El coronavirus se
controla, pero el
neoliberalismo se
derrota
Por Oto Higuita*
[24.04.2020]-
Actualización 9:00
am de Cuba
No puede decirse lo
mismo del
neoliberalismo, la
necropolítica que ha
llevado a la tumba a
millones de excluidos
(pobres, desempleados,
enfermos, gente sin
seguridad social,
campesinos, comunidades
indígenas, adultos
mayores, informales,
mendigos, pensionados)
cuando no le han sido
rentables, como ocurre
ahora.
De un sistema económico
basado en la codicia,
las ganancias y la
mercantilización de la
vida no se puede esperar
nada distinto a la
injusticia global. Un
sistema que, además, ha
destruido el Estado de
bienestar, privatizado
la salud, la educación,
las pensiones y la
seguridad social. Por lo
tanto, la solución al
estado de pobreza y
exclusión que azota al
mundo no está en los
capitalistas, ni en los
defensores de las
privatizaciones, y mucho
menos en los
responsables de eliminar
las instituciones desde
las cuales se hubiera
podido enfrentar la
crisis actual en mejores
condiciones.
Porque, ¿qué pueden
esperar los excluidos de
la élite capitalista?
Nada distinto a cobrar
una deuda histórica, por
eso reclaman lo que les
fue arrebatado, el
derecho a una vida
digna. No otra cosa son
los estallidos sociales,
la vieja cuenta de cobro
de los condenados de la
tierra a la élite
económica que se ha
apoderado de los bienes
de todos.
Por eso es absurdo creer
que el llamado al
confinamiento de quienes
no cuentan con medios,
ni ingresos, ni empleo
lo van a cumplir
“quedándose en casa”. La
solución tampoco está en
llevarlos al matadero de
la fábrica o empresa a
trabajar, con el
propósito de producir
para salvar la “economía
de mercado”, como
recomiendan los voceros
del capitalismo.
El confinamiento para
millones que viven en la
pobreza, no ha hecho
sino empeorar las
desigualdades sociales y
ya se sabe que el hambre
sino se sacia
oportunamente adquiere
comportamientos
agresivos, no da espera
y en el peor de los
escenarios, devuelve a
los famélicos a la época
del hombre de cromañón o
neandertal de hace 50
mil años. ¿Y quién desea
esa pesadilla?
Esta simple frase, el
neoliberalismo es la
verdadera peste de la
humanidad, tiene detrás
un largo proceso
histórico y un
significado profundo.
Que alcanza su real
dimensión si se piensa
que esa fábrica global
de la muerte ha estado
operando durante cuatro
décadas ininterrumpidas,
desde que los gobiernos
conservadores y
anticomunistas de la
primer ministra del
Reino Unido, Margara
Thatcher y el presidente
de los EE.UU., Ronald
Reagan, le aplicaron al
mundo la doctrina
neoliberal (asimilándola
con la democracia)
basada en el “mercado
libre” o economía de
mercado, como la fórmula
triunfadora sobre la
economía planificada y
socialista, luego de las
negociaciones con el
último presidente, un
socialdemócrata y
reformista, que tuvo la
Unión Soviética, Mijaíl
Gorbachov.
Tras el triunfo político
del capitalismo y la
derecha mundial, una
mayoría de gobiernos
aplicó al pie de la
letra el mismo programa
económico ayudados por
las instituciones hechas
para propagar esa plaga
social que hoy azota al
mundo: el FMI, el BM, la
ONU, la OCDE, etc.
Pandemia global
convertida en una bomba
social a punto de
estallar, sino se provee
de alimentos y lo
necesario para su
subsistencia a millones
de pobres, algo
completamente irónico y
absurdo en plena era de
las tecnologías de la
comunicación, la
globalización, la
producción masiva de
alimentos y la
inteligencia artificial.
De ahí que el reto
principal de la
humanidad sea una
radical reconstrucción
económica, política y
cultural de la sociedad
sobre bases nuevas. Ya
que no es otro el
conflicto del mundo,
como lo han demostrado
claramente teóricos
sociales, intelectuales,
activistas de
movimientos sociales y
algunos líderes
políticos excepcionales.
Al mundo lo gobierna un
modelo depredador que
amenaza la vida misma
del planeta; es la New
York pobre donde la tasa
de mortandad se
concentra con saña en
afros y latinos, sin
seguridad social ni
ayuda de ningún tipo; en
un momento en donde
abunda la avaricia y
escasea la solidaridad.
Sin embargo, la capital
del mundo no está sola,
la acompañan Tulcán,
Guayaquil, Guayas,
Bogotá, Medellín en
Latinoamérica, así como
las grandes capitales de
África y Asia.
Como se ha visto, de la
mezcla neoliberalismo-coronavirus
no se salvan las mismas
naciones capitalistas
desarrolladas (Italia,
España, Francia,
Alemania, Escandinavia),
ni los EE.UU. Donde en
un solo día se contaron
4.491 muertos, mientras
que la cifra de
desempleados ascendió a
22 millones las últimas
4 semanas. Y no hay
sociedad que aguante un
tsunami social de esa
magnitud.
Sin embargo, su
presidente, Donald Trump
(así mismo Bolsonaro en
Brasil, en parte Boris
Jonhson en el Reino
Unido, y otros
neoliberales adictos)
insiste en “abrir” el
país y ponerle fin al
confinamiento, deseando
hacer lo que todo
fascista neoliberal
sueña, salvar la
economía a costa de la
vida, es decir, volver
al viejo darwinismo
social para que haga una
limpieza social de Los
que sobran.
Es un hecho que al mundo
lo gobierna el fascismo
liberal que, en palabras
del intelectual
canadiense y crítico de
la pedagogía Henry
Giroux, consiste en una
combinación de crueldad
basada en el mercado y
las formas explosivas de
racismo y limpieza
racial. Aunque, por otro
lado, afirma, la crisis
actual abre a otras
posibilidades como la de
producir cambios
radicales, conquistar
una renta básica
universal, reconstruir
un sistema de salud
gratuito, universal y de
calidad, (y) mayor
consciencia por la
justicia ambiental.
Y agrega que, “el
coronavirus no afecta a
todas las personas
indiscriminadamente. En
realidad, los pobres,
los ancianos y las
personas de color
soportan la carga de los
efectos de este virus
como ningún otro grupo,
especialmente en Estados
Unidos.” Finalmente,
apuesta por una sociedad
socialista democrática
construida desde un
nuevo lenguaje, una
nueva visión y
movimientos sociales
donde la justicia, la
igualdad y la libertad
constituyan su
naturaleza.
No cabe duda, que la
crisis actual ha
revelado la fragilidad e
incapacidad de los
gobiernos neoliberales
para enfrentarla, pero
también ha roto el
hechizo ideológico de
más de 40 años de
vigencia del modelo.
Sí, al coronavirus se le
controlará, sin embargo,
la pos pandemia estará
dominada por la
disyuntiva entre
totalitarismos/autoritarismos
(duros o blandos) o
sociedades globales
empoderadas y
solidarias. Dependiendo
de la capacidad de
respuesta de los
condenados de la tierra
al sistema económico que
los excluye y elimina,
será posible otro mundo,
pero no antes sin la
derrota de la
necropolítica.
*Oto Higuita
Licenciado en Historia
Económica de la
Universidad de
Estocolmo. Ensayista.