Archivos:  2007  | 2008  | 2009  | 2010  | 2011  2012  2013  |2014  2015

E L    E C O N O M I S T A    D E    C U B A                             -- edición online --

 PORTADA | Mapa del Sitio   

Capital Intelectual: visión crítica y propuestas para organizaciones cubanas
Por Ernesto Molina Molina

[07.12.2015]- Actualización 5:30 pm de Cuba

El libro que presentamos hoy, de los Doctores en Ciencias Económicas y Ciencias Contables y Financieras, respectivamente, Francisco Borrás Atienzar y Frida Ruso Armada, no solo puede ser muy útil para que el empresario socialista cubano despierte potencialidades de competitividad en el aparato productivo nacional, sino que debe originar también el debate científico en el campo de la economía política marxista.

Antes de referenciar su amplio contenido brevemente (7 extensos capítulos, en 451 páginas), vale la pena identificar los antecedentes teóricos al concepto de capital intelectual en la obra de Marx.

En su obra El Capital, Carlos Marx, al distinguir el valor de la fuerza de trabajo simple, del valor de la fuerza de trabajo más calificada, señala:

Para modificar la naturaleza humana corriente y desarrollar la habilidad y la destreza del hombre para un trabajo determinado, desarrollando y especializando su fuerza de trabajo, hácese necesaria una determinada cultura o instrucción, que, a su vez, exige una suma mayor o menor de equivalentes de mercancías. Los gastos de educación de la fuerza de trabajo varían según el carácter más o menos calificado de ésta. Por tanto, estos gastos de aprendizaje, que son insignificantes tratándose de la fuerza de trabajo corriente entran en la suma de valores invertidos en su producción.

Y más adelante puntualiza:

El trabajo considerado como trabajo más complejo, más elevado que el trabajo social medio, es la manifestación de una fuerza de trabajo que representa gastos de preparación superiores a los normales, cuya producción representa más tiempo de trabajo y, por tanto, un valor superior al de la fuerza de trabajo simple. Esta fuerza de trabajo de valor superior al normal se traduce, como es lógico, en un trabajo superior, materializándose por tanto, durante los mismos períodos de tiempo, en valores relativamente más altos.

De las anteriores reflexiones de Marx se infieren los siguientes elementos que conservan plena vigencia en las condiciones actuales: el papel de la formación y la educación en la elevación del nivel de productividad del trabajo de la fuerza laboral, el desarrollo integral de la fuerza de trabajo, la relación entre los costos de formación de la fuerza de trabajo, le confieren a esa fuerza de trabajo más calificada, la capacidad de crear una magnitud de valor superior a la que puede producir la fuerza de trabajo simple.

Por tanto, el capital utiliza el conocimiento y la tecnología como mecanismo económico de dominación. La división social del trabajo capitalista va convirtiendo toda nueva fuerza social productiva del trabajo en potencia del capital. Así, la ciencia, es separada del trabajo como potencia independiente de producción y se pone al servicio del capital.

Pero hay algo más. Gracias a la división social del trabajo, la especialización y el trabajo intelectual y científico incorporado al proceso de producción de plusvalía, la mercancía capitalista es resultado de un "obrero colectivo" que permite al capitalista apropiarse de las potencias espirituales del proceso de producción material de ese obrero colectivo. Ese obrero colectivo está integrado por científicos, ingenieros, diseñadores, obreros más calificados y menos clasificados, en fin, el trabajo colectivo de todos ellos es el creador de la mercancía capitalista.

Es cierto que el capitalista los contrata por separado a cada uno de ellos – incluso, puede tratarse un "capitalista colectivo" quien los contrate, ya el mercado se encargará de unir lo que está disociado en eslabones de una cadena productiva más amplia. Lo importante aquí, ya sea un capitalista individual o un conjunto de capitalistas quien contrate a ese obrero colectivo, es que la clase capitalista en su conjunto se aprovecha del trabajo social de ese conjunto de científicos, ingenieros, diseñadores, obreros más calificados y menos clasificados, etc., creadores de la plusvalía social.

Este proceso de disociación comienza con la cooperación simple, donde el capitalista representa frente a los obreros individuales la unidad del cuerpo social del trabajo El proceso sigue avanzando en la manufactura, que mutila al obrero, al convertirlo en un obrero parcial. Y se remata en la gran industria, donde la ciencia es separada del trabajo como potencia independiente de producción y aherrojada al servicio del capital.

Hoy se pretende hablar de la "extinción" de la clase obrera  con la sociedad basada en el conocimiento  desconociendo el concepto de "obrero colectivo".

Entre 1870 y 1930, los monopolios se concentraron en las aplicaciones productivas del conocimiento científico. Entre 1950 y 1970, los monopolios pasaron a ser la principal fuente de patentes. Desde 1970 en adelante, los monopolios crean dependencia tecnológica global y obstaculizan el surgimiento de eventuales adversarios competidores.

De todo lo anterior se deriva saber distinguir las categorías más esenciales y profundas que se refieren al concepto de capital, de otras categorías acerca del capital más superficiales y concretas que encubren su esencia. No es casual que Marx se refiera a categorías esenciales y profundas cuando establece los conceptos de capital constante y capital variable en el Tomo I de El Capital. Y cuando en el Tomo II se refiere a las categorías capital fijo y capital circulante, sin dejar de reconocer su carácter objetivo, explica el carácter más superficial y fetichista de estas categorías, que encubren la esencia que sí se revela en las categorías capital constante y capital variable.

El sistema capitalista ha demostrado en su devenir una capacidad muy especial para hacer surgir nuevas categorías fetichistas relacionadas con el capital. Este es el caso del "capital humano", versión fetichista del capital variable y que alcanza una expresión muy particular en el llamado "capital intelectual".

Así como Marx no rechazó las categorías fetichistas de capital fijo y circulante, por reconocerlas como categorías objetivas muy necesarias para optimizar las decisiones del empresario capitalista, así también se hace necesario reconocer en los tiempos actuales las categorías "capital humano" y "capital intelectual" como variables de decisión del empresario capitalista; y ¿por qué no?, del empresario socialista que se abre paso en un mercado competitivo.

Y luego de esta reflexión introductoria, paso a referenciar el libro que nos ocupa.

Ante todo, debemos presentar a los autores. Como bien expresa la Msc. Myrna Ricard Delgado en el excelente prólogo de este libro:

El Dr. Francisco Borrás Atiénzar (…) ha mantenido, a lo largo de tres décadas, una sostenida producción científica por la que se ha destacado y hecho merecedor de importantes premios y distinciones. Es autor de varios libros y múltiples artículos de reconocido prestigio nacional e internacional, con los que ha incursionado en el campo de la contabilidad, las finanzas, la banca y la auditoría. Hoy comparte esta investigación con una de sus alumnas, la Dra. Frida Ruso Armada, quien también se destaca por una importante trayectoria, primero estudiantil y luego como profesora universitaria. Frida, quien sigue los pasos de su tutor y compañero científico, se adentró en un tema difícil y poco tratado que desarrolló exitosamente como tesis de doctorado, recientemente defendida. Constituyen ambos académicos un ejemplo de tenacidad en la continuidad de los procesos de investigación desarrollados desde la universidad, que impactan y ofrecen soluciones a los problemas sociales.

La complejidad del tema ya la hemos señalado en nuestra introducción; pero vale la pena destacar su actualidad en el campo de la competitividad. Los propios autores lo señalan:

Los retos que impone un mundo cada vez más global y competitivo colocan en un primer plano el conocimiento y la innovación como multiplicadores de valor, como factores determinantes en la creación, mantenimiento y desarrollo de ventajas competitivas de cualquier organización.

El conocimiento, como recurso intangible y puesto en función del desarrollo de una actividad, cobra entonces particular importancia en el éxito de las organizaciones.

Es importante destacar la definición de capital intelectual a la que arriban los autores, después de señalar otras definiciones de otros especialistas:

Combinación holística de activos intangibles basados en el conocimiento, creado por los recursos humanos y aplicado a las estructuras, procesos, relaciones e influencia social de las organizaciones, con capacidad de desarrollar ventajas competitivas sostenibles y generar valor.

El libro expone las principales debilidades y fortalezas de once modelos de capital intelectual, lo cual constituye, junto al análisis de los estudios realizados en Cuba, el punto de partida de las propuestas hechas por los autores. Precisamente, uno de los méritos de esta obra es partir de los estudios realizados hasta el momento por investigadores y empresarios cubanos, en el campo de la medición y gestión del capital intelectual, con el objetivo de identificar los modelos y procedimientos que se adapten y respondan a las particularidades de las organizaciones cubanas, tema muy polémico entre los especialistas cubanos.

Borrás y Ruso exponen de manera comprensible, pero con profundo rigor científico, las particularidades de cuatro modelos de autores cubanos: el modelo conceptual y procedimiento de medición del capital intelectual, de D. Rivero y V. Vega (2009); el procedimiento MeCI para medir el capital intelectual, de A. López (2006); modelo y procedimientos para medir el capital intelectual en empresas cubanas de proyectos, de T. Pérez (2011); y el modelo conceptual de gestión del capital humano y procedimiento para la medición del capital intelectual en empresas hoteleras, de R. Machado y M. Monagas (2012).

Es aquí, que los autores hacen énfasis en lo nuevo que ha surgido en la contabilidad fuera de Cuba para identificar, valorar y contabilizar los activos intangibles, algo que "la normativa contable vigente, en la mayoría de los países, influida por el principio del costo histórico y el conservadurismo, solo permite la identificación y valoración parcial de los intangibles en la empresa", lo que demuestra la necesidad de la exposición contable del capital intelectual en las notas a los estados financieros. Se hace un acertado recorrido por informes de capital intelectual utilizados mundialmente y que, a criterio de los autores, han cumplido su función de enriquecer los sistemas de gestión de las organizaciones.

Los autores realizan una exhaustiva revisión documental de los estudios empíricos sobre el capital intelectual y la creación de valor; mediante una muestra de doscientos artículos del Intellectual Capital Journal, correspondientes al período 2003-2013. Este estudio les permitió respaldar científicamente una investigación empírica, orientada a diagnosticar la situación del tratamiento de los intangibles y su utilización en la toma de decisiones en las condiciones de la economía nacional y, específicamente, en el sector empresarial con el objetivo de evaluar la gestión del capital intelectual en las empresas cubanas y detectar las variables que menor atención reciben actualmente.

Como bien expresa Myrna Ricard:

En el extenso y riguroso estudio de campo en el sector empresarial cubano, los investigadores utilizan métodos de indagación científica, cuando parten de una hipótesis general: "la gestión y medición del capital intelectual en las empresas cubanas es insuficiente, la cual es subdividida en hipótesis específicas y sub-hipótesis. La muestra estudiada abarcó un grupo importante de empresas cubanas representativas de la industria, el comercio, los servicios, la agricultura y la construcción.

El diagnóstico de la gestión de los intangibles en Cuba se fundamenta en investigaciones empíricas desarrolladas por los autores en una muestra de más de 100 empresas cubanas y 180 expertos de todas las universidades del país.

Finalmente, los investigadores diseñan y validan en la práctica dos modelos de identificación, medición e información contable del capital intelectual para las organizaciones cubanas, una para el sector empresarial y otro para las universidades.

Por último, los autores exponen la estructura que a su juicio debe tener el Informe de Capital Intelectual en una universidad, pues consideran para la medición solamente los gastos que contribuyen al desarrollo de la educación universitaria; acertadamente califican este informe como una herramienta que contribuirá a la toma de decisiones en la gestión universitaria, aspecto de gran relevancia por las limitaciones que se derivan de la información contable en la actualidad.

Es necesario reiterar que nada de lo muy positivo que esta obra aporta al mejor desenvolvimiento del empresariado cubano, excluye el debate científico que la categoría "capital intelectual" introduce en el campo de la economía política marxista y en la propia competitividad a lograr por la empresa socialista. Esta competitividad debe abrirse paso en una economía global dominada por las empresas transnacionales capitalistas, y por tanto, no puede ignorar ni las complejas condiciones de la competencia actual, ni los principios de solidaridad, equidad, justicia social,

pleno empleo, salud del pueblo y la educación como principal objetivo e instrumento de desarrollo integral y prioridad a la ciencia; y en general, el desarrollo del potencial humano.

En conclusión, reafirmamos lo expresado por Myrna Ricard:

El gran reto que deja este libro a los lectores y estudiosos de la contabilidad las finanzas y la administración es continuar por los caminos ya recorridos, donde ambos autores han marcado pautas científicas imprescindibles para los posteriores estudios que se realicen sobre el tema en Cuba, Esta obra constituye, sin lugar a dudas, una fuente importante y valiosa de conocimiento científico para todos los investigadores del capital intelectual.

Los desafíos son grandes, pero la solidez lograda en los resultados del trabajo de investigación de Paco Borrás y Frida Ruso permite augurar una excelente acogida de este libro por los lectores y un merecido reconocimiento por el mundo académico y científico.

MATERIAL ANTERIOR

PORTADA | Mapa del Sitio    


Añadir Feeds

© Copyright 1997-2015  El Economista de Cuba EDICION ONLINE
Publicación Digital de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba  ANEC
Calle 22 esquina a 9na Nro. 901. Miramar. Playa. La Habana. Cuba 
Teléfonos: (53-7) 29 3303 y 29 2084 Fax: (53-7) 22 3456 

Hospedaje: Infocom. La Habana.