Industria del ocio
pospandemia: Los retos
de empezar “desde cero”
Por Lissett Izquierdo
Ferrer, Edilberto
Carmona Tamayo
[14.05.2020]-
Actualización 1:30 pm de Cuba
La pandemia de COVID-19
ha obligado a todos los
destinos del mundo a
introducir restricciones
a los viajes. Según
muestra un estudio de la
Organización Mundial del
Turismo (OMT), se trata
de las prohibiciones de
mayor rigor sobre los
viajes internacionales
de la historia. Y las
alarmas ya dispararon:
la industria del ocio se
convierte en uno de los
sectores económicos más
afectados por el impacto
del nuevo coronavirus.
El último análisis de la
OMT indica que, de los
217 destinos del mundo:
el 45% ha cerrado total
o parcialmente sus
fronteras a los turistas
(no se permite la
entrada de pasajeros),
el 30% ha suspendido
total o parcialmente los
vuelos internacionales,
el 18% prohíbe la
entrada de pasajeros
procedentes de países
específicos o a
pasajeros que han hecho
escala en determinados
destinos, el 7% está
aplicando diferentes
medidas, como la
cuarentena o el
autoaislamiento durante
14 días y medidas
relativas a los visados.
Esta caída repentina e
inesperada de la demanda
turística levanta
preocupaciones
colectivas. En primer
lugar, hay una realidad
que pone en riesgo las
cuentas personales: a
nivel mundial, se
calcula que 1 de cada 10
puestos de trabajo están
vinculados con la
industria de viajes y
turismo, no solo
directamente sino
también en sectores
relacionados, como la
agricultura, el
procesamiento de
alimentos, la
construcción, el
transporte y las
artesanías.
El Consejo Mundial de
Viajes y Turismo (WTTC,
por sus siglas en
inglés) advirtió que la
pandemia podría reducir
50 millones de empleos.
Otros datos hacen mirar
hacia las economías de
los países. El turismo
supone el 10% del
producto interno bruto
mundial, ocupando la
tercera mayor categoría*
de exportaciones del
mundo, después de los
productos químicos y los
combustibles, y por
delante de la automoción
y de los productos
agroalimentarios. En
términos de inversión el
gasto destinado a esta
actividad también es
significativo.
Las estimaciones de la
OMT cifran en 410 000
millones de euros el
desplome de los ingresos
para el sector en 2020,
mientras pronostican que
las llegadas de turistas
internacionales caerán
entre un 20 y un 30 por
ciento respecto a 2019.
Los cálculos de este
organismo especializado
de Naciones Unidas están
basados en el hecho de
que nunca antes se
habían introducido
restricciones de viaje
tan drásticas como las
aplicadas ahora ante la
propagación de la COVID-19.
No obstante, la OMT
alerta que esas
previsiones “deberían
interpretarse con
cautela” debido a la
incertidumbre que supone
la crisis actual.
Una búsqueda del
comportamiento del
turismo a lo largo de
las últimas décadas
devuelve números
positivos. Pese a los
“choques ocasionales” el
sector presenta una
expansión continua. Solo
experimentó descensos en
2003 tras el SARS y la
guerra de Irak y en 2009
en medio de la crisis
económica y financiera,
con una recuperación
fuerte y rápida en los
años siguientes.
Industria aérea: Con
las alas cortadas
Para fabricantes de
aviones, aerolíneas y
proveedores de servicios
aéreos, la caída en
picada de la demanda ha
planteado un escenario
sumamente preocupante.
Las prohibiciones de los
viajes de pasajeros
impuestos por los
gobiernos se traducen en
inquietantes números
rojos y en despidos
masivos.
La Asociación
Internacional de
Transporte Aéreo, que
reúne a unas 260
aerolíneas en todo el
mundo, confirmó que el
mes de marzo cerró con
un descenso de la
demanda global de
pasajeros de un 53%,
mientras se espera que
abril reporte resultados
aún peores.
Y las previsiones a
largo plazo tampoco
ofrecen buenas noticias.
De acuerdo con la
Organización de Aviación
Civil Internacional, el
total de pasajeros
aéreos internacionales
podría caer en hasta
1.500 millones para
fines de 2020, en
comparación con una
situación comercial
habitual. Esto significa
para las aerolíneas
dejar de ingresar 273
000 millones de dólares.
Europa y la región de
Asia-Pacífico serán los
más afectados en cuanto
a la capacidad y los
impactos en los
ingresos, seguidos de
América del Norte. Del
mismo modo, se espera
que la reducción más
sustancial en el número
de pasajeros se produzca
en Europa, especialmente
durante su temporada
alta de viajes de
verano, por delante de
Asia-Pacífico.
“Se trata del mayor
desplome en la historia
reciente del sector, y
supone un regreso a los
niveles de demanda del
año 2006, aunque las
flotas y tripulaciones
actuales duplican la
capacidad de hace 14
años”, refieren sitios
especializados.
Situación de las
principales compañías
del sector:
Boeing reportó pérdidas
de 628 millones de
dólares en el primer
trimestre de 2020 por la
crisis sanitaria. Planea
recortar un 10% de su
plantilla (unos 16 000
empleos) y reducir la
producción de varios de
sus modelos de aviación
comercial, incluido el
737 MAX.
Airbus registró una
caída del 49% en sus
ganancias básicas en los
primeros tres meses de
este año, lo que
presenta una pérdida
neta de 304 millones de
dólares para la
compañía. Busca reducir
temporalmente su
plantilla en Reino Unido
y limitar los empleos de
unos 3 200 trabajadores
en el país. Ya envió a
unos 3 000 trabajadores
franceses a un estado
parcial de desempleo.
Lufthansa, el mayor
operador de vuelos en
Europa a nivel de
ingresos, se encuentra
en negociaciones con el
Gobierno de la canciller
Angela Merkel sobre un
plan de rescate de 9 000
millones de euros.
British Airways anunció
este 29 de abril que
planea una importante
reducción de su
tripulación que podría
afectar a unos 12 000 de
los 42 000 trabajadores
de la aerolínea.
Recuperación: ¿Solo
“reiniciar” el motor de
la industria del
turismo?
“Quedarse en casa hoy,
significa poder viajar
mañana”. Con este
mensaje la OMT hace un
llamado a ser pacientes,
en tanto pone su mira en
el futuro. “Nuestro
sector también puede
liderar el camino para
impulsar la
recuperación”, aseguró
recientemente el
secretario general de
ese organismo, Zurab
Pololikashvili.
Pero, ¿cuándo ocurrirá
la recuperación de la
industria del ocio y los
viajes? Muchas son las
conjeturas. Algunos
expertos hablan de unos
seis meses, mientras
otros pronostican que el
regreso a la
“normalidad” será a más
largo plazo. Algo sí
está claro, una vez que
todo esto termine, la
gente viajará otra vez,
en prepararse para ese
momento deben estar
ahora los esfuerzos,
como coinciden analistas
del tema.
Y este criterio lo
comparte también el
experto cubano José Luis
Perelló. Para él hay dos
factores que incidirán
en el “arranque” del
sector: el miedo a
viajar y el desempleo. A
ello se suma, por
supuesto, la crisis
económica provocada por
la pandemia y que
refleja, en todo caso,
el cúmulo de problemas
ya existentes antes de
la COVID-19: tensiones
geopolíticas y sociales
y ralentización de la
economía global.
“Antes de la pandemia,
por ejemplo, tuvimos la
quiebra de Thomas Cook”,
nos comenta Perelló, lo
cual hace recordar
aquellos 51 destinos
afectados en unos 16
países en los que
operaba el turoperador
británico y los 600 000
turistas varados.
Cuando se reactiven los
viajes, lo “normal”
empezará a ser
diferente. Será
necesario hacer una
“reconceptualización del
turismo”, opina este
académico. Su criterio
está sustentado en que
indudablemente los
turistas viajarán con
nuevos hábitos. Si la
seguridad ha sido hasta
ahora un elemento
importante para elegir
el lugar donde
vacacionar, en el
escenario futuro se
añadirá la “salud de los
destinos” como aspecto
determinante.
Perelló plantea entonces
varias prácticas
inevitables, y las
ejemplifica en Cuba,
donde la parálisis del
turismo implica una
reducción sensible de
los ingresos. Ya lo
advertía en fecha
reciente el ministro de
Economía y
Planificación, Alejandro
Gil: “Una economía con
cero turismo y
arreciamiento del
bloqueo, no puede seguir
trabajando normalmente y
que nada pase”.
El académico tiene la
certeza de que la
modalidad de sol y playa
tomará auge, siempre que
se apliquen medidas
tendentes a garantizar
la sensación de
salubridad. Los espacios
abiertos y la movilidad
segura y libre marcarán
la elección.
Los hoteles tendrán que
reacomodar sus modos de
hacer, que pasa en
primer lugar por
disminuir los contactos.
Por ejemplo, establecer
el check-in digital,
incluir dentro de los
amenities, y en bolsas
selladas, gel de manos y
nasobucos, y hasta
reforzar los servicios
médicos dentro de la
instalación.
Vía telefónica Perelló
detalla estos tips y
vaticina que en lo
adelante los viajeros
harán posiblemente
reservas más cortas, con
gastos más bajos.
En cualquier caso,
resume, la industria del
ocio —como es de
suponer—dependerá de la
recuperación del sector
aéreo, el cual deberá
también cambiar y
adaptarse a las
exigencias de los
clientes.
Hace apenas unos días
acaparó titulares de
prensa el primer
borrador de la “hoja de
ruta para reiniciar de
forma segura la
aviación”, que fue
recopilada por la
Asociación Internacional
de Transporte Aéreo.
Este texto adelanta
importantes cambios en
todas las instancias que
rodean un vuelo
comercial. “Algunas
modificaciones son más
obvias, como el uso
obligatorio de
tapabocas, pero también
aparecen otras como la
prohibición del ingreso
a la terminal de
familiares y amigos de
los pasajeros o el
surgimiento de los
´pasaportes de
inmunidad´ para aquellas
personas que ya hayan
sido infectadas con el
virus”.
El escenario pospandemia
plantea, sin dudas,
realidades distintas en
la industria de turismo
y viajes. Toca empezar
de nuevo, “desde cero”,
advierte Perelló sin
medias tintas.
*Panorama del turismo
internacional, edición
2019.