Cuba merece que levanten
sanciones
Por Peter Kornbluh
[11.04.2020]-
Actualización 9:00
am de Cuba
El 25 de marzo, mientras
un equipo de médicos y
técnicos de salud
cubanos instalaban
hospitales de campo en
la región de Lombardía,
en el norte de Italia,
para atender a miles de
italianos infectados con
el Covid-19, el
Departamento de Estado
emitió una alerta
absurda, vía Twitter,
contra aceptar la ayuda
humanitaria cubana.
Los países que busquen
la ayuda de Cuba para el
Covid-19 deben someter
los acuerdos a
escrutinio y poner fin a
los abusos laborales,
declaraba el mensaje, y
aseguraba que las
misiones médicas
internacionales cubanas
llevan la única
intención de compensar
el dinero perdido el año
pasado, cuando países
como Brasil y Bolivia
expulsaron a miles de
médicos cubanos…
decisión que ha venido a
costarles caro ahora que
el coronavirus se
expande.
No importa que los
miembros del equipo
médico cubano en Italia
estén arriesgando sus
propias vidas para
salvar las de los
ciudadanos de una nación
europea importante. O
que Cuba, con un
historial altamente
exitoso de brindar apoyo
de rápida respuesta a
las víctimas de
epidemias y desastres
naturales, sea una
aliada muy necesaria en
la lucha internacional
contra la peor amenaza
que el mundo haya
confrontado desde la
Segunda Guerra Mundial.
Para el gobierno de
Donald Trump, lograr
puntos políticos con
burdos e injustificados
ataques contra el
compromiso humanitario
de Cuba sigue siendo una
alta prioridad.
Sin embargo, en este
momento funesto, los
esfuerzos punitivos de
Washington por
descarrilar la
revolución cubana jamás
han parecido más ruines
y contraproducentes para
los verdaderos intereses
de seguridad nacional
estadunidenses que
ahora. Más que condenar
los esfuerzos
humanitarios de Cuba,
Washington debería
apoyarlos activamente.
La forma más inmediata
de hacerlo es suspender
las sanciones
estadunidenses, que
ponen en serias
dificultades los
esfuerzos cubanos por
salvaguardar a sus
propios ciudadanos y
llevar servicios médicos
a muchos otros en el
extranjero.
Como todas las naciones
del planeta, Cuba lucha
por contener la
expansión del virus. El
número de casos
confirmados ha crecido
de un puñado el 11 de
marzo pasado –todos
llevados a la isla por
turistas extranjeros– a
186 al 31 de ese mes. Se
ha internado a más de
mil 500 personas que han
presentado síntomas. El
gobierno ha cerrado
escuelas y hoteles, así
como las fronteras del
país.
Pero, a diferencia de la
mayoría de las naciones,
la capacidad de Cuba de
enfrentar la pandemia es
coartada por las severas
sanciones estadunidenses.
El embargo comercial de
casi seis décadas
continúa obstruyendo su
capacidad de exportar e
importar materiales
necesarios de países
como México.
Entre otras medidas
punitivas, el gobierno
de Trump ha penalizado a
las compañías
transportistas
extranjeras que llevan
carga de otros países a
Cuba, lo que impide el
flujo de comercio
esencial para las
necesidades cotidianas
de los cubanos. De
hecho, un embarque
reciente de suministros
médicos procedente de
China fue puesto en
riesgo cuando la
compañía transportista
estadunidense, citando
las restricciones por el
embargo, se negó a
entregar los materiales
a Cuba.
Dada la amenaza
globalizada que
enfrentamos, la
seguridad del mundo
depende de la contención
humanitaria
internacional. Una
política exterior
estadunidense de base
humanitaria es el único
enfoque que permitirá
ganar la guerra contra
este enemigo
existencial.
Por estas razones, ahora
está en marcha un
movimiento para liberar
a Cuba de las sanciones.
El secretario general de
la ONU, António Guterres,
ha llamado a levantar
sanciones contra países
como Cuba, Irán y
Venezuela para asegurar
que puedan obtener
provisiones esenciales.
En este momento crucial,
advirtió la alta
comisionada para
Derechos Humanos,
Michelle Bachelet, tanto
por razones de salud
pública global como para
apoyar los derechos y
las vidas de millones de
personas en esos países,
las sanciones
sectoriales deben ser
aligeradas o
suspendidas.
Temerosos de que las
sanciones estadunidenses
podrían costar la vida a
sus familiares en la
isla, cubano-estadunidenses
están instando al
gobierno de Trump a
levantar las
restricciones
comerciales y económicas
impuestas a Cuba por
Estados Unidos. Una
petición en español,
publicada en Change.org,
implora al presidente
Trump que deje de
obstruir la capacidad
cubana de obtener
alimentos, medicinas y
equipo médico y, en
cambio, extender la mano
de la amistad y la
solidaridad al pueblo
cubano. Al primero de
abril, más de 10 mil
personas habían firmado
la petición.
Y en Washington, una
coalición de promotores
de políticas,
asociaciones y de
derechos humanos ha
llamado a suspender
todas las restricciones
y requerimientos de
licencia que limitan las
remesas, obstruyen la
capacidad cubana de
importar bienes
comerciales y bloquean
los donativos de
suministros médicos como
ventiladores, equipos de
prueba, máscaras y
guantes, necesarios para
mitigar los efectos de
la pandemia.
Estos tiempos sin
precedente nos obligan a
reconocer nuestra
humanidad común y
adoptar acciones
inmediatas para limitar
el sufrimiento humano,
señala la declaración
elaborada por el Centro
para la Democracia en
las Américas. Hacerlo
demostrará la compasión
estadunidense por el
pueblo cubano.
Además, el levantamiento
de sanciones demostrará
también el
reconocimiento de Cuba
como un aliado
invaluable en una lucha
mundial que está
redefiniendo el
significado tradicional
de la seguridad nacional
e internacional. Más
allá de Italia, Cuba
tiene un papel vital en
la batalla global por la
supervivencia. A
diferencia de Estados
Unidos, en la
confrontación con el
coronavirus Cuba presta
atención al llamado del
secretario general de la
ONU: Es la hora de la
solidaridad, no de la
exclusión.
*Coautor de Diplomacia
encubierta con Cuba,
publicado por el Fondo
de Cultura Económica, y
analista sobre Cuba en
el Archivo de Seguridad
Nacional, en Washington.
Una versión de este
artículo apareció en la
revista The Nation.
(Tomado de La Jornada)