En el círculo vicioso de
la epidemia
Por Ariel Terrero
[30.04.2020]-
Actualización 9:50
am de Cuba
¿Se imaginan a todos los
mandatarios
latinoamericanos y
caribeños sentados en
torno a una mesa
presidencial? En junio o
julio próximo, digamos.
Con sonrisas amistosas o
diplomáticas. Sí, los
33. Hablo de López
Obrador, Iván Duque,
Nicolás Maduro, Lenín
Moreno, Daniel Ortega,
Sebastián Piñera, Miguel
Díaz-Canel, Jair
Bolsonaro, Alberto
Fernández y todos los
demás. Sin ausencia
alguna. Sentados en ese
orden, si quieren, y
guardando respetuosa
distancia entre sí solo
por el coronavirus
latente. ¿Tema de
conversación?
Negociarían esa
integración regional que
menciona la directora de
la CEPAL, Alicia Bárcena,
como salida necesaria
para la crisis económica
que seguirá a la crisis
sanitaria de la Covid-19.
Haría falta.
La depresión económica
en marcha anticipa
proporciones que dejan
pequeña la recesión de
2008-2009. El shock
económico que llegó a
cuestas del nuevo
coronavirus tiene raíces
más profundas y alcances
globales a los que no
escapa ningún país. Los
expertos se inclinan por
referencias históricas
más dramáticas. Paul
Krugman, Vicenç Navarro
y Nouriel Roubini –de
escuelas económicas bien
diferentes- no son los
únicos que ven en la
actual crisis escalas
comparables con la Gran
Depresión de 1929, que
había quedado registrada
como la más larga en el
tiempo, la más profunda
y con mayor cantidad de
países desfondados.
El Fondo Monetario
Internacional, por lo
general cauto en sus
estimaciones, se suma a
ese enfoque. Prevé un
retroceso de -3 por
ciento en la economía
mundial en 2020 y afirma
que será la mayor
contracción económica
desde la Gran Depresión.
El horizonte se torna
más sombrío de semana en
semana. Si a mediados de
marzo, la Comisión
Económica para América
Latina y el Caribe
(CEPAL) preveía una
caída de -1,8 por ciento
en el PIB regional este
año, sin descartar hasta
-4 por ciento por
posibilidades de mayor
dramatismo, el 21 de
abril hizo público un
ajuste mucho más amargo
en sus cuentas. Ahora
vaticina una baja de
-5,3 por ciento en el
PIB de América Latina y
el Caribe en 2020.
“La pandemia llevará a
la mayor contracción de
la actividad económica
en la historia de la
región”, afirma el nuevo
informe de la CEPAL.
“Para encontrar una
contracción de magnitud
comparable hace falta
retroceder hasta la Gran
Depresión de 1930 (-5
por ciento) o más aún
hasta 1914 (-4,9 por
ciento)”.
En el área, todos los
sectores y actividades
económicas registran
daños sensibles ya. La
renuencia histórica del
capital latinoamericano
a desplegar más
innovadora y
nacionalistamente su
abanico de alternativas
de desarrollo hace más
punzante el daño.
Los países dependientes
de exportaciones de
productos básicos
observan con el ceño
fruncido la caída en
picada de precios en el
mercado mundial hasta
límites inéditos. El 20
de abril quedará en las
antologías bursátiles,
con el barril de
petróleo buceando por
debajo de cero, con un
mínimo récord de -37,63
dólares. Se desplomó por
contracciones de la
demanda a cuenta de la
pandemia, en un contexto
de conflictos profundos
del mercado y con un
acuerdo entre la OPEP y
Rusia que llegó tarde.
El impacto estremece a
economías petroleras
como las de Venezuela,
México, Colombia y
Brasil.
También se han hundido
los precios de metales y
minerales. La soya, el
maíz y otros alimentos
han bajado en menor
medida. Los mayores
daños en este frente se
los anotan Chile,
Bolivia, Perú, Argentina
y otras naciones
suramericanas. Las
economías de
Centroamérica y el
Caribe, más importadoras
que exportadoras, sufren
por la anulación casi
total del turismo y la
contracción de las
remesas, sostenes
principales de los
ingresos de esta área.
La CEPAL teme fuertes
caídas del PIB en 2020
en la totalidad de los
países, con casos
sensibles para la región
como Venezuela (-18 por
ciento), Argentina (-6,5
por ciento), México
(-6,5 por ciento) y
Brasil (-5,2 por
ciento). A Cuba le
anticipa una pérdida del
PIB de -3,7 por ciento
este año.
Como en los recesivos
años 30 del siglo XX,
las economías
latinoamericanas
quedaron colgadas de la
brocha, sin protección,
al crisparse de golpe el
comercio global. Con los
colapsos productivos de
China, Estados Unidos y
Europa, las cadenas de
valor que signaron a los
años de globalización se
esfumaron por artes de
pandemia. La
Organización Mundial de
Comercio (OMC) anticipa
una reducción del
intercambio en el
planeta este año entre
-13 y -32 por ciento.
Alicia Bárcena juzga la
ruptura de estas cadenas
globales de valor con
China como uno de los
canales de transmisión
de la crisis económica
hacia América Latina y
el Caribe. “Casi todo el
mundo estaba importando
partes y bienes
intermedios de China”,
observa en entrevista a
la BBC. “Volver a
rearmar estas cadenas va
a ser muy difícil”.
Propone retomar,
entonces, una vieja
bandera cepalina, la
integración regional.
Ante la perspectiva de
cambios en las
relaciones y estructuras
comerciales
internacionales, la
directora de la CEPAL
apuesta “a reconstituir
una economía distinta,
más integrada hacia lo
local, buscando también
pautas de
autosuficiencia, por
ejemplo, alimentaria”.
La meta se torna más
difícil para esta
región, una de las que
ha corrido con peor paso
en la carrera de
obstáculos hacia la
integración. Europeos y
asiáticos trotan mejor
por esa pista, sin
contar dones
proteccionistas que se
han acelerado en años
recientes. Indicadores
globales acreditan que
los flujos comerciales
son menores entre los
propios países
latinoamericanos que
cuando negocian con Asia
o Europa –por no
mencionar la tradicional
sujeción a EEUU-. En
contraste, esos otros
continentes prefieren
comerciar puertas
adentro y manejan sus
finanzas con mejor
rédito.
El coronavirus
sorprendió a la región
latinoamericana atada
mayoritariamente a un
endeudamiento externo
insostenible. Este
estado de cosas
–bastante parecido, por
cierto, al de la región
cuando comenzó la Gran
Depresión- ahoga las
capacidades financieras
para seguir trillos
fiscales y monetarios
como los que han tomado
otros países. La deuda
externa promete
convertirse de nuevo en
campo de batalla, pero
probablemente sea
necesaria la reacción de
las organizaciones
políticas, sociales y
sindicales de nuestros
países, ante la
tradicional pereza de
los políticos y del
empresariado
latinoamericano para
retar al capital global.
En el artículo Cómo
aplanar la curva de la
pandemia y de la
recesión, Pierre-Olivier
Gourinchas, recomendó
políticas de protección
laboral, y maniobras
monetarias y fiscales
muy debatidas en estos
días. Pero el economista
francés también dibujó
otra idea de aliento
renacentista: “Ante un
sobresalto común, la
teoría económica más
elemental sugiere que
debe haber una respuesta
común”. ¿Lo entenderán
los políticos
latinoamericanos alguna
vez? ¿Se inmutarán ante
el agravamiento de las
condiciones de vida en
sus países, por una
epidemia que no ha
enseñado aún todas sus
pezuñas?
Como en el resto del
mundo, en la región
amenaza con dispararse
el desempleo y el número
de pobres. La CEPAL
prevé que las personas
que viven en pobreza
aumenten de 186 millones
a 215 millones. Sería
más de un tercio de la
población
latinoamericana y
caribeña.
Con el deterioro
económico y social,
aumentarán las personas
sin acceso a los
servicios de salud, por
más que los gobiernos
locales hablan de
medidas económicas para
auxiliar a los sectores
vulnerables o
desfavorecidos. La deuda
social es grande.
Mientras la Organización
Panamericana de la Salud
(OPS) advierte que el 30
por ciento de la
población
latinoamericana carece
de acceso a los
servicios de salud,
otros indicadores
muestran que estos seres
se concentran en las
franjas de menos
recursos económicos.
Según la CEPAL, el 57,3
por ciento de las
personas empleadas tiene
cobertura de salud en
América Latina y el
Caribe, pero en los
niveles de pobreza
extrema cuenta con esa
garantía solo el 34 por
ciento.
Uno de los caldos de
cultivo de la epidemia
de Covid-19 ha sido la
reducción de capacidades
en los sistemas de salud
por las teorías
neoliberales. El
maleficio hizo mella en
el mundo desarrollado
–los datos de
contagiados en EEUU y en
países europeos lo
confirman-. También en
América Latina. Si con
la recesión económica
crece la población sin
acceso a hospitales y
servicios de salud, es
previsible una
ampliación de los
riesgos de expansión de
un coronavirus cuyo fin
definitivo, de estar
sujeto a una vacuna,
parece que no llegará
antes del próximo año.
En una suerte de círculo
vicioso, la crisis
económica y social
amenaza con agravar la
crisis sanitaria que le
dio origen.
(Cubadebate)