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MARIGHELLA
El guerrillero que incendió el mundo
Por Ernesto Molina Molina

El libro que hoy reseñamos es Premio Casa de las Américas 2014, y el Jurado estuvo integrado por Eric Nepomuceno, Luiz Bernardo Pericás y Suely Rolnik.

El autor de este libro, Mǎrio Magalhǎes dedicó nueve años a la búsqueda de información, de entrevistas a más de cien personas – entre ellos familiares, amigos y enemigos –, acompañado de más de dos mil notas que avalan la enjundiosa investigación, nos ofrece este voluminoso libro, identificado como novela testimonio (891 páginas, 43 capítulos, un prólogo, un epílogo y varias páginas de fotos dispersas en el texto), que nos presenta la vida de quien fuera uno de los personajes más controvertidos de la historia reciente de Brasil, Carlos Marighella (1911-1969). Militante comunista desde muy joven, diputado federal de la Asamblea Constituyente y fundador de de Acción Libertadora Nacional (ALN), el mayor grupo armado de la oposición a la dictadura militar, al tiempo que hombre de sensibilidad exquisita manifestada en su poesía.

Texto lleno de revelaciones en donde su autor investiga facetas de la vida y la obra de este hombre, reconstruye pasajes de la cárcel y operaciones de espionaje durante la Guerra Fría; nos revela su acción con grandes protagonistas de la época, entre los que destacan Stalin, Fidel Castro y Luiz Carlos Prestes, junto a escritores, pintores o cineastas como Jorge Amado, Graciliano Ramos, Joan Miró, Glauber Rocha o Luciano Visconti y donde nos muestra también un fresco de la historia del país y de los movimientos sociales y de izquierda del siglo XX.

Intuyo que la biografía de un revolucionario que tiene que vivir en la clandestinidad, o en la guerrilla urbana, este es el caso, no debe dejarse retratar, llevar documentos comprometedores, un diario, etc., y por tanto, no debe ser nada fácil escribir su biografía: esto puede explicar de cierto modo que se le denomine "novela testimonio". Pero pienso también que una biografía narrada solo desde el punto de vista estrictamente científico, velando por la mayor objetividad posible, puede no ser tan apasionante para el gran público como esta obra, que armoniza el arte con la investigación periodística.

Al igual que en el caso de la investigación divulgativa, la investigación periodística posee un objetivo de difusión informativa, sin embargo el carácter heterogéneo de sus destinatarios y el desigual grado de formación que poseen en el terreno científico, obliga a extremar la simplificación en la presentación del tema. Ello unido a las limitaciones de espacio o tiempo que caracterizan a los medios de comunicación de masas y, con demasiada frecuencia, a la falta de especialización del periodista, suele redundar en perjuicio del rigor en el contenido de la investigación. Este no es el caso, pues como ya hemos dicho, estamos en presencia de un libro profundamente abarcador de la vida de un revolucionario, realizado con responsabilidad investigativa.

Estamos, precisamente, ante una pormenorizada exposición de una vida revolucionaria, bien documentada y en medio de escenarios históricos muy complejos nacionales e internacionales. No sabemos si el autor eligió la forma novelística testimonial – con toda intención – para lograr que los lectores estuvieran dispuestos a leer hasta el final una obra relativamente extensa; o la casualidad lo ayudó a elegir esa sugestiva forma de expresión.

El concepto de "novela testimonio", de cierto modo, nos hace recordar aquellas narraciones épicas contadas por los grandes poetas y narradores griegos y romanos. Y fue Martí quien nos pidió conocer también la épica de nuestra América, que para nosotros era mucho más importante. Este libro es, precisamente, una narración moderna cautivante de una vida revolucionaria en una gran nación de Nuestra América: una verdadera épica de un comunista que predicaba con la acción armada en condiciones muy difíciles a los déspotas de su patria brasileña.

Es también una versión de lo que ha dado en llamarse "historia reciente", en este caso de las luchas revolucionarias en Brasil a lo largo de varias décadas; en este sentido puede considerarse una historia política de Brasil, pero que también rebasa esas fronteras hacia toda la región, escrita por un periodista que ha elegido una parcela de ese proceso histórico asociado a una figura destacada y proscrita por las autoridades dictatoriales.

El autor presenta de forma crítica las influencias negativas del sectarismo y el dogmatismo que sembró el estalinismo a escala internacional y que influyó en el partido comunista brasileño y particularmente, en Marighella, quien sufrió una gran decepción al conocer la verdad del estalinismo, cosa que sufrieron también nuestros comunistas cubanos.

Con todas estas virtudes que reconocemos en este libro, que pudieran resumirse en la responsabilidad y objetividad de una buena investigación, conviene afirmar que estamos ante un periodista que toma partido al juzgar a los personajes históricos y a los hechos mismos. Aquí se juzga a los tiranos y a los luchadores comunistas con sus méritos y errores. A un lector revolucionario que no conozca la Historia Política de Brasil del siglo XX, se le presentan dos opciones: o confía en la veracidad del relato de Mǎrio Magalhǎes, o quizás por comparación con los hechos de ese mismo período en otros países y otros partidos comunistas en la época del estalinismo, no se asombra de que hayan ocurrido las cosas como se cuentan. Al lector anticomunista, en cambio, si es inteligente, puede percibir los puntos débiles y fuertes de los movimientos revolucionarios.

Con relación a lo que llegó a llamarse "culto a la personalidad", Mǎrio Magalhǎes hace un paralelo entre Luiz Carlos Prestes y José Stalin, pues según el autor, en el partido comunista brasileño se copió también el endiosamiento de ambos dirigentes, ocultando incluso o sus graves errores, o sus crímenes:

El antiguo Caballero de la Esperanza fue el único dirigente que se mantuvo en el Partido entre los que se ensuciaron las manos de sangre en 1936 en el juicio sumario o en la ejecución de Elvira Cupillo Colônio. En 1934, el PCB había matado al estudiante Tobías Warchavski, de la Juventud Comunista, convencido de que era un traidor. Engañó a los crédulos con la campaña que acusaba a la policía por el crimen. Pasadas décadas, el policía Cecil Borer confirmaría que hubo un espía, pero que no era Warchavski.

Por supuesto, el grado de criminalidad de Stalin, si es que a Prestes le correspondió alguna culpabilidad criminal, es muy superior en los señalamientos del autor:

El genocida Stalin mató más comunistas que Hitler y Mussolini sumados. Entre los estimados veinte millones de muertos en la Unión Soviética del Partido único, de la supresión de las libertades y del totalitarismo, estaban dos presidentes del Komintern: Grigori Zinoviev y Nikolai Bujarin. Solo muy devotos fanáticos creerían que la vieja guardia bolchevique había traicionado a la revolución. Los compañeros de Lenin fueron exterminados en el terror de los Procesos de Moscú, la Inquisición de Stalin.

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Por tanto, la condición de ser periodista, no le impidió a Mǎrio Magalhǎes realizar una profunda investigación histórica y biográfica, pues sin perder la dimensión específicamente latinoamericana y sin dejar de contemplar las particularidades nacionales, el autor supo situar su reconstrucción en un marco histórico más amplio, el del socialismo a nivel internacional, desde las grandes transformaciones traídas por la Revolución Rusa, y por sus metamorfosis ulteriores, hasta el advenimiento de la revolución en China y Cuba y su gravitación en otras regiones del mundo, especialmente en América latina.

Un lugar importante es concedido al impacto teórico, político y organizativo de la Revolución Cubana en prácticamente todos los partidos y movimientos de izquierda de América Latina y del Caribe. El texto muestra que su influencia se hizo sentir no solo en los partidos comunistas, sino en las organizaciones socialistas y nacionalistas de toda la región. No sería incorrecto señalar también que la propia estrategia de la derecha en el continente experimentó un importante cambio a partir de las transformaciones ocurridas en Cuba.

Aún cuando puedo estar de acuerdo con la apreciación que el autor hace del proceso revolucionario cubano, acerca de la supuesta excepcionalidad con la cual se alcanzó la victoria contra la dictadura batistiana y que ya no sería posible repetir algo semejante en América latina; algo que a continuación ilustro con un párrafo del autor, más adelante expongo mi propia apreciación:

Muchos cultivaron una interpretación tan seductora cuanto falsa de la hazaña de los barbudos de boinas estrelladas: con ochenta y un compañeros. Fidel zarpó de México en diciembre de 1956 en el yate Gramma; menos de veinte sobrevivieron a la recepción a balazos; se internaron con siete fusiles en la Sierra Maestra; 760 días después de la mañana en que atracaron, derribaron al dictador Batista.

Lo épico fue así mismo, pero la historia era más compleja: los victoriosos se valieron de la ruina de las instituciones, de la insatisfacción popular en los centros urbanos y de la ceguera de los Estados Unidos, que en plena Guerra Fría no advirtieron el peligro abrasador. Mientras tanto, el mito de la guerrilla victoriosa desarrollada casi de la nada era como el espejismo de una fuente para quien cruzaba pacientemente el desierto por un trago de agua. De ese modo, la revolución parecía más fácil.

A continuación, expongo mi criterio. Como regla, los verdaderos revolucionarios tienden siempre a suponer que el objetivo a alcanzar está más cerca de lo que la realidad impone. A lo largo de la historia muchos revolucionarios no lograron alcanzar la ansiada victoria. Y siempre habrá quien diga ¿De que valió tanto esfuerzo, tanta sangre derramada? En Cuba existía el mito de que solo era posible una revolución con apoyo del ejército, nunca contra el ejército. Ninguna revolución ha sido fácil. Y siempre ha sido necesario vencer aquellos mitos que frustran la lucha antes de comenzarla.

Quizás exista hoy otro mito acerca de la imposibilidad de una revolución triunfante en América latina frente a Estados Unidos – luego de la lección aprendida con la revolución cubana por el imperialismo. Los reflujos que parecen reflejarse en la historia muy reciente de procesos revolucionarios o reformistas que han seguido la vía democrática eleccionaria (Venezuela, Bolivia, Argentina, Ecuador) parecieran dar la razón a estos mitos frustrantes.

Pero la reconstrucción histórica, más allá de sistematizar una trayectoria, poco conocida por las nuevas generaciones, cumple fundamentalmente el papel de construir un cuadro de reflexión sobre los dilemas que enfrenta la izquierda latinoamericana en estas primeras décadas del siglo XXI.

La vida de este hombre, que nunca se rindió, ni frente a las torturas, ni a sus propios errores o desconocimiento de las mejores tácticas y estrategias o apreciaciones de la realidad histórica de su tiempo, que nuestro autor nos presenta de carne y hueso, como a un familiar allegado nuestro, Carlos Marighella, que lleva un solo apellido, porque su padre, Augusto, era italiano, (los italianos llevan solo el primer apellido) blanco, pero casado con una negra libre, María Rita, la madre, muy bonita; esta vida resulta tan accidentada, tan movida, tan fascinante, que sobre todo por eso, es que llego a la conclusión de que valió la pena denominar esta excelente biografía: novela testimonio.

 

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