Sitio Oficial - XII Encuentro Sobre Globalización
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La Habana del 1 al 5 de marzo de 2010

  

CUARTO  DÍA

¿Terminará la crisis con la crisis sindical?
Por Francisco Rodríguez Cruz
El resurgir de las batallas sindicales en las calles debiera ser asumido con una posición más unitaria por las organizaciones obreras y conducirlas a un replanteamiento de las formas de afrontar los conflictos en esta nueva coyuntura

[04.03.2010]- Actualización 7:40 am de Cuba

Convocatoria a una huelga general de los principales sindicatos griegos, manifestaciones sindicales en diferentes ciudades de España para rechazar una propuesta gubernamental que aumentaría aún más la edad de jubilación, y otras huelgas en aeropuertos y refinerías de Francia, junto con reclamos de trabajadores de aerolíneas alemanas y británicas, hicieron de la pasada semana una de las más agitadas en materia de luchas sindicales en Europa durante los últimos tiempos.

El hecho cierto es que la globalización neoliberal destruye las conquistas de los derechos sindicales, civiles y democráticos alcanzados por los trabajadores y pueblos a lo largo de siglos de lucha, según afirmó hace pocos días en el Foro sobre Globalización Económica y los Sindicatos 2010, Salvador Valdés Mesa, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

El dirigente sindical cubano señaló, de acuerdo con un reporte de Prensa Latina, que la crisis actual demuestra que en el plano económico el neoliberalismo privilegia las políticas monetaristas en detrimento del desarrollo de los sectores productivos y la creación de más y mejores empleos y la satisfacción de las necesidades básicas de la población.

Ejemplificó que con la apertura de los mercados y la conexión entre regiones y países, las grandes empresas transnacionales y las potencias expanden su dominio global y se disputan los recursos naturales de las naciones de menor desarrollo, con lo cual amplían la brecha entre ricos y pobres.

En ese contexto, el movimiento sindical internacional está llamado a una lucha en defensa de la vida de los obreros y sus familias, al recordar que el reparto de las ganancias favorece de manera creciente al gran capital en detrimento del trabajo, mientras los salarios reales pierden valor y se cierran empresas, entre otros problemas.

Un buen ejemplo de esta tesis planteada por Cuba son las citadas protestas ante las estrictas medidas de austeridad impuestas por la Unión Europea (UE) a países como la misma Grecia.

"Más huelgas hasta que el gobierno escuche (...) no seremos nosotros quienes paguemos por la crisis de los ricos (...) El pueblo y sus necesidades son más importantes que los mercados", expresaron organizaciones sindicales de la nación helénica, las cuales afirman que "el gobierno ahorra en lugares equivocados".

Pero lo importante sería aprovechar este contexto de malestar de sindicatos y organizaciones sociales que rechazan planes de recorte de gastos y salarios, para conseguir una concertación sindical más estrecha y acorde con el nivel de organización que alcanzan las transnacionales y grandes empresas en el proceso mundial de concentración de capitales, y en sus despiadados ajustes neoliberales.

Porque lo real es que la balcanización y debilitamiento a que ha estado sometido el movimiento sindical internacional durante décadas, completa un panorama nada halagüeño en esta coyuntura de crisis, que aprovechan los representantes del capital para también adoptar represalias contra los dirigentes sindicales, lo cual incluye la adopción de medidas administrativas y judiciales contra las organizaciones más beligerantes.

Recientemente, por ejemplo, en un país como Chile, donde la afiliación de trabajadores no supera el 8 %, las multisindicales coincidían en que más allá de las fisuras existentes entre ellas, todas entienden la necesidad de una autocrítica y de revisar profundamente las razones que explican el debilitamiento del movimiento en general, que los pone en desventaja ante el nuevo escenario político de un gobierno de derecha en La Moneda.

Mientras, en los Estados Unidos, de acuerdo con la Oficina del Censo, la proporción de trabajadores que tienen representación sindical ha bajado de alrededor del 35 % en 1950 al 12,3 % el año pasado, según informó la agencia EFE, al reseñar el estudio de una institución independiente que hace sondeos sobre tendencias sociales, el cual arrojó que "la opinión favorable sobre los gremios ha caído desde 2007 en medio de un creciente escepticismo acerca de los propósitos y el poder de los sindicatos".

De modo que algunos indicios alentadores como este resurgir de las batallas sindicales en las calles europeas, deberían ser asumidos con una posición más unitaria por las organizaciones obreras y conminarlas a un replanteamiento de las formas de afrontar los conflictos en esta época de crisis económica.

No olvidaré aquella frase que me dijo un dirigente sindical parisino, de que los dueños dicen que el momento no es de luchar, sino de negociar. Habría entonces que hacer exactamente lo contrario ¿no cree?

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