José Martí, la
“supremacía cuántica” y
un socialismo competente
Por Luis A. Montero
Cabrera
[29.01.2020]-
Actualización 11:30
pm de Cuba
El siglo XX nació con
una revolución del
conocimiento científico.
Lo que se suponía
inmutable por filósofos,
teólogos y brujos acerca
de la materia no lo era.
Antes se creía que la
luz era una cosa y las
piedras otra. La luz es
impalpable, solo
detectable con nuestros
ojos, y las piedras las
podemos tocar y pesar,
para comparar sus
cantidades de masa con
respecto a la gravedad
de la tierra. La ciencia
nos demostró que la masa
puede comportarse como
la luz y que la luz
tiene masa, pero de
tamaño muchísimo menor
que el de nuestros
propios cuerpos humanos.
Una cosa es como vemos
el universo con nuestros
sentidos y desde
nuestras
individualidades y otra
como es realmente. No
somos sus dueños, solo
parte de él. Habitamos
nuestras propias escalas
de espacio y tiempo en
este grandioso
escenario. Martí se
asombraba de las
similitudes y
diferencias en los
procesos naturales y
sociales en 1884 y
escribía: “Universo es
palabra admirable, suma
de toda filosofía: lo
uno en lo diverso, lo
diverso en Io uno”.[1]
El razonamiento
matemático fue el que
nos permitió entender el
asunto. Esa ciencia que
había nacido y crecido
contando estrellas y
ovejas, se convirtió en
nuestra principal
herramienta lógica.
Permite pensar más allá
de nuestra limitada
habitación en el cosmos
para comprender mucho de
lo que no está
directamente al alcance
de nuestros sentidos.
Un éxito particular se
tuvo con la llamada
Mecánica Cuántica. Nació
sin intención alguna de
resultados económicos y
gracias al Álgebra y a
la Estadística que se
habían desarrollado
antes y tampoco habían
creado valor material
notable. Los que las
desarrollaron no
trabajaban para
aplicaciones inmediatas,
sino por lo más
característico y
singular del género
humano: la sabiduría. La
Mecánica Cuántica se usó
entonces para
comprender, modelar y
calcular fenómenos
físicos originados en
las dimensiones
atómicas. Tuvo un éxito
extraordinario gracias a
que con ella pudo
predecirse de forma muy
precisa algunas
magnitudes de esas
escalas que antes solo
podían medirse con
extraños experimentos.
Dentro de las
herramientas algébricas
que se usan en la
Mecánica Cuántica está
la “combinación lineal”.
Se trata del nombre
matemático de una suerte
de suma donde varios
términos independientes
contribuyen de alguna
forma a un valor
resultante. El peso de
cada una de sus
contribuciones en la
combinación lineal está
dado por ciertos
“coeficientes”, que
multiplican a tales
términos de
referencia[2]. Es como
si intentáramos
describir la biología de
cada uno de nosotros
como una suma de
términos basada en la
biología de cada uno de
nuestros tatarabuelos.
De esa forma, nuestro
ADN sería
aproximadamente el
resultado de la
combinación lineal de
los 16 tatarabuelos que
todo ser humano tiene.
La diferencia entre
hermanos vendría dada
por la forma (o el
“coeficiente”) con que
cada uno de esos ADN
tatarabuelos participa
en la suma. Tenemos el
mismo árbol genealógico
de ADN que una hermana
de padre y madre. Nos
diferenciamos de ella
porque los
“coeficientes” que
aportan cada uno de los
ancestros no tiene que
ser igual: una
tatarabuela española
pudo influir más en la
hermana y un tatarabuelo
africano más en su
hermano.
La mayor parte de los
éxitos recientes en las
aplicaciones de la
Mecánica Cuántica se
deben precisamente a la
combinación lineal. El
estado o la forma en que
se encuentra un sistema
en un momento dado
siempre se puede
representar así en
términos de otros
estados asociados.
En una muy reciente
noticia, y aparte del
tufo sensacionalista que
tiene este término, el
consorcio de “Google”
anunció que ha logrado
la “supremacía
cuántica”. Resulta que
construyeron e hicieron
funcionar una de las
llamadas “computadoras
cuánticas” con más
capacidad que su
competidora de la “IBM”.
Expresaron las posibles
combinaciones de los
estados activos o no,
cambiantes, de un
sistema de objetos en un
tiempo ínfimo en
comparación a como lo
haría una computadora
clásica. Se logra
gracias a que trabajan
combinando todos los
posibles estados casi
simultáneamente. Usan
intensivamente la lógica
del Álgebra y la
Mecánica Cuántica.
Es en este punto en el
que nuestras necesidades
de “destrabar”, como
suele expresar nuestro
presidente, las formas
socialistas de
producción pueden
encontrar una referencia
útil siguiendo el
ideario martiano de que
el universo es único y
también diverso. El
socialismo y el
capitalismo están en el
mismo universo. Se
diferencian
esencialmente por la
forma de propiedad y
consecuentemente por la
utilidad final de la
plusvalía. Este es el
valor que los
trabajadores crean y que
no va directamente sus
bolsillos como salario.
En el capitalismo es
para unos pocos dueños y
en el socialismo es para
todos. La competencia
con IBM y otras muchas
organizaciones llevó a
Google a producir ese
resultado científico en
una carrera sin freno
por la innovación y el
progreso. El proceso
competitivo e innovador
que lo impulsa es parte
del mismo universo común
al capitalismo y al
socialismo, donde es la
forma de propiedad y no
los métodos de gestión
son los que dan la
diversidad.
Siguiendo patrones de
intentos socialistas
dolorosamente
fracasados, nuestro
muchas veces “trabado”
sistema económico es hoy
ajeno a la competencia
entre las entidades que
son de todo el pueblo.
Nos privamos así de un
motor que bien
administrado podría
hacer que se maximicen
la innovación, el
progreso y la eficiencia
en la gestión.
Experimentar con la
competencia podría
propulsarnos sin trabas
gracias a la diversidad,
en este universo que
Martí nos ayudó a
entender. Podemos hacer
un ejercicio mental con
nuestras realidades
diarias y seguramente se
nos ocurrirán muchos
escenarios económicos y
sociales donde la
diversidad y la
competencia podrían
transformar y
“destrabarlo” todo. ¿No
es de revolucionarios
experimentar con la
competencia para cambiar
esto que debe ser
cambiado?
Notas:
[1] José Martí, crítica
del libro “MANUAL DEL
VEGUERO VENEZOLANO” por
el Sr. Lino López
Méndez, aparecida en La
América, Nueva York, en
enero de 1884.
[2] Esto nada tiene que
ver con un dispositivo
burocrático que tenemos
en nuestra
administración pública
que se denomina
igualmente como
“términos de
referencia”, pero que
solo sirve en este caso
para complicar y
“trabar” a los
científicos cubanos la
gestión de sus proyectos
internacionales.
(Cubadebate)