Pensamiento de Ernesto
Che Guevara
Cultura del debate y
dirección económica
Por Fidel Vascós
González
[03.03.2020]-
Actualización 11:30 am de Cuba
En su corta vida de 39
años, Ernesto Che
Guevara dejó para la
posteridad un arsenal de
ideas de gran
importancia para el
desenvolvimiento social
en aras de la
emancipación humana. Su
pensamiento abarca los
campos de la filosofía,
la política, la moral,
la ética, los aspectos
sociales, la economía,
la historia, la cultura,
las […]
En su corta vida de 39
años, Ernesto Che
Guevara dejó para la
posteridad un arsenal de
ideas de gran
importancia para el
desenvolvimiento social
en aras de la
emancipación humana. Su
pensamiento abarca los
campos de la filosofía,
la política, la moral,
la ética, los aspectos
sociales, la economía,
la historia, la cultura,
las relaciones
internacionales, la
dirección
administrativa, entre
otros. El estudio en
amplitud y profundidad
de la obra escrita del
Che enriquecerá sin duda
el camino de la
construcción del
socialismo en Cuba y en
otros países, en
especial, de Nuestra
América. Desde luego, en
este empeño siempre hay
que tener en cuenta que
los tiempos que corren
actualmente en Cuba y en
el mundo son muy
diferentes a los de
entonces por lo que se
requiere un esfuerzo
dialéctico para
interpretar al Che.
El Che era un
revolucionario muy
honesto y consecuente en
la teoría y la práctica.
Lo que pensaba, lo
decía; y lo que decía,
lo hacía.
Una de sus enseñanzas,
especialmente para la
Cuba de hoy, es su
concepción y ejercicio
de la cultura del
debate. Como era un
intelectual muy creador,
sus ideas generaban
polémicas con otros
pensadores.
Defendía sus ideas con
firmeza y argumentos
fundamentados; pero
respetaba las
consideraciones de los
demás aunque discreparan
de las suyas. Donde
quiera que asumió altos
cargos públicos,
enseguida creaba una
publicación
especializada. Fue
fundador de Verde Olivo
, la revista de las
Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Cuba,
donde, por cierto, se
recogen muchos artículos
escritos por él pero
publicados con
pseudónimos. En el
Ministerio de Industrias
editó Nuestra Industria
, donde dejó sus
principales artículos de
temas económicos. En
esta revista se
demuestra su condición
de polemista. Allí
expuso sus concepciones
sobre el sistema
presupuestario de
financiamiento para la
dirección de las
empresas en el
socialismo y también se
publicaban artículos de
los defensores de otro
método de administración
empresarial: el cálculo
económico. Resulta
enriquecedor releer las
páginas donde el Che
publicaba sus ideas y,
en la misma edición, los
conceptos discrepantes
del francés Charles
Bettelheim o del
comandante Alberto Mora,
entonces ministro de
Comercio Exterior de
Cuba.
Ese ejemplo que el Che
nos dejó de polemizar en
las ideas,
fundamentándolas con
argumentos, sin ataques
personales contra quien
discrepaba y sin
convertir la polémica en
un torneo literario,
tiene gran importancia
para la Cuba de hoy. La
transición socialista en
la que nos encontramos y
la complejidad del mundo
contemporáneo requieren
del concurso de
diferentes ideas para
encontrar el camino más
adecuado para el
desarrollo económico y
social del país. El
debate de ideas está a
la orden del día en
nuestro proceso
revolucionario y el
tratamiento respetuoso
en la polémica es una de
las enseñanzas que en
este campo debemos
asumir del Che.
Un tema que desarrolló
ampliamente el Che es el
de la dirección de la
economía. Al estudiar su
pensamiento en esta
materia hay que tener
muy en cuenta que en los
más de 55 años
transcurridos desde
entonces, el mundo y
Cuba han cambiado
radicalmente. Una de las
características más
significativas que
muestra la economía
cubana de hoy es la
diversidad de formas de
propiedad sobre los
medios de producción.
Ello se refleja en que
más del 30 por ciento de
la población
económicamente activa
labora en el sector no
estatal y la tendencia
es a su incremento.
La etapa en la cual el
Che subrayó que la
tendencia debería ser: «
[…] a liquidar lo más
vigorosamente posible
las categorías antiguas
entre las que se incluye
el mercado, el dinero y,
por tanto la palanca del
interés material […]», 1
ha da do paso a una
época en la cual se
utilizan ampliamente
dichas categorías. La
red de relaciones
monetario-mercantiles
entre las unidades
productivas del país y
su vinculación con el
comercio exterior se ha
incrementado y
complejizado muy por
encima de cuando
existían en la época del
Che.
El pensamiento económico
del Che forma parte
intrínseca de su
concepción sobre la
forma en que se debía
construir el socialismo
y marchar hacia la
sociedad comunista; «[…]
la nueva sociedad donde
los hombres tendrán
características
distintas: la sociedad
del hombre comunista».2
El Che subrayaba que en
el método aplicado para
alcanzar estos objetivos
no se podía perder de
vista «…la última y más
importante ambición
revolucionaria que es
ver al hombre liberado
de su enajenación».3
Con sus ideas, realizó
un aporte a la teoría de
la construcción del
socialismo en los países
subdesarrollados. No
obstante su importancia,
su pensamiento no ha
sido investigado y
divulgado como merece.
No se han cumplido
plenamente las
recomendaciones del
Comandante en Jefe Fidel
Castro cuando expresó:
«[…] yo lo que pido
modestamente, en este xx
Aniversario, es que el
pensamiento económico
del Che se conozca; se
conozca aquí, se conozca
en América Latina, se
conozca en el mundo: en
el mundo capitalista
desarrollado, en el
Tercer Mundo y en el
mundo socialista, ¡que
también se conozca allí!
[…]» . 4
Y es que el núcleo duro
de la concepción del
Che, el que destaca la
importancia de la fuerza
moral del hombre y de la
fe que hay que tener en
el hombre, es aplicable
en todas las
circunstancias en que se
desarrolle la lucha
popular revolucionaria.
La disyuntiva de los
modelos de dirección
económica en Cuba ya no
se dirime entre el
sistema presupuestario
de financiamiento, que
defendía el comandante
Ernesto Guevara, y el
del cálculo económico,
iniciado en la Unión
Soviética y promovido
básicamente, en aquellos
iniciales momentos de la
Revolución, por el Dr.
Carlos Rafael Rodríguez.
En sus consideraciones
acerca del sistema que
promovía el Che, el Dr.
Carlos Rafael Rodríguez
subrayó: «El Sistema
Presupuestario está más
cerca de lo que tiene
que ser la sociedad en
el futuro, pero esto es
solo una hipótesis y se
refiere a un futuro algo
distante, al futuro
comunista. Parto del
criterio -que es el que
nos ha llevado a aceptar
las deficiencias y
manquedades derivadas
del Cálculo Económico-,
que este Sistema
Presupuestario exige
condiciones y
posibilidades que no
podemos alcanzar, no ya
en el mediano plazo,
sino incluso más allá
[…] porque se basa en
formas de control más
cercanas al comunismo.
Eso es evidente. Es un
salto como el que se
proponía Carlos Marx,
del capitalismo a un
socialismo avanzado.
Nosotros, todos lo
sabemos, no hemos dado
ese salto. Ni siquiera
la Unión Soviética ha
dado ese salto».5
Los aspectos de las
ideas económicas del Che
que han perdido vigencia
se refieren,
principalmente, a
cuestiones organizativas
y de métodos de
dirección financiera.
Ello se entiende mejor
al comparar el concepto
de empresa en ambos
sistemas y sus finanzas.
Para el cálculo
económico, un central
azucarero es una
empresa, la cual tiene
fondos propios
depositados en el banco,
del que recibe créditos
por los que paga
intereses y actúa con
determinada autonomía
financiera. Para el
sistema de
financiamiento
presupuestario, todos
los centrales azucareros
del país y otras
unidades relacionadas
con el azúcar
constituyen una sola
empresa: la Empresa
Consolidada del Azúcar.
Este sistema se basa en
un control centralizado
de la actividad
empresarial; su plan y
su gestión económica son
controlados por
organismos centrales, en
una forma directa; la
empresa no tiene fondos
propios, ni recibe
créditos bancarios ni
tiene autonomía
financiera.
El sistema que
propugnaba el Che no
consideraba la categoría
mercancía en el
intercambio de productos
entre las empresas
estatales. Los
partidarios del cálculo
económico sí la
consideraban como tal.
Este último criterio es
el que se aplica
actualmente en nuestro
país.
No obstante, el Che no
desechaba las relaciones
monetarias en la
economía. El registro
contable que él
proponía, se medía
mediante el dinero, así
como también el
presupuesto de cada
empresa y su relación
con los organismos
centrales. En el pago
del salario y su control
se utilizaba dinero, así
como en el comercio
interior mayorista y
minorista y en el
comercio exterior.
Un aspecto de mayor
calado en el cual se
diferenciaban los
sistemas en controversia
era el acento en el uso
del estímulo material o
del estímulo moral. El
Che consideraba que los
partidarios del cálculo
económico exageraban el
papel del estímulo
material en la
producción y lo situaban
en un primer plano. En
el sistema de
financiamiento
presupuestario, el
estímulo material tenía
una participación menor
y se destacaba el
estímulo moral.
Esclareciendo su
concepción, el Che
planteó: «Precisa
aclarar bien una cosa:
no negamos la necesidad
objetiva del estímulo
material, sí somos
renuentes a su uso como
palanca impulsora
fundamental».6
Se oponía al predominio
del uso de la
estimulación material
directa porque «[…]
significaría el retraso
del desarrollo de la
moral socialista».7
En un plano muy teórico,
el Che abordó la
existencia de la ley del
valor en la transición
socialista. Hoy en Cuba
la ley del valor tiene
una mayor incidencia en
la economía y en el plan
de lo que concebía el
Che. No obstante, tiene
plena vigencia su aserto
de que, en el
socialismo, el rumbo
económico no puede
dejarse a la acción
espontánea de la ley del
valor por encima de la
voluntad de los hombres,
quienes deben
subordinarla a la
dirección consciente de
la sociedad mediante el
papel rector de la
planificación.
Lo que más nos interesa
destacar a continuación
se refiere a las
numerosas ideas y
planteamientos del Che
en materia de dirección
de la economía que
tienen plena vigencia en
la actualidad.
Una de sus principales
consideraciones está
relacionada con el
estricto registro
contable de los hechos
económicos, la plena
utilización del sistema
de información
estadística con datos
exactos y el control de
costos. Al respecto,
subrayó:
«[…] nosotros
consideramos que el
costo de producción es
el elemento fundamental
que hará que el
administrador de la
unidad, de la empresa o
el ministerio, en su
caso, observar
inmediatamente y a
grandes rasgos el
funcionamiento de la
unidad productiva».8
También daba especial
importancia a la
productividad al decir:
«Todo se reduce a un
denominador común en
cualquiera de las formas
que se analice: al
aumento de la
productividad en el
trabajo, base
fundamental de la
construcción del
socialismo y premisa
indispensable para el
comunismo».9
El Che fue un pionero en
la aplicación de la
computación al
procesamiento de los
datos estadísticos y
contables en las
unidades productivas,
empresas y demás niveles
de dirección económica.
También apuntó que «[…]
el impulso más
formidable a la
producción se dé por la
vía del desarrollo
tecnológico».10 El
desarrollo de la ciencia
y la técnica alcanzadas
en el capitalismo,
decía: «…puede ser
utilizada por el camino
socialista sin temor de
contagio de la ideología
burguesa».11
El Che se proyectó sobre
el futuro de los métodos
de dirección económica
en los términos
siguientes: «Todo
nuestro trabajo debe
estar orientado a lograr
que la tarea
administrativa, de
control y dirección, se
vaya convirtiendo en
algo cada vez más simple
y los esfuerzos de los
organismos centrales se
concentren en la
planificación y el
desarrollo tecnológico
[…] En ese instante […]
será posible acercarse
al ideal de que la
economía se rija
mediante análisis
matemáticos […] sin
olvidar, claro está que
el ser humano, razón de
ser de nuestra
Revolución y nuestros
afanes, no puede
reducirse a una mera
fórmula». 12
El aporte de mayor
significación en el
pensamiento económico
del Che es haber
destacado la relación
que existe entre la
economía y la
espiritualidad humana
elevando la importancia
de esta última, a
diferencia de
concepciones que se
aplicaban entonces en la
URSS y los países
socialistas europeos.
Quizás donde mejor está
expresada esta
consideración del Che es
en el párrafo siguiente:
«Nosotros no concebimos
el comunismo como la
suma mecánica de bienes
de consumo en una
sociedad dada, sino como
resultado de un acto
consciente; de allí la
importancia de la
educación y, por ende,
del trabajo sobre la
conciencia de los
individuos en el marco
de una sociedad en pleno
desarrollo material». 13
La conciencia a la que
se refería el Che no
solo acompañaba al
desarrollo económico,
sino era un factor clave
de influencia en la
economía. Así lo
exponía: «Las esperanzas
de nuestro sistema van
apuntadas hacia el
futuro, hacia un
desarrollo más acelerado
de la conciencia y, a
través de la conciencia,
de las fuerzas
productivas».14
Viene a colación lo
planteado por el
Comandante en Jefe Fidel
Castro en sus largas
conversaciones con el
intelectual y periodista
francés de origen
español Ignacio Ramonet,
director entonces del
influyente mensuario
parisino Le Monde
Diplomatique, y que
fueron publicadas bajo
el título Cien horas con
Fidel. Ante una pregunta
de Ramonet acerca de la
polémica alrededor de
las ideas sobre la
dirección de la economía
del Che, el Comandante
en Jefe destacó: «[…] el
Che defendía el método
del financiamiento
presupuestario y otros
compañeros se inclinaban
a defender la
autogestión financiera».
«La preocupación del Che
no era simplemente el
método de dirección de
la economía; no se
oponía a determinados
estímulos materiales,
pero siempre advertía
contra los riesgos que
supone el abuso de estos
como motor fundamental
de la producción, y la
incidencia de los mismos
en la conciencia de los
trabajadores».
Y concluía Fidel: «[…]
le confieso que, en el
tema aludido, me
gustaban más las
posiciones del Che, muy
afines a nuestro modo de
vida guerrillero en las
montañas. Me agradaba
más la apelación moral
del Che, francamente.
Che le daba gran valor a
la conciencia comunista
y al ejemplo». 15
Hay otros muchos temas
abordados por el Che que
tienen plena vigencia en
la actualidad económica
de Cuba, entre ellos, la
permanente valoración de
los inventarios y sus
normas, el cumplimiento
de los contratos y el
uso adecuado del
arbitraje para dirimir
los litigios que surjan,
la capacitación de los
dirigentes de la
economía, la calidad en
la producción de bienes
y la prestación de
servicios, la necesidad
de contar con un plan
perspectivo de
desarrollo a 10 años y
más, el complejo
problema de los precios
y los salarios, la lucha
contra la indisciplina
financiera y por el
cumplimiento en fecha de
los cobros y pagos
incluyendo los aportes
al presupuesto estatal.
El Che fue también el
creador del trabajo
voluntario en Cuba como
parte de la formación
política e ideológica de
los ciudadanos. Con su
ejemplo personal,
movilizó a millones de
cubanos en esta
práctica.
En la aplicación en
nuestro país de las
concepciones económicas
del Che hay que tener en
cuenta que las
condiciones actuales de
Cuba, inmersa en un
mundo capitalista
globalizado y sin el
apoyo del otrora campo
socialista encabezado
por la Unión Soviética,
han cambiado en buena
medida. Hoy la dirección
de nuestra economía
demanda una mayor
descentralización en las
decisiones basada en la
necesaria ampliación de
las formas de propiedad
sobre los medios de
producción, que incluye
la estatal, la
cooperativa, el sector
privado nacional y
extranjero, y el de los
trabajadores por cuenta
propia.
Todo ello determina una
ampliación del uso del
mercado y sus categorías
afines, como la
ganancia, el crédito
bancario, el dinero como
medio de control, la
mayor flexibilidad en la
toma de decisiones en
las empresas y que estas
no dependan, en su
gestión, de las
aprobaciones
centralizadas de los
ministerios.
En estas circunstancias
es necesario apelar al
interés material de los
propietarios y
trabajadores. Al aceptar
esta realidad, también
debemos identificar los
riesgos que ello entraña
para la moral social, la
cual debe basarse en el
comportamiento ético y
solidario entre los
participantes en el
proceso de producción y,
en general, entre los
ciudadanos. Al respecto,
no podemos olvidar la
advertencia del Che de
que la aplicación de la
palanca del interés
material «[…] no se
convierta en algo que
obligue al individuo, en
cuanto a individuo, a la
colectividad de
individuos, a luchar
desesperadamente con
otros para asegurar
determinadas condiciones
de producción o
distribución que lo
coloquen en condiciones
privilegiadas. Hacer que
el deber social sea el
punto fundamental en el
cual se apoya todo el
esfuerzo del trabajo
[…]». 16
Reforzando esta idea,
adquieren gran valor, en
las actuales condiciones
históricas de nuestro
país, las concepciones
de Fidel en cuanto a la
actitud personal de los
cubanos, donde quiera
que desenvuelvan sus
actividades, al señalar
que: «Revolución es […]
modestia, desinterés,
altruismo, solidaridad y
heroísmo; es luchar con
audacia, inteligencia y
realismo; es no mentir
jamás ni violar
principios éticos […]».
17
Notas:
1 Ernesto Che Guevara:
«Sobre el sistema
presupuestario de
financiamiento», Nuestra
Industria, Revista
Económica No. 5, La
Habana, febrero de 1964,
tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, p. 272.
2 Ernesto Che Guevara:
«El socialismo y el
hombre en Cuba», Marcha,
Montevideo, 12 de marzo
de 1965, tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, p. 374.
3 Ibídem, p. 375.
4 Fidel Castro Ruz:
«Discurso en el XX
Aniversario de la muerte
de Ernesto Che Guevara»,
El Gran Debate, Ocean
Press, 2006, p. 362.
5 Carlos Rafael
Rodríguez: «Sobre la
contribución del Che al
desarrollo de la
economía cubana», en El
Gran Debate sobre la
economía en Cuba
1963-1964. Ernesto Che
Guevara, Ocean Press,
Melbourne, New York,
2006.
6 Ernesto Che Guevara:
«Sobre el sistema
presupuestario de
financiamiento», Nuestra
Industria, Revista
Económica No. 5, La
Habana, febrero de 1964,
tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, p. 263.
7 Ibídem, p. 264.
8 Ernesto Che Guevara:
«Consideraciones sobre
los costos de producción
como base del análisis
económico de las
empresas sujetas a
sistema presupuestario»,
Nuestra Industria,
Revista Económica No. 1,
La Habana, junio de
1963, tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, pp.
211-212.
9 Ibídem, p. 215.
10 Ibídem, p. 218.
11 Ernesto Che Guevara:
«Sobre el sistema
presupuestario de
financiamiento», Nuestra
Industria, Revista
Económica No. 5, La
Habana, febrero de 1964,
tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, p. 259.
12 Ernesto Che Guevara:
«Consideraciones sobre
los costos de producción
como base del análisis
económico de las
empresas sujetas a
sistema presupuestario»,
Nuestra Industria,
Revista Económica No. 1,
La Habana, junio de
1963, tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, p. 217.
13 Ernesto Che Guevara:
«La banca, el crédito y
el socialismo», Cuba
Socialista No. 31, marzo
de 1964, tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, pp.
299-300.
14 Ernesto Che Guevara:
«La planificación
socialista, su
significado», Cuba
Socialista, junio de
1964, tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, p. 324.
15 Fidel Castro Ruz:
Cien horas con Fidel,
conversaciones con
Ignacio Ramonet, tercera
edición, Oficina de
Publicaciones del
Consejo de Estado, La
Habana, 2006, pp.
281-282.
16 Ernesto Che Guevara:
«Sobre el sistema
presupuestario de
financiamiento», Nuestra
Industria, Revista
Económica No. 5, La
Habana, febrero de 1964,
tomado de Obras
1957-1967, t. II, Casa
de las Américas, La
Habana, 1970, p. 284.
17 Fidel Castro Ruz:
Discurso por el Día
Internacional de los
Trabajadores el 1 de
mayo de 2000, Plaza de
la Revolución, La
Habana, 2000.
Fidel Vascós González.
La Habana, 1939. Doctor
en Ciencias Económicas.
Profesor y periodista de
temas económicos,
históricos y
socio-políticos.*
Fuente: Rebelión