Tiempo de paradojas
online
Por Ariel Terrero
[09.05.2020]-
Actualización 4:00
pm de Cuba
No sé a quién hacerle el
monumento en Cuba, si
hablamos de comercio en
estos tiempos de Covid-19.
¿A las tiendas online,
en oportuna y
controvertida expansión?
¿A la paciencia de los
consumidores, en espera
a la puerta de sus casas
por algo más sustancioso
que las flores de un
galán? ¿O a la gestión
de ventas, que readapta
a la web viejos trucos
para atrabancar
clientes?
El comercio electrónico
se adelantó en Cuba a la
llegada del coronavirus,
por poco margen de
tiempo. Apareció inmerso
en la ola
informatizadora que se
aceleró en el último par
de años. La alternativa
de las tiendas online, y
de otros servicios
similares, perdió rápido
el aura de lujo que
muchos le vieron en su
inicio. El empleo de
tarjetas magnéticas con
fines diversos, incluido
el cobro de salarios,
ganó nueva premura en
2019. Tal parecía que
alguien supiera lo que
se avecinaba en 2020.
La pandemia se ocupó de
confirmar el mérito
estratégico del comercio
electrónico. Era la
alternativa perfecta
para evitar el peligro
de contagio con el Sars-Cov-2
en los apiñamientos
humanos típicos de las
tiendas. Pero la
congestión se ha
desplazado de los
mostradores a los sitios
web de las 19 tiendas
virtuales que han
abierto las cadenas
Panamericana y Tiendas
Caribe hasta la fecha.
Las demoras en el
servicio de
transportación a la casa
se han convertido en
paño común, entre otras
pifias y novatadas. No
dan abasto.
La demanda de los
consumidores con móviles
y conexión a internet
mediante cuentas Nauta
superó las previsiones
de la Corporación Cimex
cuando abrió la
plataforma Tuenvio.cu.
Con ventas diarias
cercanas a 900 mil
pesos, en abril el
número de pedidos creció
16 veces en comparación
con el primer trimestre
del año.
Colapsos similares han
mordido a muchas ofertas
privadas que también
incursionaron en los
servicios online por
estos días. O
sobreestimaron sus
fuerzas, tanto las
cadenas estatales como
los privados, o las
inversiones en
telecomunicación y la
informatización de la
sociedad han volado a
ritmos más intensos que
los imaginados.
De cualquier manera, les
queda el mérito de no
haberse quedado con los
brazos cruzados cuando
llegó a Cuba uno de los
mayores desastres
globales en un siglo.
Ahora, simplemente
tendrán que correr,
invertir, ampliar las
flotillas de transporte,
innovar… pero sin
exagerar, por favor, si
de innovación hablamos.
Mientras los
consumidores se dedican
a cacerías web de pollos
y productos jabonosos en
el comercio minorista,
la tienda virtual Villa
Diana, en La Habana, de
la Cadena Tiendas
Caribe, de reciente
apertura online, ha
retomado el viejo
recurso de los combos.
Era la fórmula por la
que optaban las tiendas
en el pasado para salir
de los productos de poca
demanda: los vendían
pegados en un mismo
paquete con productos de
alta demanda. El 6 de
mayo Villa Diana tenía
en oferta en un mismo
combo pollo, aceite,
coctel de frutas
europeas y hasta dos
kilos de sal. ¿Qué le
sobraba en los
almacenes? ¿La sal?
La imposición de compras
se torna doblemente
cuestionable cuando las
carencias son habituales
en el comercio
minorista. Como nunca,
cada maniobra e
iniciativa en la gestión
de ventas debe estar en
función de la población
ante todo, más que de
los balances contables
de la empresa.
Las tiendas virtuales
apenas estaban en
ciernes en Cuba cuando
el temido coronavirus
llegó con unos turistas.
Corren ahora, entre
tropezones, para
equilibrar su oferta con
la demanda solvente, o
al menos, la eficiencia
para entregar en tiempo
los pedidos, porque la
oferta queda sujeta
también a restricciones
duras, en un contexto de
contracción económica
global.
Es una época de
paradojas: el escenario
de estrechez propicia el
ascenso de otro escalón
del desarrollo, la
informatización; la
virtualidad florece para
acceder a realidades tan
sensibles como un plato
de comida; y una tienda,
entusiasmada quizás con
el toque del progreso,
opera como si los
tiempos no fueran los de
una crisis.
Tomado de
Cubadebate