La sesión de final del X Encuentro Internacional de
Globalización y Problemas del Desarrollo tuvo el
privilegio de contar con la presencia de Eric Maskin,
Premio Nobel de Economía, quien hizo una breve
exposición acerca de sus estudios sobre la Teoría de las
Ventajas Comparativas en la época de la Globalización y
expuso la posibilidad de introducirle modificaciones que
contemplan, entre otros requerimientos, la elevación de
la educación y la calificación de los obreros de las
naciones pobres.
El académico norteamericano reconoció en primer lugar
que esta teoría, que se enseña en los principales
institutos de economía del mundo, no cumple sus
objetivos prometidos: eliminar las desigualdades
comerciales y crear riquezas a partir del
aprovechamiento de las capacidades productivas
competitivas de cada nación. La realidad ha demostrado,
sostuvo, que esto no funciona exactamente así.
Tras abordar el proceso de globalización que se
produjo durante el siglo IXX, Maskin apuntó que en esta
nueva oleada de la Globalización, la teoría ha tenido
mucho menos éxito, y que mientras mayores han sido las
diferencias en los niveles de desarrollo entre las
naciones, mayores han sido las desventajas en el
comercio bilateral en perjuicio de los más pobres, algo
que contradice en esencia lo planteado por los teorícos
del capitalismo.
Maskin enfatizó en el aspecto de la calificación
profesional de los trabajadores y del personal
administrativo, analizó cómo se estructuran los procesos
productivos en las nuevas condiciones y en lo que ocurre
ahora, cuando lo que prima es la producción
transnacional, ejemplificada por él en la construcción
de una computadora personal, cuyo interior se diseña en
un país, se construye en otro y se vende en un tercero.
Además, explicó el impacto de la globalización en el
tema de los salarios y de las competencias.
Durante el debate, Orlando Caputo, de Chile,
reconoció el aporte del profesor Maskin al hacer la
crítica de una teoría en uso, lo que de por sí es ya un
acto valiente, aunque consideró que es necesario
profundizarla y enriquecerla, de modo que explique los
complicados procesos que se están dando en esta parte
del mundo.
Otros participantes latinoamericanos y cubanos
denunciaron tanto el efecto del robo de cerebros de que
es víctima nuestro continente como el problema de que no
en todos los Estados están interesados y dispuestos a
invertir cuantiosos recursos en la educación y en la
elevación de la calificación profesional de sus
trabajadores para ponerlos en una situación más
competitiva. Por otra parte, fue expuesta la
descapitalziación y el grave proceso de
desindustrialización que viven los países pobres a
causa, justamente, de la globalización, en cuyo
sacrosanto nombre se desmontan fábricas y se pierden
tecnologías.
Un delegado de Argentina citó el caso de la ciudad de
Cordova, reconocida por la capacidad de sus
profesionales para la producción de software, sin
embargo, los salarios que esos profesionales reciben
están a años luz de los que perciben los ingenieros de
las grandes potencias, dijo.
El debate fue especialmente enriquecedor por la
amplitud con que el Premio Nobel entendió las críticas y
defendió sus puntos de vistas, lo que como años
anteriores demuestra que este es de veras un espacio
para el más amplio intercambio de ideas y un foro al que
10 años de trabajo le dan una mayoría de edad
envidiable.