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China: economía y democratización. XVII CONGRESO PCCh
Por Ernesto Molina Molina

[16.11.2015]- Actualización 11:40 pm de Cuba

El Dr. Julio A. Díaz Vázquez (Paso Real de San Diego, Pinar del Río, 1936); es Profesor Titular Consultante e Investigador en el Centro de Investigaciones de Economía Internacional de la Universidad de La Habana, y autor de veinte libros, monografías y folletos, en temas relacionados con las relaciones económicas internacionales, y la economía cubana. Y desde hace 15 años aproximadamente, publica sistemáticamente trabajos analíticos sobre las experiencias y reformas económicas y políticas en la República Popular China. Entre esos trabajos es necesario mencionar:

China ¿Reforma o Revolución?, Revista Utopías, No. 191, vol. 1, Madrid, 2002.

China, El Despertar del Dragón (coautor), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007.

China: ¿Otro Socialismo?, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2010.

Lo nuevo que aporta "China: economía y democratización", con relación a las obras anteriores del autor, no se limita a la actualización conceptual e histórica del proceso revolucionario chino, se trata de una síntesis muy apretada de más de un siglo por hacer avanzar al pueblo chino hacia su independencia nacional y su desarrollo económico y social socialista. El estilo es sobrio, como si solo bastara consignar los hechos para que el lector los juzgue por su cuenta, y sin embargo, el relato es tan interesante, que una vez que se inicia su lectura, es muy difícil abandonarlo.

La formación de un líder revolucionario, en este caso de Mao, despierta tanto interés, que uno quisiera, si fuera posible encontrar una biografía con la misma fidelidad histórica y artística que la escrita por G. Walter sobre Lenin; y al leer precisamente las puntadas biográficas de este pequeño libro, pequeño por su extensión, apenas 147 páginas, pero suficientemente revelador para caracterizar la personalidad del hombre, que para bien y para mal, dirigió por varias décadas los destinos del pueblo chino.

El autor relata de manera sucinta los avatares de las luchas que antecedieron la toma del poder por la Revolución en 1949, gracias a las correctas decisiones formuladas por el PCCh (Partido Comunista de China), bajo la inspiración del pensamiento de Mao Zedong, que consistíeron, en la práctica, en apoyarse en las masas y en afincarse, primero, en el campo, y una vez fortalecidas sus bases rurales, llevar la Revolución a las ciudades.

El autor vincula los acontecimientos ocurridos en China en la segunda mitad del siglo XX, al triunfo de la Revolución Socialista y su desarrollo posterior. Al respecto, identifica dos saltos históricos: el primero, realizado por Mao Zedong, quien logró movilizar al pueblo chino contra los explotadores internos y externos hasta alcanzar el triunfo revolucionario el primero de octubre de 1949, pero que no encontró, posteriormente, el camino adecuado para construir el socialismo en un país atrasado económica y culturalmente; y el segundo salto, promovido por Deng Xiaoping, quien descubrió la vía para construir un socialismo con particularidades chinas.

El VIII Congreso Nacional del PCCh celebrado en 1956 fue el primero que tuvo pues su antecesor, el VII Congreso, se había celebrado en 1945. El VIII Congreso tomó decisiones correctas en cuanto a la construcción del socialismo en China. Adoptó el modelo soviético de dirección de la economía, ya que no había otra referencia práctica, pero lo adaptó a las condiciones propias del país. De manera breve, Díaz Vázquez, presenta las características del "modelo soviético" de dirección de la economía y la política en capítulo aparte, para poder explicar lo nuevo aportado por las concepciones de Mao.

Y en efecto, Mao Zedong planteó realizar la industrialización socialista en forma gradual y no de forma acelerada como ocurrió en la URSS. La vía china para construir el socialismo se diferenciaba del camino soviético en una serie de importantes aspectos. En China se planteó introducir paso a paso la transformación socialista en la agricultura, la artesanía, la industria y el comercio; establecer una alianza entre el PCCh y la burguesía nacional; en la cooperación agrícola, transitando paulatinamente de los niveles inferiores a los superiores; crear empresas mixtas estatal-privadas; desarrollar en mayor medida la agricultura y la industria ligera; aprovechar y desarrollar más las industrias del litoral; reducir el peso relativo de los gastos militares y administrativos; ampliar los derechos de las localidades.

El VIII Congreso eligió a Mao Zedong como Presidente del Partido y a Deng Xiaoping como Secretario General. No obstante la política correcta aprobada por el Congreso para construir el socialismo en China, después de su celebración se comenzaron a cometer errores en su aplicación que condujeron a la llamada "revolución cultural", la cual se extendió por diez años, de 1966 a 1976.

Al inicio de la "revolución cultural" Deng Xiaoping fue destituido de todos sus cargos. Fue rehabilitado en 1973 y designado Primer Ministro interino, pues Zhou Enlai, quien ocupaba dicha responsabilidad, estaba muy enfermo; pero Deng fue destituido por segunda vez en 1976. Este es el año en que Mao Zedong muere. Deng es rehabilitado de nuevo en agosto de 1977 y se convierte en el máximo dirigente de la Revolución China, proclamando la nueva política de reforma y apertura.

Esta nueva política fue adoptada en la III Reunión Plenaria del XI Comité Central del PCCh, en noviembre de 1978, la cual puede considerarse como su punto de partida. Dentro de esta política se destaca el objetivo de realizar la reforma de la estructura económica de China.

Entre los años 1976-1980, se produjo un fuerte debate, de una parte, entre los partidarios de los métodos tradicionales e izquierdistas de gestión económica; aquellos que abogaban por el estilo centralizador y administrativo y el rechazo a todo carácter mercantil en la dirección de la economía; y de otra parte, los que percibían la aguda necesidad de cambios profundos en la economía; y abogaban, por nuevos métodos de desarrollo económico y social del país, basados en el carácter objetivo de las leyes económicas y lo específico de las condiciones de la sociedad china en ese momento histórico.

Luego del fracaso de la "Revolución Cultural" en China, de manera espontánea surgió en la agricultura la experiencia del sistema de "contrata", que resultó una salida para la situación de crisis que vivía el agro. Ello dio `pie a la política de las "cuatro modernizaciones", que puso en marcha muchos cambios favorables, considerados por sus resultados, una "segunda revolución", sin por ello estar ausentes avances, retrocesos, y debate entre "reformistas" y "conservadores".

Alrededor del papel que comenzaba a desempeñar el mercado se dieron los principales debates e interpretaciones que mostraban el alineamiento de unos y otros actores políticos, en los acontecimientos en curso. Sin considerar los zigzag que todo proceso complejo de cambio trae consigo, el hilo lógico de los acontecimientos a grandes rasgos fue el siguiente:

Se reconoció que el "plan era lo principal" y el mercado lo secundario.

Después se avanzó hasta la noción de que el "Estado regula el mercado y éste el comportamiento de las empresas",

Para finalmente, plantearse la formación de una "economía de mercado socialista".

La aceptación del papel que debía asumir el mercado y, en definitiva, el afianzamiento de la propia reforma iniciada, involucró una áspera lucha "ideológica" que se dirimió, entre otros terrenos, en la teoría económica. El fundamento se presentó bajo "socialismo con peculiaridades chinas" e interpretación de la "etapa primaria del socialismo". Se impuso así el criterio de que China no podía eludir o "saltar" la etapa mercantil del desarrollo económico- social.

Entre los temas que cobraron mayor debate entre académicos y economistas estuvieron los relacionados con la ley de valor, el sistema de leyes y la ley económica fundamental en el socialismo; y por supuesto, los temas del plan y el mercado. Así también, se teorizó sobre la economía mercantil socialista, las formas de propiedad, la distribución con arreglo al aporte individual, el trabajo productivo y no productivo, la estrategia a seguir, el carácter de la reforma y otras cuestiones de interés.

El título de este excelente libro destaca muy especialmente el vínculo entre economía y democratización, a partir del XVIII Congreso del PCCh. Y como una simple reseña no puede sustituir una síntesis por otra síntesis, me voy a limitar a citar al propio autor en lo que podemos reconocer una conclusión muy valiosa de una larga experiencia histórica del proceso revolucionario del pueblo chino, pero muy valiosa también para otros procesos revolucionarios, incluyendo el cubano:

Hoy, después de asistir al fracaso de tomar por asalto al cielo que, el socialismo real pareció encarnar, se reconoce que democratizar el socialismo no significa, por supuesto, imitar las prácticas liberales que el capitalismo nos legó, sino ser consecuente con sus postulados en verdad más legítimos y auténticos y, sobre todo, entre otros, la sentencia de que el poder reside en el pueblo que da a sus líderes y gobernantes su mandato. Al actuar de ese modo, el Partido en el Poder y los círculos dirigentes reasumen su condición de vanguardia política, esta vez no para derrotar o destruir a un adversario, sino para autocriticarse a sí mismo y perfeccionar su labor.

Finalmente, queremos acompañar con una reflexión propia esta reseña. Hay algo de común entre las reformas china y vietnamita. Optaron ambas reformas por aceptar el reto de la globalización aunque fuera neoliberal y tuvieran que competir con esas reglas de juego.

Ningún Estado del Norte o del Sur que aspire a regular a su favor en alguna medida el proceso globalizador en marcha, puede permanecer impasible ante el cambio tecnológico. Con toda razón, Silvio Baró afirma:

Pero, no sólo debido a los adelantos científico - técnicos se ha producido (o se están produciendo) transformaciones en las estructuras económicas, productivas y organizativas mundiales. A veces es posible observar cambios que se llevan adelante debido a la acción deliberada de una o varias importantes naciones, acción mediante la cual se persigue la consecución de alguna ventaja.

Este paradigma es indicativo de la creciente significación adquirida por la ciencia y la tecnología en las actuales condiciones de la economía mundial. Pero, al mismo tiempo, asistimos a un momento que los conocimientos y tecnologías modernas están siendo cada vez más protegidos por los países desarrollados y sus empresas transnacionales, que son quienes lo generan. De ello se infiere que si no se tiene la capacidad para crear o acceder a estos adelantos no es posible seguir los cambios estructurales en la economía mundial.

El supuesto pragmatismo de Deng Xiaoping, quien pareciera no ser propiamente un teórico, supo reconocer esta realidad, pero además supo con paciencia y voluntad sostenida encontrar el momento histórico correcto para llevar a la práctica la política que ha convertido a la República Popular China en lo que es hoy: la segunda economía del orbe.

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