Sitio Oficial - XII Encuentro Sobre Globalización
y Problemas del Desarrollo
La Habana del 1 al 5 de marzo de 2010

  

SEGUNDO  DÍA

¿Quién tiene que ajustarse a la economía mundial?
Por Francisco Rodríguez Cruz

[02.03.2010]- Actualización 8:50 am de Cuba

Hace 160 años Carlos Marx previno sobre el riesgo de dar interpretaciones superficiales a las crisis capitalistas, razonó Eric Toussaint, del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, al intervenir en el panel titulado El debate sobre la perspectiva de la crisis global actual, en una exposición que depuró las responsabilidades de los países industrializados con la actual crisis económica y enfatizó en la necesidad de una opción anticapitalista con la participación de los movimientos sociales.

Eric Toussaint, del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo"¿Quién tiene que ajustarse a la economía mundial?", preguntó provocativamente el ponente belga, quien conminó al FMI y al BM, tan dados a dar recetas a los países subdesarrollados, a exigir a las naciones poderosas políticas económicas más responsables.

Con abundante información estadística, Tousaint profundizó en el comportamiento histórico del conflicto entre el trabajo y el capital en la sociedad contemporánea, y ubicó en la década del 80 del siglo XX el inicio de una etapa de ofensiva del capital a partir de las políticas neoliberales que provocó un incremento sostenido de sus tasas de ganancia, fundamentalmente en el sector financiero.

Evidenció como esto se vio reflejado en una mayor concentración de los ingresos y una distribución más desigual de las riquezas, lo cual apoyó con el ejemplo del comportamiento en los Estados Unidos, donde antes de la crisis el 10 % de las familias más ricas concentraban ya 50 % de los ingresos.

Como un matiz poco habitual, el académico belga extrajo del pensamiento económico marxista la referencia de que un observador superficial muchas veces no logra ver las causas de las crisis capitalistas en la superproducción, y apuntó que no solo hay que mirar hacia la especulación como causa de la difícil coyuntura de hoy, sino también a la sobreproducción en los sectores inmobiliarios, automotriz y de las comunicaciones y la informática.

Argumentó también mediante la serie histórica de la relación entre salario y consumo en relación con el PIB en los Estados Unidos, como decreció desde los años 80 la masa salarial en relación con el PIB, mientras el consumo crecía hasta casi 70 %. Esta aparente contradicción la explicó al atribuir el secreto de ese crecimiento al endeudamiento de los hogares, que llegó a ser de 120 % en 2008.

Pero fue más allá al indicar que esa deuda de los hogares tampoco fue pareja, sino que el sector más rico de la sociedad norteamericana se endeudó más que las clases menos favorecidas, sencillamente porque lo hicieron para especular, al aprovechar el alto rendimiento de la inversión financiera.

Mostró Toussaint que la especulación inmobiliaria no fue un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos, sino también existió en otras regiones industrializadas como Europa, lo cual dificulta más ahora la estabilización de nuevos crecimientos económicos.

Pero la más espectacular y concluyente de sus comparaciones fue la hecha con la evolución de la deuda externa en relación con el PIB, donde quedó claro que los países industrializados tienen un nivel de endeudamiento proporcionalmente mucho mayor que las naciones menos desarrolladas, lo cual motivó la ya citada pregunta sobre quiénes son los que deben hacer ajustes y aplicarse las recetas de los organismos financieros internacionales.

En contraste, mostró el monto descomunal de las transferencias netas sobre la deuda externa que han hecho los estados más pobres hacia los ricos, entendidas estas como la diferencia entre los créditos recibidos y los reembolsos de esa deuda. Entre 1985 y el 2008, este flujo de recursos financieros alcanzó, de acuerdo con Toussaint, niveles equivalentes a casi ocho veces lo destinado por los Estados Unidos al Plan Marshall para la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente el asiduo participante de Globalización opinó que el capital solo es capaz de concebir salidas capitalistas para sus crisis, lo cual implica arreciar su agresión contra el trabajo, evidenciado en los despidos masivos y los ajustes antipopulares. En su criterio, solo bajo la presión de las luchas sociales, los gobiernos tomarían medidas en otro sentido, lo cual fundamenta su tesis de la necesidad de nuevas alternativas u opciones, no capitalistas, que puedan surgir con la participación y empuje de los movimientos sociales.

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