados,
horizontes prometedores
a nuestra juventud y a
nuestro pueblo todo. Así
continuaremos derribando
fortalezas, y haciendo
escuelas, con optimismo
y con seguridad, porque
creo en nuestro pueblo,
porque estoy seguro de
que tiene temple y tiene
virtudes suficientes
para marchar por este
camino, porque tiene
sobrados ejemplos que lo
alienten, suficiente
prédica martiana que lo
anime y lo inspire.
Fuente: Discurso
pronunciado por el
Comandante en Jefe Fidel
Castro Ruz, en la cena
martiana ofrecida por el
Instituto Nacional de
Ahorro y Vivienda,
efectuada en la Plaza de
la Revolución, el 27 de
enero de 1960.