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El Capital en el siglo XXI.1
Por Ernesto Molina Molina.2

[17.09.2015]- Actualización 10:30 pm de Cuba

Thomas Piketty en este libro realiza un análisis crítico de la brecha cada vez mayor que se viene produciendo a escala global entre los ingresos del capital y los ingresos del trabajo desde el siglo XVIII hasta el presente. Aun cuando el autor reconoce la obra de Marx como un antecedente teórico e histórico de su estudio, no comparte ni mucho menos su enfoque revolucionario. Y no obstante, este libro constituye un llamado de alarma; y por eso el autor, una vez realizado su diagnóstico en las primeras tres partes de su libro, destina la cuarta parte a proponer un camino reformista para el capitalismo del siglo XXI.

El texto se compone de cuatro partes y 16 capítulos.

La primera parte, titulada "Ingreso y capital", constituida por dos capítulos, introduce las nociones fundamentales que se utilizan a lo largo de toda la obra. En particular, el capítulo I presenta los conceptos de ingreso nacional, de capital y de relación capital/ingreso; luego describe las grandes líneas de evolución de la distribución mundial del ingreso y de la producción.

El capítulo II analiza después con más precisión la evolución de las tasas de crecimiento de la población y de la producción después de la Revolución Industrial. Al decir del autor, no se presenta ningún hecho verdaderamente nuevo en esta primera parte; y el lector familiarizado con esas nociones y con la historia general del crecimiento desde el siglo XVIII pudiera prescindir de esta parte.

La segunda parte, titulada "La dinámica de la relación capital/ingreso", está constituida por cuatro capítulos. El objetivo de esta sección es analizar la manera en que se presenta, en este inicio del siglo XXI, el tema de la evolución a largo plazo de la relación capital/ingreso y del reparto global del ingreso nacional, entre ingresos por trabajo e ingresos del capital.

El capítulo III presenta primero las metamorfosis del capital desde el siglo XVII, empezando por los casos del Reino Unido y Francia, los más conocidos a lo largo de un extenso período.

El capítulo IV ofrece una introducción de los casos de Alemania y de los Estados Unidos.

Los capítulos V y VI amplían ese análisis geográficamente a todo el planeta, tanto como lo permiten las fuentes, y sobre todo intentan aprender de esas experiencias históricas para analizar la posible evolución de la relación capital/ingreso y del reparto capital-trabajo en las décadas por venir.

La tercera parte, titulada "La estructura de las desigualdades", consta de seis capítulos.

El capítulo VII empieza por familiarizar al lector con los órdenes de magnitud alcanzados en la práctica por la desigualdad en el reparto de los ingresos por trabajo por una parte, y por la otra en la propiedad del capital y de los ingresos que produce.

El capítulo VIII analiza la dinámica histórica de esas desigualdades, comenzando por contrastar el caso de Francia con el de Estados Unidos.

Los capítulos IX y X, al analizar por separado las desigualdades relacionadas con el capital y el trabajo, respectivamente, amplían este estudio al conjunto de países de los cuales se disponen datos históricos.

El capítulo XI estudia la evolución de la importancia de la herencia en el largo plazo.

Y el capítulo XII analiza las perspectivas de la evolución de la distribución mundial de la riqueza durante las dos primeras décadas del siglo XXI.

La cuarta parte, titulada "Regular el capital en el siglo XXI", está compuesta por cuatro capítulos. Su objetivo es derivar lecciones políticas y normativas de las secciones anteriores, cuyo objetivo es ante todo establecer los hechos y comprender las razones de los cambios observados.

El capítulo XIII intenta esbozar los contornos de lo que podría ser un Estado social adaptado al siglo que comienza.

El capítulo XIV propone replantear, a la luz de las experiencias del pasado y de las recientes tendencias, el impuesto progresivo sobre el capital.

El capítulo XV describe lo que podría ser un impuesto progresivo sobre el capital adaptado al capitalismo patrimonial del siglo XXI, y compara esta herramienta ideal con los demás modos de regulación susceptibles de emerger, del impuesto europeo sobre las fortunas al control de los capitales en China, pasando por la inmigración al estilo estadounidense o bien la vuelta generalizada al proteccionismo.

El capítulo XVI plantea el doloroso problema de la deuda pública y, asunto asociado, el de la acumulación óptima del capital público, en un contexto de posible deterioro del capital natural.

Mediante obras como la de Thomas Piketty, que no pretenden esclarecer en qué consiste la explotación de la clase obrera por el capital, pero sí describir la tendencia a crearse una brecha cada vez mayor entre el patrimonio del capital y el patrimonio de la clase obrera, de cierta manera nos confirman aquella tendencia prevista por Marx acerca del empeoramiento de la situación de la clase obrera como resultado de la ley de la acumulación capitalista.

El científico que aspire a encontrar nuevas respuestas a problemas de una ciencia determinada, ha de contar con suficiente capacidad crítica; y al mismo tiempo, no debe subestimar los aportes de otros científicos, aunque sean imperfectos estos aportes. La realidad es contradictoria, pero las contradicciones se abren paso en los propios hechos históricos.

En El Capital, primera gran obra programada por Marx (en un gran plan de seis obras) está presente principalmente como objeto de estudio la lucha del capital contra la clase obrera: sus formas de dominación sobre el trabajo asalariado. Lograr esclarecer en qué consiste la explotación de la clase obrera por el capital, se convierte en un arma de lucha del proletariado.

El Capital fue concebido por Marx fundamentalmente para dar a conocer al enemigo de la clase obrera: el capital. El plan de la gran obra concebida por Marx quedó inconclusa. Marx se había propuesto identificar otro polo del análisis: la lucha de la clase obrera contra el capital, para lo cual se proponía escribir "Del trabajo asalariado".

Mientras más logra el capital dividir a los obreros, logra explotarlos más. Los obreros quieren tiempo para sí mismos, quieren reducir la jornada, elevar el salario real: reducir el grado de explotación. Los capitalistas empujan en dirección contraria. Para ello introducen nuevas tecnologías: para elevar el grado de explotación. La tecnología es un instrumento de la lucha de clases.

El capital utiliza el conocimiento y la tecnología como mecanismo económico de dominación. La división social del trabajo capitalista va convirtiendo toda nueva fuerza social productiva del trabajo en potencia del capital. Así, la ciencia, es separada del trabajo como potencia independiente de producción y se pone al servicio del capital.

Entre 1870 y 1930, los monopolios se concentraron en las aplicaciones productivas del conocimiento, más que en establecer un control directo sobre el mismo. Entre 1950 y 1970, los monopolios desplazaron a los inventores independientes y pasaron a ser la principal fuente de patentes. Desde 1970 en adelante, la globalización tecnológica de las grandes compañías, crea dependencia tecnológica y obstaculiza el surgimiento de eventuales adversarios competidores.

Como quiera que la información que este libro de Thomas Piketty, nos brinda sea sumamente valiosa, tanto para las "izquierdas" como para las "derechas", conviene precisar la manera distinta como los diagnósticos son aprovechados por los revolucionarios y los reformistas.

Carlos Rafael Rodríguez valoró positivamente los estudios y publicaciones reformistas de la CEPAL, porque de hecho, constituían buenos diagnósticos de nuestras realidades. Pero el camino revolucionario a seguir tenía que iniciarse desde los dolientes del Sur y no esperar que el Norte, temeroso por las revoluciones por venir, se decidiera por "apretar menos" al Sur.

Si América Latina quiere negociar con éxito, tendrá que hacerse una potencia negociadora. (...) El día en que América Latina unida deje de ser un instrumento dócil de la política internacional de Estados Unidos, recupere su independencia y hable en pie de igualdad con las potencias económicas con las que tiene que negociar el porvenir del comercio externo; el día en que América Latina unida planifique ese porvenir como un conjunto coordinado, aunque manteniendo las diferencias y contradicciones que para ser realistas debemos prever como inevitables; ese día América Latina no tendrá que presentarse, como ha tenido que hacerlo hasta ahora, en calidad de solicitante humilde y desesperado, sino que lo hará con la voz entera de un continente al que habrá que escuchar. Pero para que esta unidad sea eficaz, tendrá que ser una verdadera alianza de pueblos dispuestos a hacer su revolución interna y a conquistar con una firme lucha sus derechos en la economía internacional contemporánea.3

Hacemos esta salvedad antes de presentar este valioso libro con el que no podemos coincidir con su propuesta de crear un supuesto "Estado social" que conduzca a la humanidad en el siglo XXI hacia un capitalismo con "rostro humano", capaz de respetar a la naturaleza como "capital natural", si bien reconoce que el futuro es muy difícil de predecir, pero sobre todo de construir de la manera deseada.

Notas

1 Thomas Piketty, Fondo de Cultura Económica, Chile S.A. 2014.

2 Miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba; Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales "Raúl Roa García" y Presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico y Economía Política de la ANEC.

3 Carlos Rafael Rodríguez: "Discurso en el Décimo Tercer Período de Sesiones de la CEPAL, Lima, 10 de abril de 1969", p.289.

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